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CÓMO SOBREVIVIR A LA PANDEMIA

He estado ausente de mi blog durante algún tiempo, porque lo he empleado en escribir otro libro. En esta ocasión, sobre la pandemia.

Se trata de todas las pérdidas que hemos sufrido por causa del Covid-19, y algunas opciones para aliviar el dolor que ha traído consigo esta pesadilla.

Les voy a pedir un favor: escríbanme sobre los temas que les interesa tener información, sobre sus vivencias, sus pérdidas, su dolor. De esta manera pueden surgir algunos aspectos que yo puedo haber pasado por alto. Por supuesto, el anonimato está garantizado. Pueden compartir sus inquietudes con toda tranquilidad. Lo esencial es el contenido.

Como con mis dos últimos libros, la idea es que se venda a un precio muy módico para que esté al alcance de todas las economías.

Agradezco su respuesta a esta solicitud.

ESTÍMULO – RESUESTA

Todos sabemos que ante un estímulo físico, mental, emocional, espiritual, vamos a generar una respuesta. Esta respuesta va a pasar por el tamiz de la memoria de nuestro cerebro, que guarda todos los estímulos y respuestas vividos `or cada individuo.

Un ejemplo puede ser que al oler una sopa de fideo, te recuerde a la que te daba tu mama cuando eras niño, o la mordedura de un perro en el pasado te lleva a sentir miedo ante el ladrido de cualquier pero por pequeño que sea.

Conocer nuestras respuestas anteriores, sobre todo las relacionadas con experiencias dolorosas o amenazantes, puede ayudarnos a resolver emociones que no se procesaron cerraron en el pasado.

Veamos un ejemplo: tres personas, tres respuestas, un solo estímulo.  La semana pasada, a las 4.30 de la madrugada, soplo un viento muy fuerte en la ciudad de México, que derribó árboles, anuncios, etc.  Una señora me reportó que los vidrios de las ventanas de su casa hacían mucho ruido, por lo que se despertó sobresaltada porque el ruido era parecido al que un ladrón había hecho cuando quiso forzar la ventana para meterse a su casa. Corrió a prender la luz y, teléfono en mano, vigilar las ventanas.  Vio cómo el viento doblaba las copas de los árboles frente a su casa y se tranquilizó.

Cuando lo comentó con una amiga, ella le dijo que, a la misma hora se había despertado porque las ventanas de su recámara que dan al estacionamiento del edificio vibraban muy fuerte, y que había escuchado algo caer estrepitosamente.  Pensó que estaba temblando y le marcó a una vecina. Resultó que el viento había desprendido un anuncio que vino a caer sobre uno de los coches. Ella vivió un susto muy fuerte en el temblor de 1985.  

Otra amiga comento que, a la misma hora, había escuchado un ruido continuo muy vibrante y repetitivo, por lo que pensó que había dejado la ventana del baño abierta y fue a cerrarla. No había ninguna ventana abierta, por lo que pensó que podía tratarse de algún animal que se había metido a la casa. Hacía algún tiempo, el gato de una vecina se metió por una ventana, y se quedó atrapado cuando ella cerró todas las ventanas y puertas para irse a dormir. El animal rascaba la puerta y la empujaba sin parar. Después de localizarlo y llamar a la vecina para que viniera por él, se tranquilizó. Al día siguiente la señora le mandó un arreglo floral y pidió disculpas otra vez. Cuando vio que no había ningún animal originando el ruido, se asomó por la ventana y vio cómo el viento azotaba todo a su paso.

Mismo estímulo, tres respuestas diferentes de acuerdo a las vivencias previas de cada una:  robo, temblor, invasión de un animal ajeno.

Esto nos puede ayudar a comprender que cada persona va a reaccionar, de una u otra manera, de acuerdo a lo que haya grabado en su cerebro, lo que abre la puerta a una mejor comprensión de la conducta de los demás, y a la comunicación para conocer las razones por as cuales se porta de una manera diferente a la nuestra.

Ante el confinamiento, hemos visto muchas respuestas, algunas positivas y otras no.  Antes de criticar o condenar a los que piensan, sienten y actúan en forma distinta a nosotros, vamos a encontrar las razones que originaron esas respuestas.

EL CONFINAMIENTO Y LOS NIÑOS

A partir del segundo trimestre del 2020, empezó el confinamiento, y con èl,:el home-office o tele-trabajo, lo que se tradujo en que , uno o los dos padres, tenÌan que hacer las labores de oficina conviviendo con sus hijos.

Se dice pronto, y se piensa en los pobres padres. Sobre todo en los países tercer mundistas, como el mìo, donde el hombre es el señor y tiene preferencia en todo. Asì que la madre empieza a luchar por hacer el quehacer domèstico, lidiar con los hijos, hacer su trabajo en la computadora, en fin, ser polifuncional y productiva todo el tiempo.

Enj las parejas jóvenes, hacen turnos, uno utiliza la PC de escritorio y el otro, la laptop. Se organizan para ayudar a los hijos con sus estudios a distancia, (que enMèxico van a valer gorro), cuidarnos y atenderlos.  

No pesamos en los pobres hijos que antes tenìan que soportar oir:: NO HAGAS ESTO NI LO OTRO,làvate las manos, quédate quieto, etcétera, solo por las tardes.

Al ir a la escuela, el niño tenìa un tiempo y un espacio individual, separado de sus padres que lo disciplinaban en casa nada más. En el colegio estaban los amigos, el recreo, los estímulos propios de un grupo, la variedad de temas y técnicas didácticas, la gimnasia, la clase de música, en fin, muchas actividades que habían sido diseñadas para cubrir sus necesidades de aprendizaje y crecimiento por especialistas.

Ahora se enfrentan en solitario a una fría computadora de la que no reciben calor humano, ni la solidaridad del grupo. No han sido entrenados, al menos en México, a desarrollar su potencial de razonamiento (como los niños de Finlandia). La educación estaba (o està) basada en la memorización, no en la investigación, comprensión, razonamiento y aplicaición de lo que se está aprendiendo.

Por si fuera poco, sus padres no son ni Educadores, ni Pedagogos, por lo que, en la mayorìa de los casos, utilizan las técnicas con las que ellos estudiaron, veinte o treinta años atrás. Además de estar estresados por sus labores de oficina y domèsticas, que los llevan a mostrar poca paciencia y tolerancia.

Un padre joven con hijos pequeños, me comentó que si cuando vuelvan sus niños a la escuela le cobraran el doble de colegiatura, lo pagarìa encantado, potque se había dado cuenta del valioso papel de la Escuela en la formación de los niños, y en la MARAVILLOSA LIBERTAD DE SABERLOS SEGUROS Y EN BUENAS MANOS POR UNAS HORAS.

Hay muchos niños que han empezado a padecer trastornos gastrointestinales: reflujo, acidez, diarrea, estreñimiento, colitis, como consecuencia del confinamiento, y de la convivencia constante, dìa y noche, con sus padres. Esto es consecuencia del estrès.

Asì, empecemos a tomar a los niños en cuenta, y a encontrar asesoorìa para que ellso manejen su estrès en forma saludable.

EL SÌNDROME DE LA CHANCLA

Esta anècdota de confinamiento me la contò una sobrina. Ella es funcionaria en una empresa muy grande y lleva meses haciendo tele-trabajo.

Pasados unos meses empezò con dolor de piea y de rodillas que fue subiendo hacia la columna, por lo que acudiò al mèdico Èste le hizo estudios y radiografìas para ver quòe pasaba,

El  diagnòstivo final fue que tenìa el “sìndrome de la chancla”. Mi sobrina le dijo que no entendìa què era eso.

El especialista le preguntò cuàntas horas trabajaba cuando iba a la empresa, a lo que ella contestò que ocho o nueve horas. A continuaciòn le pidiò le corroborara ai durante todo ese tiempo, mas el utilizado en los trayectos de ir y vensir a ka oficina, ella utilizaba zapatos de tacòn alto, a lo que ella asintio.  Le pidio le confirmara si al trabajar en casa, por comodidad, ella se quedaba con sus pantuflas, a lo que ella dijo que en efecto, todo el dìa “anadba en chanclas”.

Eso es todo, le dijo el mèdico.  Al cambiar su forma de caminar. por dejar de usar tacones, usted alterò  su columna vertebral. Aunque estè en casa, utilice unas horas zapatos de tacòn y verà el cambio.

Asì lo hizo y ¡Adios dolor!. ¿Le ha pasado a usted?

PASEAR AL PERRO

En España, durante los meses del confinamiento màs estricto, surgieron muchas anécdotas. Les contarè algunas de ellas que llamaron mi atención.

En un barrio de clase media se podía salir a comprar comida, medicinas, y a pasear al perro. Los habitantes de un. edificio donde había 12 departamentos, se ayudaban unos a otros, avisando si iban a ir a la farmacia o al Super. para traer algo que se les ofreciera a los demás. Esta solidaridad alivianó mucho las cosas

Los vecinos notaron que un señor que vivía en el primer piso, andaba siempre de buen humor porque salìa muchas veces a pasear a su perro. que no era de una raza llamativa ni muy especial, podríamos decir que era “corriente cruzado con de la calle”.  Procedieron a pedirle que les permitiera a los demás llevar al perro a pasear con tal de salir. El vecino dijo que les pediría una “compensaciòn económica” . y todos aceptaron

Asì que el perro salìa doce veces a pasear y todos felices.