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Octubre 14 del 2014

Renovación 288

Si hemos vivido una pérdida de pareja, patrimonio, vivienda, salud, empleo, o la muerte de un ser querido, un primer paso puede ser aceptar el dolor que la ausencia de lo que ya no está nos causa.

Puede que sintamos una profunda tristeza, que lloremos con frecuencia, que el dolor nos invada en mente, cuerpo y alma, y esto es parte del proceso del duelo.

Llorar todo lo que necesitemos es sano. Habrá momentos y lugares donde no sea conveniente hacerlo en forma abierta y prolongada, como por ejemplo, delante de hijos pequeños que van a angustiarse por no podernos consolar, o por no entender qué pasa.

Encontrar los brazos de personas que tengan la capacidad de brindar apoyo sin aconsejar, limitar, controlar, es muy importante.

Darnos la oportunidad de contactar la realidad de la vida a nuestro alrededor, puede ayudarnos a acortar el duelo.

Ocuparnos de las cosas necesarias para resolver nuestra pérdida: papeles de herencia, pagos de seguros, lucha por recuperar la salud perdida, encontrar un nuevo empleo, puede canalizar una energía que dejaremos de utilizar para llorar y lamentarnos.

Lo importante es no caer en la posición de víctima o indefensión.

Hemos vencido muchos retos en el pasado.

Podemos vencer este nuevo reto hoy.

Encontremos el sentido de la pérdida.

Febrero 12 del 2014

Renovación 43

Poco a poco, con paso firme, vamos avanzando en nuestro proceso de renovación.

Es probable que mientras tú avanzas, haya personas a tu alrededor que no quieran salir de su círculo de confort, sin importar lo patológico que pueda ser. Atosigarlos con sermones, reproches, invitaciones que caen al vacío, no tiene sentido. Cada quien tiene un ritmo para crecer y decide cuándo hacerlo, y todos merecen ser respetados por sus decisiones.

Conviene dejar ir a las personas que no quieren mejorar, superarse, combatir sus adicciones. Ellas sabrán cuándo es su momento de enfrentar sus retos.

Lo importante es que nosotros no frenemos el paso, ni nos detengamos, ni retrocedamos en nuestro camino hacía nuestros objetivos. Nuestro ejemplo habla y valdrá más que mil palabras.

Haz una oración por ellos. Pide para ellos muchas bendiciones. Envíales energía para que salgan de su letargo y evita lamentar su apatía, conformismo, o resistencia al cambio.

Tú eres tú y tienes derecho a ser feliz y a triunfar.

Séptima puerta: Perseverancia

Perseverar significa tener firmeza y constancia en la ejecución de los propósitos y en las resoluciones del ánimo, o dicho e otra forma, poner dedicación y firmeza en las actitudes e ideas o en la realización de las cosas.

 Aprendemos a perseverar desde la infancia mediante el manejo de la frustración y la confianza que tengan en nosotros quienes nos formen, que pueden ser los padres, abuelos o personas sustitutas.

Si hemos tenido la buena fortuna de haber tenido unos padres amorosos, que nos aceptaron y confiaron en nosotros desde que nacimos, que supieron o intuyeron que sí teníamos la capacidad para resolver las situaciones complejas o difíciles que se nos atravesaban en el camino, ya fuera caminar solos, subir una escalera, comer o vestirnos sin ayuda, etc., si ellos  permitieron que nos equivocáramos y aprendiéramos de nuestros errores, es probable que hoy día sepamos manejar la frustración.

Si por el contrario, nuestros padres fueron sobreprotectores, se anticipaban a lo que queríamos decir, interpretaban (o lo intentaban) nuestro pensamiento y nuestros deseos y los complacían de inmediato, y/o si fuimos muy hábiles utilizando la manipulación, el sabotaje o la agresión contra ellos para lograr algún capricho o para obtener algo que nos agradaba, puede ser que esperemos que todos nos complazcan de la misma manera, y si no lo hacen, cambiemos nuestra conducta hacia ellos, o demandemos algo más bonito, importante, valioso, que aquello que no nos están otorgando.

Al haber recibido el aliento y el apoyo de continuar el aprendizaje de cualquier destreza en la infancia: tomar la cuchara y llevarla a la boca, caminar solo, controlar esfínteres, etc., no sólo conservamos el dominio de la actividad que llevábamos a cabo una y otra vez, sino el aprendizaje de que si perseveras en una conducta o una acción, vas a lograr llevarla a cabo según lo deseas.

Es importante aquí mencionar el efecto Pigmalión, que en palabras sencillas quiere decir que las expectativas del maestro, aunque no sean verbalizadas o mostradas en forma notoria,  influyen en el aprendizaje del alumno y los resultados esperados.

El amor, la aceptación y la confianza que se depositen en el bebé, van a definir muchas cosas en su personalidad, una de ellas, su manejo de la frustración y la perseverancia ante cualquier reto que se le presente.

Tal vez tú no tuviste la suerte de ser formado con amor, aceptación y confianza total, no importa, tú puedes reparentalizarte y empezar hoy mismo a modificar lo que sea necesario para incluir dentro de tus capacidades la perseverancia.

Bibliografía:

  • James, Muriel “Libre” Ed. Fondo Educativo Interamericano.
  • James, Muriel & Jongeward, Dorothy, “Nacidos para triunfar”.  Ed. Fondo Educativo Interamericano.
  • Satir, Virginia, “En contacto íntimo”. Ed. Pax
  • De Melo, Anthony, “Autoliberación interior”, Ed. Vida Nueva.

Todos los libros de estos autores, los del doctor Eric Berne, creador el Análisis Transaccional, los del doctor Lair Ribeiro (PNL), son excelentes fuentes para adquirir técnicas para modificar o incorporar elementos que nos permitan una formación integral y muchos de ellos pues bajarlos en forma gratuita en internet. 

 

 

 

SEGUNDA PUERTA

EL OPTIMISMO (1)

La palabra optimismo se deriva del latín optimus, que quiere decir lo mejor. El primer autor que la utilizó en su obra “Ensayos de Teodicea sobre la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal” publicado en 1710 en Amsterdam, Holanda, fue el filósofo y matemático G. Wilhelm Leibniz (1646-1716) al decir que “Dios había creado el mejor mundo posible”.

Años más tarde, Voltaire (Francia 1759) se burla de este concepto en uno de sus escritos y, aunque él popularizó el término, la palabra optimisme ya se había publicado (1737) en una traducción del ensayo de Leibniz.

El Obispo de Gloucester en Inglaterra, William Warburton (1698-1779), fue quien utilizó la palabra optimism por primera vez en el idioma inglés en 1743.

En castellano la encontramos en 1787 en una obra del escritor español Juan Pablo Foner (1756-1797) y, posteriormente, en el escrito “epicúreo optimismo” del escritor, abogado, político y periodista español, Nicomedes Pastor(1811-1863).

Así que ya tenemos una idea del origen, raíces y significado de la palabra optimismo, por lo que abriremos la Segunda Puerta de este proceso de crecimiento que consta de Diez Puertas.

Dentro de la psicología, podemos decir que el optimismo es una actitud positiva que impacta la percepción de los estímulos del medio externo y el procesamiento interno (mental y emocional) de los mismos, generando acciones que favorezcan el resolver la situación que plantean personas o eventos de nuestro entorno.

Como todos sabemos, el pesimismo es la antítesis del optimismo, y aquí no voy a profundizar en el concepto porque me interesa incrementar lo positivo, no dar reforzamiento a las actitudes negativas.

El optimismo/pesimismo es una actitud que aprendemos desde niños de las personas mayores con las que convivimos y, como todo lo que se aprende, se puede “desaprender”, modificar, eliminar, reforzar, incrementar. Nosotros podemos, aquí y ahora, elegir cuál queremos que sea nuestra actitud ante los retos, amenazas, demandas, contratiempos, pérdidas y eventos adversos que surjan en nuestro camino.

Vamos a reflexionar sobre los siguientes puntos:

  • Cuando alguien te regala algo inesperadamente, sospechas que es porque quiere algo de ti, o para “pagarte” algo que hiciste por ella/él.
  • Si algo no te sale bien, culpas a los demás o a las circunstancias.
  • Te cuesta mucho trabajo admitir tus errores, por lo que siempre tienes un pretexto o justificación.
  •  Sueles “ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”.
  • Si alguien obtiene mejores resultados que tú, piensas que es porque tiene más contactos, es más mañoso o hace trampa.
  • Ante los problemas, te pones nervioso, te sientes confundido, no puedes pensar con claridad por lo que decides que vas a fallar.
  • Analizas tus errores, su origen, asumes las consecuencias con madurez y extraes una enseñanza de ellos.
  • Con mucha frecuencia dices frases como: “Así son las cosas”, “No se puede cambiar”, “Yo no puedo hacer nada para cambiarlas”, “Haga lo que haga, todo me sale mal”.
  • ¿En qué porcentaje evalúas tu actitud optimista ante todo lo que la vida te presenta?
  • ¿Por qué? ¿A quién se lo aprendiste? ¿Te conviene seguir así?

Veremos varios puntos sobre el tema del optimismo. De ti depende que lo incorpores a tu vida para mejorar tus relaciones interpersonales con tu pareja, tu familia, en el trabajo y con todos con los que convives en una forma u otra en el ámbito social.