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JUEGOS OLÍMPICOS II

En ocasiones como ésta, encontramos  gran cantidad de personas que opinan de todos los deportes como si dominaran el tema. No es lo mío. Sólo tengo conocimientos sobre la fiesta taurina y el football soccer. Me gusta ver las competencias deportivas desde la óptica de resultados en función de  entrenamiento, compromiso, manejo del estrés, concentración, mentalidad triunfadora, liderazgo, programación integral de metas y objetivos, en fin, los aspectos mentales, psicológicos y emocionales que llevan al éxito o a dejar de ganar.

En estos juegos se han roto muchos paradigmas en muchos deportes, por ejemplo: hoy un nadador de 20 años, Chad Le Clos, procedente de Sudáfrica, venció al mítico Michael Phelps en su prueba preferida (200 metros mariposa) en la que nadie lo había superado desde 2001. Ver a ese jovencito luchar por contener las lágrimas, y no poder evitar que rodaran por su rostro al escuchar el himno de su país, después de recibir la medalla de oro, me conmovió mucho.

A Phelps le conviene analizar si dejó de ganar el oro, para quedar en segundo lugar, por algún error que pudo haber evitado, exceso de confianza, cansancio, mal manejo del estrés. Es de los errores que aprendemos y asumiéndolos, no culpando a la mala suerte, estamos en el camino de la excelencia.

En la gimnasia artística femenil, me tocó ver otro acontecimiento innusual, Estados Unidos ganó la medalla de oro, quedando Rusia en segundo lugar. Durante años las rusas, polacas, rumanas, fueron las dueñas del pódium. China, que no tiene una presencia muy antigua en esta disciplina, está luchando por llegar. Algo está cambiando y será muy interesante observar cómo se modifican las cosas.  Por lo pronto, mencionaron en la TV que los Estados Unidos contrataron a los mejores entrenadores y los apoyaron en todo. Ése puede ser un factor de éxito contundente.

La rusas, a cual más bellas, distinguidas, ágiles, gráciles, interpretaron unas rutinas actuales, novedosas, con un grado de dificultad muy elevado, sin embargo, en el último momento una caída, un error y adiós a la medalla de oro que ya tenían en la bolsa. ¿Qué pasó? ¿Falta de concentración? ¿Estrés? ¿Nerviosismo? ¿Falta de mentalidad triunfadora? ¿auto-sabotaje? Pueden existir muchas variables y todas tienen que ver con el funcionamiento del cerebro y la psicología. Estoy segura que sus entrenadores encontrarán la respuesta y podrán resolver lo que haga falta para que vuelvan a cubrirse de oro.

Estados Unidos tiene la capacidad yla inteligencia para contratar a grandes figuras para que les modelen la personalidad triunfadora a sus atletas, jugadores, gimnastas, entrenadores, por ejemplo, cuando decidieron tomar en serio el football soccer, contrataron a Pelé, a David Beckham, a Rafael Márquez, a Bora Milutinovich, a figuras reconocidas que podían transmitir y enseñar y, sobre todo, modelar el éxito (PNL). Así ha sido en muchas disciplinas, entre otros muchos deportistas de élite, se llevaron a Nadia Comanecci como entrenadora de gimnastas. Es necesario aprender del mejor parece ser la premisa.

Otro aspecto interesante son los logros de los países asiáticos en disciplinas que antes no dominaban. China le habla de tú a Estados Unidos. Hasta hoy tienen un total de 23 medallas cada uno. Y Corea del Sur (8), Corea del Norte(4) y Japón(11), están logrando colarse a muchas primeras posiciones. Es cosa de tiempo y podremos ver cómo estas naciones cambian más y más paradigmas deportivos, como lo han hecho en el campo económico, industrial, electrónico.

Los invito a reflexionar y a sacar alguna lección de vida de los juegos que vean, para aplicarla y mejorar en todos los aspectos.

Confianza (3)

Lo opuesto a la confianza, es la desconfianza, la que también tiene  su origen en el pasado, debido a que en una, o múltiples ocasiones, nos sentimos traicionados o que nos “fallaron” los demás. No estoy diciendo que nos traicionaron o que nos “fallaron”, si no que nosotros sentimos que así lo hicieron. Existe la posibilidad de una percepción errónea que desata toda una cadena de respuestas como si se tratara de un hecho real.

Podemos desconfiar de nosotros mismos, de nuestra capacidad de brindar respuestas oportunas, asertivas, eficaces, ante las demandas del entorno que nos rodea, lo que va a generar nerviosismo, confusión, auto-devaluación y puede llevarnos a bloquear todas las competencias que sí tenemos, con lo que el círculo vicioso se perpetúa.

Podemos desconfiar de los demás, lo que nos lleva a pensar mal de su actitud, de sus actos y a buscar algo negativo hacía nuestra persona, lo que hace que demos por descontado que nos van a “fallar”, traicionar, desilusionar, y a que actuemos en una forma hostil, abierta o inconscientemente, como consecuencia de nuestra predisposición.

Ésta es una persona que está en una posición existencial de NO OK/NO OK, yo estoy mal y tú o ustedes están mal (Análisis Transaccional) que genera el que la persona se aleje y hasta se aísle de los demás, lo que puede conducirla a una depresión. Veamos, yo estoy mal porque no merezco ser amado, respetado, tomado en cuenta, recibir tu fidelidad, y tú estás mal porque no eres capaz de ser fiel, de amarme, de respetarme, de ser una persona digna de confianza. Pueden existir precedentes de que en alguna ocasión la persona fuera traicionada o defraudada, lo que no amerita que se generalicen los sentimientos negativos de esa vivencia y se vuelvan una creencia que rija nuestros actos, por ejemplo: “todos los hombres son infieles” “no se puede confiar en las mujeres”, “las mujeres cambian como veletas”, etc.

Todo esto va a formar una coraza, un muro a su alrededor, que le impide establecer relaciones sanas con los demás y que favorecerá el incremento de su inseguridad y la sensación de minusvalía.

Algunas características que nos pueden ayudar a reflexionar si somos desconfiados son:

  • Me resisto a confiar en los demás porque siento que me pueden traicionar.
  • No me gusta contestar preguntas personales porque considero que pueden utilizar esa información en mi contra.
  • Cuando me reconocen mi labor, o me dicen algo positivo de mi persona, me pregunto en mi interior qué están buscando, que querrán obtener de mí.
  • Si alguien me ofrece ayuda, siento que es porque considera que soy incapaz de llevar a cabo la tarea que estoy desempeñando.
  • Guardo mucho resentimiento por cosas del pasado.
  • No puedo olvidar los insultos aunque haya pasado mucho tiempo.
  • Reacciono con enojo cuando percibo que me están atacando.
  • Soy muy suspicaz y busco siempre una intención oculta cuando algo positivo se me está ofreciendo.
  • Tiendo a alejarme de las personas de las que desconfío.
  • Me cuesta trabajo relacionarme sanamente con los demás.
  • No puedo sostener una relación amorosa prolongada porque estoy a la espera de ser traicionado, burlado.
  • Me preocupo con mucha frecuencia por la lealtad o fidelidad de las personas que me rodean, tanto en lo familiar, como en lo laboral.

Te invito a profundizar en estos aspecto y, por supuesto, a generar las acciones necesarias para evitar caer o permanecer en una posición psicológica inadecuada e improductiva que tan sólo te va a acarrear malestar y sufrimiento. ¿Estás dispuesto?  Hoy es un buen día para empezar a hacerlo. ¡Adelante!

 

 

 

¿MAESTROS?

Ayer fui a dar un curso al centro de la ciudad, a un edificio colonial bellísimo ubicado en la calle de 5 de mayo. Es una delicia regresar al pasado y estar unas horas en un espacio con pisos de mármol y con más de nueve metros de altura, con frisos en los techos, canceles y balcones de hierro forjado, candiles italianos y franceses, etc.

Estábamos en una dinámica cuando se escucharon unos gritos muy fuertes provenientes de la calle. Nos asomamos al balcón y vimos que se trataba de  una marcha en la que había cientos de personas. Al principio no sabíamos quiénes eran ni cuál era su objetivo. Salimos de dudas cuando gritaron: “¡…el SNTE está presente! Ahí supimos que eran representantes de ese sindicato. También gritaban “No votes por el copete”, “Que se vaya el PRI” (partido que estuvo 70 años dominando a México), y otra serie de frases por el estilo. En cartulinas y pancartas llevaban leyendas contra el PAN y su candidata (derecha). Así que era, no un  desfile de apoyo a su candidato, sino uno para “convencer” a la gente que no vote por los otros contendientes en este remedo de campaña política que estamos viviendo.

Si la marcha hubiera sido de campesinos, obreros o mineros protestando por alguna injuticia, hubiéramos entendido los gritos e insultos, la rijosa actitud de mucho de ellos, el gesto duro y amenazante que la mayoría mostraba.  Parecían todo menos Maestros. No los imaginé en un aula dando clase, orientando niños o jóvenes con vocación de servicio, con paciencia y tolerancia, motivándolos para ser mejores personas y ciudadanos.  Es como cuando en los cuentos de hadas, el lobo se cubre de miel y de harina para aparentar ser un borrego. Los demás no le creen y descubren el engaño.

Imposible soslayar el tema, todo el grupo se puso a comentar sobre las elecciones, y el punto de convergencia fue que a nadie de los ahí presentes nos satisface ninguno de los candidatos y se siente un clima de impotencia, de fatalidad asumida (¿qué puedo hacer yo?), de desesperanza, de inquietud, de nerviosismo, de temor por el futuro.

Adondequiera que vaya uno surge el tema de las elecciones, las personas sienten la necesidad de manifestar su decepción, de dar su opinión aunque sólo sea en su pequeño núcleo social o familiar. Se ha deteriorado el interés por aprender nuevas cosas, por buscar nuevos horizontes, parecería que la idea es esperar hasta después de saber qué partido ganó (como si no lo supiéramos ya), para ver si “las cosas se componen”.

En tu entorno ¿está pasando lo mismo?