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Proyección parental

Es conveniente que el niño amplíe su umbral de frustración, poco a poco, conforme va creciendo. Eso, y el aprender a demorar la gratificación, le va a ayudar a enfrentar los mil y un retos que va encontrar en su camino. Por supuesto hablamos de un entorno lleno de amor, aceptación y confianza, en que el renunciar a algo momentáneamente, no sea motivo de dolor para el menor, y en el que aprender que, en ocasiones, no obtenemos lo que deseamos, no implique menoscabo en su autoestima.

Hay padres que parecen haber absorbido el Mein Kampf a la perfección por la constancia con que lo aplican. En el extremo opuesto, existen otros que se desviven por darle al niño todo lo que ellos no tuvieron, y hacen hasta lo imposible por evitar que sufra o que llore.

Es en el justo medio donde encontramos a los padres que favorecen la formación integral de sus hijos en el ámbito físico, mental, psicológico, emocional, espiritual, social, laboral, quienes saben que es sano llorar cuando algo te duele o lastima, que se válido sentir la frustración y que podemos convertirla en un motor que nos impulse a vencer obstáculos (Thomas Alva Edison).

Adivinen en que punto se encuentra un papá que le hace el siguiente regalo a su bebé de 6 meses:

primer juguete papá

Los pequeños placeres de la vida

Vivimos en un mundo acelerado, donde siempre andamos con prisa para lograr algo, lo que sea, como si ello fuera lo más importante en nuestras vidas.

Hablo de la carrera contra reloj para llegar a tiempo al trabajo, a la escuela de los hijos, a entregar algún pedido, que conlleva el que nuestros actos se vuelvan automáticos y rutinarios, como por ejemplo: bañarnos, tomar el desayuno, vestirnos, lo que hacemos con la mente en otras cosas, pretendiendo avanzar más rápido.

Podemos tardarnos lo mismo si, a la hora de la ducha, nos permitimos el lujo de sentir el agua correr por nuestro cuerpo, si hacemos un ejercicio de visualización para una limpia energética con el agua. Si rescatamos la memoria del placer en todo el cuerpo, vamos a generar endorfinas que nos harán sentir mejor y activarán todo nuestro organismo para la acción.

Si al desayunar, tomamos unos segundos para dar las gracias por tener comida frente a nosotros (hay millones de personas que carecen de ella), y por lo sabroso y enriquecedor que es lo que ingerimos, así sea tan sólo un licuado por la escasez del tiempo, vamos a propiciar que nuestra digestión sea más fácil.

Respecto a nuestra ropa, podemos elegirla desde la noche anterior, visualizarnos en ella y rescatar cualquier recuerdo grato asociado a ella en el pasado, con lo que reforzaremos nuestra autoestima, además de revisar que esté planchada, que no le falten botones, etc.

Hemos organizado todo, trabajamos en equipo en la familia, nuestros hijos han recibido una formación integral para ser autónomos e independientes, por lo cual no son rémoras a los que tenemos que “cargar” con nosotros. Van con nosotros a su escuela. Ellos son responsables de su ropa y mochila desde el día anterior, se despiertan, levantan, bañan, visten, desayunan, solos, por lo que la armonía prevalece en el ambiente.

No vamos a llegar a nuestro destino ni un minuto antes de lo posible por ir maldiciendo en el trayecto, por insultar a los demás conductores, por irnos cambiando de carril cada 5 minutos (recordemos la Ley de Murphy),

VIVAMOS HOY CADA MINUTO A PLENITUD, PUEDE QUE NOS QUEDEN POCOS MINUTOS EN EL MAÑANA.

Junio 23 del 2014

Renovación 175

Si nosotros estamos controlando a algunas personas que dependen económica o logísticamente de nosotros (hijos, empleados), estamos fomentando una relación de codependencia.

¿Qué hay detrás de ese afán de querer controlar hasta lo que piensan los demás? ¡Miedo!

Puede ser miedo a que crezcan, sean autosuficientes, se independicen y ya no nos necesiten, lo que podría acarrear una crisis como la del “nido vacío”.

Es probable que no tengamos un proyecto de vida “por escrito”, donde tengamos planeado qué vamos a hacer, cómo, cuándo, con quién lo vamos a compartir, pasos a seguir, ruta principal, rutas alternas, hasta el día en que lleguemos a la meta final: LA MUERTE.

Por ahora estamos muy ocupados controlando a los demás, y eso nos impide pensar y ocuparnos de nosotros. Tenemos miedo a que sentir un vacío existencial.

Nuestra labor como padres, maestros, asesores, es facilitar las herramientas y conocimientos que requieren nuestros hijos o alumnos, para lograr una formación integral.

Revisemos si no estamos siendo controladores y, en caso afirmativo, vamos a analizar para qué lo hacemos y solucionar la situación en nuestro interior.

¿MAESTROS?

¿Maestros o maistros?

Hoy en la primera página del periódico Reforma de México D. F., viene una fotografía de unos individuos, escondidos tras un pasamontaña o  paliacateS cubriendo parte del rostro (como lo hacían los forajidos del siglo XIX cuando asaltaban una diligencia) armados con enormes palos y garrotes, en actitud belicosa, bloqueando la autopista México-Acapulco, la llamada autopista del Sol.  El pie de foto decía que se trataba de unos maestros ¿¿¿¿¿¿¿???????? que estaban bloqueando la carretera federal antes mencionada.

Lo primero que sentí fue un desconcierto muy grande y pensé que si mis hijos fueran pequeños, por nada de este mundo querría que unos individuos como esos fueran sus maestros. ¿Por qué?

• Parecían forajidos, delincuentes.

• Eran semejantes a los acarreados que encuentras en grupúsculos que utilizan determinados partidos o grupos políticos para salirse con la suya, cuando no tienen argumentos lógicos con los que plantear sus inquietudes.

Una persona que esconde el rostro para violar la ley a sus anchas, no puede tener la integridad para ejercer la más sublime de las profesiones: el magisterio.

• Un individuo que se ve y actúa como un patán, una escoria social, que está delinquiendo, no puede ser capaz de MODELAR una conducta cívica de respeto hacia las leyes que gobiernan un país.

• Un maestro (o maestra) transmite conocimientos ¿cuáles? ¿esos? ¿cómo delinquir y violar las leyes? ¿cómo hacer asonadas para salirse con la suya? ¿cómo evitar el progreso? ¿cómo seguir en la intransigencia de la ignorancia y el abuso del anonimato?

En el artículo se mencionaba que un grupúsculo de ese mismo sindicato de ¿maistros? fue recibido en las oficinas de Gobernación. Ahí me surgió otra interrogante:

• ¿Hasta cuándo van a tener nuestras autoridades el valor de actuar con firmeza ante estos individuos?

• ¿Por qué no los rodean a todos con uno, dos, tres batallones de soldados y los hacen que se identifiquen, y todo el que no sea maestro va a dar al “bote” por estar encubriéndose para delinquir, y los que sí sean y lo comprueben, son amonestados y se les aplica la misma multa que a cualquier empleado que falta a su trabajo, y se les obliga a restituir el daño a terceros que hayan ocasionado?

 ¿Es válido
o pelear para que no los evalúen en su trabajo?

o pedir que si no sirven para cubrir decorosamente su labor, se les deje en el mismo puesto, bajo las mismas condiciones?

o Rechazar que se les de capacitación?

o Faltar a su trabajo cuando se les la gana?

o Perjudicar a millones de niños, no sólo porque no van a recibir las enseñanzas oficiales, sino porque les van a mostrar cómo cubrirse el rostro y delinquir?

o Pedir que su puesto de trabajo sea un título de propiedad, como un bien material, que puedan heredar o traficar con él?

Para mí, que he dado clases por más de 50 años, no existe otra profesión tan valiosa y con tanto impacto psicológico, emocional, mental, social, espiritual, por lo que puede transmitir uno a los demás, en ocasiones, nada más con pararse delante de un grupo, aún antes de abrir la boca, que el magiserio

Pido a nuestras autoridades mano dura, las voces que escucho en la calle, entre los profesionistas y los maestros de verdad, piden lo mismo; los taxistas, locatarios del mercado, empleados, barrenderos, amas de casa, piden lo mismo.

¡Actúen ya!  ¡Los apoyaremos!