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LA TAZA VACÍA

Estamos iniciando un año, otra etapa del camino, y es conveniente hacerlo con la mente y el corazón abiertos para poder observar, ver, oír, escuchar, todo y a todos, para así aprender y retener lo que nos sea útil para nuestro crecimiento interior.

Al respecto hay una anécdota que un día nos dijo un famoso expositor al iniciar el curso al que estábamos inscritos. En lo personal me fue muy útil, en aquel entonces y todos los días que han transcurrido. La comparto con ustedes.

«Según una vieja leyenda, un famoso guerrero, va de visita a la casa de un maestro Zen. Al llegar se presenta a éste, contándole de todos los títulos y aprendizajes que ha obtenido en años de sacrificados y largos estudios. Después de tan sesuda presentación, le explica que ha venido a verlo para que le enseñe los secretos del conocimiento Zen.
Por toda respuesta el maestro se limita a invitarlo a sentarse y ofrecerle una taza de té.
Aparentemente distraído, sin dar muestras de mayor preocupación, el maestro vierte té en la taza del guerrero, y continúa vertiendo té aún después de que la taza está llena.
Consternado, el guerrero le advierte al maestro que la taza ya está llena, y que el té se escurre por la mesa. El maestro le responde con tranquilidad «Exactamente señor. Usted ya viene con la taza llena, ¿cómo podría usted aprender algo?
Ante la expresión incrédula del guerrero el maestro enfatizó: » A menos que su taza esté vacía, no podrá aprender nada»

Septiembre 5 del 2014

Renovación 249

Vamos a recordar una anécdota que nos puede servir para abrirnos al autoconocimiento y al saber universal, en dos versiones. La información está en es.wikipedia.org/wiki/101_historias_zen

“Nan-in, un maestro japonés durante la era Meiji (1868-1912), recibió a un profesor universitario que venía a preguntar sobre el zen.
Nan-in sirvió té. Llenó la taza de su visitante, y continuó virtiendo té.
El profesor observaba cómo la taza rebosaba hasta que no pudo contenerse. «¿No ve que la taza está completamente llena? ¡Ya no cabe más!».
«Como esta taza —dijo Nan-in—, estás lleno de tus propias opiniones y especulaciones. ¿Cómo puedo enseñarte el zen a menos que primero vacíes tu taza?”

Extrapolando la actitud de conocer y saber todas las respuestas a nuestra vida diaria, cuando adoptamos esa postura de autosuficiencia, ya no permitimos conocer otras teorías, técnicas, conceptos, experiencias.

Es conveniente abrirnos a la posibilidad de otros enfoques, otros puntos de vista, otras personas que han vivido experiencias diferentes a las nuestras y que pueden aportarnos su testimonio.

Cada día podemos aprender algo, no sólo de las personas eruditas, sino también de un barrendero de la calle, un campesino iletrado, un niño inocente.

Ser humilde para aceptar las enseñanzas que la vida nos presenta, nos puede ahorrar muchos dolores de cabeza.