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Octubre 6 del 2014

Renovación 280

Parte de las cadenas que nos aprisionan en la codependencia es la necesidad compulsiva de controlar todo, y a todos a nuestro alrededor.

Pretender controlar a los demás es anular su derecho a ser autónomos, independientes y responsables de sí mismos. Digo pretender porque si llegamos a ejercer control sobre alguien, en forma paralela, estamos propiciando que se genere la rebeldía, la inconformidad, el resentimiento.

Podemos utilizar algunas herramientas para controlar a nuestra pareja como el dinero o el sexo y, tarde que temprano, la estrategia se volverá en nuestra contra.

Podemos amenazar con quitarle la vida a alguien, o dañarlo en forma severa, y la persona se someterá hasta que termine por irse, por atacarnos o por dejarse morir, con lo que no logramos ejercer el control mucho tiempo.

No podemos controlar lo que les pasa a los demás. Si mi familiar es diabético o alcohólico, puedo favorecer que él o ella controle su enfermedad para que no avance, yo no puedo decidir por ella qué va a comer o beber.

Si un ser querido padece Alzheimer, no podemos controlar la enfermedad, podemos prevenir en ocasiones y propiciar que el deterioro no sea tan rápido, mediante medicamentos que la persona enferma va a tomar, no nosotros.

Por eso es conveniente recordar la oración de la Serenidad:

serenidad

Agosto 21 del 2014

Renovación 234

Durante años hemos controlado, o intentado controlar, todo: a los demás, lo que iba a suceder, lo que sentíamos, lo que deseábamos.

Vamos ahora a dejar que las cosas sucedan como van a suceder. Eso no quiere decir omitir nuestra parte en el diario devenir. Vamos a hacer lo que corresponde a cada momento y circunstancia presente, y vamos a hacerlo con amor y diligencia, sin obsesionarnos con la idea de que todo se tiene que hacer “a nuestra manera”, como nosotros queremos y esperamos, y en el tiempo y forma que determinamos.

Vamos a dejar de controlar a las personas. Todos los que nos rodean son seres humanos libres, independientes, autónomos. Aceptemoslos como son, con sus carencias y limitaciones sin quererlos cambiar, sin imponer nuestros deseos y creencias, sin luchar por controlar lo que hacen, piensan, sienten.

Esto es particularmente difícil con nuestros seres queridos cuando hemos estado en una relación de codependencia durante años.

Empecemos por respetarlos y darles su espacio.

Aceptemos que cada uno tiene un ritmo para crecer y madurar, y que es necesario respetar su tiempo para modificar hábitos tóxicos.

Vamos a darles todo el amor del mundo, envuelto en un papel de regalo lleno de estrellas en las cuales hay una palabra escrita en cada una: paciencia, tolerancia, comprensión, empatía, solidaridad, ternura, respeto, cariño, reconocimiento, escuchar, aceptación, confianza, seguridad, generosidad, constancia, perseverancia, etcétera. Y vamos a empezar por darnos todo ese amor a nosotros mismos.

Julio 19 del 2014

Renovación 201

Podemos mostrarnos tal como somos.

Nos hemos pasado la vida tratando de portarnos como los demás esperan que lo hagamos, e intentando dar gusto a los que nos rodean para ganar su reconocimiento o afecto.

Hoy podemos poner límites. En primer lugar a nosotros mismos. La tendencia a recaer en los viejos hábitos surgirá una y otra vez. Si seguimos creando nuevas redes neuronales con nuestras Afirmaciones, y sostenemos el paso y la ruta elegida, vamos a evitar regresiones a estadios negativos.

También es importante mostrarnos firmes con los demás y hacerles conocer nuestra nueva forma de pensar, sentir y hacer. Eso, y darles tiempo para que se adapten o se retiren, es básico para lograr nuestras metas.

Si nuestra recuperación les genera conflicto, es asunto de ellos, y sólo ellos podrán solucionarlo.

Nosotros les daremos tolerancia, paciencia, cariño y la oportunidad de superar sus áreas oscuras, mientras nos mantenemos firmes y decididos al mando del timón de nuestra vida.

Julio 8 del 2014

Renovación 190

Nos cuesta trabajo dar a ciertas personas cercanas tolerancia, amor, paciencia, comprensión, cuando a otras, tal vez ajenas a nosotros o desconocidas, podemos tenderles la mano y apoyarlos.

Esto puede ser porque nos gusta sentirnos magnánimos con quienes no nos conocen, o con quienes más necesitan, para recibir su reconocimiento y agradecimiento.

En cambio, con las personas más inmediatas a nuestro entorno, los que saben de nuestras carencias y limitaciones, sentimos miedo de no ser valorados.

También puede ser que tengamos miedo a la competencia, a no ser considerados “salvadores”, generosos, los mejores, por nuestros seres queridos o conocidos.

El acto de dar a los demás amor incondicional, tolerancia paciencia, comprensión, es consecuencia directa de la forma en que nosotros nos amamos a nosotros mismos, y practicamos la paciencia, tolerancia, comprensión, con nosotros antes que nada.

“NADIE PUEDE DAR LO QUE NO TIENE”

Vamos a empezar por aceptarnos y amarnos, a pesar de nuestros defectos y carencias, a reconocer estos últimos y trabajar para aminorarlos o erradicarlos.

Demos a los nuestros cariño y apoyo sin esperar nada a cambio.

Entremos en el flujo de la energía positiva que genera el amor y el estar conectados con la totalidad.

Marzo 12 del 2014

Renovación 72

Tener paciencia con los demás es recomendable, tenerla con uno mismo es indispensable.

A veces sentimos que vamos muy despacio, que no hemos cambiado nada, que nuestras metas están muy distantes, lo que nos desalienta. El sólo hecho de pensar, de concientizar las cosas que conviene modificar, es ya una gran paso, el más importante porque es el primero.

Un camino de diez o cien mil kilómetros, empieza con el primer paso.

Después de tomar conciencia, iniciamos acciones distintas a lo que hemos venido haciendo, con lo que estamos creando nuevas redes neuronales que nos van a llevar al logro de que queremos.

Va a depender de cuál sea la distancia hacia las metas y de cuántas acciones diferentes y positivas emprendamos, para alcanzar nuestras metas. Algunas personas estarán más cerca, o modificarán muchas conductas y pensamientos, con lo que llegarán más pronto.

No importa cuánto tiempo nos tardemos, lo importante es disfrutar en el camino, vivir intensamente cada nueva actitud, cada pequeño logro, y seguir avanzando con alegría y paso firme.

Me viene a la memoria una frase de Albert Einstein: “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”

“Voy a lograr todo lo que me proponga porque me voy a comprometer a ello con todo mi corazón”