# YO ME QUEDO EN CASA (18)

“Cuando un amigo se va queda un espacio vacío

que no lo puede llenar la llegada de otro amigo

 

Cuando un amigo se va queda un tizón encendido

que no se puede apagar ni con las aguas de un río

 

Cuando un amigo se va una estrella se ha perdido

la que ilumina el lugar donde hay un niño dormido

 

Cuando un amigo se va se detienen los caminos

y se empieza a revelar el duende manso del vino

 

Cuando un amigo se va galopando su destino

empieza el alma a vibrar porque se llena de frío

 

Cuando un amigo se va queda un terreno baldío

que quiere el tiempo llenar con las piedras del hastío

 

Cuando un amigo se va se queda un árbol caído

que ya no vuelve a brotar porque el viento lo ha vencido

 

Cuando un amigo se va queda un espacio vacío

que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”

https://www.letras.com/alberto-cortez/413067

Cuando un amigo se va es la canción que Alberto Cortez escribió para su padre cundo éste murió. Ha sido interpretada por muchos cantantes en todo el mundo, y se convirtió en un himno a la amistad, no solo entre padres e hijos, sino entre todos los seres humanos.  A través de esta canción me uno a todos los que han perdido un padre, un hermano, un amigo.

Vuelvo a escuchar y leer la canción porque ayer, cuando llamé por teléfono a una amiga muy querida radicada en el norte de la República Mexicana para avisarle de la muerte de Paty Malo, me enteré por uno de sus hijos que había fallecido recientemente.

Era también una compañera de escuela de Patricia y mía. Nos conocimos y mantuvimos la amistad y el cariño durante 64 años. Se llamaba Lourdes Vázquez G., y era la persona más dulce, genuina, generosa, auténtica, que se puedan imaginar.

Cuando estudiamos juntas, ella era un poco mayor y su papá le regaló un coche. Era la única del salón que tenía uno propio, lo que permitió que nos llevara a pasear en él más de una vez. Recuerdo una vez que fuimos a la Ciudad Universitaria y, al pasar por la Facultad de Arquitectura, nos detuvieron un grupo de estudiantes para pedirnos que nos bajáramos del auto. Yo iba en el asiento del copiloto y le dije a Gugú (así le decíamos de cariño), que acelerara y saliéramos de ahí a toda prisa, lo cual hizo de inmediato. De la nada comenzaron a perseguirnos en un auto por las calles casi vacías de CU, hasta que vimos una patrulla y le pedí que se parara junto a ella. El auto con los jóvenes siguió su camino y la patrulla nos escoltó hasta que salimos del lugar a la avenida Insurgentes. Temblamos durante horas después de esa experiencia.

Vivía en una enorme casa cerca de la escuela adonde nos encantaba ir porque su mamá nos regalaba huevitos de chocolate y otras golosinas.  Era una alumna ejemplar, muy querida por las monjas, solidaria con las compañeras y, lo cual no gustaba a todas, un poco “mochila” (muy devota). Hay una y mil anécdotas de las escapadas en su auto, de las travesuras que las demás hacíamos en los retiros espirituales y ella cumplía con no delatarnos.

Pasó el tiempo y se casó con un médico originario de Oaxaca, cuya familia yo conocí cuando vivimos en esa ciudad. Tuvo un niño y una niña. Hija, hermana, sobrina, esposa, madre, amiga, vecina ejemplar, emanaba paz y espiritualidad a su alrededor.  Enviudó y encontró actividades para ser útil y llenar su tiempo en forma positiva. Mantuvo hasta el final la relación con la Madre Bravo, una religiosa que había sido Directora en la escuela a la que asistimos, y la fue a visitar hasta una ciudad cercana a Guadalajara adonde se había retirado al jubilarse en una Residencia de la Orden religiosa. Nos vimos muchas veces, con el mismo cariño de siempre, y nos llamábamos por teléfono de vez en cuando.

Otro miembro de la pandilla que se va, ya son tres. De nuestra generación han muerto muchas más. Una de ellas muy poco después de que salimos de la escuela; otra, que se fue de monja, murió joven también.

A Lourdes la recordaremos siempre con su eterna y tímida sonrisa, su actitud un poco apocada en ocasiones, su generosidad sin límites para con sus hermanos, cuñados, hijos, sobrinos, amigos y conocidos, su autenticidad y capacidad de sentir compasión por los demás y apoyarlos, su alegría y risa espontánea, su capacidad de dar amor, cariño, ternura, apoyo, compañía a sus hijos y nietos y demás familiares y amigos, de ser empática y generosa con todos.

Lourdes murió de un infarto fulminante, cuando se alistaba para asistir a misa con su hijo y su familia.   La muerte  de los justos: sin agonías y dolores que se prolongan en el tiempo. Vivía en paz consigo misma y con Dios. Ya se reunió con sus padres y los que se le adelantaron en el camino final.

¡Gugú! ¡Siempre te recordaremos con mucho cariño y gratitud por haber estado en nuestras vidas, por habernos enseñado, con el ejemplo, tantas cosas positivas y valiosas!

 

 

 

# YO ME QUEDO EN CASA (17)

CUENTO IMAGINARIO

Hace poco, en un parque cercano a casa, me acerqué a un viejito que les daba de comer a las palomas migas de pan que traía en una pequeña bolsa, y empecé a platicar con él. Me preguntó si tenía tiempo para escuchar un cuento, a lo que le contesté que todo el que él quisiera, y esto es lo que narró:

En un país imaginario, muy bello y pleno de mares, lagunas, ríos, montañas, valles, grandes sembradíos y poblados llenos de encanto, vivía un Rey muy peculiar que se llamaba a sí mismo “El esperado”.

Ese país, otrora comparado con el cuerno de la abundancia, había soportado ser gobernado por Reyes ineptos y/o corruptos que saquearon las arcas del Palacio. Hubo también algunos Reyes que amaban a su país y querían actuar en interés de todos, y que fueron saboteados por las corrientes malignas de los que ambicionaban el poder y las riquezas.  

Cuando llegó “El Esperado” el pueblo se llenó de esperanza porque les prometió que terminaría con la corrupción y la pobreza, y que ayudaría a todos. Empezó a hacer decretos para dar pensiones a los más viejos, a los estudiantes (estudiaran o no), a las madres solteras, en fin, cada día eran más y más los que recibían el “apoyo o limosna” del Rey.  

Sacó del calabozo a conocidos criminales y rateros, y los nombró parte de su séquito personal como colaboradores o asesores, mientras decía todos los días que iba a acabar con la corrupción.

Como quería pasar a la historia como un personaje inolvidable, empezó a construir obras monumentales, sin importar si eran necesarias o no, y si iban a afectar al medio ambiente, y abandonó las que habían iniciado los Reyes anteriores porque no quería que el reconocimiento fuera para ellos.

Todos los días, muy temprano, salía al balcón principal del Palacio y le hablaba a “su pueblo”, todos aquellos que se beneficiaban con el dinero que les estaba regalando, y acometía contra los corruptos, los emisarios del pasado, sus contrincantes (todo el que no pensara igual que él era su enemigo).

Cada día exigía más y más impuestos a sus súbditos, a los que sembraban las tierras, a los que tenían ganado, a los que comerciaban o vendían lo necesario para vestirse, alimentarse, ir a trabajar, tener un techo y poder salir adelante. A ellos les decía los “riquillos” y otras lindezas por el estilo.

De nada sirvió que los grandes señores del Reino, propietarios de fábricas de zapatos, ropa, alimentos, etc., hablaran con él en repetidas ocasiones, y le pidieran que cesase el derroche de lo que recaudaba el gobierno mediante los impuestos en limosnas, en lugar de crear fuentes de trabajo y personas responsables y autosuficientes.   

Como el dinero se acabó, y él no quería dejar de dar limosnas porque era la forma de tener adeptos, recurrió al Tesoro Real, un fondo de contingencia que Reyes anteriores habían ahorrado para que, si se presentaba una inundación, un terremoto, una desgracia muy grande, tuvieran dinero para medicamentos y ayudar a generar trabajo para todos.

La desgracia llegó en forma de una pandemia que asoló a todos los Reinos cercanos y distantes. Los otros Reyes implementaron medidas de emergencia: no gastar el dinero en obras inútiles o no necesarias de momento, dedicarlo a la atención médica de los súbditos, y a garantizar que hubiera alimentos e insumos para todos. También les pidieron al pueblo que se quedara en casa si no era necesario salir para impedir se siguiera propagando el contagio.

¿Qué hizo El Esperado? Decir que:

  • la enfermedad era un invento de sus enemigos para debilitarlo.
  • Él no se podía quedar en el Palacio porque entonces habría un vacío de poder y sus enemigos ocuparían su lugar.
  • No hicieran caso a los alarmistas, que siguieran saliendo a fiestas y reuniones, abrazando y besando a todo mundo.
  • Él seguiría con sus obras monumentales, no necesarias y si onerosas, pese a todo.
  • Que a Él no lo iba a atacar la enfermedad porque estaba protegido por sus “santitos”.
  • Seguiría viajando por todo el Reino porque no podía gobernar desde Palacio, y así lo hizo visitando lugares remotos para asistir a mítines y festejos, abrazar a niños y grandes. Por cierto, a los que se preocupaban de los contrabandistas que había en el Reino, les dijo que no era con balas como los iban a combatir sino con besos y abrazos, lo que Él hizo y fue hasta un recóndito pueblecito a visitar a la familia de uno de ellos.

 La insensatez y la incongruencia continuaron día tras día, mas Él no dejaba de salir cada mañana al balcón a echar la arenga acostumbrada.

 Llegó el momento en que peleó con los Señores del Reino y todo el que no pensara como él sería tratado como Traidor. No tenía dinero y ellos, sí. Por lo tanto decidió convertirse en un moderno Robin Hood, y quitar dinero a los ricos para dárselo a los pobres, quienes no trabajaban ni producían nada, nada más seguían con la mano estirada y su única obligación era echar vítores a su Rey.

El viejo interrumpió su relato y suspiró. Yo estaba ansiosa por conocer el desenlace y le pedí me dijera el final del cuento. Me miró con infinita tristeza en sus ojos y me contestó:

“Sucedió lo peor que se pueda imaginar. No solo acabó con el Reino y con la esperanza de una vida sana y productiva para sus súbditos, sino que era tanto el odio que había sembrado desde su balcón, día tras día, todas  las mañanas, que los pobres, que se habían acostumbrado a vivir de las limosnas,  agredieron a todos aquellos que tuvieran algo más que ellos, los robaron y despojaron de sus bienes.  Prevaleció el odio, el crimen, la corrupción, la violencia, el caos total”

 Durante mucho rato no pude decir palabra alguna. El viejito se levantó y se fue y yo me quedé ahí pensando si habría algo parecido a ese cuento en una realidad cercana a nosotros. ¡Qué Dios nos ilumine y podamos encontrar  el camino hacia la recuperación y la Esperanza!

# YO ME QUEDO EN CASA (16)

Cuando me invitaron a estudiar un Diplomado de Tanatología que impartiría la Universidad Iberoamericana, allá por el año de 1994, no lo pensé dos veces porque acababan de morir, en un lapso de tres meses, cinco familiares cercanos, y yo estuve hasta el final con algunos de ellos. Además recordé que estuve con mi hermano cuando murió, así como con mi mamá. Sentí que Dios me había dado el privilegio de acompañar a las personas en el tránsito hacia la muerte porque ello no me daba miedo, y que era el momento de adquirir conocimientos para poder contar con más recursos mentales, emocionales, espirituales y tanatológicos.

He practicado durante 26 años lo que aprendí en la universidad y a través de  las experiencias vividas, mas nunca me imaginé que vería una pandemia como la del coronavirus en la que el número de muertos rebasa lo que podemos procesar mental y emocionalmente cada día.

Hoy quiero hermanarme con todos aquellos que han visto morir por este virus, sin poder hacer nada, sumidos en la impotencia, a alguno de sus seres queridos. En muchos casos, no pudieron siquiera estar con ellos en sus últimos momentos, ni enterrarlos (cremarlos) acompañados de todos los que los quisieron en vida.  Escuché hoy en las noticias que en España están acondicionando las pistas de hielo para colocar ahí los féretros, mientras se presentan las funerarias para conducirlos a su destino final. Una escena escalofriante por la fría y desgarradora lejanía de los que no pueden estar con sus seres queridos.

Me uno a los que han perdido a sus “viejitos” aislados en una residencia para mayores, sin poderles dar el calor de sus abrazos y compañía en esta última etapa, y con los que no pueden visitarlos ni abrazar a los que aún viven ahí ante una experiencia tan aterradora para ellos: ver como sus coetáneos caen fulminados, uno tras otro, ante la ametralladora del dichoso coronavirus.

Estoy con los padres que han perdido un hijo, un ser que empezaba su camino con muchas expectativas, propias o familiares.

Les mando un abrazo a quienes este virus les arrebató un amigo, un vecino, un compañero, un colega, con quien compartían vivencias, ilusiones y emociones.

Hago un ejercicio de manejo de energía para canalizarla a todos aquellos héroes silenciosos que, con una entrega y abnegación sin límites, ponen su vida en riesgo todos los días para combatir los estragos de la pandemia. Ahí están desde los médicos, enfermeras, laboratoristas, auxiliares, hasta el personal de intendencia sin el cual ningún centro hospitalario podría funcionar. De igual manera, la envío a trabajadores de toda la cadena de producción necesaria para que todos tengamos alimentos, víveres, gasolina, fármacos, en fin, todo lo necesario para la sobrevivencia.

Les propongo que todos nos unamos, no solo para darles un aplauso a las 8 de la noche como gesto de gratitud, sino que poco antes les mandemos energía. No teman, mientras más damos, más recibimos, siempre y cuando estemos conectados con una fuente Mayor: tu Dios (con cualquier apelativo que quieras llamarlo), o la energía Universal, Cósmica,

El poder de la Oración está comprobado científicamente. Orar no es rezar. Rezar es repetir una serie de frases establecidas, tal vez desde hace siglos. ORAR ES HABLAR CON DIOS.

Vamos a tomar unos minutos antes de las 8 para unirnos a nuestra fuente de Poder Interno y unirnos espiritualmente con todos los que sufren, en forma directa o indirecta, las consecuencias del coronavirus y con todos los que los están apoyando en su lucha. La Energía trasciende distancias y obstáculos y, si millones de nosotros podemos unirnos para canalizarla, estaremos poniendo nuestro granito de arena también.

 

 

 

# YO ME QUEDO EN CASA (15)

“Cuando un amigo se va queda un espacio vacío

que no lo puede llenar la llegada de otro amigo

 

Cuando un amigo se va queda un tizón encendido

que no se puede apagar ni con las aguas de un río

 

Cuando un amigo se va una estrella se ha perdido

la que ilumina el lugar donde hay un niño dormido

 

Cuando un amigo se va se detienen los caminos

y se empieza a revelar el duende manso del vino

 

Cuando un amigo se va galopando su destino

empieza el alma a vibrar porque se llena de frío

 

Cuando un amigo se va queda un terreno baldío

que quiere el tiempo llenar con las piedras del hastío

 

Cuando un amigo se va se queda un árbol caído

que ya no vuelve a brotar porque el viento lo ha vencido

 

Cuando un amigo se va queda un espacio vacío

que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”

https://www.letras.com/alberto-cortez/413067

Cuando un amigo se va es la canción que Alberto Cortez escribió para su padre cundo éste murió. Ha sido interpretada por muchos cantantes en todo el mundo, y se convirtió en un himno a la amistad, no solo entre padres e hijos, sino entre todos los seres humanos.

A través de esta canción me hermano con todos aquellos que han perdido un amigo.

Es posible que a ese amigo que recién murió no lo habían visto a últimas fechas, mas su recuerdo siempre estaba presente, en una forma u otra, en sus vidas: el tiempo y la distancia no afectan el cariño verdadero.

La amiga que se fue se llamaba Patricia Malo J.. Nos conocimos en 1956, hace ya 64 años, cuando asistimos a la misma escuela. Al recordarla me vienen a mi memoria su agilidad mental y simpatía: le ponía apodos a todo mundo con una agudeza muy fina, rimaba frases sobre lo que le acababas de decir en segundos, ideaba las más increíbles travesuras para molestar a profesores y compañeros.

Patricia se portaba en forma impulsiva, vehemente, entregada, comprometida, y todo lo que estas características conllevan cuando se llevan al extremo. Era tajante en sus afectos: “Te quiero y estoy contigo 100%”, o “No quiero saber nada de ti y no te dirijo la palabra”.

Enfrentó momentos muy duros a lo largo de su vida, y salió adelante de ellos, a veces con cicatrices muy dolorosas. Su adoración fueron sus hijos y nietos, a los que veía o no, según fuesen sus cambios de humor.

Como amiga pasamos épocas en que convivíamos hasta 7 horas cuando yo tenía tres hijos y ella no había logrado llevar a término un embarazo. Le dio a una de mis hijas un cariño sin límites: la vestía, cuidaba, jugaba con ella, la bañaba, le compraba regalos. Cuando mis hijos estaban en la escuela íbamos al supermercado, y se bajaba ella a comprar mi mandado, para que yo no cayera en las “ofertas”  y, después, yo hacía lo mismo con lo que ella necesitaba adquirir.  Jugamos horas enteras scrabble en el que casi siempre me ganaba.

Pasó el tiempo y ella logró tener tres hijos a los que les daba todo su amor y cuidaba con esmero. La disciplina, el orden y la organización para llevar su casa eran ejemplares, así como su buen humor, a veces un poco, o un mucho, cáustico.

Hubo muchas cosas que aprendí a través de ella: a cuidar mi autoestima, a no culpar a los demás por lo que “me pasa”, a mantener la congruencia en todas mis acciones (sentir, pensar y actuar en la misma frecuencia), a utilizar la resiliencia cada vez que tropiezo y me caigo, a tener siempre presente el SENTIDO DE MI VIDA Y MI MISIÓN.

Gracias Paty por haberme ayudado a crecer y a ser mejor persona.  Tú ya cruzaste el umbral que nos lleva a otra realidad según las creencias de cada quien. Que la luz ilumine tu camino.

 

# YO ME QUEDO EN CASA (14)

Una querida amiga me mandó un video de una pareja en España que sale al balcón de su casa y pone de acuerdo a los vecinos, también asomados a ventanas o balcones,  para cantar el chotis Madrid y les pide que canten el estribillo que es la parte más conocida de esa pieza.

Me llama la atención que al finalizar esta señora la canción agradece los aplausos y aclamaciones de sus vecinos, en unión con un señor vestido formalmente, como si se tratara de un concierto. Ella tiene una voz operística armoniosa y vibrante. Es su forma de colaborar a elevar el ánimo de la comunidad.   Se oyen voces cantando un poco desafinadas, pero eso sí, llenas de emotividad. Las calles vacías, los faroles prendidos, unos minutos de unión en aras de dar algo de sí mismos a los demás. Esto se ha repetido en Italia y en España muchas veces. Otros artistas lo hacen a través de las redes sociales, como el concierto que organizó Elton John.

Regreso al chotis Madrid y me viene a la memoria su compositor: el mexicano y jarocho Agustín Lara, y una palabra que nos conviene tener en mente: TRASCENDER. Agustín Lara ha trascendido en el tiempo y la distancia, por ejemplo, hace 40 años me llenó de emoción asistir a un concierto de música en una Terraza de Roma, donde un tenor cantó Granada, otra de sus grandes obras. Hoy en día, en los conciertos de André Rieu alrededor del mundo, las canciones de Lara forman parte de su repertorio.

El gran mérito de Agustín Lara respecto a las canciones que compuso para España, es que nunca había ido a ese país.  Las más conocidas son Madrid, Granada, Valencia y Murcia, que yo recuerde de momento.

Lara no necesito viajar más que con su imaginación para crear la letra y música inolvidable sobre esas bellas ciudades española. Las casualidades no existen, se dan por algo: nosotros ahora no podemos salir ni viajar, y si podemos hacer visitas virtuales a otros países, a lugares recónditos e increíbles de todos los rincones del mundo. Podemos recrear nuestros sentidos, a través de la tecnología, en viajes interesantes y enriquecedores.  Es probable que Lara solo tuviera postales de España y la conversación vital con muchos amigos y conocidos que le hablaron de ese país.

Vamos a salir con nuestra imaginación y el apoyo virtual a recorrer el mundo, así ya no estaremos más encerrados. Con suerte, si no lo hemos hecho aún, podremos encontrar el camino para trascender también, y para dar algo a los demás.

El vínculo con Agustín Lara fue muy importante para mi esposo, porque el día de su examen profesional, después de la reunión en su casa, se fue con unos amigos al CAPRI, donde se presentaba Lara, a quien le cayeron en gracias esos chicos jóvenes y bulliciosos y los invitó a su departamento después de terminar su participación en el show. Ahí cantaron “juntos” canciones hasta la madrugada.

Pasaron los años y yo tuve el privilegio de conocer y tratar a un gran hombre culto y distinguido, el inolvidable Antonio Ibañez, al que le decían el Chacho Ibañez, quien tenía un negocio de joyería no abierto a la calle en un edificio de la calle Madero, en el centro de la ciudad de México.

El Chacho Ibañez fue mecenas de muchos músicos y artistas, a los que apoyó, no solo económicamente cuando hizo falta, sino en todos los sentidos para que encontraran su bienestar físico, emocional y mental  Uno de esos músicos fue Agustín Lara quien, en sus últimos años, estuvo débil, enfermo y solo.  El Chacho tenía una pequeña casa de una sola planta en una zona muy arbolada sobre el camino al Desierto de los Leones, donde hacía comidas eventualmente para sus amigos, a la que llamó La Malcontenta, y a la que  logró convencer a Agustín Lara se fuera a vivir para recuperarse cuando se encontraba muy delicado. Ahí estuvo unos meses, en compañía de su piano y cero visitas.

Cuando muere Agustín Lara, el Chacho Ibañez, en memoria de su amigo, conservó esa casa tal y como la vivió Lara, casi como un museo en su honor, el cual pude conocer y disfrutar durante una histórica velada a la que acudieron muchas personas cercanas al gran músico. No recuerdo a todos los invitados, permanecen en mi memoria: Amparo Montes, el Vate López Méndez, el Ing Mendez Docurro, y el pianista Alvarito. Excuso decir que los legos éramos mi marido y yo.

Con estas anécdotas quiero recordar y compartir la generosidad de muchas personas que los llevó a la trascendencia: dar siempre que podamos algo a los demás. Podemos salir de nuestro “encierro” y elevar nuestro sistema inmunológico a través del bienestar que genera el gozo y el placer de visitar, conocer o recordar lugares hermosos.

 

 

 

 

# YO ME QUEDO EN CASA (13)

Les voy a contar una anécdota real. En 1985 llegué a México el día 15 de septiembre, justo a tiempo para vivir el temblor del 19 de septiembre a las 7.20 a.m.  Habíamos estado en Roma donde pudimos saludar al Papa Juan Pablo II, lo cual fue una experiencia inolvidable.

Seguramente ustedes habrán leído o escuchado sobre ese temblor que derrumbó edificios, sepultando en ellos a los que ahí dormían o se preparaban para ir a la escuela o al trabajo. También se cayeron hoteles, casas, etc. La ciudad de México parecía una zona de la segunda guerra mundial en cualquier lugar de Europa, donde habían padecido los terribles impactos de las bombas.

Fue un acontecimiento que sacudió, no solo físicamente a México, sino emocionalmente también. El presidente de la República era el Lic. Miguel de la Madrid, quien no dio señales de vida hasta pasados unos días de la desgracia.  ¿Qué pasó entonces? Que el pueblo, en una muestra de solidaridad, trabajo en equipo, generosidad y entrega, se avocó a solucionar lo urgene, por ejemplo, a quitar escombros en los edificios para ver si salvaban alguna vida.

Gracias al pueblo, se salvaron muchas vidas y se pudo enfrentar la contingencia que afectó igual a ricos o pobres, turistas, o a quienes aquí vivían.

Un ejemplo de ello, lo viví yo. Vivía en una colonia al poniente de la ciudad, donde no hubo en realidad grandes daños. Una vecina, cuyo nombre omito por discreción, vino a mi casa a pedirme que hiciéramos algo para ayudar. Yo era Jefe de manzana y conocía a todos los vecinos, así como a algunas autoridades.

Establecimos comunicación con damnificados y centros de ayuda no oficiales, y nos colocamos en la entrada de la colonia con unos letreros en cartulina donde solicitábamos lo que nos reportaban necesitaban con urgencia. En cuestión de minutos los vecinos iban y traían lo que hacía falta, e inmediatamente lo enviábamos al centro de ayuda donde nos constaba si era necesario. Así nos dieron cientos de botellas de agua, pañales, alimentos enlatados, ccobijas, etc. Formamos turnos para estar en el puesto de acopio variaos vecinos cooperando en la labor. Funcionamos paralelos a la Cruz Roja o a las autoridades que no terminaban de organizarse.

Pasados unos días, ocupamos una habitación en la casa de mi amiga, donde revisábamos la ropa, la empacábamos en bolsas con letreros de sexo y talla. Baste decir que, una vez que ya pasó la emergencia, lo que recopilamos sirvió para que, después de comprobar que si era real la necesidad de las personas a quienes íbamos a dar ropa, sábanas, cobijas, zapatos, etc., ayudaramos amuchas personas durante casi un año.

Hubo muchos donativos internacionales que se canalizaban al Campo Militar antes de distribuirse, y ya sabemos lo que ocurre con la burocracia en cuanto a diligencia y seguridad.

Estamos ante una desgracia que puede parecerse a aquélla, en la que las autoridades también han respondido con retraso, cuando ya los ciudadanos nos habíamos organizado, estábamos haciendo tele-trabajo cuando se podía y evitábamos salir a la calle sino era indispensable.

Viene lo peor. Aquí no hay suficientes pruebas para detectar el coronavirus, por lo que muchas muertes se diagnosticarán como fallo cardíaco o renal, paro respiratorio, etc., sin saber si eran positivos o no, y sin poder ayudar a los que con ellos convivían. Las estadísticas reales nunca las sabremos.

Es necesario que nos unamos, con una actitud solidaria y responsable, para poder ayudar a los demás, así como se hizo en 1985, en forma independiente de lo que haga el gobierno. Siempre hay canales honestos.

Además de estar encerrados, vamos a encontrar maneras de ayudar a una persona o a muchas. Saquemos lo mejor de nosotros mismos y compartámoslo con quienes están en una situación crítica o requieren apoyo emocional.

México dio muestra de ser un gran pueblo en 1985. Vamos a vencer esta pandemia con unión, solidaridad, generosidad y amor por la vida humana.

 

# YO ME QUEDO EN CASA (12)

Además de encerrada en casa, he tenido que extremar las precauciones al máximo mediante lavar y desinfectar todos los días todo lo que utilizo.

Coincidió que el día que yo caí con una bronquitis muy fuerte, avisaron que en el edificio donde vivo  había dos casos positivos de coronavirus. Excuso decir la reacción de miedo que esto generó en los vecinos. Yo me había cruzado con ellos varias veces sin decirnos más que Hola, pero los botones del elevador, las puertas, etc., si los toqué después que ellos.

Padezco de los bronquios y a mí no me da gripe o catarro, me voy en fasttrack a neumonía.  Ya he padecido tres veces esta enfermedad, dos de ellas internada en el hospital.  Esto suele sucedes en diciembre o principio de enero, y yo estaba muy feliz porque este año no había pagado mi cuota.

Los vecinos contagiados hicieron un viaje a Madrid a principios de marzo para asistir a un Congreso, y suponen que en ese viaje les llegó el virus.   Yo me pregunto por qué el gobierno de España, que ya tenía información de lo que estaba pasando en China e Italia, no tomó medidas más rígidas para no permitir reuniones como Congresos, marchas, mítines, reuniones masivas,  etc.

Trump hizo lo mismo, y está pagando el precio con miles de personas contaminadas. Al principio decía que era un invento de sus contrincantes. Nuestro presidente dijo lo mismo y siguió saliendo de giras, a inaugurar estadios, a abrazar a la mamá del Chapo Guzmán en el pueblo donde vive, etc. También siguió abrazando personas y niños, y dijo que no pasaba nada, que saliera uno y fuera a los restaurantes, de compras, etc.  Aquí no hay estadísticas ni manera de saber qué es lo que está pasando en realidad. La sociedad se adelantó al gobierno y decidió quedarse en casa antes de que se hiciera el aviso formal sobre el tema. Dios nos proteja.

Una cosa es leer los diarios, ver en la tele noticias sobre este virus, y otra es tenerlo de vecino. Por la edad y condición física, yo soy muy vulnerable ante él, y resulta que está a unos metros de distancia.  Así que todas ls caricaturas que mandan sobre personas que extreman la limpieza, me retrata muy bien. Si llega un medicamento, le pido al portero por teléfono, que lo reciba y le paso, por debajo de la puerta una bolsa con el dinero. Cuando llega el pedido, él me avisa que ya lo puso frente a mi puerta. Lo levanto del piso y desinfecto la bolsa y la caja de la medicina con alcohol puro. Ni siquiera nos vemos las caras. Por supuesto que él tiene gel bactericida, alcohol, cloro,  para protegerse y proteger el edificio.

Han sido necesarios 10 días de antibiótico y medicamentos para que empiece a salir adelante. Estoy monitoreada por mi doctor, quien me pidió que, aunque nadie entre a la casa ni yo salga, utilice tapabocas, desinfecte los víveres de la despensa que lleguen con alcohol, además de lavar con jabón la verdura y frutas.  Además de eso, desinfecto con alcohol el lavamanos y todas las superficies de la cocina y muebles que lo toleran. El WC lo limpio con  Lysol, y también tapeo con este producto los pisos.  Toda precaución es poca.

Pude manejar el miedo y, cuando se me dificultaba mucho la respiración y me dolía todo, en lugar de angustiarme, relativicé lo que podía pasar: lo peor sería que me muriera.  Ante esa posibilidad, caí en cuenta que muchas cosas, a las que les doy mucha importancia, no la tienen. Recordé que ya había yo preparado mi última casa: una urna en un templo, por lo que mis hijos no tendrían que batallar con ese trámite.  Así que me dije: usa tu energía en controlar las consecuencias de tu enfermedad y disfruta todo lo que puedas.

Empiezo el día dando gracias a Dios, a la vida, al universo, por estar viva. Doy gracias porque mi cerebro funciona al 100%, puedo leer, caminar, comer, en fin, hacer muchas cosas. No busco, encuentro, un objetivo para ser útil a los demás ese día: llamo por teléfono a alguien que creo necesita ser escuchada, les escribo a muchas amistades, alumnos y familiaes. Diseñé un método fácil (PP) para que mi nieto de 6 años refuerce su francés. Reviso las tareas de los mayores y platico con ellos. Estoy con ellos, y eso lo sienten y lo saben.

Me recuerdo con frecuencia que esta es una oportunidad de renovación, de cambio, de compromiso, de espiritualidad.

¡Salgamos adelante unidos!