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Octubre 16 del 2014

Renovación 290

En ocasiones podemos sentirnos “atorados”, limitados, sin ganas de seguir adelante, y esto nos asusta, ya que nos decimos: ¿Por qué si voy tan bien, de pronto me siento sin fuerzas para avanzar?

Esto puede suceder en cualquier etapa de recuperación de una adicción, y el ser codependiente es una de ellas. No importa si ha pasado mucho tiempo en que todo iba viento en popa y nuestro proceso de renovación avanzaba día a día, o acabamos de empezar a romper los lazos de la dependencia emocional.

Digamos que es un “atorón”, un lapsus forzoso de descanso y reflexión, no de desesperación, irritación o culpa.

Es conveniente tener varias cosas presentes para evitarlas:

• Buscar a alguien para que nos haga sentirnos mejor, cuando sabemos que la felicidad o la paz no están en los demás, si no en nosotros mismos.

• Regresar a viejos patrones de pensamiento, sentimiento o conductuales que ya habíamos dejado atrás.

• Obsesionarnos con este paréntesis en lugar de abrir el panorama para avanzar por otra puerta distinta.

• Exigirnos más en todos sentidos.

Vamos a:

• Ser realistas y aceptar que estamos en un lapsus del camino.

• Evitar la vergüenza o la culpa.

• Amarnos más que nunca.

• Reconocer nuestros logros y todo lo que hemos avanzado.

• Practicar la paciencia y tolerancia con nosotros mismos.

• Aplicar una conducta de recuperación sin esperar resultados inmediatos.

• Reafirmar que somos capaces de dejar atrás la codependencia y que estamos decididos a trabajar para ello.

• Visualizar, una vez más, nuestra meta ya cumplida.

Mayo 17 del 2014

Renovación 138

Cuando empezamos a responsabilizarnos de nosotros mismos, de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones, puede ser que nuestra familia, con la que hemos estado en codependencia, intente que regresemos al estatus anterior y anulemos los cambios.

Ellos pueden ser adictos al alcohol, fármacos, drogas de cualquier tipo, al sexo, el trabajo, a vivirse como víctimas y sufrir y sufrir. Ese es su problema. No conviene hacerlo nuestro. Recordemos que a la única persona que puedo cambiar es a mí mismo.

Vamos a seguirlos amando, a darles apoyo cuando convenga en su proceso de recuperación, a no juzgarlos por sus recaídas o sus conductas rígidas con las que buscan encontrar el equilibrio emocional.

También vamos a mantener nuestra independencia y a no entrar en juegos de control o de poder. Sus problemas son de ellos y sólo ellos podrán resolverlos. Los nuestros nos toca a nosotros resolverlos.

El ejemplo de nuestro autocontrol, superación, constancia, disciplina, respeto hacia ellos, es una manera práctica y objetiva de ayudarlos.

Modelarles cómo empezamos a amarnos y a aceptarnos, es una estrategia silenciosa para que puedan iniciar o continuar su proceso de recuperación.