LA ANTESALA DEL ADIOS

He estado impartiendo un Diplomado en Tanatología Gerontológica, lo que me ha brindado la oportunidad de convivir con muchas personas de la “tercera” y cuarta edad”.  Si la tercera edad empieza a los sesenta, yo llamo la cuarta a la que inicia a los ochenta.

He recibido testimonios de los miembros del grupo, y considero que el compartirlos en este espacio podría ser útil a muchas personas que tengan más de 60 años. También pueden servirle a los hijos y nietos, ya que los jóvenes, en ocasiones, olvidan que el tiempo pasa para todos y que, con energía y decisión, ellos podrán ser algún día abuelos o tatarabuelos.

El primero es de una mujer de 80 años, a la que llamaremos Rocío quien escribió lo siguiente:

“Tengo ochenta años, y muchas veces me pregunto cómo llegué hasta aquí. La verdad es que la vida se pasa pronto cuando estás muy ocupada. Primero, estudiar y estudiar para ser siempre la primera y destacar. Después el trabajo con muchos retos y aprendizaje.

Siguió un noviazgo corto y un matrimonio clásico de aquella época. Cuando crías cinco hijos, eres la “perfecta ama de casa”, ayudas a tu marido en su trabajo, estudias por las noches cuando todos duermen, los años pasan volando entre un acontecimiento y otro, entre una enfermedad infantil, una rodilla raspada, un auto chocado, o un reconocimiento para alguno de ellos.

Es cuando se casan cuando se siente el vacío de no tener que “correr todo el día” para que todos tengan todo a punto.

Cuando esto pasó, me encontré un día viendo la tele con un perfecto desconocido, a quien yo cuidaba y servía, y con quien ya no tenía intereses comunes: él tenía programadas sus reuniones con amigos para jugar dominó, divertirse, hacer ejercicio y visitar a sus familiares.  Yo estudiaba, leía, daba clases y veía a mis amigas (que él no frecuentaba). Cada quien su círculo independiente.

Eso no duró mucho, después de 35 años de matrimonio, me pidió el divorcio. Investigué y supe que tenía una amante, una prostituta a quien le había comprado un departamento. Nos divorciamos y cada quien siguió su camino. Yo tenía 55 años. Empecé a trabajar y a ser autosuficiente en lo económico y en todos los aspectos desde entonces. No me he vuelto a casar.

Tengo una vida plena. No me arrepiento de nada. Nunca me he sentido sola, ya que tengo tantos recuerdos, anhelos, cosas pendientes por vivir y hacer, que estoy siempre ocupada en algo: recordando el pasado y construyendo el futuro.

Hablemos de los hijos. Sanos, exitosos, con sus familias integradas. Veamos cuál es la relación conmigo: El mayor se interesa por mí, se siente orgulloso de mis logros y me lo dice: Me llama por teléfono con frecuencia  Se ocupa de que no me falte nada.

La mayor de las mujeres también me llama eventualmente y me apoya a su manera.  Aunque me dijo, hace ya algunos años, que no se iba a hacer cargo de mí cuando fuera viejita, ni me iba a dar mi caldito de pollo, me manda, cada 15 días, varios platillos para que los congele.

La siguiente hija me llama todos los días, las más de las veces para regañarme por algo que hice o  dejé de hacer. Se inte3resa por mi salud y comparte las buenas nuevas de su casa.  Ya me dijo que me apure a deshacerme de todo lo que tengo acumulado “antes de irme”, porque no se vale dejarle esa tarea a ella.

El siguiente hijo, que también vive fuera, no me llama con frecuencia, y cuando lo hace, es para reclamar por algo que hice o dejé de hacer. Gracias a Dios su esposa es una gran mujer y me manda fotos de los niños y los pone al teléfono para que tengamos contacto.

La más pequeña vive en el extranjero donde estudia y trabaja. Nos mantenemos en contacto por el celular. Me escucha, me alienta, me apoya. Me da cariño incondicional.

Ahora, a mis ochenta años, quiero programar mis últimos años por vivir. Aquí me surge una duda: ¿Será mucho pensar en otros cinco años lúcida y trabajando como hasta hoy?

Quiero cumplir mis sueños pendientes, gozar cada día el placer de vivir, con achaques y dolores incluidos.  Quiero viajar mucho y conocer lugares interesantes. Quiero seguir estudiando y aprendiendo cada día.

Quiero planear mi muerte y mi despedida, heredar en vida a mis hijos y nietos, sin esperar a que ya no esté para que ellos se repartan las cosas. Darles felicidad ahora es más importante para mí.

 

LA SEÑORA “X”

Comparto con ustedes una carta de una señora “X” que acabo de recibir:

“Hace 20 años, yo era una mujer atractiva, delgada, casada, con tres hijos, a la que no se le  notaban los 35 años que había vivido en una monótona rutina desde siempre: primero hija de familia y después madre de tiempo completo, porque mi marido salía de casa a las siete de la mañana y volvía muy tarde. Mi matrimonio estaba “estancado”, ya no sentía ilusión alguna. Mis distracciones eran ver la TV y leer las revistas de chismes de los artistas.

Un día conocí a un hombre de 55 años, divorciado, bien parecido, culto, con una posición social alta y una economía holgada, y me enamoré de él en forma fulminante. Empezamos una relación en la que, para no ser vistos en público, nos reuníamos en su casa, una residencia lujosa de tres pisos, donde el servicio sólo estaba durante las mañanas, por lo que podíamos estar solos, sin correr el  riesgo de ser descubiertos. 

Con gran nostalgia evoco las muchas veces que hicimos el amor en todos los espacios de la casa y cómo llevamos a cabo las fantasías sexuales que no habíamos cumplido con nuestras parejas.  Vivimos un romance apasionado, carnal y se inició una complicidad amistosa para brindarnos apoyo mutuamente. 

Después de un tiempo, me percaté que no podía seguir con esa relación porque el precio a pagar si me descubrían era muy alto, además de que la fase del enamoramiento-descubrimiento-novedad ya había pasado, y las emociones se estaban “normalizando”, por lo que opté por terminarla y no volverlo a ver.

Ahora tengo 55 años y sigo siendo una mujer atractiva, me divorcié,  y mis hijos estudian fuera o están casados, por lo que decidí buscar al que había sido mi único amante, le telefoneé y me invitó a desayunar en su departamento, ubicado en una zona residencial céntrica y agradable.

Cuando lo vi sufrí un gran impacto que  me obligó a escucharlo sin contestar apenas mientras me mostraba su hogar, amplio y luminoso, en el que estaban el mismo comedor y sala de su antigua casa, y todo lo demás era nuevo. En su recámara, en lugar de la cama Kingsize en la que disfrutamos tanto, había una cama eléctrica , una cómoda y una silla.  Su estudio estaba igual, lleno de libros y papeles. Nos sentamos a desayunar, y apenas pude pasar bocado mientras me contaba que seguía soltero y que trabaja a un ritmo menor que antes. Me preguntó por mis hijos y sus estudios. De pronto, me levanté y dije que tenía que irme porque tenía una cita. Al caminar hacia la puerta, dije en voz alta: ¿Dónde está el señor del Pedregal?  Él fingió no haber escuchado y me despidió con amabilidad y afecto.

Había encontrado a un hombre de 75 años, con quince o veinte kilos de más, atractivo y seguro, que ahora vivía en un espacio cuatro veces menor que la casa de 600 metros construidos y 200 de jardines y patios, donde vivió 25 años, lo cual no parecía afectarle.

¿Por qué hice esa pregunta tan agresiva e inoportuna sobre dónde estaba el hombre que había conocido 20 años atrás? ¿Esperaba yo encontrarlo igual, sin arrugas y kilos de más? ¿Para qué lo había buscado? ¿Me molestaba que se sintiera satisfecho al vivir sin los lujos de su casa anterior?

Como me sentía yo tan desconcertada, investigué sobre lo que él había hecho durante los 20 años que no nos vimos. Supe que siguió trabajando, que estuvo tres veces internado en la sección de Cardiología de un reconocido hospital, que le hicieron tres cirugías abdominales, y que sufrió un accidente en el que se le dañaron dos vértebras cervicales y dos dorsales, lo que trajo consigo un intenso dolor crónico. Todo esto no alteró su actitud positiva, bondadosa, siempre dispuesto a ayudar y a encontrar lo mejor de todo lo que le rodea, y de todos con los que se relaciona, según me comentaron con respeto y admiración. 

Creo que me conviene revisar y analizar lo que me llevó a tener una relación adúltera con él hace 20 años, mis expectativas para el re-encuentro que busqué, y mi relación con la vejez y la muerte” 

 

  

 

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EL PEP GUARDIOLA

Como buena hija de la postguerra española, mis aficiones más fuertes, además de leer y escribir, son el futbol y los toros. ¡Faltaba más!

Dentro de los equipos mexicanos, el Cruz Azul ocupó una parte muy importante de mis preferencias, hasta que me convencí que está programado para llegar al segundo lugar, es el “ya merito”. Después, porque me formé con el Dr. Octavio Rivas Solís, quien fue muchos años psicólogo del Pumas, me vi obligada a desear que ellos fueran los triunfadores. Cuando Javier Aguirre hizo campeón al León, me incliné por él y sus resultados en el mundo futbolístico, aquí y en España. En fin, ahora ya no soy fan de un equipo, sino del desempeño de los jugadores y su entrenador, cualquiera que sea su uniforme.

En España, desde hace muchos años, le voy al Barsa, y la mitad de mis hijos y nietos, también. La otra mitad están con los galácticos. Desde que empezó como entrenador el Pep Guardiola, comenté que era una persona con mentalidad triunfadora, que iba a conducir al equipo a lograr todo lo que se propusieran.

Recurrí a Google para conocer más de Josep Guardiola (Barcelona -1971).  “Como jugador, ocupaba la posición de centrocampista y desarrolló la mayor parte de su carrera profesional en el Fútbol Club Barcelona durante los años 90, con el que ganó seis Ligas, dos Copas del Rey, cuatro Supercopas de España, una UEFA Champions League, una Recopa de Europa y dos Supercopas de la UEFA. Con la selección de fútbol de España ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1992 y participó también en el Mundial de 1994 y la Eurocopa 2000. ¿Buen recorrido no?

Como entrenador del equipo azulgrana, desde julio de 2008 hasta junio de 2012, ganó 14 títulos, entre ellos, de manera consecutiva, los seis títulos a los que aspiraba el equipo (la Copa del Rey, el título de Primera División de España, la Liga de Campeones de la UEFA, la Supercopa de España, la Supercopa de la UEFA y la Copa Mundial de Clubes) en el 2009. De este modo se convirtió en el primer entrenador de fútbol en el mundo en conseguir seis títulos oficiales en un mismo año. Solo otros seis equipos europeos han logrado el denominado triplete, pero ninguno ha conseguido seis trofeos en un mismo año natural.

Desde el 27 de julio de 2013 hasta el 30 junio de 2016 fue técnico del Bayern de Múnich, con el cual ganó 7 títulos; una Supercopa de Europa, una Copa Mundial de Clubes, tres Bundesligas y dos Copas de Alemania.

Desde septiembre de 2016 hasta la actualidad dirige al Manchester City

Actualmente dirige al Manchester City de la Premier League de Inglaterra.”

Ayer, 24 de mayo 2019, en el periódico el País leí el siguiente artículo escrito por V. Boquete:

“Guardiola, como los grandes genios”. Es ya el mejor entrenador de la historia, pese a quien le pese. Ha ganado más que nadie y lo ha hecho en las mejores ligas. Lo ha hecho también con un fútbol que seduce y enamora. Lo ha hecho con pasión y con un poco de obsesión, como los grandes genios. Su último título les da el triplete inglés y un espacio en la historia ya que es la primera vez que un equipo consigue los tres títulos ingleses. Un equipo masculino, como recordó él mismo en rueda de prensa, porque el Arsenal Ladies ya lo había hecho y casualmente con mi actual entrenadora, Laura Harvey, en el banquillo. Meritorio y admirable, y no solo por lo que gana, sino por cómo lo gana. Contagiando su pasión a sus equipos, convenciendo profundamente a sus jugadores, seduciéndolos y haciéndoles sentir importantes, y con un afán de mejora mayor incluso que el afán de ganar (y recuerdo las imágenes de Guardiola y Sterling hablando educativamente después de ganar la final de la Copa por un claro 6-0). Y en el fondo eso es lo que mueve a la mayoría de deportistas, querer ser mejor cada día, superarse, sentirse en crecimiento. Aprender.”

Me llena de satisfacción no haberme equivocado en mi elección con el Pep Guardiola.  Creo que el silencio y discreción son características muy importantes de las que ha hecho gala en muchas ocasiones, como cuando salió del Barsa y había muchos rumores sobre si iría a tal o cual equipo. Se fue a Nueva York sin hacer comentaros, y apareció como entrenador del Bayer, hablando alemán con los periodistas y jugadores.  Mi respeto y admiración.

Estoy segura que su ejemplo y disciplina serán absorbidos por algunos entrenadores que cantarán con sus jugadores el “Nessum dorma” como lo hizo el con el Barsa.

 

La Muerte, una gran Maestra

La muerte es nuestra compañera desde que nacemos y, a pesar de ello, pretendemos ignorarla, temerla, evitar hablar de ella, hasta que golpea nuestra puerta y nos sacude al llevarse a uno de nuestros seres queridos.

Vivir el duelo es indispensable para reubicar la presencia de la persona ausente en la narrativa de nuestra vida, y qué mejor manera de hacerlo que extrayendo de su paso por este mundo, su mensaje o legado que nos permita reflexionar y aprender a ser mejores en todos los aspectos.

Se murió uno de mis hermanos menores, Hilario López Garachana. No respetó la fila cronológica, ya que me tocaba a mí primero. Esto me ha sacudido y conmovido, y me ha dado la oportunidad de re-valorar muchas cosas.

Mi hermano Hilario fue siempre un estudiante dispuesto a aprender de las universidades y de la vida, y se gradúo con honores en esa labor. Identificó desde joven su vocación: el Magisterio, y lo ejerció hasta su muerte con devoción y entrega total.

Su generosidad y bonhomía dejaron huella en todos los que los conocieron. Me consta haber presenciado cómo ayudó a muchas personas que no tenían estudios formales a superarse en todos sentidos, regalándoles su tiempo, esfuerzo, dedicación, conocimientos y experiencia, sin recibir nada a cambio. Inclusive hubo quienes abusaron de su generosidad y desprendimiento por ser trepadores sociales, a los que él insistía en que merecían recibir la oportunidad de superarse.

Su muerte me ha hecho reflexionar sobre el hecho de que los últimos tiempos, he galopado en el caballo del Quijote. Eso es conmovedor en un musical y nada realista en la vida actual.

Yo también descubrí desde los 18 años mi vocación: el Magisterio, y lo he ejercido con honestidad, integridad y entrega total desde entonces, ya sea en un aula escolar o en cursos de capacitación empresarial, educativa, deportiva. Además, ccn la intención de compartir lo poco que sé con más personas, he escrito 4 libros de auto-ayuda.

Ver crecer y florecer a los demás es un placer que no tiene precio y, tal vez por ello, algunas personas pretenden abusar de mi generosidad y desprendimiento, por lo que decidí dejar atrás al Quijote, y ser congruente y asertiva en todas mis actividades.

Voy a depurar mi legado, poco o mucho, para que le sirva a alguien.

Voy a regalar muchas cosas después de decidir con mi Adulto y mi intuición a quién le pueden ser útiles.

Voy a valorar más la amistad, el cariño, el apoyo incondicional de tantos seres de luz que han enriquecido mi vida, y a corresponder dando lo mejor de mí misma. He tenido grandes Maestros, imposible mencionar a todos, recordaré al último que murió: José Valadés, quien compartió conmigo sus conocimientos, amistad y cariño en forma generosa siempre.

Voy a ser asertiva, congruente y pragmática, al regalar mi tiempo, mi trabajo, mi energía, a quienes lo necesitan, y evitaré a los trepadores sociales que se crucen en mi camino. Pata ellos una oración para que encuentren el suyo.

Cuando estamos en la recta final de la vida, y es más el tiempo transcurrido que lo que nos queda por vivir, vale la pena reflexionar y vivir en forma congruente con nuestros ideales, creencias, valores y principios, dispuestos a dejar un legado para que nuestro tránsito terrenal no haya sido solo biológico.

Agradezco el cariño incondicional de mis hijos y familiares, y de algunos pocos amigos leales a través de los años. Agradezco a la vida la oportunidad de aprender de todo, y en todo momento. Agradezco a Dios, al Universo, a la Vida, es ser y estar aquí hoy en día.

 

 

ANTONIO MACHADO

“Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace el camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino

Si no estelas en la mar”.

Esta poesía la hemos escuchado muchas veces en la voz de Juan Manuel Serrat, y otros artistas muy conocidos en todo el mundo.

Este año se cumplieron 80 años de la muerte del poeta (22 de febrero 1939), en un pequeño pueblecito de Francia, adonde él y su madre habían llegado huyendo de las tropas de Franco, después de un cruento y largo recorrido a través de Los Pirineos,  para cruzar la frontera entre Cerbére y Port Bou (27 de enero 1939).

Para mí es muy significativa la fecha porque, aunque el medio en que llegaron a Port Bou fue distinto en el caso de mis padres, también Republicanos, y mis tres hermanos mayores de tres, seis y diez años, coincidieron en el local en que las autoridades francesas concentraron a los primeros refugiados que empezaron una diáspora que los rebasó en forma impensable.

Mi madre nos platicaba como pasaron ahí unas horas, en las que un señor de edad avanzada tosía sin parar. Ella tenía en una de las dos maletas que formaban todo su equipaje, una pequeña hornilla con la que preparó una infusión que le dio al anciano y a su madre,  que sirvió para que amenguaran los accesos de tos. Mi padre había ido a buscar sus contactos con las autoridades locales para obtener el salvoconducto para llegar a París, y fue hasta que él llegó que le dijo a mi madre que ese anciano era un gran poeta republicano.

Así, las dos familias, y miles más, dejaron atrás el camino que ya nunca habrían de volver a pisar: el del regreso a España. Antonio Machado y su madre, con dos días de diferencia, murieron en Coillure, Francia.  Mis padres y hermanos españoles fallecieron en México, país que los recibió con los brazos abiertos, les permitió salir adelante, y dejar a cuatro hijos mexicanos, que los enterraron en esta su segunda patria.

En estos tiempos en que hay exiliados políticos en muchos partes de mundo, vale la pena reflexionar sobre lo duro, doloroso, difícil, incierto, que es para ellos “dejar atrás”  su patria, su pueblo, su familia, sus costumbres, amigos, conocidos, costumbres, y empezar de cero en tierras desconocidas. Vale la pena sentir solidaridad y ser generosos con ellos.

Es de todos sabido que, en estos casos, puede haber “colados” entre los exiliados políticos: oportunistas, delincuentes, arribistas, mentes turbias que quieren sacar partido para sus fines personales o ideológicos. Vale la pena hacer una criba para separar a unos de otros.

 

 

LA ESPIRAL DE LA MUERTE

Vamos a ver algunos términos:

  • Una espiral es una curva plana que da vueltas alrededor de un punto y que, en cada una de estas vueltas, se aleja más y más de dicho punto.
  • La espiral es una forma frecuente en todo lo relacionado con la vida y nos transmite la idea de crecimiento, evolución y expansión. Un gran número de vegetales y animales crecen y se desarrollan en una serie de patrones relacionados directamente con la espiral, partiendo del ADN.
  • También se utiliza para definir la sucesión creciente o indefinida de acontecimientos. Se asocia a lo cíclico o a lo que parece no tener final.
  • En el ámbito de la cultura se cree que en las pinturas rupestres se asociaba al ciclo de nacimiento, vida, muerte y volver a nacer y, entre los celtas, expresaba lo que sería la fuerza vital, el crecimiento y también la positividad.

Ya nos hemos formado en nuestra imaginación un símbolo de la espiral, y conocemos su definición, y sabemos que forma parte importante en todas las culturas, por lo general asociada a lo positivo, a lo cíclico y a la evolución de la vida.

En cuanto a la sucesión creciente o indefinida de acontecimientos, estos pueden ser no solo positivos y benéficos, sino también, negativos y perjudiciales para la vida misma. Así hablamos, por ejemplo, de una espiral de violencia, o una espiral de corrupción, como la que vivimos en nuestra sociedad.

Al referirme a la espiral de la muerte, quiero enfatizar cómo el perpetuar ciertas conductas negativas en contra de la salud, nos lanza a una espiral que nos aleja cada vez más del punto central: LA VIDA.

Para definir la salud, utilizaré lo dictado por la Organización Mundial de la Salud (OMS): “La  salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.

Esta definición es el resultado de una evolución conceptual, ya que surgió para reemplazar la noción anterior que decía que la salud era la ausencia de enfermedades biológicas.

A partir de la década de los cincuenta, la OMS revisó esa definición y finalmente la reemplazó por esta nueva, en la que la noción de bienestar humano trasciende lo meramente físico. La Organización Panamericana de la Salud aportó luego un dato más: la salud también tiene que ver con el  medio ambiente que rodea a la persona.

Fuente: http://concepto.de/salud-segun-la-oms

Nosotros podemos generar desde nuestra mente conductas que nos lleven a un determinado fin.  Cuando estas conductas se mantienen en el tiempo y se automatizan, se les llama hábitos.

En ocasiones tenemos malos hábitos que son los que nos conducen a un fin negativo, y hábitos positivos cuya meta será siempre positiva. Visualizarlos como una espiral puede facilitarnos comprenderlos.

Entre otras cosas, lo siguiente puede generar y perpetuar las conductas contra la salud, y lanzarnos a la espiral de la muerte:

  • Vegetar no vivir.
  • Carecer de un sentido de vida. No tener un PARA QUÉ vivir.
  • No conocer ni vivir de acuerdo con nuestra Misión.
  • No haber diseñado un proyecto de vida. Pasar los días cómo vengan, ir de aquí para allá según lo que se presente.
  • Ausencia de una Visión de nuestro futuro.
  • Echar un clavado en el mundo de las enfermedades, no en el de la salud.
  • Pasar los días en el NO: No tengo esto, no puedo salir, no me alcanza, en lugar de ver todo lo que tenemos y somos.
  • Mantener un pesimismo constante y deprimente.
  • La autocompasión.

Es innecesario hacer una lista para salir de la espiral de la muerte, basta con poner en positivo todo lo que acabo de mencionar, y aplicarlo:

¡YA, HOY, DESDE ESTE MINUTO, EN FORMA CONSTANTE, LAS 24 HORAS DEL DÍA! 

                                   ¡ASÍ ESTARÁN EN UNA ESPIRAL DE VIDA!

LA ÚLTIMA CASITA

Por una razón u otra, me demoré 15 años, desde que compré un nicho en unas criptas, en ponerle la puerta, cerradura e inscripción con el nombre.

Como tanatóloga no puedo esquivarme en el pretexto encubierto en la frase con la empiezo este relato: la razón se llama MIEDO. Según yo ya había trabajado mi muerte, la había aceptado, tengo testamento, mis papeles en orden, pero faltaba el último detalle: decidir y adecuar el lugar donde mis hijos pondrán mis cenizas. Ya no se permite el romanticismo de que las esparzan aquí o allá, ni yo lo había imaginado tampoco.

Desde niña viví muchas mudanzas con mis padres. Recuerdo que siete veces supe lo que se sentía al desprenderse de un lugar que te había cobijado, a ti y a tus sueños por equis tiempo, dejar atrás los amigos, la escuela, lo conocido, para enfrentar un nuevo panorama desde cero.

Como casada también fueron siete mudanzas, desde la primera en que todo lo que teníamos cupo en un coche y empezamos con una cama y un buró, hasta la más traumática que fue pasar de una casa de 600 metros de construcción y tres pisos, a un departamento de 120 metros cuadrados.

Parece que el siete está muy presente en mi vida. Por eso pensé que cuando yo empiece a transitar en el nuevo ciclo, en otro plano, será necesario dejar la vestidura que usé en este mundo: mi cuerpo, en un lugar donde no estorbe ni cause problemas.

La mudanza física ya les tocará a mis hijos, a los que les recuerdo: EL CADAVER NO ES LA PERSONA. Los minerales en forma de cenizas en la cripta, no son YO.  Mi alma, mi espíritu, mi esencia, no se pueden encerrar en un lugar así.

Cuando terminé de poner al día mi última casita, (en diminutivo porque es un espacio muy reducido de más o menos 40 por 40 centímetros), sentí una gran paz interior. Ya estoy lista para partir. Faltan todavía algunos años en que pienso seguir cumpliendo mi Misión y trabajar para ayudar a los demás a elevar la calidad de su vida.

Los invito a vencer el miedo al desprendimiento de este mundo, al momento en que digamos “Hasta luego”, a evolucionar, y tomen las decisiones necesarias para hacerles el trance menos molesto a sus familiares.