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¿SIN GANAS DE VIVIR?

He encontrado a personas que, tras la muerte de toda su familia en un desastre natural (inundación, terremoto), o un accidente automovilístico, dicen que no quieren seguir viviendo.

Hay quien lo dice tras la muerte de su pareja con quien vivía en una simbiosis muy fuerte, o en una codependencia muy arraigada, o algunos padres que recién perdieron a un hijo (para mí el dolor más fuerte que existe porque va contra natura).

Cuando estamos inmersos en el dolor de una pérdida importante, la muerte de un ser querido, es natural que nos sintamos así, sin ganar de seguir luchando, abrumados, aturdidos por el dolor, la impotencia, y mil sentimientos más que luchan por salir en tropel.

Es ahí donde entra en acción la Tanatología para acompañar a la persona en el proceso del duelo, para facilitar el que pueda manejar sus emociones, procesar sus sentimientos, hasta construir una nueva narrativa donde la presencia de la persona ausente, la acompañe en su vida cotidiana sin que exista perturbación o amenaza alguna.

Hay otro tipo de dolor que no proviene de la muerte de un ser querido: la muerte de una relación de pareja, el abandono de los padres, una violación, pérdida de bienes materiales, estatus o trabajo, en fin, pérdidas importantes que nos afectan mucho, y que van a estar acompañadas de emociones fuertes y sentimientos intensos y profundos (en ocasiones provenientes de duelos anteriores no resueltos, o heridas aún abiertas).

He sido testigo muchas veces de cómo la persona que maneja su duelo en una forma asertiva, con un compromiso total, encuentra, no sólo el sentido de su vida, sino el sentido de la muerte del ser querido o, en su caso, el sentido de la pérdida que la tiene sumergida en el dolor.

Podemos empezar por leer a Viktor  Frankl en su libro “El hombre en busca de sentido” (pueden bajarlo sin costo en internet), o “El hombre en busca del sentido último”, entre otras muchas publicaciones sobre la logoterapia, y recordar su frase:   “Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino”

Así que, vivamos en forma comprometida nuestro duelo, o duelos, resolvamos los asuntos pendientes, y encontremos el sentido de nuestra vida en nuestra MISIÓN. No venimos a esta vida a comer, defecar, crecer y procrear. Venimos a algo más. A cada quién le toca encontrar ese “algo más” que es lo que le dará sentido a su vida.

Si hemos andado por ahí, sobreviviendo mediante juegos psicológicos (Dr. Eric Berne “Juegos en que participamos”), vamos a salir de ellos, y a ser responsables de nosotros mismos. Podemos hacerlo. Vamos a hacerlo.

 

Cuando mueren los padres

Es muy fácil decir que es ley de vida y que debemos prepararnos para que se vayan antes que nosotros, lo difícil es metabolizarlo y grabarlo en nuestro disco duro.

Cuando lo hacemos con antelación, vamos a enfrentar la pérdida de una manera diferente, nos va a doler, vamos a llorar, vamos a vivir un duelo, sólo que todo esto puede ser más breve y menos impactante que si la muerte llega de improviso o nos hemos negado a verla venir.

La sensación de cuando muere el primer progenitor es distinta a cuando se va el segundo, sin importar el sexo. Cuando fallece el primero, tomamos conciencia de que el que queda puede morirse pronto y nos avocamos a mejorar la relación con él o ella, lo que puede darnos la oportunidad de no dejar “asuntos pendientes”.

Cuando muere el segundo, la sensación de orfandad es mayor porque hasta ese momento fuimos ramas, y el padre o la madre era las raíces. Ahora, pasamos a ser la raíz y nuestros hijos serán las ramas. Es una metamorfosis muy sutil que  afecta  nuestro rol como líderes y patriarcas o matriarcas.

El escribir es una manera terapéutica de elaborar el duelo. Si le escribes cartas a tu madre o padre fallecido, diciéndole lo que sientes, dándole las gracias por haber sido el conducto para que nacieras a la vida, pidiéndole perdón si tienes asuntos pendientes en ese sentido y otorgándole el perdón si él o ella te lastimaron, vas a construir una nueva narrativa. Escribe los momentos felices que compartieron, las enseñanzas que te dejaron, las vivencias dolorosas que los marcaron, todo lo que recuerdes y consideres importante.

En todo este proceso de recopilación, encuentra el sentido de su vida y el sentido de su muerte, la estafeta que dejó, la Misión que cumplió y le hizo trascender.

Esta labor va a generar una nueva relación con tu padre o madre muerta. Él o ella van a estar tan cerca de ti como tú quieras, en otro plano, para acompañarte sin invadirte ni anularte, así como tú no vas a entorpecer el que ellos continúen su camino.