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Diciembre 11 del 2014

Renovación 346

Tenemos la opción de elegir relacionarnos con personas positivas o negativas.

Es posible que haya en nuestro entorno familiar, social, laboral, personas negativas, amargadas, fundamentalistas, adictas a la co-dependencia y las relaciones destructivas, enfermas mentales, neuróticas, tóxicas.

No podemos evitarlas en el sentido que están ahí, a pesar de que no sea conveniente para nuestra salud mental. Lo que sí podemos hacer es definir la forma de relacionarnos con ellos.

En primer lugar, vamos a evitar juzgar. Ellos son como son porque son producto de su historia personal, y esa no nos incumbe.

Vamos a relacionarnos lo menos posible con ellos, lo estrictamente necesario para llevar a cabo la labor que nos concierne en el momento.

En nuestra relación vamos a manejar toneladas de RESPETO.

Una forma de respetarlos es no pretender cambiarlos. Ellos son como son, y ese es su problema. “A la única persona que podemos cambiar en este mundo, es a nosotros mismos”.

Establecer límites es necesario e indispensable. Podemos mantener la relación dentro de un ámbito profesional si estamos en el trabajo, o distante y prudente, si se trata de alguien de nuestro entorno familiar o social.

Encontremos amistades o compañeros positivos que nos ayuden a crecer y evolucionar. Los hay en todos lados y en todas las jerarquías.

Podemos también hacer una oración para que la luz llegue a sus mentes y la paz a su corazón. Dar energía positiva genera una sinergia positiva.

Agosto 29 del 2014

Renovación 242

Tenemos varios instintos básicos, entre ellos el de sobrevivencia, reproducción y el gregario. Ellos nos hacen buscar el grupo, la pareja, la unión y pertenencia.

El riesgo estriba en que, en ocasiones, con tal de pertenecer a cierto grupo que nos da sentido de identidad, sacrificamos nuestra esencia, nuestros valores.

También podemos, con tal de tener pareja (o el remedo de una relación de pareja), hacer a un lado nuestras metas en la vida y actuar como la otra persona quiere que hagamos, para que no nos abandone, para no sentirnos fracasados por no formar una familia.

Estamos rodeados de muchas personas. Algunas de ellas son tóxicas, viven y destilan negativismo, amargura, rencor. Otras, son positivas, congruentes, empáticas, abiertas.

Nosotros podemos decidir con quiénes nos conviene relacionarnos. ¿Con las tóxicas o con las sanas?

Dicen que “Todo se pega, menos la hermosura”. No se nos va a contagiar la amargura, el odio, el rencor, sino que vamos a introyectar el modelo constante y tenaz que, día a día, se proyecta frente a nosotros. Vamos a estructurar patrones conductuales semejantes a los de esas personas, los que nos van a conducir a vivir en forma negativa todo lo que suceda, ya que así podremos conservar su aprobación, presencia, relación enfermiza.

Tenemos la opción de elegir con quien nos relacionamos. Vamos a hacerlo.

Vamos a crear y mantener un halo energético positivo a nuestro alrededor.

Si la persona tóxica es un familiar o un compañero de trabajo, tal vez no podamos evitar convivir con ellos, lo que sí podemos hacer es alejarnos de ellos, no tanto físicamente, sino poner una distancia emocional prudente para no respirar su amargura, y vamos a enviarles todos los días un pensamiento positivo o una oración para que la luz llegue a sus mentes, y la paz a su corazón.