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Octubre 7 del 2014

Renovación 281

Conviene que revisemos si somos perfeccionistas y la forma en que eso ha afectado nuestras relaciones.

En Análisis Transaccional se maneja un impulsor de la conducta llamado “Sé Perfecto”. Esto es algo que está grabado en nuestra mente desde niños a través del ejemplo de nuestros padres, o de quienes nos criaron, y de sus frases y manera de tratarnos.

Por ejemplo, unos padres perfeccionistas le dirán al niño:

– “Lo hiciste bien, pero esto y lo otro está mal”

– “Puedes hacerlo mejor la próxima vez”

– “Si te fijas bien, verás que falta que lo hagas mejor”

“Nunca terminas bien las cosas”

– “Dejas todo a medias” (la labor fue terminada)

– “Tú eres de 10, deja las otras notas para los mediocres”.

El modelaje que le darán al niño será el de unas personas insatisfechas con lo que hacen, por bien o completo que esté para los demás, ya que ellos piensan que pueden esforzarse más, lograr la perfección, y se sienten inseguros con los resultados obtenidos.

Es probable que tengan una imagen de sí mismos ideal, sin defectos, perfecta, y que todo lo que no esté a la altura de esa visión inalcanzable, sea defectuoso para ellos.

¿Qué podemos hacer?

* Terminar con esas vocecita interior que nos exige la perfección

* Eliminar la imagen idealizada de nosotros mismos

* Aceptarnos como somos, con cualidades y defectos

* Hacer un inventario de nuestro potencial desarrollado

* Identificar el potencial no desarrollado que está ahí, esperando ser utilizado

* Aceptar a los demás como son, sin exigir o esperar que sean como nosotros queremos que sean

* Aprender de nuestros errores sin sentirnos culpables.

Junio 21 del 2014

Renovación 173

Cargar con un mandato de “Sé perfecto”, es vivir inconforme toda la vida.

Un mandato es una frase que nos repitieron en la infancia, las más de las veces reforzada por actitudes, ademanes, gestos, palabras, tono de voz, posturas, que nos obliga a seguir determinadas conductas para lograr el objetivo inherente en ello.

Por ejemplo, el niño llega con una nota de 9 (máxima 10), y la mamá le dice: “Está bien, pero tú eres muy inteligente para conformarte con un nueve cuando puedes alcanzar el 10 con facilidad. Mejora tus notas”.Descalificar lo que logramos porque no “es perfecto”, es sabotear nuestra motivación y hace que nos sintamos inconformes con nuestros logros.

¿Cómo podemos saber si ese mandato, junto con otros, se ha convertido en un impulsor de nuestra conducta según el Análisis Transaccional? Revisemos si:

• Los objetos que hay sobre nuestro escritorio, o mesa de trabajo, tienen que estar rigurosamente distribuidos como decidimos desde el principio. Si alguien mueve dos centímetros hacía la izquierda el marco con la foto de un ser querido, nos molesta a la vista y lo ponemos “en su lugar” de inmediato. Esto se extrapola a la ropa, los adornos, nuestros zapatos en el closet, etc.

• Cuando terminamos una actividad, y lo hemos hecho en menos tiempo, con menos esfuerzo y menor costo (productividad), nos sentimos inconformes porque pensamos que podríamos haberlo hecho mejor.

• Encontramos un pero para todo. Cuando nos felicitan, decimos: “Si, pero pude haberlo hecho mejor si no hubiera…”, en lugar de: “Lo logré. y voy a mejorar mi desempeño en el futuro”.

• Tendemos a ver el vaso medio vacío, sin importar que pueda estar casi lleno.

• Enfatizamos lo que falta, no lo que tenemos o hemos logrado.

• A todo le encontramos algún defecto, y sobre eso nos basamos para evaluar los resultados.

• Nuestra postura es rígida e inflexible, no sólo en el aspecto físico, en todos los ámbitos.

• Nos disgustan los cambios considerables o novedosos, porque pueden alejarnos del camino de la perfección que estamos buscando.

Estos son algunos ejemplos. Vamos a aceptar que podemos hacer las cosas adecuadas sin que sean perfectas.

Febrero 28 del 2014

Renovación 59

Terminamos otro mes, otro ciclo, otra etapa en nuestro camino para ser mejores, para ser felices, para trascender. Es una oportunidad para observar el camino andado, ver cómo caminamos. ¿Alegres? ¿Con buen paso? ¿Estresados? ¿Compungidos?.

Si somos perfeccionistas, si nada de lo que hacemos, decimos, o pensamos, nos parece aceptable, sino el producto de una persona débil, torpe, indecisa, es probable que haya mucha distancia entre el nuestro Yo Ideal y el Yo real en nuestra mente.

Esto no quiere decir bajar el nivel de Calidad Integral en lo que hacemos, ni que dejemos de hacer nuestra labor con pasión y entrega. Se trata de ver cuáles son nuestras expectativas, si son asertivas, si están ubicadas en tiempo y forma, para poderlas cumplir y vivir la satisfacción de lograr nuestras metas.

Somos valiosos y podemos lograr todo lo que deseamos, si no se trata de fantasías, de un punto de partida falso, o de algo fuera de tiempo o lugar.

Somos humanos y podemos equivocarnos, podemos fallar en ocasiones, y podemos aprender de nuestros errores.

Lo importante es saber que estamos en el camino indicado para obtener nuestras metas, y que éstas son realistas y realizables, que tenemos dentro visualizada la imagen de la persona triunfadora que queremos ser, no un héroe de película, sino un ser humano único, irrepetible, valioso y capaz.