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Septiembre 24 del 2014

Renovación 268

Así como la tripulación que iba en el barco con Ulises se tapó los oídos con cera para no escuchar el canto de las sirenas y desviarse de la ruta trazada, será necesario que, una vez tomada la decisión de salir de la relación de codependencia que tenías con tu pareja, no escuches sus ofertas de cambiar y complacerte.

Por ejemplo, si tu pareja es misógino o un alcohólico, después de haberte agredido (física, verbal, psicológicamente), solía pedir perdón, regalarte flores, hincarse y prometer, prometer, prometer cambiar, respetarte, hacer lo que tú quieres.

A la única persona que podemos cambiar es a nosotros mismos.

Tu pareja puede recibir asesoría y decidir modificar su conducta, su actitud, su forma de pensar, no porque tú lo amenaces con dejarlo, sino porque esté convencido que eso es lo más sano para él en primer lugar, y para toda la familia.

Dejemos que la otra persona con la que estamos en codependencia resuelva sus conflictos, sus crisis solo.

Si ya hubo violencia de cualquier tipo, la mejor manera de ayudarlo es poniendo tierra de por medio. Insultarlo, responder agresión con agresión, no conduce a nada más que a una espiral destructiva.

Cuando las aguas estén tranquilas, o con la presencia de un mediador, vamos a poner las bases de la relación de ahora en adelante. Si tienes hijos, ellos merecen ver a su padre y recibir su cariño, si está en condiciones de dárselo y no es un enfermo que va a chantajearlos y envenenar su vida.

Envía todos los días un pensamiento positivo a la persona con la que estuviste en una relación destructiva, así como muchas oraciones en las que pidas que la paz llegue a su corazón y la luz a su mente.

Deseale sólo lo mejor. Protégete y protegelo manteniendo una distancia física o emocional que permita que los dos sanen sus heridas, e incorporen nuevos modelos de relacionarse en forma sana y asertiva.

Febrero 4 del 2014

En ocasiones estamos más tiempo en el pasado que en el presente y, por lo general, no es para recordar lo grato y emotivo, sino para lamentar lo que perdimos, hicimos en forma errónea, o lo que dejamos de hacer.

Deja ir los errores del pasado. Aprende de ellos. Actuaste de esa manera por lo que eras en ese momento. Perdónate, y sobre todo ¡Aprende!

Si no aprendemos del pasado estamos condenados a repetir los mismos errores. Por ejemplo, si tenemos un patrón de búsqueda de pareja erróneo, vamos a seguir escogiendo a personas que nos van a desilusionar o a lastimar. Por ejemplo, una hermosa mujer de 35 guapa mujer de 35 años dice que quiere “casarse y tener familia“. Sin embargo todas las relaciones que ha vivido han sido con hombres misóginos o que tienen miedo al compromiso. Hace poco decidió que tenía que casarse pronto y se comprometió con un hombre misógino y resentido al que habían dejado plantado al pie del altar. En cuanto se hizo oficial el noviazgo ante las familias y empezaron los trámites para la boda, él empezó a agredirla psicológicament, a menoscabar su autoestima, a expresarse despectivamente de ella. No se casó y, de inmediato, inició otra relación con un hombre que a los 32 años todavía vivía con su mamita. Tampoco se concretó nada. Es necesario que ella modifique su patrón de búsqueda de pareja, o seguirá “encontrando” hombres dañados.

Si anteriormente actuamos compulsivamente y no lo corregimos de base, seguiremos siendo compulsivos.

Revisa tus errores, reconócelos, aprende de ellos y déjalos ir. Hoy es un nuevo día y tú estás renovando tu vida. Recuerda, el secreto está en el aprendizaje. ¡Puedes hacerlo!