Los niños y los toros

El otro día comenté que me gusta adivinar el futuro de los niños según su conducta, en la reflexión que titulé Anécdota trivial. Hablé de las características de un niño negativo, un “destroyer”, un geniecito hiperactivo y una niña bien portada y su probable actividad política cuando sean mayores. Les recordé a los padres que lo que se siembra, se cosecha. Hoy recordaremos que los niños aprenden de lo que ven en su entrono, no de lo que les dicen que hagan.

A mí me cayó el veinte sobre esta premisa de manera contundente cuando el más pequeño de mis hijos tenía dos años. Empezamos a llevarlo con mucha frecuencia a visitar una ganadería de reses bravas, donde al dueño y a varios toreros les hacía mucha gracia cuando le preguntaban qué quería ser de grande y el niño contestaba que torero. El papá le compró su muleta, montera, etc., y varias veces lo bajaron en las tientas a torear al alimón alguna vaquilla.

Las cosas siguieron y de pronto me dio miedo que el niño fuera a tomar en serio lo de ser torero cuando vi que se envolvía en su muleta para acostarse, igual que hacían los maletillas que dormían en los pasillos de la casa, por lo que empecé a enseñarle que cuando le preguntaran que iba a ser de grande, contestara que él iba a ser Presidente de la República. Así lo hizo, con lo cual yo quedé tranquila unos meses, hasta que fue al Kinder y un día me dijo: “Mamá, cuando sea grande voy a ser Presidente de la República, pero a la hora del recreo ¿puedo torear?”.  No regresó a la ganadería y lo alejé de la fiesta taurina. No es torero ni Presidente de México.  

Tal vez la remembranza surgió porque hoy es el aniversario 66 de la Plaza de toros México, cuya historia vale la pena conocer (los invito a que la busquen en internet) y creo que todos los alternantes son hijos, nietos, hermanos o sobrinos, de toreros, novilleros, picadores, y crecieron dentro del ambiente taurino.  Uno de ellos, El Juli me robó el corazón cuando lo vi tomar la alternativa aquí como novillero a los 16 años; hoy me hizo admirarlo con una faena llena de valor, poder, arte, conocimiento, sitio, en un encuentro muy peligroso con un adversario con malas ideas que le había arrancado la taleguilla y dado un rallón en la pierna. El público habría entendido si terminaba de inmediato la lidia, cosa que no hizo por un pundonor taurino que pocas figuras consagradas muestran. Los cuatro toreros probaron que tienen madera y clase, por lo que sus bisabuelos, padres y familiares que les modelaron el torear estarán orgullosos.

Por ahí dicen que hijo de tigre, pintito, por lo que no es de extrañar que en el ámbito taurino se transmita a los hijos la inquietud de incursionar en ese mundo. Algo parecido sucede en el mundo empresarial donde hay apellidos que se mantienen activos por muchas generaciones y, en ocasiones, los hijos superan a los padres en el éxito y la proyección de sus negocios. En otros campos se dan casos similares, aunque no tan notorios a veces.

Donde no hemos visto que eso suceda es con la Presidencia de México. Según tengo entendido, fuera del General Lázaro Cárdenas, cuyo hijo y nieto han tenido relevantes puestos políticos, no hay otros ejemplos de que otros herederos hayan sido Gobernadores, Secretarios de Estado y candidatos a la Presidencia. Me preguntó por qué se dará esto si desde niños viven dentro de la política.

Me queda claro que los niños aprenden de su entrorno, de lo que ven hacer a sus padres y/0 figuras relevantes en su infancia. Se educa con el ejemplo, tus hijos, tus alumnos, tus subalternos, van a aprender de lo que haces, no de lo que les digas que hagan. Si tú les dices que tienen que ser honrados y te ven robar; si les dices que no digan mentiras y tu discurso es un rosario de ellas, si les exiges puntualidad y tú llegas tarde, si manejas una doble moral y les pides que se porten bien, etc., ellos van a aprender de tus acciones, no de tus sermones. Y toma en cuenta que, si además eres experto en enviar dobles mensajes, puedes favorecer la formación de una personalizad esquizoide.

La clave para colaborar a la formación integral de los hijos o alumnos es la congruencia.

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2 pensamientos en “Los niños y los toros

    • Gracias por reafirmar un aspecto tan importante en la formación de los hijos, de los alumnos, de quienes dependen de nosotros. Yo defino la congruencia como el pensar, sentir y actuar en la misma “frecuencia” , lo que se presenta poco en nuestro entorno. En mis cursos he observado que muchas personas no la practican porque mandan un mensaje verbal muy distinto a su lenguaje corporal. Ojalá sigas colaborando con este blog. Espero tus aportaciones.

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