Los pequeños placeres de la vida

Vivimos en un mundo acelerado, donde siempre andamos con prisa para lograr algo, lo que sea, como si ello fuera lo más importante en nuestras vidas.

Hablo de la carrera contra reloj para llegar a tiempo al trabajo, a la escuela de los hijos, a entregar algún pedido, que conlleva el que nuestros actos se vuelvan automáticos y rutinarios, como por ejemplo: bañarnos, tomar el desayuno, vestirnos, lo que hacemos con la mente en otras cosas, pretendiendo avanzar más rápido.

Podemos tardarnos lo mismo si, a la hora de la ducha, nos permitimos el lujo de sentir el agua correr por nuestro cuerpo, si hacemos un ejercicio de visualización para una limpia energética con el agua. Si rescatamos la memoria del placer en todo el cuerpo, vamos a generar endorfinas que nos harán sentir mejor y activarán todo nuestro organismo para la acción.

Si al desayunar, tomamos unos segundos para dar las gracias por tener comida frente a nosotros (hay millones de personas que carecen de ella), y por lo sabroso y enriquecedor que es lo que ingerimos, así sea tan sólo un licuado por la escasez del tiempo, vamos a propiciar que nuestra digestión sea más fácil.

Respecto a nuestra ropa, podemos elegirla desde la noche anterior, visualizarnos en ella y rescatar cualquier recuerdo grato asociado a ella en el pasado, con lo que reforzaremos nuestra autoestima, además de revisar que esté planchada, que no le falten botones, etc.

Hemos organizado todo, trabajamos en equipo en la familia, nuestros hijos han recibido una formación integral para ser autónomos e independientes, por lo cual no son rémoras a los que tenemos que “cargar” con nosotros. Van con nosotros a su escuela. Ellos son responsables de su ropa y mochila desde el día anterior, se despiertan, levantan, bañan, visten, desayunan, solos, por lo que la armonía prevalece en el ambiente.

No vamos a llegar a nuestro destino ni un minuto antes de lo posible por ir maldiciendo en el trayecto, por insultar a los demás conductores, por irnos cambiando de carril cada 5 minutos (recordemos la Ley de Murphy),

VIVAMOS HOY CADA MINUTO A PLENITUD, PUEDE QUE NOS QUEDEN POCOS MINUTOS EN EL MAÑANA.

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