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Noviembre 24 del 2014

Reflexión 329

Uno de los aspectos en que se fundamenta la co-dependencia, es el miedo y, a fuerza de vivir inmersos en él día tras día, año tras año, terminamos por tomarlo como algo “normal”.

El miedo puede habernos sido en aquella situación para sobrevivir, para salir adelante. Ahora que estamos en el camino de la recuperación, podemos dejarlo ir.

Es conveniente diferenciar los miedos entretejidos en nuestro interior cuando éramos co-dependientes, del miedo auténtico que podemos sentir hoy ante una amenaza real que se nos presente.

No cabe el temor ni el miedo al fracaso cuando estamos seguros de:

• quiénes somos,

• adónde nos dirigimos,

• nuestra conexión con la totalidad, ya se llame energía cósmica o Dios,

• contar con un enorme potencial de desarrollo,

• conocer nuestro inventario personal de las herramientas que nos van a permitir aprender, amar y trascender,

• que nuestra vida tiene un sentido

• conocer nuestra Misión,

• contar con un Proyecto de vida personal actualizado,

Demos las gracias a nuestros miedos viejos, y aprendamos a vivir dentro de la paz, la tranquilidad, la seguridad, que nos da el tener la certeza de que somos capaces de cuidar de nosotros mismos. Ya nos hemos comprometido a ello, vamos a cumplirlo.

¡ OTRO TEMBLOOOR!

Los datos oficiales son, según el SMN, un movimiento telúrico de 6.2° Ritcher, con epicentro en ciudad Altamirano, Guerrero, México. Los últimos eventos registrados son:
Fecha Hora Mag. Localización
2012-11-15 03:20:22 6.2° Altamirano,Gro
2012-11-15 00:42:34 5.0° Cd Hidalgo, Chis
2012-11-14 13:15:24 3.0° Ometepec, Gro.

Si ustedes desean consultar la siguiente dirección: www.ssn.unam.mx  encontrarán toda la información detallada de las 417 réplicas que se han detectado desde el temblor del 7 de noviembre pasado (7.3°), de las cuales 169 son relevantes en un rango de 3.7° a 6.2°.

Estos son los datos duros. Ahora ¿Qué pasa emocionalmente con nosotros que vivimos dentro de una maraca? Puedo decirles que, aunque estamos mentalizados con el protocolo de seguridad ante los sismos y hemos tomado las precauciones convenientes ante una posible desgracia, nos seguimos asustando como niños cuando nos mueven el piso.

Despertar sintiendo que te sacuden, escuchar como crujen vidrios y paredes, rogar mentalmente que no dure mucho y que no vaya en ascenso, pedir a Dios que a mis hijos que viven en pisos altos no les pase nada, es muy desagradable. La falta de respuesta ante el evento de muchas estaciones de radio (la mayoría maneja programas grabados) y el que sólo una estación mexicana de TV brindara orientación inmediata, me hizo sentir insegura, vulnerable.

“Vive el día de hoy como si fuera el último día de tu vida”. Eso nos lo dicen a cada rato en muchos ámbitos: religioso, intelectual, psicológico, etc., manejado dentro de un contexto de superación, de no dejar cuentas emocionales pendientes, de no guardar rencor (que nos envenena y nos puede conducir a adquirir cáncer), de reconciliarnos con quienes estamos alejados, de perdonar y perdonaros los errores cometidos, de dar todos los abrazos y besos que podamos a todos los que amamos.

También los adolescentes quieren hacer suya esta premisa y proceden a “reventarse” (divertirse y parrandear), agotando el placer a tope como si no fuera a haber un mañana, reacción que se presentó en USA durante la guerra de Vietnam, por ejemplo. Nosotros no estamos de acuerdo con esa manera de pensar, aunque la entendemos.

¿Será que “en serio” nos espera una sacudida terrible? ¿No son 417 réplicas de un temblor muchas en una semana? ¿Estamos oyendo las campanas repicar y no nos hincamos? ¿Conviene prepararnos para terminar nuestros días? Estas y mil preguntas más se agolpan en una mente en estado de alerta, a la que no tranquilizan los ladridos del perro del vecino (ellos sienten los temblores antes que uno).

¿Qué opinan ustedes al respecto?

¿MAESTROS?

Ayer fui a dar un curso al centro de la ciudad, a un edificio colonial bellísimo ubicado en la calle de 5 de mayo. Es una delicia regresar al pasado y estar unas horas en un espacio con pisos de mármol y con más de nueve metros de altura, con frisos en los techos, canceles y balcones de hierro forjado, candiles italianos y franceses, etc.

Estábamos en una dinámica cuando se escucharon unos gritos muy fuertes provenientes de la calle. Nos asomamos al balcón y vimos que se trataba de  una marcha en la que había cientos de personas. Al principio no sabíamos quiénes eran ni cuál era su objetivo. Salimos de dudas cuando gritaron: “¡…el SNTE está presente! Ahí supimos que eran representantes de ese sindicato. También gritaban “No votes por el copete”, “Que se vaya el PRI” (partido que estuvo 70 años dominando a México), y otra serie de frases por el estilo. En cartulinas y pancartas llevaban leyendas contra el PAN y su candidata (derecha). Así que era, no un  desfile de apoyo a su candidato, sino uno para “convencer” a la gente que no vote por los otros contendientes en este remedo de campaña política que estamos viviendo.

Si la marcha hubiera sido de campesinos, obreros o mineros protestando por alguna injuticia, hubiéramos entendido los gritos e insultos, la rijosa actitud de mucho de ellos, el gesto duro y amenazante que la mayoría mostraba.  Parecían todo menos Maestros. No los imaginé en un aula dando clase, orientando niños o jóvenes con vocación de servicio, con paciencia y tolerancia, motivándolos para ser mejores personas y ciudadanos.  Es como cuando en los cuentos de hadas, el lobo se cubre de miel y de harina para aparentar ser un borrego. Los demás no le creen y descubren el engaño.

Imposible soslayar el tema, todo el grupo se puso a comentar sobre las elecciones, y el punto de convergencia fue que a nadie de los ahí presentes nos satisface ninguno de los candidatos y se siente un clima de impotencia, de fatalidad asumida (¿qué puedo hacer yo?), de desesperanza, de inquietud, de nerviosismo, de temor por el futuro.

Adondequiera que vaya uno surge el tema de las elecciones, las personas sienten la necesidad de manifestar su decepción, de dar su opinión aunque sólo sea en su pequeño núcleo social o familiar. Se ha deteriorado el interés por aprender nuevas cosas, por buscar nuevos horizontes, parecería que la idea es esperar hasta después de saber qué partido ganó (como si no lo supiéramos ya), para ver si “las cosas se componen”.

En tu entorno ¿está pasando lo mismo?

Confianza

A partir de la aceptación, viene la confianza. Si los padres aceptan incondicionalmente al bebé, empatizan con él y favorecen su desarrollo integral, van a confiar en él y sus cualidades innatas, así como en su capacidad de aprendizaje.

Hay padres aprehensivos, temerosos, que siempre están temiendo o vaticinando lo peor: “no hagas eso porque te vas a lastimar”, “te vas a caer”, “te vas a pegar con eso”, y muchas frases por el estilo, con lo cual podríamos decir que están propiciando que el bebé o niño se lastime, se caiga, se pegue, además de transmitirle el temor a seguir avanzando en el proceso de investigación y creatividad natural en cada etapa y obligándolo a depender de ellos, lo cual puede ser la razón inconsciente de su temor y/o sobreprotección: el hecho de que el niño se independice y ya no los necesite.

Por supuesto que proporcionar información al niño sobre las consecuencias de una determinada conducta, no es asustarlo, limitarlo o cohibirlo. Su disco duro graba toda la información que recibe exenta de cargas emotivas y la va a archivar en el renglón de tomar en cuenta consecuencias y la consultará en el momento adecuado.

Así que el bebé/niño tiene un radar de última generación, al que no se le escapa nada de lo que sienten los padres.  Si ellos confían en él y en su capacidad de enfrentar ciertos retos, lo van a percibir y ganarán confianza en sí mismos. De lo contrario, tendremos a una persona insegura de por vida, a menos que cierre el círculo de la falta de confianza inicial de las personas más importantes en su vida. ¿tú qué opinas al respecto?