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Séptima puerta: Perseverancia

Perseverar significa tener firmeza y constancia en la ejecución de los propósitos y en las resoluciones del ánimo, o dicho e otra forma, poner dedicación y firmeza en las actitudes e ideas o en la realización de las cosas.

 Aprendemos a perseverar desde la infancia mediante el manejo de la frustración y la confianza que tengan en nosotros quienes nos formen, que pueden ser los padres, abuelos o personas sustitutas.

Si hemos tenido la buena fortuna de haber tenido unos padres amorosos, que nos aceptaron y confiaron en nosotros desde que nacimos, que supieron o intuyeron que sí teníamos la capacidad para resolver las situaciones complejas o difíciles que se nos atravesaban en el camino, ya fuera caminar solos, subir una escalera, comer o vestirnos sin ayuda, etc., si ellos  permitieron que nos equivocáramos y aprendiéramos de nuestros errores, es probable que hoy día sepamos manejar la frustración.

Si por el contrario, nuestros padres fueron sobreprotectores, se anticipaban a lo que queríamos decir, interpretaban (o lo intentaban) nuestro pensamiento y nuestros deseos y los complacían de inmediato, y/o si fuimos muy hábiles utilizando la manipulación, el sabotaje o la agresión contra ellos para lograr algún capricho o para obtener algo que nos agradaba, puede ser que esperemos que todos nos complazcan de la misma manera, y si no lo hacen, cambiemos nuestra conducta hacia ellos, o demandemos algo más bonito, importante, valioso, que aquello que no nos están otorgando.

Al haber recibido el aliento y el apoyo de continuar el aprendizaje de cualquier destreza en la infancia: tomar la cuchara y llevarla a la boca, caminar solo, controlar esfínteres, etc., no sólo conservamos el dominio de la actividad que llevábamos a cabo una y otra vez, sino el aprendizaje de que si perseveras en una conducta o una acción, vas a lograr llevarla a cabo según lo deseas.

Es importante aquí mencionar el efecto Pigmalión, que en palabras sencillas quiere decir que las expectativas del maestro, aunque no sean verbalizadas o mostradas en forma notoria,  influyen en el aprendizaje del alumno y los resultados esperados.

El amor, la aceptación y la confianza que se depositen en el bebé, van a definir muchas cosas en su personalidad, una de ellas, su manejo de la frustración y la perseverancia ante cualquier reto que se le presente.

Tal vez tú no tuviste la suerte de ser formado con amor, aceptación y confianza total, no importa, tú puedes reparentalizarte y empezar hoy mismo a modificar lo que sea necesario para incluir dentro de tus capacidades la perseverancia.

Bibliografía:

  • James, Muriel “Libre” Ed. Fondo Educativo Interamericano.
  • James, Muriel & Jongeward, Dorothy, “Nacidos para triunfar”.  Ed. Fondo Educativo Interamericano.
  • Satir, Virginia, “En contacto íntimo”. Ed. Pax
  • De Melo, Anthony, “Autoliberación interior”, Ed. Vida Nueva.

Todos los libros de estos autores, los del doctor Eric Berne, creador el Análisis Transaccional, los del doctor Lair Ribeiro (PNL), son excelentes fuentes para adquirir técnicas para modificar o incorporar elementos que nos permitan una formación integral y muchos de ellos pues bajarlos en forma gratuita en internet. 

 

 

 

Nervios de acero

Vi el partido final de la UEFA Champions League, en la que se enfrentaron el Chelsea (Inglaterra) contra el Bayern Munich (Alemania). Eso es futbol y lo demás son cuentos.

Cuando un equipo anota un gol en los últimos momentos de un encuentro, se entiende que no se da por vencido, que lucha hasta el último minuto literalmente, que sabe que la esperanza es lo último que muere cuando estás luchando por conseguir lo que quieres. Así lo hizo el Chelsea cuando empató el partido y se fueron a tiempos extras. La entrega y hambre de triunfo de los dos equipos era notoria y estaban contra reloj.

Considero que los ingleses tuvieron un manejo del estrés proveniente de un enfrentamiento definitivo como el que estaban viviendo, mucho más asertivo que los alemanes, lo cual se hizo más notorio a la hora de cobrar y parar los tiros penales.

El autocontrol, el manejo de impulsos, la canalización del miedo, una actitud positiva, haber programado segundo a segundo las jugadas que te pueden llevar al éxito, el manejo de la frustración la capacidad de perseverar ante la adversidad, la automotivación, todo esto lleva a los jugadores a tener “unos nervios de aceroy a triunfar. Ayer lo vimos.

Me acordé cuando en 1986, en el Campeonato Mundial de futbol, jugaron en el estadio Cuauhtémoc de Puebla, México, un partido de cuartos de final, España contra Bélgica. El 97% del estadio estaba con España, era impresionante los cánticos, banderas, himnos, y todas las muestras de apoyo que recibieron los jugadores iberos. Se fueron a tiempos extras y a penales, y supe que iban a perder. ¿Por qué? Porque ellos sentían una predisposición hacía los cuartos de final lo que les generaba emociones displacenteras  y sentimientos negativos ante lo que podía pasar.

Además, los minutos antes de empezar a disparar los penales, los del equipo de Bélgica estaban acostados sobre el pasto, relajándose y concentrándose, mientras los españoles atendían a reporteros y fotógrafos, con una cierta actitud de “somos mejores”. Fueron eliminados. 

Lo sentí por Butragueño, un caballero en la cancha, un compañero solidario, un deportista inolvidable, a quien recordé cuando Didier Drogba, jugador del Chelsea, abrazó y consoló a un jugador del Bayern Munich que había fallado un penal, mientras sus compañeros vivían la euforia del triunfo. La deportividad de ambos es un ejemplo de una conducta positiva y un modelo a seguir por jóvenes, jugadores o no.