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¿PRÓRROGA?

Pueden buscar el post que títulé  “Prórroga”, donde narro como Chela, una alumna mía, entró en pánico cuando se percató que ella había dicho, varios años atrás, que se quería morir a los 80 años y faltaban sólo 15 días para que los alcanzara. Hizo un ejercicio y modificó su partida de este mundo. Murió a los 102 años.

Cuando hace muchos, muchos años, yo escribí que me quería morir a los 80 años, la distancia era enorme y ello me dio mucha tranquilidad.

Ahora, cuando los vislumbro en el horizonte, me digo que no quiero morir a esa edad. Me doy cuenta que aún me queda mucho por hacer, mucho por compartir, mucho por aprender, por lo cual voy a seguir los pasos de Chela y a reprogramar la partida.

Es importante definir que queremos morirnos “sanos”. Esto quiere decir en pleno uso de nuestras facultades mentales, espirituales, emocionales, y aceptar que la “carrocería” va a llegar un poco deteriorada por los muchos años vividos.

Llegar al final con un cuerpo sano, al que tal vez le dedicamos muchas horas para cuidarlo y mantenerlo en forma, y una mente averiada por el Alzheimer o demencia senil, no tiene sentido. Es un vivir sin vivir.

Cuidemos nuestro cuerpo porque es el instrumento que nos permite realizar nuestros proyectos espirituales. Alimentación, ejercicio y descanso.

Mantengamos en constante evolución nuestro desarrollo mental, espiritual, emocional.

Vivamos a plenitud cada momento mientras llevamos a cabo nuestro Proyecto de vida.

Cumplamos nuestra Misión en este mundo y dejemos un legado a los que nos rodean.

“La paz es en ustedes”.     ¡Feliz 2017!

 

 

Diciembre 11 del 2014

Renovación 346

Tenemos la opción de elegir relacionarnos con personas positivas o negativas.

Es posible que haya en nuestro entorno familiar, social, laboral, personas negativas, amargadas, fundamentalistas, adictas a la co-dependencia y las relaciones destructivas, enfermas mentales, neuróticas, tóxicas.

No podemos evitarlas en el sentido que están ahí, a pesar de que no sea conveniente para nuestra salud mental. Lo que sí podemos hacer es definir la forma de relacionarnos con ellos.

En primer lugar, vamos a evitar juzgar. Ellos son como son porque son producto de su historia personal, y esa no nos incumbe.

Vamos a relacionarnos lo menos posible con ellos, lo estrictamente necesario para llevar a cabo la labor que nos concierne en el momento.

En nuestra relación vamos a manejar toneladas de RESPETO.

Una forma de respetarlos es no pretender cambiarlos. Ellos son como son, y ese es su problema. “A la única persona que podemos cambiar en este mundo, es a nosotros mismos”.

Establecer límites es necesario e indispensable. Podemos mantener la relación dentro de un ámbito profesional si estamos en el trabajo, o distante y prudente, si se trata de alguien de nuestro entorno familiar o social.

Encontremos amistades o compañeros positivos que nos ayuden a crecer y evolucionar. Los hay en todos lados y en todas las jerarquías.

Podemos también hacer una oración para que la luz llegue a sus mentes y la paz a su corazón. Dar energía positiva genera una sinergia positiva.

SEGUNDA PUERTA (3)

EL OPTIMISMO (3)

Ya vimos que el pesimismo es negativo e impacta nuestro bienestar y salud mental y física. Veamos ahora qué es el seudo-optimismo, al que también se le llama optimismo ficticio o falso optimismo, que es producto de negar:

  • la existencia del problema,
  • la importancia del problema,
  • la propia capacidad para solucionar el problema.
  • La responsabilidad sobre el problema

Quiero compartir una definición que utilizo en mis cursos:

– ¿Qué es un problema?

–  Un problema es una situación para la que mi cerebro no tiene respuesta en este momento.

1.- La palabra problema genera cierta predisposición en las personas, por lo que, si la cambiamos por el término situación, le quitamos la carga negativa.

2.- Al decir mi cerebro estoy ubicando que soy yo quién puede encontrar la respuesta, utilizando las funciones superiores del cerebro.

3.- Al mencionar respuesta, está implícito que existe una.

3.- Cuando decimos: en este momento, queda establecido que la respuesta puedo encontrarla en otro momento.

Así, con tan sólo una definición, tomo conciencia que estoy ante una situación para la que no tengo, en este momento, una solución y estoy aceptando la responsabilidad de buscarla en una forma racional. Los invito a utilizar este concepto.

El “exceso de optimismo puede estancarnos en la negación, hacernos incurrir en el pensamiento mágico de que las cosas se van a resolver por sí mismas, propiciar que optemos por la ingenuidad, o delegar en un Poder Superior la solución que no queremos o no sabemos tomar, por lo cual es negativo también.

Lo sano es un optimismo realista porque nos ayuda a:

  • Encarar la realidad con sus aspectos positivos y negativos.
  • Ser objetivos.
  • Analizar la situación desde diferentes puntos de vista.
  • Localizar el origen, la causa del problema y los efectos que acarrea.
  • Buscar opciones para resolverla.
  • Aceptar que se tiene la capacidad para salir adelante.
  • Facilitar el que enfrentemos la situación.
  • Aceptar nuestra responsabilidad en la generación del problema y/o en su solución.
  • Facilitar el que podamos encontrar aspectos positivos del momento, circunstancia, personas involucradas, etc.
  • Pensar que el dolor y/o el problema son pasajeros.
  • Encontrar el aprendizaje en la vivencia adversa.

Vale la pena hacer una reflexión sobre la manera en que enfrentamos las situaciones difíciles o dolorosas en nuestra vida, qué mecanismos de defensa utilizamos, y si sabemos ser objetivos,  pragmáticos, realistas y OPTIMISTAS, o si nos conviene generar algunas modificaciones en nuestra forma de encarar la realidad.