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Bomba de tiempo

Vivimos en una forma acelerada, el tiempo no alcanza para todo lo que pretendemos hacer en 24 horas, tal vez si existiesen días de 30 horas, lograríamos terminar nuestros asuntos pendientes. Si a eso le agregamos que los niños, que son una fuente de alegría y satisfacciones en ocasiones, la mayor parte del tiempo están probando hasta dónde llegan sus límites y encuentran a unos padres estresados, con poca paciencia, cansados, la situación se convierte en una bomba de tiempo.

Tenemos la tendencia a dejarnos llevar por los impulsos, y al tratar a nuestros hijos, repetimos muchas veces conductas erróneas que conllevan la falta de respeto hacia ellos, el ponerles etiquetas que los pueden llegar a marcar de por vida e, inclusive, podemos caer en la violencia y golpearlos.

Es probable que éste sea un patrón que aprendimos de nuestros padres y que hemos aplicado en la oficina, en nuestro trabajo, con nuestras amistades y vecinos, para ejercer el control.

Los padres agresivos se muestran satisfechos de lo sumisos y obedientes que se muestran sus niños, nada más que con ese control tiránico los alejan y pierden su confianza, demeritan su autoestima y puede ser que los orillen a buscar fugas para una realidad que los hiere y los lastima, y ya sabemos que hay tres tipos de fuga: la líquida, la sólida y la gaseosa, o sea, el alcohol y las drogas ingeridas, el exceso en la alimentación, y todo tipo de drogas inhaladas, además del tabaco.

La disciplina es una cadena de dos puntas. La ejercen y acatan las dos partes, unos como padres y otros, como hijos. La perseverancia, la consistencia, la congruencia, la paciencia, el respeto, son indispensables para aplicarla en forma positiva y asertiva.

Si les hablamos a los hijos con desprecio, comparándolos con sus hermanos o amigos, etiquetándolos con sobrenombres o adjudicándoles adjetivos calificativos negarivos como “inútil”, torpe”, “sucio”, “mentiroso”, estamos reforzando la conducta que queremos eliminar. Surte más efecto sembrar la conducta opuesta y cultivarla día a día.

Decirles “te lo dije” es parte de un juego psicológico al que el Dr. Eric Berne llamó “Te agarré desgraciado”(1). El escucharlo es irritante y genera un deseo de venganza y violencia que, si no pueden ejercer contra los padres, la aplicarán contra el perro, el gato, la mascota, el hermano menor, el primo que está de visita, etc.

Los niños aprenden jugando, eso es importante recordarlo. Ahora bien, es importante que aprendan que toda conducta tiene una consecuencia. Si la conducta es positiva, la consecuencia será positiva y, si por el contrario, la conducta es negativa, el resultado será una consecuencia negativa. No hablamos de castigos, sino de que los chicos aprendan a hacerse responsables de sus actos y de las consecuencias que estos traigan consigo.

Las consecuencias negativas se establecen desde el principio y se mantienen vigentes hasta que haya una negociación para modificarlas.

Recordemos la clave:

REGLAS CLARAS Y POCAS,   CONOCIDAS POR TODOS,   QUE SE APLIQUEN SIN EXCEPCIÓN.
Por supuesto que habrá ocasiones en que se puede ser flexible (una excepción, ocasionalmente). Si ya hay mucha rebeldía a ciertas reglas, vale la pena revisar si no son anacrónicas porque ya han pasado dos años, por ejemplo, lo que en un niño o joven es una eternidad porque ellos crecen por minutos. Es como si pretendiéramos que el chico utilice zapatos del 12 cuando su pie mide 16. Puede ser que su madurez sea mayor de la que nosotros queremos aceptar.

Es importante también que las reglas las apliquen “parejo” padre y madre (divorciados o no), abuelos, tíos, en fin, todos los que intervengan en el cuidado, educación y formación de los niños/jóvenes.

Hagamos de nuestra casa un hogar, un espacio de solaz y esparcimiento, de aprendizaje y de reposo cuando estamos cansados, de estímulo cuando andamos “ponchados”, de amor y aceptación incondicional.

Ancianos

Nuestra tarea de hoy será saludar a tres ancianos. No importa la edad, condición social, ocupación, vamos a dirigirnos a ellos y a hacerles sentir que nos percatamos de su presencia, con un simple saludo. Es suficiente con que les digas un ¡Buenos días! cálido y entusiasta que les alegre el rato.

También, puedes llamar por teléfono a alguien que conoces y no ves desde hace mucho tiempo. Una conversación breve para que sepa que te interesa puede aportarle energía y salud. Tal vez algún tío o tía olvidado, los abuelos, el maestro de escuela que nos tuvo tanta paciencia en nuestros tormentosos tiempos de la adolescencia o en la plácida infancia, la persona que te recibía en la puerta de la escuela, etc.  Estoy segura que muchas de las figuras importantes de tu infancia, hoy son mayores y recibirán tu llamada como un regalo maravilloso, o puedes regalarle un saludo a un perfecto desconocido,

Recuerdo una canción de Alberto Cortés que me conmueve cada vez que la escucho porque he encontrado en muchos pueblos, en muchas plazas, a ancianos que les dan de comer con gran ternura a las palomas y hasta hablan con ellas, ¿Porque no tienen a nadie con quien platicar?  La letra dice así:

Por las calles del mundo vaga un niño perdido,
lleva a todas las razas sobre la piel,
si se cruza algún día en tu camino,
pregúntale que busca y te dirá:
Miguitas de ternura yo necesito,
si le sobra un poquito, démelo a mí.

Por las noches del mundo, camina una muchacha,
con todos los pecados sobre la piel,
si te para y te pide encender su cigarro,
pregúntale que busca, y te dirá:
Miguitas de ternura yo necesito
si le sobra un poquito démelo a mí.

En las plazas del mundo toma sol un abuelo
lleva toda la vida sobre la piel
si lo vez dando migas a las palomas
pregúntale que busca y te dirá:
Miguitas de ternura yo necesito
si le sobra un poquito, démelo a mí.

Hay otra canción que me gusta mucho y al escucharla, en más de una ocasión, me he conectado con todos los padres y todos los abuelos del mundo. La compuso “Piero” (Piero De Benedictis, nacido en Gallipoli, Italia el 19 de abril de 1945, a quien sus padres llevaron a Argentina a los tres años, donde creció y se dio a conocer como un gran cantautor. Seguramente ustedes la conocen y, si quieren escucharla una vez más, sigan este enlace en internet: http://www.youtube.com/watch?v=Zs4O9Qzi57Q28 Mar. 2010 – 3 min. – Subido por sonidovideosmusical.  La letra es la siguiente:

Es un buen tipo mi viejo
que anda solo y esperando,
tiene la tristeza larga
de tanto venir andando.

Yo lo miro desde lejos,
pero somos tan distintos;
es que creció con el siglo
con tranvía y vino tinto.

Viejo mi querido viejo
ahora ya camina lerdo;
como perdonando el viento
yo soy tu sangre mi viejo
Yo, soy tu silencio y tu tiempo.

Él tiene los ojos buenos
y una figura pesada;
la edad se le vino encima
sin carnaval ni comparsa.

Yo tengo los años nuevos
y el hombre los años viejos;
el dolor lo lleva adentro
y tiene historia sin tiempo.

Viejo mi querido viejo,
ahora ya camina lerdo
como perdonando al viento;
yo soy tu sangre mi viejo,
yo soy tu silencio y tu tiempo.

Hace poco hemos dado las gracias por haber tenido a nuestros padres como base fundamental de muchas cosas, podemos extender nuestra gratitud a todos los ancianos que con su paciencia y entrega construyeron nuestra realidad actual, donde, seguramente habrá de todo, como en botica, nada más que nosotros podemos elegir focalizar lo positivo y aprovecharlo para crecer como seres humanos  y minimizar o ignorar lo negativo.

 

La familia

Ya has  dedicado unos minutos al despertarte a dar gracias a la  vida por tu cuerpo y todo lo que puedes hacer con él, hoy vamos a agradecer la bendición de tener una familia que nos ama y a quien amamos.

Da las gracias por tus padres, tus hermanos, tus abuelos, todos con quienes compartiste (o compartes) una etapa de tu vida. Recuerda que no vamos a poner “peros”, así que si el abuelo suele estar enojado la mayor parte del tiempo, si tu papá brilla por su ausencia en la foto familiar, si tu mamá prefiere a tu hermano, etc., no importa, al menos están ahí, probablemente más interesados en ti de lo que imaginas. Piensa cuántas personas no conocen a sus padres, o los perdieron en un accidente cuando ellos eran niños, o se criaron en una institución de caridad.

Así que agradece su presencia en tu vida, porque parte de lo que eres, para bien o para mal, tiene su origen en ellos. Deja para otra ocasión los aspectos negativos, resentimientos, reproches, que anides contra ellos. Focaliza lo positivo, y si no tienes recuerdos agradables de tus padres o abuelos, es seguro que en tu niñez hubo alguien que te demostró cariño, agradece a la vida la presencia de esa persona.

Puedes dedicarle unos minutos a este ejercicio después de dar las gracias por tu cuerpo, o en lugar de ello, eso es algo que tú decidirás de acuerdo a cómo te sientas.

¡Qué en tu día brille el sol de los afectos!