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Marzo 28 del 2014

Renovación 88

Si tenemos dudas sobre si hemos adoptado una posición de víctimas, vale la pena hacer el siguiente ejercicio:
– Siéntate en una silla de espalda recta, con tus piernas paralelas que lleguen al piso. La espalda recargada, la cabeza al frente, las manos sobre tus muslos con las palmas hacia arriba.

– Respira tres veces con el ritmo que acostumbras hacer cuando te relajas, que puede ser 4-4-4-4, o tal vez 3-3-3, lo importante es que el tiempo que utilices para inhalar, retener, exhalar, (vacío), sea el mismo.

– Cierra tus ojos.

– Recurre a tu memoria y, como si vieras una película, repite mentalmente las últimas conversaciones que tuviste con tu pareja, tu amiga y confidente, tus conocidos. Observa si en ellas:

o Te quejaste de todo y de nada.
o Utilizaste un tono de voz monótono y apagado.
o Criticaste a una o varias personas, instituciones, grupos.
o Repetiste varias veces que estabas cansado (cansada), agotado, sin fuerzas, aunque no habías hecho un gran esfuerzo ese día.
o No mostraste interés en tu interlocutor, o en lo que te decía.
o Reiteraste que desde que….te operaron, te cambiaste de casa, te divorciaste, se casó tu hijo, se fue la sirvienta, etcétera, la vida ya no es igual, que no le encuentras chiste a la vida.
o Lamentaste tu situación económica, social, familiar, física, y aseguraste que no había salida para mejorarla.

Si nuestras conversaciones andan por ese tenor, sin duda estamos en la posición de víctima, y vamos a terminar siendo una carga hasta para nosotros mismos.

Por difícil que sea la situación, hay una esperanza para salir adelante. Busquemos ayuda. Seamos positivos. Encontremos la luz en nuestro camino”

Marzo 13 del 2014

Renovación 73

El autocastigo es una actividad que muchas personas aplicamos en nuestras vidas para justificar una mentalidad derrotista.

No importa cuán afortunados seamos al estar sanos, tener un cuerpo completo, disfrutar de los cinco sentidos, tener un cerebro que funciona y piensa (aunque lo utilicemos para “darnos en la torre”), que contemos con un trabajo, un techo, una familia, una profesión, amistades y conocidos.

No valoramos la libertad en que vivimos, las oportunidades de mejorar que llegan todos los días a nuestra puerta, el ser atractivos, tanto en lo físico como en lo social, el contar con el apoyo de alguna creencia religiosa, poder vivir y practicar la espiritualidad siempre que lo deseemos.

Si enumeramos todo lo que sí tenemos, constataremos que es mucho y, sin embargo, hay un hueco, algo que nos falta, algo que no hemos conseguido, como por ejemplo: tener una relación de pareja, un puesto ejecutivo, hijos. Es natural que anhelemos lo anterior, o alguna otra cosa positiva por el estilo.

Por alguna razón no lo hemos conseguido hasta ahora, eso no quiere decir que no podamos lograrlo en el futuro. Si yo equilibro mis roles de vida y me abro al amor, la pareja llegará en el momento preciso para que podamos construir, día a día, una relación sólida. Si nos aferramos a la primera persona que tengamos a mano para tener a alguien que sea un placebo de pareja y “no estar solos”, no vamos a estar listos para encontrar una pareja-pareja.

Si me castigo con pensamientos como: “No sirvo para el trabajo”, “Soy inútil”, “No sirvo para puestos importantes en mi empresa”, “Nunca voy a encontrar quien me quiera de verdad”, “Soy feo o fea”, etc., voy a minar mis fuerzas, a enturbiar mi visión y a hacer todo lo posible porque se cumpla mi fantasía catastrófica en ese sentido.

Si algo así nos sucede, podemos aceptar que no tenemos pareja en estos momentos y revisar si hay algo que podamos hacer al respecto, si es el momento indicado para establecer una relación de pareja. Podemos identificar nuestras fortalezas en el trabajo y si hay algunos aspectos que nos conviene reforzar, como dominar uno o dos idiomas más, ver las opciones para crecer en esta empresa.

También podemos analizar en forma objetiva todas nuestras carencias y lo que no hemos logrado todavía, para planear nuestras acciones, y dedicarnos a fortalecer todas nuestras áreas positivas, nuestras áreas luz, en lugar de optar por una actitud negativa y pesimista y abrumarnos con sentimientos y pensamientos que nos hagan sentirnos mal y deterioren nuestra autoestima.

Puedo ver con objetividad lo que conviene mejorar en mi vida y avocarme a ello con entusiasmo”.

EMOCIONES. MIEDO

En la época en que estamos viviendo, es común vivir inmersos en el miedo, en algunas ocasiones provocado maquiavélicamente desde nuestro entorno. Hay una premisa en la política que dice que un pueblo que vive con el miedo de perder la vida, su familia, su casa, su trabajo, su seguridad, es fácil de manipular. Esto lo hemos visto en muchas dictaduras en todo el mundo. En otras, el miedo es generado por factores internos sobre los que podemos actuar.

El miedo anticipatorio consume una gran cantidad de energía que nos hará falta después para enfrentar la amenaza o peligro que se nos presente, por ejemplo, si yo vivo con miedo a enfermarme y llevo a cabo uno y mil rituales de higiene y precaución extremos, es probable que mi sistema inmunológico se debilite y llegue a carecer de los anticuerpos y defensas necesarias para lidiar con algún contagio oportunista. 

Otro ejemplo, si yo vivo con miedo de perder el trabajo y esto me atormenta, me quita el sueño, me angustia, es probable que pueda cometer errores con más facilidad y tome decisiones equivocadas en algunas ocasiones. Por supuesto que es conveniente estar consciente de que puede haber recortes de personal en la empresa en que laboro, que la oferta de candidatos a mi puesto crece por minutos, por lo que voy a mantener la calma y esmerarme en desempeñar mis actividades en forma óptima, a llegar a tiempo, a no faltar, a evitar el “a mí no me toca”. Puedo echar a andar mi creatividad para encontrar soluciones a problemas crónicos, a situaciones conflictivas, innovar métodos o materiales para incrementar la productividad y mejorar el costo-beneficio.

Cuidar de mi salud, cuidar mi trabajo, cuidar e mi familia, implica tomar medidas precisas, concretas, y seguirlas, con lo que estaremos dirigiendo toda nuestra energía hacia lo positivo y no desperdiciándola en el miedo anticipatorio de lo que puede suceder.

Es necesario analizar si lo que me genera miedo es real o imaginario como punto de partida. Si es real, las alternativas son: enfrentarlo o alejarme de ahí, no hay más.  Puede haber muchas formas de enfrentarlo, en forma directa indirecta, sólo, en grupo, en este momento, en una fecha posterior, eso lo decidirá mi capacidad de razonamiento una vez que “limpie” mi organismo de las toxinas generadas por la emoción.

Por otro lado, algunos cargamos con fantasmas e

Por otro lado, algunos cargamos con fantasmas del pasado y/o utilizamos en ocasiones los lentes oscuros del pesimismo o la depresión para ver lo que está sucediendo en nuestras vidas, por lo que es conveniente cerrar los círculos emocionales del ayer y estar en armonía con nosotros mismos y con el mundo y ver la vida con realismo y, al mismo tiempo, con optimismo asertivo.

Revisa si estás viviendo en el miedo. ¿A qué? ¿Desde cuándo? ¿Qué has hecho al respecto? ¿Cómo puedes modificar tu situación para vivir tranquilo y con ánimo de triunfar?

SEGUNDA PUERTA

EL OPTIMISMO (1)

La palabra optimismo se deriva del latín optimus, que quiere decir lo mejor. El primer autor que la utilizó en su obra “Ensayos de Teodicea sobre la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal” publicado en 1710 en Amsterdam, Holanda, fue el filósofo y matemático G. Wilhelm Leibniz (1646-1716) al decir que “Dios había creado el mejor mundo posible”.

Años más tarde, Voltaire (Francia 1759) se burla de este concepto en uno de sus escritos y, aunque él popularizó el término, la palabra optimisme ya se había publicado (1737) en una traducción del ensayo de Leibniz.

El Obispo de Gloucester en Inglaterra, William Warburton (1698-1779), fue quien utilizó la palabra optimism por primera vez en el idioma inglés en 1743.

En castellano la encontramos en 1787 en una obra del escritor español Juan Pablo Foner (1756-1797) y, posteriormente, en el escrito “epicúreo optimismo” del escritor, abogado, político y periodista español, Nicomedes Pastor(1811-1863).

Así que ya tenemos una idea del origen, raíces y significado de la palabra optimismo, por lo que abriremos la Segunda Puerta de este proceso de crecimiento que consta de Diez Puertas.

Dentro de la psicología, podemos decir que el optimismo es una actitud positiva que impacta la percepción de los estímulos del medio externo y el procesamiento interno (mental y emocional) de los mismos, generando acciones que favorezcan el resolver la situación que plantean personas o eventos de nuestro entorno.

Como todos sabemos, el pesimismo es la antítesis del optimismo, y aquí no voy a profundizar en el concepto porque me interesa incrementar lo positivo, no dar reforzamiento a las actitudes negativas.

El optimismo/pesimismo es una actitud que aprendemos desde niños de las personas mayores con las que convivimos y, como todo lo que se aprende, se puede “desaprender”, modificar, eliminar, reforzar, incrementar. Nosotros podemos, aquí y ahora, elegir cuál queremos que sea nuestra actitud ante los retos, amenazas, demandas, contratiempos, pérdidas y eventos adversos que surjan en nuestro camino.

Vamos a reflexionar sobre los siguientes puntos:

  • Cuando alguien te regala algo inesperadamente, sospechas que es porque quiere algo de ti, o para “pagarte” algo que hiciste por ella/él.
  • Si algo no te sale bien, culpas a los demás o a las circunstancias.
  • Te cuesta mucho trabajo admitir tus errores, por lo que siempre tienes un pretexto o justificación.
  •  Sueles “ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”.
  • Si alguien obtiene mejores resultados que tú, piensas que es porque tiene más contactos, es más mañoso o hace trampa.
  • Ante los problemas, te pones nervioso, te sientes confundido, no puedes pensar con claridad por lo que decides que vas a fallar.
  • Analizas tus errores, su origen, asumes las consecuencias con madurez y extraes una enseñanza de ellos.
  • Con mucha frecuencia dices frases como: “Así son las cosas”, “No se puede cambiar”, “Yo no puedo hacer nada para cambiarlas”, “Haga lo que haga, todo me sale mal”.
  • ¿En qué porcentaje evalúas tu actitud optimista ante todo lo que la vida te presenta?
  • ¿Por qué? ¿A quién se lo aprendiste? ¿Te conviene seguir así?

Veremos varios puntos sobre el tema del optimismo. De ti depende que lo incorpores a tu vida para mejorar tus relaciones interpersonales con tu pareja, tu familia, en el trabajo y con todos con los que convives en una forma u otra en el ámbito social.