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AÑO 2020

Como número es una cifra “bonita”, grata al oído. Nos recuerda una carabina y el que nos percatemos dos veces de algo que no caíamos en cuenta.

¿Qué vamos a hacer con este regalo de vida? ¡Otro año más para lograr ser, hacer, tener, infinidad de cosas! ¡Lo que nosotros decidamos ser, hacer, tener!  Plantearnos estas preguntas nos permite reflexionar sobre si andamos en el camino que nos lleva a trascender, o nos hemos desviado de la ruta al haber encontrado obstáculos o escuchado el canto de las sirenas.

Es necesario que las acciones que planeen realizar durante este año formen parten de su Proyecto de vida personal, y de su Proyecto de pareja o de familia, si los tienen. De lo contrario serán como esas luces multicolores de los fuegos artificiales que estallan en el cielo durante los festejos. Pueden ser muy bellas y gratas, y no llegan a ninguna parte. En cambio, si nuestro año recién estrenado forma parte de un Plan maestro, todo lo que hagamos será como eslabones que nos consoliden, fortalezcan y guíen hacía una Meta ya establecida.

Supongo que ya tienen definida su Meta final de vida: LA MUERTE, y que de ahí han trazado la ruta, no solo para llegar a ella, sino para trascender y dejar huella. Tal vez tengan 50, 60, 45, o menos años para lograr todo lo que quieren hacer. También existe la posibilidad de que sean unos pocos meses o años si padecen alguna enfermedad terminal.

En ambas situaciones, vamos a comprometernos a vivir cada día a tope, es decir, en forma intensa, apasionada, con una entrega total de cuerpo, mente y espíritu en todo lo que realicemos.

Luchar por nuestros ideales, anhelos, sueños, es construir cada día una parte de ellos. Vamos a definirlos para poder elaborar los planos y organizar nuestros recursos para llevarlos a cabo. Os recursos pueden ser materiales, emocionales, mentales, espirituales, todos ellos producto de nuestra experiencia y de todas las lecciones que hemos aprendido de nuestros Maestros de Vida, sobre todo de aquéllos que no nos hicieron fácil el camino.

Revisar, actualizar o diseñar nuestro Proyecto de vida es el primer paso. ¡Vamos a hacerlo hoy!

LA ANTESALA DEL ADIOS

He estado impartiendo un Diplomado en Tanatología Gerontológica, lo que me ha brindado la oportunidad de convivir con muchas personas de la “tercera” y cuarta edad”.  Si la tercera edad empieza a los sesenta, yo llamo la cuarta a la que inicia a los ochenta.

He recibido testimonios de los miembros del grupo, y considero que el compartirlos en este espacio podría ser útil a muchas personas que tengan más de 60 años. También pueden servirle a los hijos y nietos, ya que los jóvenes, en ocasiones, olvidan que el tiempo pasa para todos y que, con energía y decisión, ellos podrán ser algún día abuelos o tatarabuelos.

El primero es de una mujer de 80 años, a la que llamaremos Rocío quien escribió lo siguiente:

“Tengo ochenta años, y muchas veces me pregunto cómo llegué hasta aquí. La verdad es que la vida se pasa pronto cuando estás muy ocupada. Primero, estudiar y estudiar para ser siempre la primera y destacar. Después el trabajo con muchos retos y aprendizaje.

Siguió un noviazgo corto y un matrimonio clásico de aquella época. Cuando crías cinco hijos, eres la “perfecta ama de casa”, ayudas a tu marido en su trabajo, estudias por las noches cuando todos duermen, los años pasan volando entre un acontecimiento y otro, entre una enfermedad infantil, una rodilla raspada, un auto chocado, o un reconocimiento para alguno de ellos.

Es cuando se casan cuando se siente el vacío de no tener que “correr todo el día” para que todos tengan todo a punto.

Cuando esto pasó, me encontré un día viendo la tele con un perfecto desconocido, a quien yo cuidaba y servía, y con quien ya no tenía intereses comunes: él tenía programadas sus reuniones con amigos para jugar dominó, divertirse, hacer ejercicio y visitar a sus familiares.  Yo estudiaba, leía, daba clases y veía a mis amigas (que él no frecuentaba). Cada quien su círculo independiente.

Eso no duró mucho, después de 35 años de matrimonio, me pidió el divorcio. Investigué y supe que tenía una amante, una prostituta a quien le había comprado un departamento. Nos divorciamos y cada quien siguió su camino. Yo tenía 55 años. Empecé a trabajar y a ser autosuficiente en lo económico y en todos los aspectos desde entonces. No me he vuelto a casar.

Tengo una vida plena. No me arrepiento de nada. Nunca me he sentido sola, ya que tengo tantos recuerdos, anhelos, cosas pendientes por vivir y hacer, que estoy siempre ocupada en algo: recordando el pasado y construyendo el futuro.

Hablemos de los hijos. Sanos, exitosos, con sus familias integradas. Veamos cuál es la relación conmigo: El mayor se interesa por mí, se siente orgulloso de mis logros y me lo dice: Me llama por teléfono con frecuencia  Se ocupa de que no me falte nada.

La mayor de las mujeres también me llama eventualmente y me apoya a su manera.  Aunque me dijo, hace ya algunos años, que no se iba a hacer cargo de mí cuando fuera viejita, ni me iba a dar mi caldito de pollo, me manda, cada 15 días, varios platillos para que los congele.

La siguiente hija me llama todos los días, las más de las veces para regañarme por algo que hice o  dejé de hacer. Se inte3resa por mi salud y comparte las buenas nuevas de su casa.  Ya me dijo que me apure a deshacerme de todo lo que tengo acumulado “antes de irme”, porque no se vale dejarle esa tarea a ella.

El siguiente hijo, que también vive fuera, no me llama con frecuencia, y cuando lo hace, es para reclamar por algo que hice o dejé de hacer. Gracias a Dios su esposa es una gran mujer y me manda fotos de los niños y los pone al teléfono para que tengamos contacto.

La más pequeña vive en el extranjero donde estudia y trabaja. Nos mantenemos en contacto por el celular. Me escucha, me alienta, me apoya. Me da cariño incondicional.

Ahora, a mis ochenta años, quiero programar mis últimos años por vivir. Aquí me surge una duda: ¿Será mucho pensar en otros cinco años lúcida y trabajando como hasta hoy?

Quiero cumplir mis sueños pendientes, gozar cada día el placer de vivir, con achaques y dolores incluidos.  Quiero viajar mucho y conocer lugares interesantes. Quiero seguir estudiando y aprendiendo cada día.

Quiero planear mi muerte y mi despedida, heredar en vida a mis hijos y nietos, sin esperar a que ya no esté para que ellos se repartan las cosas. Darles felicidad ahora es más importante para mí.

 

LA SEÑORA “X”

Comparto con ustedes una carta de una señora “X” que acabo de recibir:

“Hace 20 años, yo era una mujer atractiva, delgada, casada, con tres hijos, a la que no se le  notaban los 35 años que había vivido en una monótona rutina desde siempre: primero hija de familia y después madre de tiempo completo, porque mi marido salía de casa a las siete de la mañana y volvía muy tarde. Mi matrimonio estaba “estancado”, ya no sentía ilusión alguna. Mis distracciones eran ver la TV y leer las revistas de chismes de los artistas.

Un día conocí a un hombre de 55 años, divorciado, bien parecido, culto, con una posición social alta y una economía holgada, y me enamoré de él en forma fulminante. Empezamos una relación en la que, para no ser vistos en público, nos reuníamos en su casa, una residencia lujosa de tres pisos, donde el servicio sólo estaba durante las mañanas, por lo que podíamos estar solos, sin correr el  riesgo de ser descubiertos. 

Con gran nostalgia evoco las muchas veces que hicimos el amor en todos los espacios de la casa y cómo llevamos a cabo las fantasías sexuales que no habíamos cumplido con nuestras parejas.  Vivimos un romance apasionado, carnal y se inició una complicidad amistosa para brindarnos apoyo mutuamente. 

Después de un tiempo, me percaté que no podía seguir con esa relación porque el precio a pagar si me descubrían era muy alto, además de que la fase del enamoramiento-descubrimiento-novedad ya había pasado, y las emociones se estaban “normalizando”, por lo que opté por terminarla y no volverlo a ver.

Ahora tengo 55 años y sigo siendo una mujer atractiva, me divorcié,  y mis hijos estudian fuera o están casados, por lo que decidí buscar al que había sido mi único amante, le telefoneé y me invitó a desayunar en su departamento, ubicado en una zona residencial céntrica y agradable.

Cuando lo vi sufrí un gran impacto que  me obligó a escucharlo sin contestar apenas mientras me mostraba su hogar, amplio y luminoso, en el que estaban el mismo comedor y sala de su antigua casa, y todo lo demás era nuevo. En su recámara, en lugar de la cama Kingsize en la que disfrutamos tanto, había una cama eléctrica , una cómoda y una silla.  Su estudio estaba igual, lleno de libros y papeles. Nos sentamos a desayunar, y apenas pude pasar bocado mientras me contaba que seguía soltero y que trabaja a un ritmo menor que antes. Me preguntó por mis hijos y sus estudios. De pronto, me levanté y dije que tenía que irme porque tenía una cita. Al caminar hacia la puerta, dije en voz alta: ¿Dónde está el señor del Pedregal?  Él fingió no haber escuchado y me despidió con amabilidad y afecto.

Había encontrado a un hombre de 75 años, con quince o veinte kilos de más, atractivo y seguro, que ahora vivía en un espacio cuatro veces menor que la casa de 600 metros construidos y 200 de jardines y patios, donde vivió 25 años, lo cual no parecía afectarle.

¿Por qué hice esa pregunta tan agresiva e inoportuna sobre dónde estaba el hombre que había conocido 20 años atrás? ¿Esperaba yo encontrarlo igual, sin arrugas y kilos de más? ¿Para qué lo había buscado? ¿Me molestaba que se sintiera satisfecho al vivir sin los lujos de su casa anterior?

Como me sentía yo tan desconcertada, investigué sobre lo que él había hecho durante los 20 años que no nos vimos. Supe que siguió trabajando, que estuvo tres veces internado en la sección de Cardiología de un reconocido hospital, que le hicieron tres cirugías abdominales, y que sufrió un accidente en el que se le dañaron dos vértebras cervicales y dos dorsales, lo que trajo consigo un intenso dolor crónico. Todo esto no alteró su actitud positiva, bondadosa, siempre dispuesto a ayudar y a encontrar lo mejor de todo lo que le rodea, y de todos con los que se relaciona, según me comentaron con respeto y admiración. 

Creo que me conviene revisar y analizar lo que me llevó a tener una relación adúltera con él hace 20 años, mis expectativas para el re-encuentro que busqué, y mi relación con la vejez y la muerte” 

 

  

 

ÑÑÑ

 

ANTONIO MACHADO

“Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace el camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino

Si no estelas en la mar”.

Esta poesía la hemos escuchado muchas veces en la voz de Juan Manuel Serrat, y otros artistas muy conocidos en todo el mundo.

Este año se cumplieron 80 años de la muerte del poeta (22 de febrero 1939), en un pequeño pueblecito de Francia, adonde él y su madre habían llegado huyendo de las tropas de Franco, después de un cruento y largo recorrido a través de Los Pirineos,  para cruzar la frontera entre Cerbére y Port Bou (27 de enero 1939).

Para mí es muy significativa la fecha porque, aunque el medio en que llegaron a Port Bou fue distinto en el caso de mis padres, también Republicanos, y mis tres hermanos mayores de tres, seis y diez años, coincidieron en el local en que las autoridades francesas concentraron a los primeros refugiados que empezaron una diáspora que los rebasó en forma impensable.

Mi madre nos platicaba como pasaron ahí unas horas, en las que un señor de edad avanzada tosía sin parar. Ella tenía en una de las dos maletas que formaban todo su equipaje, una pequeña hornilla con la que preparó una infusión que le dio al anciano y a su madre,  que sirvió para que amenguaran los accesos de tos. Mi padre había ido a buscar sus contactos con las autoridades locales para obtener el salvoconducto para llegar a París, y fue hasta que él llegó que le dijo a mi madre que ese anciano era un gran poeta republicano.

Así, las dos familias, y miles más, dejaron atrás el camino que ya nunca habrían de volver a pisar: el del regreso a España. Antonio Machado y su madre, con dos días de diferencia, murieron en Coillure, Francia.  Mis padres y hermanos españoles fallecieron en México, país que los recibió con los brazos abiertos, les permitió salir adelante, y dejar a cuatro hijos mexicanos, que los enterraron en esta su segunda patria.

En estos tiempos en que hay exiliados políticos en muchos partes de mundo, vale la pena reflexionar sobre lo duro, doloroso, difícil, incierto, que es para ellos “dejar atrás”  su patria, su pueblo, su familia, sus costumbres, amigos, conocidos, costumbres, y empezar de cero en tierras desconocidas. Vale la pena sentir solidaridad y ser generosos con ellos.

Es de todos sabido que, en estos casos, puede haber “colados” entre los exiliados políticos: oportunistas, delincuentes, arribistas, mentes turbias que quieren sacar partido para sus fines personales o ideológicos. Vale la pena hacer una criba para separar a unos de otros.

 

 

MENOS ES MÁS

Esta frase fue dicha el Ludwig Mies van der Rohe Mies quien, junto a Walter Gropius y Le Corbusier, fue uno de los grandes maestros de la arquitectura moderna.  Si hablamos de “Menos es más”, estamos hablando de minimalismo.

Algunas de las características de este movimiento que puede aplicarse en muchos ámbitos son:

  • Abstracción
  • Concentración
  • Desmaterialización
  • Economía de lenguaje y medios
  • Geometría elemental rectilínea
  • Orden
  • Purismo estructural y funcional
  • Precisión en los acabados
  • Reducción y síntesis
  • Sencillez

Por ejemplo, si se aplica a la moda, mientras más valioso sea el material y el diseño, menos requerirá adornos para hacerlo notar.

En cuanto al lenguaje, cuando la riqueza del contenido es mucha, solo requiere unas pocas palabras para transmitir la esencia del mensaje.  Recordemos: “Lo bueno, cuando breve, dos veces bueno”.

Lo opuesto a este movimiento es lo barroco y demás tendencias donde el exceso de adornos y detalles, puede llegar a convertir lo agradable en algo ostentoso, vulgar, chabacano, inclusive, de mal gusto.

No sé si les ha tocado ir a una boda en la que la fiesta sea al aire libre, en una explanada enorme, cubierta con un toldo que no atenúa el frío que hiela el alma, no sólo el cuerpo.

Se nota que gastaron un dineral en la cantidad de recepcionistas con vestido escotado y minifalda, que no saben dónde está asignado tu lugar, en las mesas sobrecargadas de adornos donde apenas caben las copas. En la iluminación tipo antro moderno, aunque sean las dos de la tarde, que va de la mano con la música estridente que se oye en esos lugares. Los alimentos se sirven tibios si acaso.  Todo es excesivo y resulta abrumador a la vista, al oído, a la sensación térmica, al bien-estar de los asistentes.

Estoy segura que también han estado en fiestas de bodas donde, sin importar si hay mil o dos mil asistentes, TODO es de buen gusto, hay una organización eficiente desde la recepción hasta el servicio durante todo el evento. A mí me ha asombrado que, en esos casos, lo caliente se sirve caliente y, si hay caviar, lo presentan en una copa dentro de una base de hielo que no está derretido.  La música, agradable y variada, sostiene un volumen que no lastima el oído.  La mayoría baila y disfruta. La mesa de dulces contiene múltiples exquisiteces y puedes solicitar al mesero que te traiga unas cuantas. Si hace calor, regalan abanicos y, si refresca, pashminas para abrigarse,  En fin, nada es excesivo, y todo es de primera clase y buen gusto.

Comento esto para que,  si van a tener un festejo, lo tomen en cuenta y, si tienen la suerte de tener presupuesto libre, no lo derrochen en cosas chabacanas, sino que lo utilicen para que todo sea lo mejor y oportuno.  Si es invierno, busquen un salón cerrado. Si es primavera o verano y quieren un jardín, vean que las mesas tengan tapetes para que las personas no apoyen los pies sobre césped húmedo, que haya cortinas que cierren la carpa por si llueve y muchos paraguas para que las recepcionistas acompañen a los asistentes a sus autos.

Se me ocurre que podemos empezar a ser minimalistas. ¿Qué tal si dejamos ir la colección de mariposas, de cucharitas, de ceniceros, de figuras de porcelana que atiborran nuestros muebles? ¿Qué tal si toda aquélla ropa que tenga más de dos años de no usarse la regalamos a alguna institución de beneficencia? ¿Qué tal si pensamos dos veces lo que vamos a decir y no utilizamos frases rebuscadas ni palabrería de más? ¡SUERTE!

 

Chabacano = de mal gusto, ordinario, grosero. RAE.

 

 

 

FELIZ AÑO 2018

¡Último día del año 2017!

Se cierra un ciclo e inicia otro, 2018, cuyos números suman once .  El número 11, o doble 1, tiene duplicidad de rasgos y de personalidad del uno y si lo reducimos como se hace en la numerología, obtenemos el 2 (1+1). De esta duplicidad se consigue con el número uno la energía masculina de Zeus, y la energía femenina de Hera, con el número 2.  El uno representa la creatividad y el dos, la receptividad. Esta combinación supera a todos los demás números y combinaciones. Por ahí empezamos bien.

Nada más que antes de empezar, es necesario terminar. ¿Cómo? En esta ocasión no voy a hacer  mi balance anual porque está al día, no voy a hacer promesas utópicas que incumplo al tercer día, voy a dar gracias por todo lo que soy, tengo y hago.

Démosle las gracias a Dios (a tu entidad superior, a la Vida, al Universo, a la Energía cósmica), por todas las cosas positivas que hemos logrado, disfrutado, vivido.

  • Gracias por estar viva, por gozar de mis cinco sentidos (algunos un poco mermados), por estar sana y tener un cuerpo completo y en servicio.
  • Gracias por el infinito privilegio de tener una mente capaz de razonar, pensar, discernir, crear, intuir, imaginar, organizar, administrar. Por contar con un cerebro que funciona a las mil maravillas, al que cuido, alimento y ejercito todos los días.
  • Gracias por ser parte de una familia de triunfadores, todos sanos y realizados, por poder ver a mis hijos y nietos otro año más crecer, avanzar y aprender de ellos.
  • Gracias por la lección de vida de mis ancestros ya fallecidos, a través de la cual recibí unos valores morales eternos y universales para vivir con ellos.
  • Gracias a los hermanos, sobrinos, primos, que continuamos aquí y que me alientan cuando flaquean mis fuerzas.
  • Gracias a los amigos que, sin importar los cambios de hoja en el calendario, siempre están ahí y me apoyan, comparten su experiencia y enriquecen mi vida con la suya.
  • Gracias por tener un techo y un hogar, alimentos y todo lo necesario para vivir a plenitud cada día.
  • Gracias por 365 amaneceres llenos de esperanza e ilusión.
  • Gracias por poder ayudar a otros con un mensaje de aliento y apoyo.
  • Gracias por darme la capacidad de expresarme, de compartir lo que pienso, siento y hago, con los demás.
  • Gracias por la libertad de elegir mi destino y la forma de vivir mi vida.
  • Gracias por tener la capacidad de aprender algo nuevo cada día.
  • Gracias por la Fe, la Esperanza, la entereza y el compromiso que me acompañaron en los momentos críticos en que la muerte hizo su aparición y se llevó a algunos de mis seres queridos, e intentó llevarse a uno de mis hijos.
  • Gracias por haber tenido el privilegio de estar enamorada “hasta las cachas”, y de vivir una temporada en una nube rosada estimulante y acogedora, donde todo era soñar y vivir emociones placenteras.
  • Gracias porque el amor ha rodeado mi vida todo el tiempo, a través de mis padres, hermanos, familia, hijos, amigos, maestros, compañeros, alumnos, y desconocidos que me regalaron una sonrisa de aliento en alguna ocasión.
  • Gracias por las experiencias dolorosas porque ellas me permitieron valorar más lo que SÍ tengo y lo afortunada que soy.

¡Qué haya paz en su corazón y luz en su mente!

¿RECORDAR O VIVIR?

RECORDAR ES VIVIR.  EsTo  lo que dice un dicho popular, y es cierto. Rememorar es revivir (volver a vivir) situaciones, emociones, acontecimientos del pasado. Ahora bien, es necesario tener en cuenta algunos aspectos si somos de las personas que pasamos mucho tiempo recordando el ayer:

  • Es nuestra elección lo que QUEREMOS volver a vivir:
    • Los momentos gratos que nos llenaron de placer, o
    • Algunos episodios dolorosos y amargos que nos dejaron un mal sabor de boca.
  • Decidir cuánto tiempo vamos a estar en el pasado. Por muy agradable que sea, si estamos en el ayer, dejamos de vivir el hoy, y de construir el mañana.

Tomando en cuenta estas premisas, entendemos que aprender del pasado mientras recordamos, puede ser positivo y enriquecedor.

Si somos personas que ya pasamos el meridiano de nuestras vidas, vale la pena mantener un enfoque POSITIVO todo el tiempo, así que gocemos nuestros recuerdos, y vamos a preguntarnos: ¿Qué hice yo para que las cosas salieran bien y fueran tan gratas? Eso me dará la pauta de volver a recrear las acciones que condujeron a ese resultado positivo. También se puede aprender de lo positivo, no solo de nuestros errores.

Distribuir el tiempo entre “recargar pilas” con la energía positiva de los recuerdos, el vivir a plenitud el día de hoy, mientras construimos un mañana mejor para nosotros, los nuestros, la humanidad, es esencial para seguir un proceso evolutivo sano.

Cuando una persona deja de VIVIR, y se dedica a SOBREVIVIR nada más, sin tener un objetivo claro de PARA QUÉ ESTÁ EN ESTE MUNDO, si carece de un PROYECTO DE VIDA y un PROYECTO DE MUERTE, es simplemente un cuerpo sin alma ni espíritu, un cadáver viviente.  Esta condición no es exclusiva de la vejez, también hay personas jóvenes que transitan así por este mundo.

Estamos por cerrar un año más.  Puede ser un momento propicio para modificar nuestro Proyecto de vida, diseñar uno si aún no lo hemos hecho, tomar consciencia de si estamos viviendo o vegetando, de lo que queremos ser y hacer el día de mañana, de empezar a construir nuestro futuro, sin esperar a que Dios se ocupe de él.  Él ya nos dio el libre albedrío y muchas herramientas para que asumamos esa responsabilidad.

¡Productivas reflexiones de fin de año llenas de amor, logros, y planes positivos para el futuro!