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1°  de Agosto…

Hoy es día primero de mes. Es probable que ya hayas prendido tu vela o veladora si cumples con la tradición de bendecir el día 31 de diciembre, 12 velas para prender una cada día primero de mes, al mismo tiempo que haces una oración para conectarte con la energía positiva del universo (o con tu Dios), para estar en sintonía y agradecer todo lo que SÍ tienes.

Vamos a empezar una práctica diaria, algo que no sea difícil, no cueste dinero y que nos haga sentir bien. El objetivo es tenerlo presente durante todo el día. Si tú no puedes abrir tu PC por la mañana, abre el blog por la noche y lo aplicas al día siguiente.

Hoy nos vamos a tomar unos minutos, con los ojos cerrados, para agradecer todo lo que si tenemos en nuestro cuerpo sin ponerle peros. Te voy a dar un ejemplo:

“Gracias por mis ojos que me permiten ver todas las maravillas de la naturaleza; por mis piernas que me llevan y me traen de tantos lugares a través del día, por mis brazos que me permiten vestirme, guisar, escribir, abrazar a mis seres queridos, por mis oídos con los que escucho la música del viento entre las hojas de los árboles, por tener un cerebro para pensar, razonar, evocar, medir, tomar decisiones, sentir….”

Sigue dando las gracias por lo que tú quieras respecto a tu persona física y todo lo que puedes hacer al utilizarla, y recuerda que, no poner peros significa evitar decir algo positivo y descalificarlo con algo negativo, como sería decir:  gracias por mis piernas aunque están medio torcidas.

Con tan sólo concentrarte en una oración positiva, vas a cambiar la bioquímica de tu cuerpo.  Si tienes una contrariedad durante tu jornada laboral o escolar, piensa en lo afortunado(a) que eres por contar con tu mente y la capacidad de pensar, con la vista, el habla, poder oir,  sentir  emociones y sentimientos, en fin, tú decidirás que es lo que más  cuenta para tí en ese momento.

Mucha suerte, sé que vas a tener un magnífico día

Buscar nuestras raíces

Hace más de cuarenta años visité, por primera vez, España todavía bajo la dictadura de Franco.  A pesar de mi juventud, fue una impresión muy fuerte, porque traía conmigo el fantasma de mi padre, quien nunca quiso regresar a su patria mientras “el caudillo” viviera, y murió sin volver a ver a su padre y varios hermanos que se le anticiparon en ese último viaje.

En aquella ocasión conocimos algunos puntos turísticos de Madrid y sus alrededores, Andalucía y Burgos. Yo era la primera de mis hermanos que llegaba a la tierra de mis padres y uno de mis objetivos era conocer los pueblos donde ellos habían nacido  y a la familia de la que sólo sabía que existía por carta, ya que nadie más emigró a México. En mi infancia me sentía mal porque yo no tenía abuelos, tíos, primos, como los demás niños y el hecho de no “tener familia” me marcó en alguna forma y ahora, por fin, iba a conocer a algunos de ellos.

Recuerdo que llamamos por teléfono a un tío paterno que vivía en el pueblo de mi papa, en Vilches, Jaén, Andalucía, y le dijimos que al día siguiente llegaríamos a visitarlos.  Cuál no sería nuestra sorpresa cuando esa mañana, al bajar al lobby del hotel, lo encontramos esperándonos, con una pequeña maleta en la mano. Le preguntamos por qué había viajado hasta Madrid y nos contestó que “para enseñarnos el camino al pueblo”. Por supuesto que teníamos mapas de las carreteras y estábamos acostumbrados a hacer largos recorridos en auto, por lo que el gesto nos pareció conmovedor, ya que era una lección de hospitalidad inesperada.

Cuando llegamos al pueblo, nos hizo dar tres vueltas con el auto en círculo en la plaza donde está la iglesia, la casa del ayuntamiento y, no podía faltar, el bar. Cuando me percaté de lo que pasaba, caí en  cuenta que él deseaba que todos los que ahí se encontraban  “casualmente”, nos vieran y supieran que habían llegado “los mexicanos”.  La recepción colectiva fue cálida y abrumadora, nos platicaban personas de todas las edades, familiares o no, nos regalaban cosas, nos preguntaban por México, un territorio de mariachis, pistolas y caballos, según lo que habían visto en algunas películas. Nos dieron un banquete con embutidos, jamón serrano, aceitunas, vino, manzanilla, en fin, un festejo para el paladar en toda forma.

Poco después, fuimos al pueblo de mi madre, Barbadillo de los Herreros, en Burgos, donde la impresión fue otra y tuvimos la oportunidad de vivir una experiencia más íntima. Al iniciar la calle-carretera que era el eje del poblado, estaban un par de encantadores viejecitos, ella, con su largo vestido negro, su canoso cabello recogido, una sonrisa y ojos chispeantes iguales a los de mi madre; él, enjuto, vivaracho, simpático. Pensamos que iba a suceder algo parecido a lo del pueblo de mi papá y no fue así, aquí la recepción fue más personal, más hacia dentro.

Vivían en una casa de piedra, de gruesas paredes y escasas ventanas (por el frío tan intenso del invierno), que tenía varios niveles. En el primero estaban los cuartos donde guardaban los animales (cerdos, gallinas, ovejas, perros), subías unos escalones y había un cuarto donde colgaban pellejos con vino, chorizos, jamones, carne, ristras de pimientos, ajos, y no sé qué otros alimentos. Unos escalones más arriba estaba el núcleo de la casa: la cocina con una enorme chimenea que calentaba toda la vivienda al estar encendida día y noche. Ahí colgaba un perol con agua donde iban poniendo las cáscaras de las verduras que pelaban, sobras de comida, etc., que daban después a los animales. En el centro había una mesa con un brasero abajo para calentar los pies. Me sentí dentro de uno de los cuentos que leía de niña. Horas de platicar, compartir anécdotas, comer jamón serrano, embutidos y un queso ovejero delicioso, acompañado todo esto con un vino tempranillo y al terminar, un vasito de orujo fuerte y oloroso. Subías otro nivel y estaban las recámaras.

En ambos pueblos encontré la respuesta a muchas actitudes de mis padres que no comprendía, el origen de algunas de sus creencias, su pensamiento rígido y apegado a las tradiciones  y costumbres de su lugar de origen como una manera de no perder sus raíces, su sentido de pertenencia a una familia, a un pueblo, a un país, y me prometí llevar a mis hijos a conocer estos pueblos, con lo positivo y negativo que ello pudiera acarrear, ya que ellos eran tan urbanos, tan lejanos a la vida rural, sencilla del campo y las pequeñas ciudades, que presentía un choque cultural en ese sentido. 

Cumplí mi meta. Los cuatro han estado en la fiesta de la Virgen del pueblo de mi padre, y les encantó la experiencia. No coincidimos con la celebración de la fiesta del pueblo de mi madre en Burgos las veces que hemos regresamos a España, aunque si hemos ido varias veces al pueblo.  Algún día de estos podremos ir a pasar la fiesta de la Virgen de Costana en Barbadillos, y espero conocer a muchos familiares más, ya que alguien muy ingenioso, cuyos padres o abuelos eran originarios del lugar, se dio a la tarea de localizar a todos los que compartimos el mismo apellido en las redes sociales y nos ha enlazado a pesar de vivir en distintos países y continentes. Tal vez algunos de ellos tengan hijos que no conozcan el pueblo de sus abuelos y, créanme, vale la pena llevarlos y fomentar el nexo con sus raíces familiares, raciales, culturales, regionales, en este mundo tan frívolo y volátil que en ocasiones que no valora lo que significa la palabra familia, patria, linaje, tradición, herencia cultural, en contraste con el peso que se le da a ser dueño de cosas.

¿Qué piensan de la opción de buscar nuestras raíces?

Carga en el nombre

El nombre que adjudicamos a nuestros hijos tiene una carga muy fuerte, según he podido observar a lo largo del tiempo.

Veamos algunas tradiciones para elegir el nombre de los hijos:

1.- El nombre de los abuelos y de los padres, de la siguiente forma: primer varón, abuelo paterno, primera mujer, abuela materna; segundo hombre, abuelo materno, segunda mujer, abuela materna; tercer hombre, padre, tercera mujer, madre. Lo que implicaba tener al menos seis hijos para lograr transmitir nuestro nombre. Está en desuso por razones obvias.

2.- El del día en que nacen.

3.- El de los padres primero y después, el de los padrinos. Esto se une en muchas ocasiones combinando dos o tres nombres.

4.- El de los padres y el del santo de su devoción (Hilda María del Niño Jesús)

5.- El del personaje de moda en las telenovelas o el actor o actriz más popular en el momento. Hay camadas de Verónica, Esmeralda,  Viridiana, Vicente, Jorge, etc.

6.- Alguno bíblico para quedar bien con Dios o ganar “bonos extras”: Uriel, Gabriel, Salomón, Isaac, David, Eleazar, Nabucodonosor, Joshua, etc.

7.- Un nombre extranjero que le va a dar “brillo”. Así tenemos aquí en México a muchas Jaqueline Pérez, Stephanie Fernández, Vincenzo González, Sergei López, etc.

8.- Por la nacionalidad de los abuelos extranjeros como una forma de perpetuar su recuerdo. Por ejemplo: Farid por Alfredo y  Elizabeth por Isabel. El problema es la combinación con los apellidos como en el inciso anterior.

9.- El de un personaje real o ficticio que admiramos: Isadora, Julio César, María Félix, Cleopatra, Frida, David Alfaro, Stalin, etc.

10.- Cuando se le pone el nombre del padre al primer varón,  la carga es la expectativa de que sea una continuación del progenitor y, en algunos casos y que logre lo que él no pudo alcanzar, que realice sus sueños (los del padre), o sea, una segunda oportunidad de hacer lo que no supo o no pudo llevar a cabo la primera vez. No estamos hablando de un ser independiente que va a ser él mismo, con sus ideales, metas, vocación, caminos propios.

Puede haber otras muchas razones por las que decidimos cómo se van a llamar nuestros hijos, sin tomar en cuenta cómo podrá afectarles nuestra elección.

¿Algunas cargas?  ¡El mensaje implícito! Saquen conclusiones:

  • Salvador                                   Busca a quién salvar
  • Virgen                                       No te cases
  • Julio César                               Busca quién te traicione
  • Miguel Ángel                           Sé grandioso
  • Claudio César Augusto           Quema lo que puedas
  • Marguerite                               Péscate una tuberculosis
  • Giovani                                      Sé mujeriego
  • Napoleón                                   Domina

Otra manera de influir en el niño tiene que ver con las características del personaje o familiar cuyo nombre se le da:

  • ¿Es un ganador? ¿un perdedor? ¿un triunfador?
  • ¿Murió de muerte natural a avanzada edad?
  • ¿Tuvo una muerte prematura?
  • ¿Murió en un accidente buscado o fortuito?
  •  ¿Fue asesinado?
  • ¿Es el nombre del hermano o hermana que murió y al que va a “sustituir”?
  • ¿Fue o es un rebelde? ¿una persona utópica?
  • ¿Es o fue un visionario?

Un ejemplo: Hace muchos años conocí a un señor a quien su padre nunca aceptó desde que nació. Era el segundo de 13 hijos. Se llamaba igual que el abuelo materno, muerto desde hacía muchos años, quien tenía fama de haber sido una persona cruel y rígida. El primogénito era Dios para su padre, el bueno, del que se sentía orgulloso, al que le daba apoyo y reconocimiento, en la misma medida en que agredía al segundo. Éste creció introvertido, aislado, con el ceño fruncido día y noche, rebelde, violento. Más se rebelaba, más golpes le daba el padre. Se casó muy joven con una chica pueblerina, mimada, frívola y banal. Fue infeliz en su matrimonio y terminaron separados. Él se volvió alcohólico y fluctuaba de la euforia a la depresión. Murió joven.   Podríamos hablar de un bipolar con un trastorno de personalidad severo, etc., no tiene caso para mi objetivo.

Vamos al nombre como detonador de muchas cosas. El abuelo enviudó cuando la hija tenía 5 años y fue duro y cruel con ella porque tenía que valerse por sí misma y hacer los quehaceres de la casa y muere cuando ella tiene 13 años (lo que la niña vive como abandono). No hay familiares y la lleva a vivir con ella una señora que conoció a su mamá.  Es obvio que escuchar y recordar el nombre de su padre no era grato para esa niña-mujer y, al contarle al esposo cómo la había tratado de niña, él también lo detestó.  ¿Por qué seguir con una tradición absurda si lo que ese nombre acarreaba consigo eran malos recuerdos? 

En fin, vale la pena pensarlo dos veces si apenas van a bautizar a sus hijos y, si ya lo hicieron, ver qué mensaje le mandaron en el nombre para equilibrar las cargas negativas que pudieran existir.

¿Cuál es su nombre? ¿Están a gusto con él? ¿Les gustaría cambiarlo? Esto es factible hacerlo en México, mediante un Juicio legal y, probablemente pueda hacerse en otros lugares también. ¿Cómo se maneja esto en tu país?

HUEVOS DE PASCUA

Desde tiempos remotos el huevo ha simbolizado esperanza, fertilidad y renacimiento. En la mitología egipcia, aparece cuando el Ave Fénix se quemó en su nido y volvió a renacer más tarde en el huevo que lo había creado antes. Era una creencia hindú el que el mundo había nacido de un huevo.

Entre los primeros cristianos, se usaba regalar huevos pintados de rojo (para simbolizar la sangre de Cristo) el domingo de Pascua, y de otros colores como motivo de alegría porque había terminado el período de abstinencia que prohibía comer, durante la cuaresma, huevos y productos lácteos, tradición que cuestionó el Papa Alejandro VII en el siglo XVII.

Esta tradición se siguió en los países anglosajones, Estados Unidos y algunos países de Europa Central, como Polonia, Alemania, Eslovaquia, Italia, Francia, entre ellos, como un símbolo de vida nueva, y alrededor del siglo XVIII se inicia la elaboración de huevos de chocolate(dulce) con regalos dentro.

Fueron los emigrantes alemanes quienes introdujeron a los Estados Unidos  la idea del conejo de Pascua relacionado a los huevos de colores cuando llegaron al Pennsylvania Dutch Country. La llegada del “Oschter haws” era un gran acontecimiento para los niños, algo semejante a la llegada de Papá Noel o de los Reyes Magos.

Si eres amante de los placeres culinarios, hay una gran variedad de huevos de chocolate y de dulce esta semana y puedes comerte uno (o muchos si no tienes problemas con el peso).

También puedes aprovechar el simbolismo de la fecha para “renacer”, llevar a cabo un “rebirthing” en toda forma. Más adelante te daré varias técnicas para ello, por lo pronto, puedes plantearte empezar una nueva vida, sin el lastre de sentimientos negativos, de recuerdos dolorosos del pasado, de la sensación de carencia y limitación.

Recuerda, no podemos cambiar el pasado y si podemos verlo con otra óptica. ¿Qué opinas sobre esta opción?