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RECHAZO

Algo que llega a paralizarnos es el miedo al rechazo. Nos criaron para que actuáramos según nuestros padres o mayores querían o esperaban. Si cumplíamos sus expectativas, verbalizadas o no, nos felicitaban o nos aceptaban dentro de su núcleo, lo cual se volvió indispensable para nuestra sobrevivencia.

La mayoría de las veces nos comportamos como esperan nuestros seres queridos, jefes, hijos, amigos, etcétera, ya que es la manera de ganarnos su aceptación, lo que se ha convertido en vital para nosotros.

Si un amigo muy querido, al que le hemos abierto nuestro espacio afectivo, nuestra casa  y compartimos con él o ella lo que somos, lo que pensamos y sentimos, nos rechaza, es nuestra opción sentirnos lastimados o no.

Cuando alguien nos rechaza y/o se aleja de nosotros sin una explicación, lo primero que nos preguntamos es: ¿Por qué lo hace? ¿Qué hice mal? Puede ser que no hayamos hecho nada para merecer este rechazo, para provocar ese alejamiento, su conducta es consecuencia de sus pensamientos y sentimientos.

Las razones del rechazo pueden ser porque, en alguna forma, nos convertimos de pronto en su espejo y se sienten amenazados. Él o ella pueden ver en nosotros alguna carencia, algún defecto, algo que los atemoriza sin darse cuenta.

Si tenemos más edad, puede ser el temor a envejecer. Si hemos logrado llegar al desapego de lo material y hemos regalado, donado, compartido el dinero o propiedades que son innecesarios para vivir con decoro una vida cómoda y placentera, puede sentir inseguridad porque para él/ella TENER es una palabra clave, ya sean propiedades o un capital en el banco que no utiliza para viajar y crecer intelectualmente, o para abrirle a sus hijos otros horizontes. Por ejemplo, una mujer enviuda y queda sola porque todos sus hijos están casados, así que decide mudarse de su enorme mansión con cinco salas, a un cómodo y céntrico departamento que cubre todas sus necesidades. Esto puede repesentar, para el que la rechaza, la pérdida de un estatus social que ambiciona y no tiene.  La cultura, la bonhomía, la calidad humana, no están relacionadas con el lugar en donde uno habita, o con los metros cuadrados de una vivienda, son algo intrínseco de una evolución intelectual, espiritual, moral, emocional, mental.

Podríamos seguir así con muchas probables razones que pueden originar un rechazo. Éstas no nos competen, son responsabilidad del otro, no nuestra. El problema surge si nosotros nos sentimos agredidos, lastimados, minimizados, por su rechazo o alejamiento. Si necesitamos su aprobación, su aceptación, su reconocimiento, para sentirnos bien con nosotros mismos. La raíz de esto puede estar en nuestra infancia.

Revisemos el nivel de nuestra auto-aceptación hoy. Veamos si queremos establecer o continuar en una relación de codependencia o si, en aras de nuestra salud mental y emocional, nos hacemos responsables de lo que pensamos y sentimos, nos aceptamos como somos, trazamos un plan para ser mejores cada día y nos entreguamos a nuestra Misión con pasión y alegría.

¡Dejemos que el otro encuentre sus razones para rechazarnos si decide crecer y madurar!

Recordemos enviarle una bendición si sentimos nostalgia ante su ausencia: ¡Que Dios haga llegar la paz a su corazón y la luz a su mente!

Noviembre 12 del 2014

Renovación 316

Vamos a tomar conciencia de qué tan humildes somos, mediante algunos cuantas preguntas:

• ¿Nos creemos superiores a los demás en algún aspecto?

• ¿Nos sentimos “el papá o la mamá de los pollitos?

• ¿Nos sentimos “hechos a mano o paridos por los Dioses”?

• ¿Actuamos como dueños de la verdad absoluta?

• ¿Tratamos de ocultar nuestras carencias, limitaciones, defectos, hasta de nosotros mismos?

• ¿Nos negamos a abandonar una batalla perdida y reconocer que no pudimos, o no supimos, hacer tal o cual cosa?

• ¿Utilizamos muchos símbolos de estatus para proyectar una imagen poderosa?

La medida en que contestemos que sí, y cuantifiquemos intensidad y frecuencia, nos orientará al respecto, y nos permitirá modificar esa conducta negativa o soberbia.

Podemos aplicar ciertas pautas para lograr la humildad:

• Reconocer que somos un átomo más que diminuto entre los millones de millones que hay en el universo.

• Aceptar que tenemos cualidades y defectos, carencias y limitaciones, así como un enorme potencial de crecimiento, igual que cualquier ser humano.

• Aprender de todo y de todos en todas nuestras actividades.

• Permitir que los valores morales guíen nuestros pasos.

• Dar más importancia a SER, que a TENER y a HACER.

¡Vamos a hacer de la humildad una parte importante de nuestras vidas!

Nota: Hay un artículo interesante sobre cuántos átomos hay en el universo que les recomiendo leer en:

http://www.fayerwayer.com/2014/03/cuantos-atomos-hay-en-el-universo

Con un agradable sentido del humor, el autor plantea que el universo es infinito, por lo tanto no podemos contabilizar los átomos, y hace un supuesto, en el caso de que fuera finito el universo tiene 300 mil millones de galaxias** con 400 mil millones de estrellas cada una, tendremos un total de 1.2×10^23. Pero para simplificar los cálculos tomaremos el numero como 10^23 estrellas.

Poniéndoles un peso promedio de 10^35 gramos a cada estrella tendríamos una masa de 10^58 gramos***, y como cada gramo de materia tiene 10^24 protones, y sabiendo que cada átomo de hidrógeno tiene solo 1 protón, podemos estimar el total de átomos de hidrogeno en el universo en 10^82. El hidrógeno es el elemento químico más abundante del universo, constituyendo casi el 75% de la materia bariónica, es decir la materia “común”.

Yo no entendí ni una palabra de lo anterior, lo que me quedó claro es que somos pequeños, pequeños átomos conectados a un todo infinito.

Mayo 20 del 2014

Renovación 141

Hoy vamos a respirar profundamente, a llenar nuestros pulmones de oxígeno, y a disfrutar del hecho de estar vivo.

Nos quejamos muchas veces, nos esforzamos por ser mejores y trabajamos duro para ello, crecemos emocional, intelectual, cultural, espiritualmente, y damos por sentado (gratuito), el hecho de estar vivos.

Podemos tener el motor medio averiado si no lo hemos cuidado ni le hemos dado mantenimiento oportuno, una carrocería abollada de tropezar una y otra vez en el camino y, aun así, somos dueños de decidir cómo queremos vivir, qué queremos ser, hacer, y tener, (en ese orden), adónde queremos llegar, con quién deseamos compartir nuestra vida, nuestros logros, nuestras vivencias.

Hagamos un contacto íntimo entre la esencia de nuestro ser y la energía universal, y disfrutemos de participar del proceso milagroso de la vida.