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CÁNCER

Palabra que genera una sacudida en nuestras vidas que llega hasta lo más hondo de nuestro ser.

Nos impacta igual que se presente en cualquiera de los órganos o tejidos de nuestro cuerpo, porque tenemos la sensación de estar contaminados y sucios, e inmediatamente, la asociamos con la palabra muerte.

Lo más inteligente es evitar ser víctimas del cáncer y, para ello hay muchas medidas preventivas, no sólo la revisión periódica de nuestro cuerpo por los especialistas, análisis, estudios radiológicos, etcétera, sino el evitar los factores comúnmente asociados a la enfermedad, el primero y más importante, nuestro sistema inmunológico.

Si nuestras defensas están bajas, podremos contraer cualquiera de los virus, bacterias, microbios, que pululan en el ambiente. Si nuestra salud es óptima, no sólo la salud física, sino también la mental, psicológica, emocional y espiritual, será muy difícil que nos enfermemos, aun cuando tengamos propensión genética a determinados padecimientos.

Esa es nuestra principal meta: vivir una vida de calidad en todos los sentidos, con lo cual evitaremos enfermarnos.

Ahora que si ya me diagnosticaron algún tipo de cáncer, en cualquier fase, lo que me conviene es luchar con toda mi energía física, mental, psicológica, emocional y espiritual para erradicar el mal de mi cuerpo.

Una de las vías puede ser revisar cuáles fueron los factores que causaron que mi sistema inmunológico bajara, tras lo cual yo modificaré, incrementaré, sustituiré, incorporaré, lo que sea necesario para encontrar el equilibrio total de la salud en todos mis campos energéticos. Esto es necesario hacerlo en forma intensiva y con premura.

Se habla de factores comunes en muchos casos, como pueden ser:

• estrés intenso y sostenido en el tiempo que no se maneja en forma asertiva,

• agotamiento emocional que deviene de reprimir nuestras emociones y aparentar sentir lo que los demás esperan de nosotros,

• albergar por mucho tiempo sentimientos negativos que terminan por corromper no sólo nuestro ánimo, sino nuestro organismo también.

Identificarlos y modificarlos será la llave hacia la salud. Utilizar los mecanismos defensa mentales como la intelectualización, racionalización, proyección, represión, etcétera, sólo nos mantiene en un juego psicológico mientras el cáncer avanza sin perder su ritmo.

He sido testigo de muchos casos en que personas, con un diagnóstico de cáncer en fase 3 y 4, que se rescatan a sí mismos, no sólo logran que la enfermedad entre en remisión, sino que, en ocasiones, desaparezca. Ellos cambiaron su Argumento de vida por un Proyecto de vida, rescataron sus valores y vivieron de acuerdo a ellos, contactaron con su fuente de Poder interno y su espiritualidad, modificaron sus patrones mentales anacrónicos y nocivos, con lo que generaron una actitud positiva, no sólo de sobrevivientes de cáncer, sino de triunfadores en la vida.

Abril 18 del 2015

Septiembre 6 del 2014

Renovación 250

Si no modificamos nuestros patrones de pensamiento, sentimientos y conducta, estaremos condenados a volver a caer en las mismas situaciones equívocas de las que decimos que queremos salir.

Es la leyenda de Sísifo. Volver a empezar una y otra vez, sin lograr a realizar nuestras metas, con toda la carga frustrante de impotencia y contrariedad que inunda nuestra vida a cada rato.

Empecemos por modificar un pensamiento, una creencia limitante. Tal vez nos dijeron de pequeños que “éramos la piel de Judas, un diablillo, un destructor, un bueno para nada, manos de mantequilla”, etcétera, y esas frases se grabaron en nuestra mente, ocasionando que actuemos en forma maliciosa, destructiva, dejemos caer las cosas frágiles, nos sintamos y actuemos como perdedores.

osotros no somos eso que nos dijeron.

Son etiquetas que nos han condicionado durante años.

Podemos borrar esas grabaciones y crear nuevas redes neuronales para que reconozcamos que somos capaces de controlar nuestros impulsos, de cuidar los objetos, ser exitosos y triunfadores.

Vamos a elaborar una lista de todas las creencias que pueden favorecer que triunfemos en nuestras metas, a escribirlas en forma de columna, y a leerla en voz alta varias veces al día, hasta que nuestros sentimientos y acciones concuerden con lo que afirmamos en nuestras frases.

NOVENA PUERTA: PERDÓN

La definición de perdonar puede tener varias acepciones:

  • Olvidar la falta que uno mismo o alguien más ha cometido.
  • No guardar rencor ni querer castigar a los que nos han lastimado o agredido.
  • No tomar en cuenta la deuda que alguna persona tiene con nosotros.
  • Librar a una persona del castigo que está estipulado por una falta cometida.
  • Pasar algo por alto para favorecer a alguien.

Así que tenemos que la palabra perdonar va de la mano con una falta o agresión, ya sea física, verbal, emocional, psicológica, que conlleva dolor, decepción, enojo, por lo que se dice pronto y cuesta mucho llegar a practicar el perdón.

Cuando somos niños aprendemos a “pedir perdón” y decimos:

 Mamá, perdóname, ya no lo vuelvo a hacer” – y a la vuelta de unas horas o unos días, repetimos la misma falta u omisión.

Esto puede convertirse en un patrón, por ejemplo, los misóginos que golpean a sus parejas, después de propinarles una golpiza,  les piden perdón, se hincan, lloran, prometen “portarse bien” en el futuro, y logran que ellas no los demanden o pidan el divorcio. Pasa un tiempo y, por quítame estas pajas, vuelven a recurrir a la violencia física contra ellas. Éste es un círculo vicioso que no va a romperse hasta que entren a tratamiento psicológico los dos y rompan con los patrones que los mantienen en esa relación destructiva, por lo que sii  tú padeces violencia de género,  retírate de ahí y encuentra ayuda cuanto antes, no te expongas, ni expongas a tus hijos a una dinámica patológica y criminal.

Los hijos suelen ser propensos a juzgar a sus padres y a guardarles rencor por algo que hicieron o dejaron de hacer cuando ellos eran pequeños. Aquí el perdón viene de la mano de la comprensión. Es necesario identificar, razonar, aceptar, que los padres hicieron lo que pudieron con lo que eran en ese momento de su existencia, que ellos son producto de la educación y formación que recibieron de sus padres y abuelos. Nadie puede dar lo que no tiene. Si ellos no tenían un patrón de padres amorosos, no pudieron abrazarlos, besarlos, mimarlos, todo que los niños esperában y/o necesitaban. Si los padres provenían de una familia disfuncional, es ahí donde se encuentra la raíz de la conducta que reprochamos. Acéptarlos como son y poner límites si es necesario para que no practiquen actitudes inadecuadas contigo y con tus hijos es lo indicado. El siguiene paso será manejar las emociones y sentimientos que surgieron ante la agresión u omisión de los padres pa así llegar a comprenderlos.

Perdonar al otro es entender sus motivos, sus necesidades, sus carencias, y  manejar en forma asertiva las emociones displacenteras que la agresión o falta cometida contra nosotros desata en nuestro interior, lo cual no implica que permita que me siga agrediendo o faltando al respeto una y otra vez. Te entiendo y no permito ni tolero que me agredas en ninguna forma, ni que me faltes al respeto.

Sólo cuando hemos logrado perdonar a nuestros padres y a las personas que nos han causado daño, nos damos cuenta que hay otra persona a la que conviene perdonar y esa prsona es uno mismo.

Les daré un ejemplo: una señora me comentaba que tiene quince años en una relación sin futuro con un hombre casado y lo culpa por “retenerla” en esa relación clandestina. Él puede ser egoísta, comodín, abusador, misógino, etc., ese es su problema, lo importante aquí es reconocer que ella ha querido permanecer en esa relación por algunas necesidades psicológicas específicas. Así que no es a él a quien requiere perdonar, él es como es, así se comporta y no va a cambiar, a la que le conviene perdonar es a sí misma, ya que se ha mantenido ahí para evitar el compromiso de una relación de pareja-pareja que implique una entrega total y un proyecto de vida en pareja.  El camino del auto-perdón es: reconocer su debilidad, trabajarla, elevar su autoestima, valorarse, aceptarse, lo cual le permitirá enfrentar sus errores y aprender de ellos. Flagelarse con el látigo de las siete puntas no sirve para nada, lamentarse “por el tiempo perdido”, tampoco. Tomar consciencia de que a la única persona que puede cambiar es ella misma, aceptarse, perdonarse y seguir adelante, es la respuesta asertiva a la situación en que se encuentra.

Si guardas rencor o resentimiento hacia alguien, es por una ira que no manejaste en su momento, enfréntala y canalízala para liberarte de ella. El rencor sólo puede hacerte daño a ti, la otra persona se queda tan campante. Acepta que no hay victimario si no hay una víctima que le permita agredirla. Por supuesto que hay casos de abuso sexual o psicológico en la infancia en que la persona es víctima sin poderlo evitar, si esa es tu situación, encuentra ayuda profesional especializada y trabaja tus emociones y sentimientos hasta llegar al perdón.