Archivo de etiquetas| morir

¿MORIR PARA VIVIR ?

Una querida amiga me envió un video de la conferencista Anita Moorjani, una mujer de 58 años que luchó contra el cáncer durante 4 años quien relata que, al entrar en coma, tuvo una experiencia extra-corporal de sí misma, en la se dio cuenta que tenía un mensaje que compartir acerca de lo que su enfermedad, el cáncer, le había enseñado.

Pueden creer o no en este tipo de experiencias, que ya han sido ampliamente documentadas, lo que no le resta utilidad a todas sus reflexiones sobre la salud y la enfermedad. Por ejemplo, ella dice que estaba ya enferma antes de tener cáncer, y que éste vino para enseñarle a valorar la vida, el tiempo, a los seres queridos.

Ha escrito varios libros: “Dying to be Me” (Muriendo para ser yo) y “What if this is heaven?” (Y si esto es el cielo?), los que plantean interrogantes que nos llevan a rescatar muchos valores tal vez olvidados, y a establecer otras prioridades en nuestra vida.

En su conferencia menciona cinco puntos básicos para tener salud:

1.- Amarnos a nosotros mismos.

2.- Vivir sin miedo.

3.- Vivir con buen humor, risas y alegría

4.- Aceptar que la vida es un don, un regalo y los retos, también.

5.- Ser nosotros mismos. Aceptarnos y abrazar nuestra unicidad.

Los invito a entrar a su página y meditar acerca de las premisas que comparte:

http://anitamoorjani.com/

 

¿PRÓRROGA?

Pueden buscar el post que títulé  “Prórroga”, donde narro como Chela, una alumna mía, entró en pánico cuando se percató que ella había dicho, varios años atrás, que se quería morir a los 80 años y faltaban sólo 15 días para que los alcanzara. Hizo un ejercicio y modificó su partida de este mundo. Murió a los 102 años.

Cuando hace muchos, muchos años, yo escribí que me quería morir a los 80 años, la distancia era enorme y ello me dio mucha tranquilidad.

Ahora, cuando los vislumbro en el horizonte, me digo que no quiero morir a esa edad. Me doy cuenta que aún me queda mucho por hacer, mucho por compartir, mucho por aprender, por lo cual voy a seguir los pasos de Chela y a reprogramar la partida.

Es importante definir que queremos morirnos “sanos”. Esto quiere decir en pleno uso de nuestras facultades mentales, espirituales, emocionales, y aceptar que la “carrocería” va a llegar un poco deteriorada por los muchos años vividos.

Llegar al final con un cuerpo sano, al que tal vez le dedicamos muchas horas para cuidarlo y mantenerlo en forma, y una mente averiada por el Alzheimer o demencia senil, no tiene sentido. Es un vivir sin vivir.

Cuidemos nuestro cuerpo porque es el instrumento que nos permite realizar nuestros proyectos espirituales. Alimentación, ejercicio y descanso.

Mantengamos en constante evolución nuestro desarrollo mental, espiritual, emocional.

Vivamos a plenitud cada momento mientras llevamos a cabo nuestro Proyecto de vida.

Cumplamos nuestra Misión en este mundo y dejemos un legado a los que nos rodean.

“La paz es en ustedes”.     ¡Feliz 2017!

 

 

Procurar no morirse

Leí un artículo muy interesante en un periódico que me hizo reflexionar sobre algo que algunos hemos hecho alguna vez, y que muchos hacen hoy día: procurar no morirse.

Cuando tomamos esa decisión, enfocamos todos nuestros pasos a evitar la muerte, y por tanto, a los peligros que pueden llevarnos a ella. Cuidamos con empeño, hasta la exageración (o la obsesión) no intoxicarnos con la comida, para lo cual limitamos nuestra ingesta sólo a alimentos orgánicos, no elaborados, preparados con total higiene en casa; no dar un mal paso al caminar, por lo que no salimos a pasear porque las calles están llenas de peligros para nuestra estabilidad; exponernos al viento y al sol, así que nos vamos quedando encerrados en casa con más frecuencia; dejamos de leer para que no se nos lastime la vista, de trabajar para no quedarnos sin energía, en fin, empeñados en evitar la muerte, dejamos de vivir.

Al procurar no morirnos, podemos avanzar como robots en el calendario mientras morimos inevitablemente, día a día, en un proceso natural que inicia cuando nacemos.

¿Qué tal que aceptamos que la muerte es nuestra compañera de vida, y está ahí, junto a nosotros, las 24 horas de todos los días, meses, años, desde el momento de nacer hasta el partir hacia lo desconocido en un viaje sin retorno? La certeza que tenemos es que va a llegar indefectiblemente: nos vamos a morir algún día.

¿Qué tal que, en lugar de procurar no morirnos, empezamos a vivir plenamente cada minuto de nuestra vida?

Vamos a disfrutar y agradecer el hecho de estar vivos, a valorar lo que sí tenemos, a soñar lo que queremos hacer, a dedicarnos con empeño a lograr las metas que nos hemos trazado, a vivir el amor e irradiarlo como un faro que ilumine a los que están a nuestro alrededor.

Recordemos a Jaime Sabines que, en uno de sus poemas, decía:

“Alguien me habló todos los días de mi vida al oído, despacio, lentamente.
Me dijo: ¡vive, vive, vive!
Era la muerte”

Junio 15 del 2014

Renovación 167

¡Hay tantas cosas que quisiera hacer antes de morir!

Por lo general escuchamos esta oración cuando a una persona le diagnostican una enfermedad terminal, y nos causa inquietud constatar cómo se lamenta no haber hecho esto o lo otro, y no tener ya tiempo para hacerlo, puesto que ya no tiene futuro.

Vamos a pensar y a escribir diez cosas que queremos hacer antes de morir. Puede tratarse de viajar a determinados lugares a países, convivir y despedirnos de algunas personas, escribir un libro, subir a una montaña, visitar un lugar sagrado, en fin, cada cabeza es un mundo, por lo que puede haber muchas ideas al respecto.

Pensamos que la vida es nuestra y que va a durar mucho tiempo, y puede ser que, a la vuelta de la esquina, nos espere una sorpresa negativa y nos presenten la tarjeta roja (expulsión en el juego de futbol soccer), sin que nos hayamos percatado que ya nos habían avisado dos veces que íbamos por un camino equivocado (tarjeta amarilla).

Prevenir en lugar de lamentar.

Saber qué queremos, cuáles son nuestras metas es indispensable antes de arrancar, aunque algunos ya salieron al camino hace 20, 30, 40 años o más, sin saber cuál era el rumbo de su vida.

Verificar que estemos en el camino adecuado para lograr nuestros objetivos y no desviarnos es necesario para avanzar.

Aceptar que podemos morir mañana es vital para apreciar el invaluable regalo de vivir.

COMPARTIR

Este verbo puede aplicarse en distintos contextos:

  • Utilizar o poseer un recurso con otra(s)  persona(s), por  ejemplo, un departamento, un coche, un terreno, un jardín, una alberca.
  • Dividir algo para repartirlo entre varias personas.
  • Comunicar ideas, pensamientos o sentimientos.
  • Regalar, ceder, donar, algo de nuestra propiedad.
  • Tomar parte en la responsabilidad de una determinada situación.
  • Sumarnos a un criterio, emoción o acción específica.

 Tal vez ustedes puedan encontrar más acepciones y enriquecer el concepto. Por lo pronto, la invitación del día de hoy es a compartir algo material con los demás, algo que nos pertenezca y nos guste, no lo que nos sobra, nos estorba o está deteriorado.

 Me platicó una amiga que hace algún tiempo empezó a regalar cosas personales a seres queridos, como algunos recuerdos de familia (que podían ser joyas, muebles, cuadros, adornos), sin importar el valor económico y sentimental que tuvieran, preguntándoles a cada uno qué quisiera tener, ya que así “aligeraba el equipaje” y evitaba posibles discusiones después de que ella muriese. ¿Para qué esperar a que uno se muera?- me dijo- Yo disfruto viendo cómo gozan y valoran lo que compartí con ellos.  La idea se le ocurrió porque en una ocasión una de sus nietas que tiene cinco años, a la que le gusta ponerse muchos adornos, le dijo que le regalara un anillo que traía puesto, a lo que ella le contestó que sería para ella cuando se muriera. De inmediato, la niña replicó:  ¿Falta mucho?.  Se nota que el dolor de la muerte no la ha tocado todavía y soltó la pregunta con toda su inocencia, lo que sirvió para que la abuela se desapegara de muchas cosas y las compartiera, recordando el poema de Ana María Rabate (México 1933- 2010), quien escribió 24 libros y muchas otras publicaciones:

 En vida, hermano, en vida

Si quieres hacer feliz
a alguien que quieras mucho
Díselo hoy, sé muy bueno
En vida, hermano, en vida…
Si deseas dar una flor
No esperes a que se mueran
Mándalas hoy con amor
En vida, hermano, en vida…

Si deseas decir te quiero
a la gente de tu casa,
al amigo cerca o lejos?
En vida, hermano, en vida…
No esperes a que se muera
La gente para quererla
y hacerle sentir tu afecto
En vida, hermano, en vida…

Tu serás muy venturoso
si aprendes a hacer felices
a todos los que conozcas.
En vida, hermano, en vida…
Nunca visites panteones,
ni llenes tumbas de flores.
Llena de amor corazones
En vida, hermano, en vida.

Si quieren escucharlo con música sigan este enlace: www.youtube.com/watch?v=I8XVvOGw6Kc

 Revisa tus cosas y puede ser que encuentres un libro, un disco, algo que sabes puede hacer feliz a alguien cercano, comparte lo que tienes con amor y alegría.

 Es conveniente que para compartir emociones, sentimientos, ideas, se “limpie” nuestro bagaje emocional para que todo lo que fluya sea positivo. Tú decides cuándo es el momento.

 Recuerdo a una señora que asistió a uno de mis seminarios y cuando manejamos este punto se soltó llorando. Al día siguiente le pregunté cómo se sentía y nos compartió que había decidido buscar a su único hermano, con el que estaba distanciada desde hacía diez años y no se dirigían la palabra siquiera, para darle un abrazo largo, largo. Nos comentó que habían estado muchas horas compartiendo sus vivencias y emociones durante el tiempo que estuvieron alejados, manejando el perdón, recordando anécdotas de su infancia, y que se sentía renovada, mucho más ligera. ¿Sería a esto a lo que se refería Borges cuando hablaba de aligerar el equipaje?

 Empecemos por lo más fácil, algo material, para que poco a poco puedas llegar al desapego de cosas que no te vas a llevar contigo cuando te mueras.