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Noviembre 19 del 2014

Renovación 324

Cuando estamos tristes no es conveniente tomar decisiones que afecten nuestra vida en forma importante.
La tristeza es una emoción displacentera auténtica que surge ante una pérdida, ya sea la muerte de un ser querido, la ruptura con una pareja o familia, o una pérdida importante en el ámbito patrimonial, económico, de estatus, de trabajo, etc.

Como toda emoción es corta, intensa y nos sacude con fuerza.

La canalización más frecuente es el llanto. Por ello, lloremos cuando alguien cercano se muere o cuando experimentamos una pérdida importante. No podemos llorar horas seguidas. Lo hacemos en oleadas, “in crescendo” en ocasiones, sobre todo al principio de la pérdida. Si nos estacionamos ahí, y sólo lloramos y lloramos, es porque no estamos elaborando el duelo en forma asertiva.

¿Hay círculos emocionales donde no pudimos llorar y están abiertos? Vamos a llorar lo que sea necesario y a cerrarlos.

Tomar decisiones importantes requiere una mente clara, objetiva, analítica, que mida y sopese todos los pros y los contras resultantes de la opción que elijamos, que valore las probabilidades de que podamos triunfar en nuestro objetivo, que tome en cuenta nuestras necesidades emocionales, físicas, espirituales, sociales, económicas.

Si estamos inmersos en el dolor, es muy factible que nuestra capacidad de ser objetivos esté disminuida.

Una cosa a la vez.

Si no es algo vital sobre lo que vamos a tomar decisiones, encontremos un mejor momento para ello.

Enero 25 del 2014

A veces decimos que estamos tristes porque terminamos una relación amorosa destructiva, o una que nos hacía sentirnos bien mientras evitábamos construir una relación de pareja- pareja.

Si ese es el caso, estar tristes por algo que era nocivo para nosotros de una forma u otra no genera tristeza, sino el síndrome de la abstinencia. A las cosas por su nombre.

Tristeza es lo que sentimos por una pérdida real: la muerte de un ser querido, el anuncio de una enfermedad terminal, la destrucción de nuestro nido por una inundación, temblor, huracán, etcétera.

Cuando hay una pérdida importante, se siente tristeza.

Si estás en ese caso, es válido estar triste. Llora todo lo que quieras. Encuentra personas que no inhiban tu llanto con actitudes o palabras huecas, amistades o familiares que te den apoyo, te escuchen, te protejan.

Poco a poco vendrá la calma y podrás convertir la tristeza de hoy en un aprendizaje que puede ser compartido para ser útil a los demás.

Gracias a la vida

Hoy voy a invitarlos a que recuerden una canción y la

escuchen  con frecuencia, ya que va de acuerdo con la

tónica  de  reconocer todo lo que sí tenemos y dar las

gracias por ello.  

Pueden bajar  esta canción en:

www.musica.com o en  www.youtube.com/watch?v=WyOJ-A5iv5I

interpretada por: Alberto Cortes,  Guadalue Pineda, Tania

Libertad, Mercedes Sosa,  Pedro Vargas, o algún otro cantante

de su preferencia. La letra dice así:   

                Gracias a la vida

Gracias a la vida que  me ha dado tanto,

me dio dos luceros que cuando los abro,

perfecto distingo lo negro del blanco, 

y en las multitudes el hombre que yo amo.

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto,

me ha dado el sonido y el abecedario

con él las palabras que pienso y declaro

madre,  amigo, hermano y luz alumbrando,

la ruta del alma del que estoy amando.  

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto,

me ha dado la marcha de mi pies cansados

con ellos anduve ciudades y charcos,

playas y desiertos, montañas y llanos,

y la casa tuya, tu calle y tu patio.

 

Gracias a la vida que me dado tanto,

me dio el corazón que agita su marco,

cuando miro el fruto del cerebro humano,

cuando miro al bueno tan lejos del malo,

cuando miro al fondo de tus ojos claros.

 

Gracias  a la vida que me ha dado tanto,

Me ha dado la risa y me ha dado el llanto,

así yo distingo dicha de quebranto,

los dos materiales que forman mi canto,

y el canto de ustedes que es el mismo canto,

y el canto de todos que es el propio canto.

Gracias a la vida.

 

La autora de la canción fue Violeta Parra,  (Chile  1917 – 1967),

considerada como una de las grandes folcloristas chilenas.

 

 

EMOCIONES  Tristeza

En esta puerta, que es probable estés a punto de atravesar para seguir avanzando hacia una mejor manera de vivir, falta la tercera de las emociones displacenteras: la tristeza.

¿Quién no ha vivido momentos dolorosos en su vida? ¿Quién no ha pasado por la muerte de un ser querido, la muerte de una relación afectiva que formaba parte del entramado de nuestra existencia, ante lo que se siente uno devastado, mutilado, hueco? ¿Quién no ha sufrido la muerte de una mascota que formaba parte de la familia por su fidelidad y cariño?  En estos casos, es parte del proceso del duelo enfrentar la tristeza por la ausencia del ser amado que ya no está con nosotros.

Vivir la tristeza implica llorar y más vale hacerlo por los ojos y no por rinitis, diarreas y padecimientos por el estilo. Es válido llorar, lamentar, sentirse solo por momentos. Ocultar o reprimir el llanto tiene un costo en nuestra salud. Podemos controlarlo si no es el momento o el lugar apropiado para desahogarnos, siempre y cuando lo más pronto posible, nos demos la oportunidad de llorar todo lo que necesitemos.

Dentro de la Tanatología, se ha extendido la aplicación del duelo ante muchos tipos de pérdidas: empleo, estatus, vivienda, etc. Estoy de acuerdo en que se maneje un duelo ante esas circunstancias y se llegue a la aceptación y se siga adelante. Con lo que no estoy de acuerdo, y sé que muchos colegas van a diferir de mi opinión, es en que la tristeza eté presente, ya que si se manejan las emociones de ira y miedo en forma inteligente, y se procesan en forma asertiva los sentimientos negativos que se presente, NO TIENE POR QUÉ PRESENTARSE LA TRISTEZA.

Ampliaré mi premisa: estar triste porque hemos perdido algo material implica que vivimos en el apego, significa que nos relacionamos con los objetos en forma simbólica porque llenan algunas de nuestras necesidades afectivas y no como algo que nos facilita la existencia y que puede ser sustituido por otro de su especie. Por ejemplo, si perdemos nuestra casa (terremoto, inundación, hipoteca), nos va a doler y se van a presentar las emociones de ira y el miedo en forma intensa, así como un cúmulo de sentimientos: el arrepentimiento por no haber pagado un seguro, la culpa por haber comprado una vivienda sin estudiar a fondo las condiciones el subsuelo en cuanto a saber si está en una zona sísmica, arenosa, lacustre, a orillas de un río que se desborda cada equis tiempo, etc. Si manejas y canalizas tus emociones y procesas tus sentimientos, no hay cabida para la tristeza y dedicarás toda tu energía emocional a solucionar tu situación y encontrar un nuevo lugar donde vivir.

Es importante “dejar ir” la casa, despedirse de ella, darle las gracias por las alegrías que nos facilitó, los momentos felices que vivimos en ella y ya está, hacer ser parte de un recuero agradable el pasado.

Lo mismo sucede ante la pérdida del empleo. Podemos vivir un gran enojo, un miedo enorme, y es necesario que los canalicemos, analicemos y aprendamos de la experiencia. Perder el tiempo en sentirnos tristes, es dedicarnos a lamentar nuestras heridas en lugar de curarlas y pasar a otra cosa ¿me explico?

Los pensamientos, las emociones y los sentimientos son energía y es mi responsabilidad qué hago con ellos y hacía donde dirijo esa energía para poder vencer los retos que estoy enfrentando.

Si la muerte te arrebató un ser querido, vive intensamente tu duelo tanatológico y resuélvelo. Si las pérdidas son de orden material, trabaja tu duelo lo más pronto posible y no te permitas caer en el tobogán de la tristeza. Recuerda, todo tiene remedio, menos la muerte, y todo lo demás es reemplazable o sustituible.

Si todavía lloras por un ser querido que murió hace varios años, estás en un duelo crónico o patológico y estás o puedes caer en la depresión, busca ayuda profesional cuanto antes y elabóralo para empezar a vivir plenamente el hoy y construir el mañana.