SERVICIO DOMÉSTICO II

Y sigue la mata dando………. Volví a leer otro artículo en el periódico Reforma con este tema, donde varias personas asociadas al Centro de apoyo y Capacitación para empleadas del hogar (CACEH) pedían apoyos legales y se quejaban de la situación de quienes laboraban en el hogar por un salario.

Aclaro lo del salario porque hay millones de mujeres que hacen lo mismo que esas empleadas domésticas, quienes jamás han recibido una remuneración, ni siquiera las gracias ni reconocimiento por todo lo que hacen, por las que daría mi voto y lucharía por sus derechos.

Me parece muy loable que haya una institución que CAPACITE a las personas, en este caso al personal doméstico, y me gustaría preguntarles:

• ¿Qué porcentaje de empleadas domésticas están afiliadas a su grupo?

• ¿Será acaso el 1% acaso del total de esa población?

• ¿Cuál es la capacitación que brindan?

• ¿Qué nivel de profesionalismo adquieren las mujeres que asisten a recibir sus clases?

• ¿Terminan sabiendo cocinar, llevar una casa, lavar y planchar, hacer camas, barrer y trapear, poner la mesa, cuidar niños, contestar el teléfono, leer y escribir?

• ¿Tienen contemplado el desarrollo integral de la persona?

• ¿Cómo evalúan sus progresos?

¿Quiénes los avalan a ellos?

• ¿Están registrados en la STPS?

Pregunto esto porque hace muchos años supe de una institución que se anunciaba como capacitadores de personal doméstico y contraté una cocinera con ellos. Nefasta experiencia. Tres días en que yo aguanté de todo “porque era nueva”, hasta que la mujer mostró una actitud grosera y agresiva hacía mí. La despedí con todo respeto y ante testigos, y le liquidé todo lo que le debía por esos días. Se negó a salirse de mi casa. Llamé a una patrulla, les dije lo que pasaba y que tenía miedo por la actitud rijosa de la empleada, por lo que procedieron a acompañarla a su habitación para que empacara sus cosas y se subiera al taxi que le había pedido (y pagado) para que la llevaran a su domicilio.

¡Sorpresa! La mujer tenía una bolsa de plástico de unos 10 kilos con marihuana y otro lleno de pastillas, que los policías dijeron eran las que vendían en el narcomenudeo. Se levantó el acta, etc., etc., y reclamé a la Asociación de Capacitación de domésticas, que dijo estar tan sorprendida como yo, además de que no tenían sus datos, nunca la habían capacitado para nada, y sólo me habían cobrado una “cooperación” por contratarla, para poder “seguir ayudando a más sirvientas”.

Tal vez la asociación que mencioné al principio, las capacite, las evalué, tenga sus datos, sea una institución con fines loables y merezca todo respeto, y no una agencia de colocaciones disfrazada, como aquella.

Ahora bien. Ya acepté que hay brujas y ogros, o sea, personas que abusan y explotan a su personal doméstico. Creo que son los menos. Muchas de nosotras hemos pasado por el proceso de “civilizar” a una muchachita que llega a tu casa sin saberse limpiar las narices con papel desechable (todavía lo hacen con la mano), no saben comer con cubiertos, no saben ni barrer y trapear para acabar pronto. Uno las enseña a todo, desde vestirse decentemente y bañarse todos los días, a hacer el quehacer del hogar, comer de todo, hablar, inclusive en ocasiones, a leer y escribir. ¿Y qué pasa? Que en la mayoría de los casos, la palabra lealtad no existe en su mente por lo que, en cuanto sienten que ya saben el quehacer, se van con cualquiera que les ofrezca cien pesos más al mes.

Tenemos también el costo del aprendizaje. ¿Cuántas lavadoras, licuadoras, hornos de micro-hondas, planchas, en fin, aparatos domésticos, echan a perder en lo que aprenden? ¿Cuántas prendas de vestir queman, decoloran, desgarran? ¿Cuántas veces no transmiten un mensaje urgente?

Existe también la variable de que muchas de estas muchachitas, con un hambre endémica de afecto, caen víctimas del primer hombre que les dice “mi alma”, y le entregan “la prueba de su amor”, que chilla a los nueve meses. ¿Cuántas familias las dejan seguir en su trabajo y criar ahí a su hijo? Decía una de las personas entrevistadas que los patrones se sentían con derecho de pedirle a su hijo que hiciera cosas porque vivía en su casa. ¡Caray! Resulta que yo mantengo a un chamaco de todo a todo y no le puedo pedir que me traiga el periódico o que haga alguna tarea para la casa? ¿De parte de quién? No se trata de que sea mi sirviente, sino de que aprenda a ser agradecido y a cooperar con el grupo con el que vive y del que depende.

En mi labor quijotesca de darles estudios a mis empleados domésticos, logré que varios mozos terminaran la preparatoria y los coloqué en empresas, para que siguieran avanzando en la vida, otros son ahora choferes o ejercen algún oficio que aprendieron en mi casa, y algunos trabajan como chalanes en algún taller automotriz o cargan costales en la Central de abastos (esos estaban cerrados a la capacitación, educación o superación). En cuanto a las mujeres, me volví exportadora, ya que muchas trabajan como domésticas en los Estados Unidos y ganan muy bien porque saben hacer todo muy bien, otras son micro-empresarias y, la mayoría, se llenó de hijos como sus madres, abuelas y todas las mujeres de su entorno, recordemos que “infancia es destino”.  Hoy día me ayuda una asistente del hogar desde hace nueve años, quien trabaja 6 horas y, en ese tiempo, desempeña su labor sin que jamás tenga yo que corregir algo o lamentar dañe mis pertenencias. Es una profesional.

Antes de enseñarlas a exigir derechos:

Capacítenlas para desempeñar su labor con profesionalismo.

Enséñenlas a amar y respetar lo que hacen.

Trabajen para que ellas dignifiquen el servicio doméstico.

Favorezcan su desarrollo integral (físico, mental, psicológico, emocional, social, espiritual).

Bríndenles el apoyo psicológico que requieran para erradicar el síndrome de La Malinche.

• Verifiquen que tengan una adecuada educación sexual y que sepan que pueden no tener hijos desde los 13 años porque las asalte una calentura de verano, o llegue a sus vidas el Romeo con el que han soñado siempre.

• Promuevan grupos de crecimiento para que puedan ser mejores personas y mejores mujeres, que serán el día de mañana mejores madres y compañeras, que ayudarán a sus seres queridos a superarse. Se puede romper la cadena cultural limitante, de perdedores, para forjar líderes del mañana, ciudadanos de primera, que trabajen para que las próximas generaciones tengan una mejor calidad de vida..

La EDUCACIÓN es la llave para que progresemos en todos los roles de vida.

La FORMACIÓN INTEGRAL es indispensable para ser una persona triunfadora en todos los roles de vida.

Empecemos por ahí. ¿No creen?

 

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