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# YO ME QUEDO EN CASA (8-B)

Los temas que he publicado han surgido en forma espontánea, así que me llama la atención que al de hoy le toque el número 8. les diré por qué.

Porque la emoción que abordamos hoy es el MIEDO que, como nos consta está presente en la mente y el corazón de la mayoría de las personal del mundo ante la pandemia que estamos padeciendo.

Para ello, veremos algunas interpretaciones del significado del número 8:

  • Significa el comienzo.
  • Simboliza la transición entre el cielo y la tierra
  • Escrito horizontalmente, representa el infinito y la abundancia
  • Nos habla de la organización, la perseverancia y el control de la energía para producir logros materiales y espirituales.
  • Los estudiosos de la Biblia saben que el número 8 es la representación de la resurrección, el renacer y el nuevo comienzo.
  • En lo espiritual nos habla de transformación, del inicio de algo nuevo. Así como el octavo día se da inicio a un nuevo ciclo en la semana, también en lo musical tiene un significado importante. Y es que la octava es la unidad fundamental en las escalas, siendo la octava nota la misma que la primera, y el comienzo de una nueva unidad.
  • También en el plano espiritual, el significado del número 8 está asociado al orden y a la abundancia.
  • Según el Tarot, el Arcano número VIII, La Justicia, representa el correcto balance de las energías, el mundo real y objetivo, el desarrollo de nuestros talentos y dones.
  • Está asociado con la capacidad de crecimiento y organización, como así también el uso de estrategias determinadas para dar rienda a nuestro poder de creación.

En el significado del número 8 encontramos muchas puertas abiertas para que esta crisis sanitaria se convierta en una oportunidad de renovarnos, equilibrar nuestras energías: física, mental, emocional y espiritual, para mantener una relación armónica con el mundo entero y el universo y, tal vez, iniciar un nuevo camino que nos conduzca hacia la trascendencia y el bienestar integral. Reflexionemos sobre ello.

Respecto al miedo, cuando lo sentimos, es muy importante definir si la amenaza es real o imaginaria. En este caso es real: el coronavirus es una amenaza real. Para ello vamos a ocuparnos, no preocuparnos que sólo logrará provocar un desgaste emocional y físico importante que puede favorecer el que seamos candidatos a contraer la enfermedad, de tomar las medidas convenientes para prevenir el contagio, y el manejo médico si ya lo estamos padeciendo.

¿En qué nos puede ayudar la Inteligencia Emocional? En primer lugar, a definir A QUÉ LE TENEMOS MIEDO. Las personas responden a esta pregunta: “A enfermarme, al dolor, a quedar dañada”, y curiosamente, casi nadie dice: “TENGO MIEDO A MORIR”, que es el motor que desata y alimenta el miedo.

Estamos acostumbrados a evitar pensar en nuestra muerte, o la de nuestros seres queridos. Nos pasamos la vida en la evasión mediante fugas como el tabaquismo, alcoholismo, drogadicción, adicciones leves o graves, al trabajo por ejemplo. Nos llenamos de actividades que nos impiden pensar, ya que estamos en una frenética carrera para cumplir con todas.

Cuando logramos aceptar la muerte, que es nuestra compañera desde que nacemos, deja de ser una amenaza. Esto lo expresó muy claramente en un poema Jaime Sabines:

Alguien me habló todos los días de mi vida
al oído, despacio, lentamente.
Me dijo: ¡vive, vive, vive!
Era la muerte.

Esa es la meta: vivir en lugar de sobrevivir hasta morir.

Todos vamos a morir, un día u otro, la diferencia es que nosotros podemos decidir cómo, cuándo, con quién, dónde, a qué hora, etcétera, llegará ese momento. Tal vez les parezca temeraria esta afirmación que me enseñó mi Guía y Maestro, el Dr. Octavio Rivas Solís, cuando yo me negaba a aceptar la muerte de uno de mis hermanos porque era inesperada y él muy joven.

Llevo 26 años ejercitando la Tanatología y he acompañado a muchas personas hasta el final de sus vidas. Todas ellas se han ido con una gran paz en el alma (mente y corazón, espíritu) que se reflejaba en su rostro, sin un rictus de desesperación o angustia.

El factor común es que muchas de ellas tenían un Proyecto de vida, en el que se aceptaba la presencia de la Muerte como la Meta final de la vida, o lo habían diseñado para decidir cómo vivir los meses que les quedaban ya que padecían una enfermedad terminal.

A este respecto, he sido testigo cómo una señora a la que le dijeron: “Tres meses de vida”, vivió cinco años, y cómo un hombre joven, con una enfermedad terminal, una vez que terminó su duelo anticipado, y se aseguró que su esposa y tres hijos habían vivido y resuelto su propio duelo, decidió cuándo morirse y lo hizo con toda la paz del mundo. También me consta como una señora dijo que cuando sucediera X evento, a ella le daría un infarto cardíaco, lo que sucedió tal cual. En fin, son muchos casos en los que he tenido el privilegio de estar con ellos en su tránsito hacia la muerte, y sé que puede hacerse con amor, paz, tranquilidad, esperanza.

Si aceptamos que podemos morir hoy o mañana, dejamos de postergar lo importante y establecemos nuestras prioridades para que morir no sea algo traumático para nadie, y tengamos la oportunidad de VIVIR plenamente el hoy, construyendo el mañana cada día.

¿Por qué postergar el perdón a nuestros padres, hermanos, pareja, hijos, vecinos, amigos, enemigos? El odio es una cadena que nos impide ser felices y desgasta en forma brutal nuestra energía.

¿Por qué postergar decir y mostrar a nuestros seres queridos que los amamos, valoramos, respetamos, aceptamos sus defectos y carencias, reconocemos sus logros y potencial, que confiamos en ellos?

¿Por qué no empezar ahora mismo un proceso de resiliencia* para ser la mejor versión de nosotros mismos?

¿Por qué no revisar nuestras prioridades para ver si estamos de acuerdo con las que hemos adoptado hasta hoy?

Hay muchos ¿Por qué? pendientes de resolver si queremos ser felices y trascender.

Vamos a reflexionar sobre estos puntos y mañana veremos técnicas para canalizar el miedo.

*Resiliencia viene del término latín resilio, “volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar”. ​ El término se adaptó al uso en  psicología y otras ciencias sociales para referirse a las personas que, a pesar de sufrir situaciones estresantes, no son afectadas por ellas.

La palabra resiliencia, en cuanto a la física y la química, designa la capacidad del acero para recuperar su forma inicial a pesar de los golpes que pueda recibir y a pesar de los esfuerzos que puedan hacerse para deformarlo. En cuanto a las personas, es la capacidad de encontrar dentro de sí mismo todos los elementos necesarios para estructurar una mejor persona. ​

 

 

LA ANTESALA DEL ADIOS

He estado impartiendo un Diplomado en Tanatología Gerontológica, lo que me ha brindado la oportunidad de convivir con muchas personas de la “tercera” y cuarta edad”.  Si la tercera edad empieza a los sesenta, yo llamo la cuarta a la que inicia a los ochenta.

He recibido testimonios de los miembros del grupo, y considero que el compartirlos en este espacio podría ser útil a muchas personas que tengan más de 60 años. También pueden servirle a los hijos y nietos, ya que los jóvenes, en ocasiones, olvidan que el tiempo pasa para todos y que, con energía y decisión, ellos podrán ser algún día abuelos o tatarabuelos.

El primero es de una mujer de 80 años, a la que llamaremos Rocío quien escribió lo siguiente:

“Tengo ochenta años, y muchas veces me pregunto cómo llegué hasta aquí. La verdad es que la vida se pasa pronto cuando estás muy ocupada. Primero, estudiar y estudiar para ser siempre la primera y destacar. Después el trabajo con muchos retos y aprendizaje.

Siguió un noviazgo corto y un matrimonio clásico de aquella época. Cuando crías cinco hijos, eres la “perfecta ama de casa”, ayudas a tu marido en su trabajo, estudias por las noches cuando todos duermen, los años pasan volando entre un acontecimiento y otro, entre una enfermedad infantil, una rodilla raspada, un auto chocado, o un reconocimiento para alguno de ellos.

Es cuando se casan cuando se siente el vacío de no tener que “correr todo el día” para que todos tengan todo a punto.

Cuando esto pasó, me encontré un día viendo la tele con un perfecto desconocido, a quien yo cuidaba y servía, y con quien ya no tenía intereses comunes: él tenía programadas sus reuniones con amigos para jugar dominó, divertirse, hacer ejercicio y visitar a sus familiares.  Yo estudiaba, leía, daba clases y veía a mis amigas (que él no frecuentaba). Cada quien su círculo independiente.

Eso no duró mucho, después de 35 años de matrimonio, me pidió el divorcio. Investigué y supe que tenía una amante, una prostituta a quien le había comprado un departamento. Nos divorciamos y cada quien siguió su camino. Yo tenía 55 años. Empecé a trabajar y a ser autosuficiente en lo económico y en todos los aspectos desde entonces. No me he vuelto a casar.

Tengo una vida plena. No me arrepiento de nada. Nunca me he sentido sola, ya que tengo tantos recuerdos, anhelos, cosas pendientes por vivir y hacer, que estoy siempre ocupada en algo: recordando el pasado y construyendo el futuro.

Hablemos de los hijos. Sanos, exitosos, con sus familias integradas. Veamos cuál es la relación conmigo: El mayor se interesa por mí, se siente orgulloso de mis logros y me lo dice: Me llama por teléfono con frecuencia  Se ocupa de que no me falte nada.

La mayor de las mujeres también me llama eventualmente y me apoya a su manera.  Aunque me dijo, hace ya algunos años, que no se iba a hacer cargo de mí cuando fuera viejita, ni me iba a dar mi caldito de pollo, me manda, cada 15 días, varios platillos para que los congele.

La siguiente hija me llama todos los días, las más de las veces para regañarme por algo que hice o  dejé de hacer. Se inte3resa por mi salud y comparte las buenas nuevas de su casa.  Ya me dijo que me apure a deshacerme de todo lo que tengo acumulado “antes de irme”, porque no se vale dejarle esa tarea a ella.

El siguiente hijo, que también vive fuera, no me llama con frecuencia, y cuando lo hace, es para reclamar por algo que hice o dejé de hacer. Gracias a Dios su esposa es una gran mujer y me manda fotos de los niños y los pone al teléfono para que tengamos contacto.

La más pequeña vive en el extranjero donde estudia y trabaja. Nos mantenemos en contacto por el celular. Me escucha, me alienta, me apoya. Me da cariño incondicional.

Ahora, a mis ochenta años, quiero programar mis últimos años por vivir. Aquí me surge una duda: ¿Será mucho pensar en otros cinco años lúcida y trabajando como hasta hoy?

Quiero cumplir mis sueños pendientes, gozar cada día el placer de vivir, con achaques y dolores incluidos.  Quiero viajar mucho y conocer lugares interesantes. Quiero seguir estudiando y aprendiendo cada día.

Quiero planear mi muerte y mi despedida, heredar en vida a mis hijos y nietos, sin esperar a que ya no esté para que ellos se repartan las cosas. Darles felicidad ahora es más importante para mí.

 

Octubre 8 del 2014

Renovación 282

Hoy nos toca una renovación capicúa, lo que según la creencia popular trae buena fortuna. La palabra capicúa deriva del catalán: cap-i-cúa” que significa “cabeza y cola”. Se refiere a que el número se lee igual de derecha a izquierda o viceversa.

Pensemos que es así y vamos a visualizar algo que queremos lograr ya culminado.

Vamos a crear una imagen en la que tenemos en nuestras manos lo que buscábamos, por lo que hemos trabajado muchos años tal vez.

Sentimos la inmensa satisfacción de haber llegado a la meta, de cumplir los objetivos planteados, de haber avanzado en nuestro proceso de crecer y evolucionar.

Respiramos esa sensación de bienestar y dejamos que inunde hasta la última célula de nuestro cuerpo.

Estamos en esa futura vivencia triunfadora y nos sentimos fuertes, seguros, capaces de lograr lo que nos proponemos.

Vamos ahora a pedirle a esa imagen que hable con nosotros aquí y ahora, que nos transmita la seguridad de que vamos a llegar al éxito.

Cuando terminemos nuestra visualización, habremos cambiado la bioquímica de nuestro organismo y podremos aprovechar la sinergia de nuestro éxito

Julio 9 del 2014

Renovación 191

Practicar la honestidad emocional es indispensable para avanzar en nuestro proceso de renovación.

Muchas veces practicamos el autoengaño y disfrazamos nuestras emociones displacenteras o los sentimientos negativos que corroen nuestra existencia, porque tenemos miedo de vernos en el espejo tal y como somos.

Al buscar la aceptación de los demás, tal vez hemos construido una imagen del YO ideal, de quienes queremos ser, la que está lejos de la realidad de quienes somos.

Una cosa es tener una meta definida sobre la persona que queremos ser, y trabajar cada minuto para lograrlo. En ese “queremos ser”, ya hemos tomado en cuenta el por qué y para qué queremos ser esa persona, y no hay ninguna razón patológica en ello que nos motive a cubrir necesidades que pueden resolverse en una forma sana.

Hemos tomado en consideración y valorado nuestro punto de partida, nuestro bagaje emocional, cultural, genético, social, nuestras habilidades y potencial, desarrollado o no, nuestro entorno, el camino a seguir, rutas primarias y alternas, en fin, el ser mejores forma parte de nuestro Proyecto de vida.

Abril 14 del 2014

Renovación 105

¿Cuántas veces hemos escuchado decir que el placer está en el camino y no en sólo en llegar a la meta? Es probable que muchas, y también es probable que no hayamos permitido que el contenido de esta premisa forme parte de nosotros.

Cuando nada más pensamos en la meta final, todo lo que hacemos es esforzarnos cada día en lograrla. Por ello sentimos que vamos despacio, que no avanzamos, que falta mucho.

En cambio, si tomamos conciencia de cada paso que damos y disfrutamos el darlo, al mismo tiempo que disfrutamos todo lo que nos rodea, si lo hacemos felices por poder caminar, por haber tenido un logro, sin importar el tamaño, nos vamos a sentir muy bien.

Un ejemplo sería comparar nuestra actitud si decidimos entrar en una competencia para correr 1 kilómetro. Podemos mentalizarnos y decir: ya llevo la tercera parte del camino y me siento bien, el clima está agradable y ya recorrí la mitad, y seguir enfatizando lo que ya logramos, no lo que nos falta. El énfasis está en lo positivo, en lo que ya hicimos, en lo que tenemos, no en lo que nos falta para llegar a la meta, donde vamos a sentirnos bien. Es el sentirnos bien todo el camino.

Vamos a ser felices con los logros, grandes o pequeños, que vayamos teniendo.

Vamos a ser felices cuando paremos a recuperar fuerzas.

Vamos a ser felices por estar aquí y ahora, vivos y en el camino.