El hoyo 18

No, el 18 000 si bien nos va. Me refiero al número de excavaciones que hay en la ciudad de México donde no hay delegación, barrio, colonia, que no tenga calles clausuradas, vialidades donde sólo dejan un carril de circulación; aunque hay algunas que tienen dos, porque donde antes circulaba un coche pintaron una ralla en la mitad y ahora tienen que hacerlo dos, lo cual no sería problemas si todos manejaran un Atos, un Chevy o un Mini Cooper, pero la tendencia es a comprar camionetas para sentirse más importantes y seguros con lo cual se complican las cosas.

En nuestro país, en la fase final de la administración gubernamental se efectúan muchas obras y lo importante es inaugurarlas, a pesar de que estén  a medio hacer o sin terminar, con la finalidad de formar parte de las estadísticas y que el nombre del funcionario se perpetúe en una placa.  “Más vale lo pronto que lo bien hecho” y “No sólo hay que poner el huevo, hay que cacarearlo” parecen ser los refranes que influyen en el último año o meses de su mandato. Hay otros dichos que utilizan las mentes mal pensadas que tienen que ver con un prócer de la Independencia; aunque yo creo que no es siempre lo que origina la decisión de destruir una calle recién pavimentada o tender puentecitos que terminan en embudos.

Recuerdo hace unos años cuando hicieron el segundo piso del periférico. Yo preguntaba ¿y dónde está el primero si estamos en la Planta baja o hay otro que yo no conozco? Fue todo un caso cuando llegaron las lluvias porque se inundó el segundo piso y derramó agua sobre los coches que transitaban abajo. Fácil solución a la mexicana: abrir un hoyo para que el agua saliese rápido y se acabaran las inundaciones lo que dio resultado; nada más que entonces se inundó el primer piso porque no tenía un sistema de drenaje adecuado para recibir tanta agua en tan poco tiempo.

¿Y las luminarias?  De repente les llegó la noche y se dieron cuenta que se les habían olvidado. Remedio a la mexicana: poner unas en los pilares y conectarlas con un diablito al cable de luz que estaba sobre la acera cercana, con lo que se lograba un efecto de tendedero muy romántico y se ponía el ejemplo a la ciudadanía sobre cómo se obtiene luz en forma práctica y directa.

En la actualidad, tenemos un periférico inutilizado en grandes tramos donde se hacen unos atascos (como dicen en España) palabra que me parece más adecuada que embotellamientos (algunos conductores aprovechan la ocasión) que no tienen precedente.

Tenemos obras del Metro donde no se hacen las cosas por tramos, no señor, se destripa todo el camino y no importa si los vecinos tienen que cerrar sus negocios por inaccesibilidad o si se forman leyendas urbanas sobre  las osamentas que están encontrando y que no pertenecen a los aztecas ni a los tlaxcaltecas.

¿Habrá un Plan maestro para estas obras? ¿Estará elaborado por alguien que vive en la ciudad y no que transita en un helicóptero especial o a quien le facilitan el tránsito cuando baja a nivel del pavimento? ¿Se sopesará el peso del perjuicio humano, ecológico y económico sobre el brillo político que se puede obtener?  Estas interrogantes y muchas más son las que me plantean los conductores de taxi que utilizo para transportarme, bueno, la verdad es que ellos utilizan un lenguaje más florido que no puedo repetir aquí. ¿Ustedes qué opinan?

 

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