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Octubre 15 del 2014

Renovación 289

Parte de la neurosis que acompaña muchas veces a la codependencia, es la rigidez, la falta de flexibilidad.

Queremos que las cosas se hagan de determinada manera y, si alguien se opone a ello, nos convertimos en plañideras y nos desgarramos las vestiduras, o iniciamos una Guerra Santa contra quien no se someta a nuestros deseos.

Querer controlar todo y a todos es enfermizo, y forma parte de la codependencia cuando lo aplicamos a nuestra pareja, a nuestros hijos o amigos.

Por ejemplo, puede haber algo de misoginia si el objetivo primario es separar emocionalmente a nuestra pareja de sus seres queridos para que dependa en lo afectivo únicamente de nosotros, y esto lo practican no sólo los hombres, también hay mujeres que se dedican a tejer una tela de araña alrededor de su pareja para distanciarlo de su familia de origen, y siembran la discordia, la inconformidad, la provocación que termina en conflicto.

Recordemos que si somos co-dependientes funcionamos reactivamente a los estímulos de los demás o de nuestra pareja.

Detrás de ello hay un sentimiento de minusvalía, una autoestima muy baja, o un ego agigantado por alguna patología, como podría ser la bipolaridad en su fase maníaca.

Es conveniente:
• Ser flexibles con nosotros mismos.

• Darnos permiso de adoptar otros enfoques de cualquier situación.

• Escuchar otras opiniones.

• Analizar otros puntos de vista.

• Practicar la empatía.

• Tender puentes de comunicación en lugar de imponer ultimatums cuando hay criterios opuestos.

• Aceptar que no somos los dueños de La Verdad. Cada quien puede tener una versión propia.

• Responsabilizarnos de nuestros actos, pensamientos, sentimientos.

• RESPETAR A LOS DEMÁS COMO SERES INDEPENDIENTES.

Dejemos la rigidez a un lado. Vamos a quitar las ataduras que nos impiden crecer y ser libres.

Julio 10 del 2014

Renovación 192

Cuando practicamos la “visión del túnel” de la neurosis, es probable que tendamos a un sentirnos cansados y llegar a un agotamiento emocional.

Se trata de ver sólo, únicamente, una salida para la situación adversa que nos inquieta. Las cosas tienen que ir por determinado camino, en cierta sucesión de hechos y resultados y, si algo no sale como lo esperamos, nos desplomamos y no sabemos qué hacer.

Admitir que toda situación puede tener varias opciones para solucionarse, unas a corto o largo plazo, otras podrían requerir una mayor inversión en dedicación, esfuerzo o energía, es esencial para ampliar el horizonte de salida.

Escribir todas las posibles acciones para resolver la situación, valorar y ponderar los Pros y los Contras, ventajas y desventajas, consecuencias y costo-beneficio, nos permitirá planear la ruta a seguir.

Aceptar, con flexibilidad, que puede haber acontecimientos imprevistos que modifiquen nuestro camino o lo demoren, nos permitirá no exasperarnos y mantener la calma para seguir avanzando hacia nuestras metas.

Si nos vemos obligados a detenernos, podemos aprovechar para recuperar fuerzas, poner en orden nuestras ideas, y asimilar nuestras vivencias, disfrutar y gozar de unos momentos de paz y tranquilidad.