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VIVIR ANTICIPADO

Ya desde mediados de septiembre, en los almacenes y tiendas empezaron a exhibirse adornos y regalos navideños con cierta discreción. Ayer, noviembre 10, fui a una tienda departamental que celebraba su Preventa navideña y desde la entrada se escuchaban villancicos.

En México, no celebramos la fiesta de Thanksgiving, costumbre estadounidense que llevaban a cabo los pilgrims (colonizadores de Nueva Inglaterra) al término de la cosecha para dar gracias por los beneficios recibidos. A pesar que existen datos que se celebra desde 1621, fue en 1941 cuando se estableció como fecha fija el cuarto jueves de noviembre en USA y el segundo lunes de octubre en Canadá, donde se la cosecha y el invierno son antes.

Lo que sí les puedo decir es que las baratas más impactantes en Estados Unidos son ese día y el fin de semana posterior. Hay almacenes que no cierran toda la noche (¿a qué hora harán su cena de Thanksgiving?). Si tienen la economía para ello y acostumbran ir de shopping allá, aprovechen esta oportunidad.

Por otro lado, abrigo el temor de que el Puente Guadalupe-Reyes (12 diciembre-6 de enero) que ya está luchando por convertirse en el Puente Guadalupe-Candelaria (12 diciembre. 2 de febrero), se modifique y empiece en Thanksgiving (29 noviembre-2 febrero). Los mexicanos se pintan solos para esto. Digo se pintan y no me incluyo, porque yo no estoy en posición de darme esa libertad bajo el punto de vista laboral, económico, social.

Dicen que no hay dinero, y si vas a los almacenes y tiendas, están atiborrados de compradores. Ya sé que anuncian 18 meses sin intereses en todas las tarjetas de crédito, pero finalmente habrá que pagarlas Si viajas en algún “puente” como el del 20 de noviembre, todos los lugares turísticos están a tope de visitantes. El pasado “puente de muertos”, en Coyoacán no se podía transitar y en el mercado no se daban abasto los puestos de comida y antojitos.

¿No es eso vivir en forma anticipada? Compro y gasto antes un dinero que no tengo. Convierto unos festejos que se suponen son para incrementar la convivencia familiar, la amistad, la armonía, dar las gracias por un año más de vida y logros, en una ocasión más de “conbebencia”, me dejo seducir por el consumismo que los comerciantes y fabricantes nos meten por todos los medios, a través de todos los sentidos, a toda hora, y necesito gastar miles de pesos que no tengo en “dar algo” a los demás.

¿Qué tal que a lo largo del año voy preparando detalles para cada ser querido? ¿Qué tal que busco la opción de canalizar mi creatividad en algo útil para ellos? ¿Y si regalo libros y música que no sean muy caros? En fin, se pueden hacer muchas cosas, lo importante es el amor con que las elaboramos, no el precio.

Vivir al día quiere decir no dejar cuentas pendientes del pasado, no guardar rencores que nos pueden llevar a adquirir una enfermedad terminal, no guardar nuestro reconocimiento, amor, mimos, para un mañana que puede no llegar.

Vivir al día es no adquirir deudas que van a comprometer en forma peligrosa nuestro futuro, sino programar el dinero del que podemos disponer, después de tener un “guardadito” para una contingencia como una enfermedad o quedarse sin empleo.

Disfruten el hoy plenamente.

Reconocimiento

Hoy vamos a dar tres muestras de reconocimiento a personas que nos sirven, nos atienden, nos facilitan la vida.

Nada es más peligroso que la rutina para las relaciones humanas. A fuerza de recibir el cuidado, el servicio o ayuda de personas que nos facilitan el diario desempeño, terminamos por “dar por sentado” que es algo natural, que lo merecemos, que es su obligación servirnos “rápido y de buen modo”, y terminamos por no reconocer su esfuerzo y, mucho menos, agradecerlo.

Por ello, hoy vamos a reconocer a tres personas que nos sirven o facilitan el camino, diciéndoles algo positivo que los aliente a seguir siendo parte importante en la vida de los demás. Puede ser el portero del edificio al que, si acaso, le gruñimos un Buenos días sin voltear a mirarlo, o al mesero que nos sirve el café con diligencia y premura apenas nos ve acercarnos a la barra; o a la asistenta del hogar que se levanta muy temprano para tener listo mi desayuno, después de que el día anterior lavó y planchó mi ropa e hizo la limpieza de la casa.

Estoy segura que habrá muchas personas a las que no le prestas atención y que facilitan tu vida: el personal de intendencia de la oficina, tu secretaria, tus empleados, algún colaborador, tus padres, tus maestros, un amigo, el personal del hospital donde te haces los análisis médicos periódicos, el cajero del banco que te atiende siempre, en fin, puedes tener la oportunidad de dar ese reconocimiento a muchas personas, no sólo a tres como propongo como mínimo.

En el dar está el recibir”. Vas a recibir mejor atención, dedicación, esmero, por esos minutos que invertiste en reconocer que el trabajo de los demás facilita el tuyo.

OCTAVA PUERTA: DAR

Cuando nacemos dependemos al 100% de los demás porque necesitamos para sobrevivir que nos den todo: calor, alimento, contacto, cariño, así que nos acostumbramos a recibir y a ser una parte de nuestra fuente de satisfactores.  Poco a poco, viene la individuación y la autosatisfacción en muchos sentidos, tal el vez el primero sea el lúdico, aunque sigamos dependiendo de los demás para sobrevivir, hasta que nos independicemos en todos los sentidos.

Así, recibimos todo desde que nacemos  y nos acostumbramos a ello. Al crecer, si confiamos en nosotros mismos, vamos a ser capaces de proporcionarnos muchos satisfactores de toda índole, y vamos a aprender a compartir y a dar, en un intercambiando que nos hace formar parte de muchas redes: familiares, sociales, deportivas, laborales.

Aunada a muchas inseguridades, está la necesidad de poseer, de guardar, de acumular en exceso, de no compartir, y de esperar que los demás nos sigan dando todo lo que requerimos.

En el equilibrio está la clave, guardar lo necesario, compartir lo que haga falta al grupo, dar y recibir con amor, en armonía, sin egoísmo ni intereses ulteriores

Se dice fácil y nos cuesta mucho trabajo hacerlo.  Si no lo crees, asómate a tu closet y revisa cuánta ropa de más tienes, no necesitas 20 pares de zapatos, cuatro abrigos, 30 suéteres, etc., de los cuales muchos no has usado en años, mientras hay personas que se mueren de frío a tu alrededor. Puedes hacer un inventario en tu casa para ver si tienes una personalidad retentiva y acumulas y acumulas cosas, recuerdos, recuerditos, bobada y media, y te has concentrado más en tener que en ser.

No sólo guardamos cosas, también guardamos el reconocimiento, las caricias, el aliento, el apoyo, el cariño que podemos dar a los demás.  Revisa si tienes una caja fuerte donde has acumulado todo esto durante años o durante toda tu vida, lo que no te hará más poderoso sino más infeliz.

Cuando damos, permitimos que el flujo positivo que nos llega, siga su curso y se ensanchen los caminos. Ten la seguridad que te llegará multiplicado por “setenta veces siete” todo lo positivo que des a los demás. Empieza hoy, comparte todo lo que tienes de más en tu casa con los que no tienen nada. Mira con una óptica nueva a todos a tu alrededor y empieza a darles lo que intuyas necesitan para vivir mejor. Sé generoso(a) con tu sonrisa, con tu saludo, con el reconocimiento verbal que esperan de ti, regala abrazos y palabras de aliento a quienes sufren. En tus oraciones, pide por y para ellos, no para ti, lo tuyo llegará en su momento.