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# YO ME QUEDO EN CASA (19)

Es un buen tipo mi viejo
Que anda solo y esperando
Tiene la tristeza larga
De tanto venir andando

 Yo lo miro de desde lejos
Pero somos tan distintos
Es que creció con el siglo
Con tranvía y vino tinto

 Viejo, mi querido viejo
Ahora ya caminas lento
Como perdonando el viento

Yo soy tu sangre, mi viejo
Soy tu silencio y tu tiempo

 Él tiene los ojos buenos
Y una figura pesada
La edad se le vino encima
Sin carnaval ni comparsa

Yo tengo los años nuevos
Mi padre los años viejos
El dolor lo lleva dentro
Y tiene historia sin tiempo

 Viejo, mi querido viejo
Ahora ya caminas lento
Como perdonando el viento

Yo soy tu sangre, mi viejo
Soy tu silencio y tu tiempo

«Mi viejo», o también llamada “Mi querido viejo,” es una canción cuya música es del canta-autor italo-argentino Piero, y la letra es de José Tcherkaski. A mí me gusta escucharla interpretada por el gran Alberto Cortés.

Empecé con esta canción porque vinieron a mi memoria esos viejos que están aislados y solos en tantos Asilos, Residencias de mayores, o como quieran llamarlas.

En muchas ocasiones, cuando ya no son indispensables o útiles para cuidar a los nietos, o cuando requieren cuidados constantes que los hijos no pueden darles porque ambos trabajan y están fuera todo el día, lo más conveniente es llevarlos a vivir a una de esas Residencias. Algunos se van por su propia voluntad, y otros a regañadientes si les aterra el sentirse separado de los suyos.

Al principio los familiares van cada ocho días a verlos, luego se van presentando cosas y cosas y, a veces terminan en una corta visita una vez al mes.

Y ahí tienes a esos ancianos desdentados, con su movilidad reducida a unos cuantos pasos, o a ir de la cama a una silla de ruedas, su pelo cano y ralo a medio peinar, rumiando su soledad día tras día.

Ahora, con el coronavirus, esas Residencias han sido un lugar de contagio y  muerte muy alto. No se les puede visitar mas que por medio del móvil o el ordenador, con lo que se incrementa el estrés de los que están fuera, y de los que están dentro, que ven desaparecer a sus compañeros de vivienda con una velocidad asombrosa. Hagamos una oración por ellos y por los que están dentro con ellos cuidándolos.

Esta situación puede servirnos para algo:

  • ¿Hay en tu familia algún viejo?
  • ¿Cuándo fue la última vez que le llamaste y te interesaste por él o ella, que escuchaste sus historias y relatos, tal vez por enésima vez?
  • ¿Hay acaso algún rencor de por medio?
  • ¿Sientes alguna culpa y no has pedido perdón?
  • ¿Hace cuánto que no le dices que lo quieres y lo importante que es para tí?

Hoy están en tu vida y están vivos. Resuelve el rencor que puedas sentir, pide perdón si lo crees necesario, y perdónales todo lo que tú hayas sentido que te hizo daño en el pasado. Diles que los amas y que significan mucho para ti.

La canción de Mi Viejo me hizo llorar muchas veces porque mis padres crecieron con tranvía y vino tinto, y yo tardé muchos años en comprender su idiosincrasia, su manera de ser, de pensar, de actuar, en fin, que ellos eran consecuencia de su historia personal, y que todo lo que habían hecho era para cumplir las expectativas de esa historia.

Ahora me toca a mí, que crecí con tranvía y vino tinto también, ser raíz y fortaleza para mis hijos y nietos. Me toca dejar un legado de amor para ellos y para todos los seres humanos.

Recordemos con amor y gratitud a nuestros “viejos” si ya murieron y, si todavía viven, tejamos lazos de cariño y comprensión que serán los recuerdos del mañana.,

 

 

 

 Abrazos gratis

El domingo pasado estaba yo sentada en una banca frente al Ayuntamiento en Coyoacán, México, mientras mi nieto pequeño bailaba y cantaba con muchos pequeñitos mientras un señor vestido de duende interpreta canciones de Cri-Cri, cuando un grupo de jóvenes (17-18años), que portaban grandes cartulinas con la leyenda “ABRAZOS GRATIS” se acercó.

Sentí mucha ternura cuando una viejecita con su pelo blanco se apresuró a abrazarlos a todos ellos. La mayoría éramos personas mayores o papás jóvenes y aquello fue un abrazo colectivo muy emocionante.

Les pregunté cuál era su objetivo y me explicaron que era un proyecto de su escuela (muy reconocida por cierto), lo que me pareció algo diferente a las absurdas tareas que algunas instituciones dejan a los alumnos. Qué importante que constataran cómo cambiaba el semblante y la química de las personas ante un estímulo afectivo. Creo que será una vivencia que recordarán siempre.

Esto me hizo recordar lo que leí acerca de una campaña solidaria en Cataluña, “Roses contra l´oblit” (rosas contra el olvido) que lleva a cabo la Associació d´Amics de la Gent Gran, con la finalidad de que las personas mayores que viven solas reciban el día de Sant Jordi (23 de abril) una rosa natural o un libro.

Esta campaña busca sensibilizar a la sociedad sobre el problema de la soledad no deseada por las personas de la tercera edad y se apoya en voluntarios, alumnos y profesores de 18 escuelas y varias universidades.

Estoy segura que habrá muchas iniciativas como ésta y que van a establecerse como algo habitual, no un proyecto eventual. También sé que todos podremos apoyar alguna de ellas, o simplemente, regalar una rosa y un abrazo, una sonrisa, un saludo, un reconocimiento, no nada más un día, sino con mucha frecuencia.

Un abrazo solidario para ustedes, sean jóvenes, viejos o niños.