Archivo de etiquetas| salud emocional

¿PRÓRROGA?

Pueden buscar el post que títulé  “Prórroga”, donde narro como Chela, una alumna mía, entró en pánico cuando se percató que ella había dicho, varios años atrás, que se quería morir a los 80 años y faltaban sólo 15 días para que los alcanzara. Hizo un ejercicio y modificó su partida de este mundo. Murió a los 102 años.

Cuando hace muchos, muchos años, yo escribí que me quería morir a los 80 años, la distancia era enorme y ello me dio mucha tranquilidad.

Ahora, cuando los vislumbro en el horizonte, me digo que no quiero morir a esa edad. Me doy cuenta que aún me queda mucho por hacer, mucho por compartir, mucho por aprender, por lo cual voy a seguir los pasos de Chela y a reprogramar la partida.

Es importante definir que queremos morirnos “sanos”. Esto quiere decir en pleno uso de nuestras facultades mentales, espirituales, emocionales, y aceptar que la “carrocería” va a llegar un poco deteriorada por los muchos años vividos.

Llegar al final con un cuerpo sano, al que tal vez le dedicamos muchas horas para cuidarlo y mantenerlo en forma, y una mente averiada por el Alzheimer o demencia senil, no tiene sentido. Es un vivir sin vivir.

Cuidemos nuestro cuerpo porque es el instrumento que nos permite realizar nuestros proyectos espirituales. Alimentación, ejercicio y descanso.

Mantengamos en constante evolución nuestro desarrollo mental, espiritual, emocional.

Vivamos a plenitud cada momento mientras llevamos a cabo nuestro Proyecto de vida.

Cumplamos nuestra Misión en este mundo y dejemos un legado a los que nos rodean.

“La paz es en ustedes”.     ¡Feliz 2017!

 

 

Marzo 19 del 2014

Renovación 79

A nuestra familia no la escogemos, ahí nacimos, son nuestros padres, abuelos, tíos, hermanos, y pueden ser personas sanas o disfuncionales. Conviene que nos percatemos si están en los extremos: salud mental y emocional o patologías y disfuncionalidad. También pueden estar en cualquier punto intermedio.

Ubicarlos con toda objetividad nos permitirá decidir la frecuencia y la forma en que vamos a relacionarnos con ellos. Mis abuelos pueden ser un misógino y su víctima, esa es su vida. Yo puedo visitarlos de vez en cuando, no entrar en juegos psicológicos con ellos, hablar del tiempo y los acontecimientos del momento, y salir por piernas.

Con todos los demás, ya sea que vivamos juntos o no, lo importante es no caer en juegos psicológicos, donde hay un fin ulterior conocido por ambas partes, que nos va a hacer sentir mal a los dos, y a reforzar el argumento de vida negativo de los dos.

El libro “Juegos en que participamos”, del Dr. Eric Berne, aporta una gran información al respecto y un análisis completo de por qué jugamos determinado juego, cuál es nuestra motivación oculta, y cómo podemos salirnos de esa comunicación negativa.

Respetar a los demás es básico, después de comprenderlos y aceptar su personalidad. Respetar es no pretender cambiarlos, aunque nos duela su conducta disfuncional, por ejemplo, el que sean adictos al alcohol o las drogas. Ellos son responsables de su conducta. Nosotros no vamos a ser sus cómplices y tampoco sus jueces.

Lo que vamos a hacer es relacionarnos con sus partes sanas en la medida de lo posible, asesorarnos sobre cómo tratar a una persona con esa adicción, detectar qué busca recibir a través de ella y darle la ternura, aprobación de sus acciones positivas, aceptación de sus carencias y defectos (el alcoholismo no es un defecto ni un vicio, es una enfermedad), y tomar nuestra distancia emocional, e incluso física si es necesario.

“Vamos a establecer relaciones sanas con nuestra familia. Es la forma óptima de ayudarlos y ayudarnos”.