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CONFIANZA (5)

Desde tiempos inmemorables, el hombre ha buscado una explicación para todo aquello que rebasa sus capacidades intelectuales y cognitivas, en el Universo, la astrología, la magia, y/o en la existencia de un Poder absoluto, eterno, todopoderoso.

Esta necesidad ha dado pie al nacimiento de religiones y sectas, muchas de ellas organizadas, estructuradas y aplicadas alrededor de un Dios al que los dirigentes o fundadores hacen a su semejanza, por lo que hablan de jerarquías, interventores, faltas y castigos (que se pueden perdonar mediante el pago en especie), una vida después de la muerte donde hay un paraíso al que podemos ir “si nos portamos bien”. Inclusive se llega a la idolatría, a adorar imágenes, a repartir poderes “porque Dios está muy ocupado”.

Vemos así como ha habido Papas católicos corruptos, incestuosos, homicidas, etc., y como hay malos elementos hoy día en esa organización, así como los hay en otras iglesias. La historia habla de Martín Lutero quien rompió con la iglesia católica romana por la explotación de los creyentes que tenían que comprar indulgencias si no querían irse al infierno, entre otros muchos abusos de poder. Existen sectas, cada día más abundantes, que enajenan y explotan económica y emocionalmente a las personas que recurren a ellas, no voy a dar nombres, todos conocemos sus grandes instalaciones, al menos por fuera.

Quiero aclarar una cosa,  iglesia es el conjunto de personas que tienen un mismo credo y lo practican conjuntamente; templo es la construcción o  edificio en el que llevan a cabo sus reuniones y rituales (pagodas, sinagogas, templos budistas, hindúes, católicos, protestantes, etc.). 

Pues bien, una cosa es creer en un Poder Superior o Energía Cósmica o universal y otra es la religión y pueden estar unidas o no. Todas las religiones pueden ser positivas si se cumplen sus preceptos y se vive de acuerdo a ellos. Desafortunadamente, muchas personas no conocen su religión ni practican sus reglas, por ejemplo, hay muchos católicos que no ponen en práctica el Primer mandamiento: «Amarás a Dos sobre todas las cosas y a tu prójimo como a tí mismo», que no viven  la Fe, Esperanza, Caridad, que hacen mezcolanzas con las creencias de diversas religiones: creen en la reencarnación, en lugar de en la resurrección de los muertos y acomodan la religión para justificar sus acciones. También hay quienes se inician en una religión oriental, se pasan el día meditando y dicen vivir en el amor y la armonía, y no son capaces de dar amor ni siquiera a su familia.

Tener confianza en la existencia de un Dios Amor, que ha estado, está y estará en mí y conmigo en todas las circunstancias de la vida; o confiar en que somos una partícula minúscula que forma parte de una totalidad regida por un orden universal, cósmico, va a proporcionarnos mucha seguridad, fuerza interior y paz.

Hay muchos caminos para encontrar a Dios en ti, búscalo mediante los que te faciliten más el contacto, que pueden ser la oración o la meditación por ejemplo. Confía que todo pasa para algo y todo puede servirte. Sé congruente.

Estudiar física cuántica, manejo de energía, filosofías y prácticas de meditación y encuentro con uno mismo, puede ser otro camino. Es una realidad que estamos comunicados energéticamente con todo lo que nos rodea. Investiga y sigue el sendero que te lleve a ser un mejor ser humano cada día. Aquí también puedes escribir afirmaciones y repetirlas con la frecuencia que sientas necesaria. Un ejemplo puede ser.

  • Dios es Amor y está conmigo siempre.
  • Formo parte de un orden universal lleno de armonía.
  • Me pongo en sintonía con la energía positiva del universo.

Días Santos

Ayer entré en crisis. Por un lado están los recuerdos de cuando yo era una católica perfeccionista ¿fanática? que iba a misa todos los días a comulgar, rezar y rezar, a hacer penitencia, en una búsqueda de una paz interior que no encontré en esas prácticas ni en los templos, y por el otro, está el concepto de aprovechar las vacaciones para descansar y divertirse.

Estoy convencida que nada sucede por casualidad. Al estar escribiendo lo anterior, escuché unos cánticos en la calle y me asomé al balcón. No podía creer lo que veía. Eran exactamente 72 personas (90% mayores de 60 años), capitaneadas por un sacerdote católico quien vestía alba, estola y cíngulo y una cachucha de beisbol,  lo cual es algo inusual en alguien que está ejerciendo su ministerio. Si era para protegerse del sol, son las 10 a.m. y, aunque brilla el sol en todo lo alto «no es para tanto», diría mi Nana Soledad.  Cabe decir que vivo a una cuadra de un templo católico muy conocido, aunque no muy visitado, en un barrio de clase media.

Lo segundo que me impactó es que dos de los participantes que presidían la comitiva con el cura a un lado, cargaban una cruz de madera de aproximadamente dos metros y medio de alto y 15 x 10 centímetros de grosor los maderos. La policía, muy oficiosa, se hizo presente con cuatro patrullas, varias motocicletas y elementos de a pie, para protegerlos y facilitar su tránsito. En México está prohibido celebrar ritos religiosos en las calles, y no creo que hayan solicitado licencia para un desfile como éste ante las autoridades.

Se detuvieron justo delante de mi balcón, y el cura les dirigió unas palabras sobre la tortura, los verdugos y la maldad. Acto seguido llamó por un micrófono portátil a: “Clara  y su hijo” para que cargaran ellos la cruz, quienes tendrían alrededor de 60 y 30 años respectivamente. Por lo visto se relevaban en esa tarea los feligreses de la procesión. Emprendieron la marcha mientras entonaban cánticos que no identifico, custodiados y amparados por patrullas y policías.

Todo esto es surrealista (México lo es) y me hace cuestionarme muchas cosas. Son famosas  y “patrimonio de la humanidad” las prácticas religiosas católicas que re-crean los momentos de la captura, tortura y crucifixión de Jesucristo en Iztapalapa en la ciudad de México (por favor, entren en internet y vean videos y fotos sobre estas ceremonias), valen la pena para conocer más la cultura mexicana.

Las personas que se involucran en este tipo de prácticas, ¿estarán tan ávidas de paz interior como yo lo estuve un día? ¿Es una fuga momentánea de su realidad cotidiana mediocre y limitada en todos los sentidos? ¿Es una manera de “lavar” sus culpas? ¿El golpearse a latigazos, cargar nopales con espinas sobre la espalda, coronas de espinas en la cabeza, torturar la piel con instrumentos varios, caminar descalzos o de rodillas grandes distancias, es para ganar indulgencias (¿Dónde estás Lutero?) o para limpiar la conciencia?

Sé que este tipo de procesiones y prácticas no son privativas de mi país, lo cual no evita que nos preguntemos: ¿Cuál es la ganancia secundaria en todo esto? ¿Por qué la iglesia católica lo propicia? Hay mucho que encontrar si uno entra en esos terrenos. ¿Qué opinas tú?