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Julio 4 del 2014

Renovación 186

Tenemos derecho a disfrutar y ser felices.

Podemos tener un mandato de “No disfrutes”, lo cual nos conducirá a sentirnos incómodos cuando todo está bien y podemos gozar de momentos agradables.

Si cuando todo marcha bien, toda la familia está sana, tenemos resueltas nuestras necesidades básicas, y nos invitan al cine o a pasear y nos negamos ese rato de placer porque hay que hacer esto o aquello, nada urgente ni indispensable, sólo el pretexto para forzarnos a seguir trabajando, es probable que nos estemos impidiendo vivir a plenitud.

Podemos disfrutar de nuestro:
• trabajo

• descanso

• sueños

• recuerdos

• tiempo de espera

• proceso creativo

• contacto con lo positivo de lo que nos rodea

• aprendizaje

• encuentro con el amor, el cariño, la alegría, el dar y recibir.

Empecemos hoy a disfrutar con todos los pequeños detalles y momentos que la vida nos regala a cada instante.

Valoremos y gocemos estar vivos un día más y poder amar, crear, disfrutar, crecer como seres humanos.

ABRIL 30 DEL 2014

Renovación 121

Hoy se celebra el día del Niño.

Saquemos al nuestro a disfrutar y vamos a darle gusto en algo, por ejemplo, compremos un barquillo enorme y vamos a saborearlo poco a poco.

Juguemos con los hijos, los nietos, o con la pareja si estamos en sintonía.

Vamos a reír y pasarla bien.

¡Felicidades!

TANATOLOGÍA ENFERMEDAD TERMINAL

Todos podemos tener a alguien en nuestra familia a quien le hayan diagnosticado una enfermedad terminal, o conocemos a alguien que la padece.

Dentro de las enfermedades terminales considero a cualquier padecimiento que no tenga curación y cuya única salida segura es la muerte: cáncer de cualquier tipo, Hepatitis C, Leucemia, etc. No hay discriminación alguna, igual le puede dar a un niño o a un viejo, a un rico o a un pobre, a una personas cosmopolita o a un granjero, a un analfabeta que o a un erudito.

Lo interesante es cómo lleva a cabo su duelo la persona cuando recibe el diagnóstico y las decisiones que toma en el camino.

Cuando alguien sospecha que tiene una enfermedad terminal, a la que tal vez los médicos todavía no le ponen “apellido”, puede optar por ir de especialista en especialista, confiando que el siguiente le va a decir que hay un error y que no tiene nada.

Una vez que el diagnóstico cae como plomo ardiendo sobre la persona, sobrevienen momentos llenos de confusión, desconcierto, estupor. De ahí puede pasar a una vorágine emocional o negarse a aceptar el diagnóstico.

Habrá momentos en que ruegue por un milagro a todos los Santos de su devoción y haga promesas y “mandas” para curarse, otras en las que recurra a la medicina alternativa, naturista, o a la brujería.

En ocasiones, si no lleva a cabo un manejo asertivo de sus emociones displacenteras y no procesa sus sentimientos negativos, puede caer en depresión, sin que ésta se asocie a medicamentos o alteraciones bioquímicas del organismo.

Al ir resolviendo toda la revolución cognitivo-emocional-psicológica, social. espiritual, va a llegar a un momento decisivo en que enfrenta su realidad: va a morir, igual que todos nosotros, nada más que él o ella sabe que ya está en la recta final.

Es en ese “turning point” cuando decide cómo va a transitar ese camino: en forma serena, positiva, disfrutando lo que hace cada día, bendiciendo cada minuto que vive a plenitud, compartiendo momentos emotivos y gratos con todos los que le rodean, o, entre médicos y tratamientos, luchando contra la muerte, maldiciendo y renegando de todo y de todos.

Con la primera actitud vive y goza lo que le queda de vida, sin dejar a un lado los cuidados médicos necesarios, nada más que estos no son el eje de su existencia, si no el amor y la alegría que da y recibe cada día.

Con la segunda, adopta una actitud negativa, combativa, añorando lo que perdió o ya no tiene, envidiando a quienes tienen salud, “recargándose” en sus familiares o amigos, y salpicándolos con su amargura y pesimismo. Todo el tiempo llora, se queja, maldice, habla de su enfermedad y la vuelve el eje de su vida y pretende que los demás hagan lo mismo.

El enfermo que optó por la actitud optimista conserva un ambiente agradable a su alrededor, todos lo aprecian, lo ayudan con gusto. El negativo, ahuyenta hasta a sus seres queridos que buscan evadir un ambiente que “se corta con cuchillo”, en la medida en que pueden hacerlo.

Todo esto me vino a la cabeza porque estoy leyendo un libro que se llama “Until I say Good-bye”, de Susan Spencer-Wendel con Bret Witter, Editorial Harper, USA, el cual recomiendo ampliamente. Entren a http://www.susanspencerwendel.com para investigar y conocer un poco sobre su vida.

Si ustedes son tanatólogos, están estudiando un diplomado sobre el tema, o les interesa aprender sobre las etapas del duelo, podrán identificar cada una con toda claridad entre su narrativa, y les servirá para reafirmar conocimientos.

Si no son profesionales y quieren aprender sobre la vida y la muerte, lean el libro. Vale la pena.

Susan Spencer-Wendel obtuvo un Master en periodismo en la Universidad de Florida y trabajó como periodista cerca de 20 años, en los que recibió muchos premios y reconocimientos.
En junio del 2011, le diagnosticaron amyotrophic lateral sclerosis (ALS), esclerosis lateral amiotrófica (ELA) en Español, conocida también como enfermedad de Lou Gehrig, padecimiento que sistemáticamente destruye los nervios que dan fuerza a los músculos.

Tenía 44 años, un esposo y tres hijos, cuando le dijeron que le quedaba un año sana. Susan decidió vivir ese año con alegría, con su familia y amigos, viajando y haciendo cosas que siempre había deseado. Sus experiencias, alegrías, tropiezos, están en su libro, que decidió escribir para que sus hijos y familiares tuvieran un recuerdo cuando ella muriera. Le costó trabajo porque, a pesar de saber escribir, fue perdiendo la fuerza de sus brazos y manos, hasta terminar escribiendo en una Ipad y después en un Iphone, ya que sólo le resta el pulgar de la mano derecha con movimiento. Un ejemplo de la voluntad de dar y vivir en positivo.

En su blog ella comenta: “A medida que mi condición empeoraba, recibía noticias extraordinarias sobre mi libro. Se va a traducir a 20 idiomas y distribuirse en 4 continentes, y se considera hacer una película también. No me lo imaginaba. Me encanta saber que los lectores se ríen y lloran con él”.
En los próximos días compartiré algunos pensamientos de esta autora, ya que me ha hecho reflexionar mucho sobre mi vida y mi muerte.

COMPARTIR

Este verbo puede aplicarse en distintos contextos:

  • Utilizar o poseer un recurso con otra(s)  persona(s), por  ejemplo, un departamento, un coche, un terreno, un jardín, una alberca.
  • Dividir algo para repartirlo entre varias personas.
  • Comunicar ideas, pensamientos o sentimientos.
  • Regalar, ceder, donar, algo de nuestra propiedad.
  • Tomar parte en la responsabilidad de una determinada situación.
  • Sumarnos a un criterio, emoción o acción específica.

 Tal vez ustedes puedan encontrar más acepciones y enriquecer el concepto. Por lo pronto, la invitación del día de hoy es a compartir algo material con los demás, algo que nos pertenezca y nos guste, no lo que nos sobra, nos estorba o está deteriorado.

 Me platicó una amiga que hace algún tiempo empezó a regalar cosas personales a seres queridos, como algunos recuerdos de familia (que podían ser joyas, muebles, cuadros, adornos), sin importar el valor económico y sentimental que tuvieran, preguntándoles a cada uno qué quisiera tener, ya que así “aligeraba el equipaje” y evitaba posibles discusiones después de que ella muriese. ¿Para qué esperar a que uno se muera?- me dijo- Yo disfruto viendo cómo gozan y valoran lo que compartí con ellos.  La idea se le ocurrió porque en una ocasión una de sus nietas que tiene cinco años, a la que le gusta ponerse muchos adornos, le dijo que le regalara un anillo que traía puesto, a lo que ella le contestó que sería para ella cuando se muriera. De inmediato, la niña replicó:  ¿Falta mucho?.  Se nota que el dolor de la muerte no la ha tocado todavía y soltó la pregunta con toda su inocencia, lo que sirvió para que la abuela se desapegara de muchas cosas y las compartiera, recordando el poema de Ana María Rabate (México 1933- 2010), quien escribió 24 libros y muchas otras publicaciones:

 En vida, hermano, en vida

Si quieres hacer feliz
a alguien que quieras mucho
Díselo hoy, sé muy bueno
En vida, hermano, en vida…
Si deseas dar una flor
No esperes a que se mueran
Mándalas hoy con amor
En vida, hermano, en vida…

Si deseas decir te quiero
a la gente de tu casa,
al amigo cerca o lejos?
En vida, hermano, en vida…
No esperes a que se muera
La gente para quererla
y hacerle sentir tu afecto
En vida, hermano, en vida…

Tu serás muy venturoso
si aprendes a hacer felices
a todos los que conozcas.
En vida, hermano, en vida…
Nunca visites panteones,
ni llenes tumbas de flores.
Llena de amor corazones
En vida, hermano, en vida.

Si quieren escucharlo con música sigan este enlace: www.youtube.com/watch?v=I8XVvOGw6Kc

 Revisa tus cosas y puede ser que encuentres un libro, un disco, algo que sabes puede hacer feliz a alguien cercano, comparte lo que tienes con amor y alegría.

 Es conveniente que para compartir emociones, sentimientos, ideas, se “limpie” nuestro bagaje emocional para que todo lo que fluya sea positivo. Tú decides cuándo es el momento.

 Recuerdo a una señora que asistió a uno de mis seminarios y cuando manejamos este punto se soltó llorando. Al día siguiente le pregunté cómo se sentía y nos compartió que había decidido buscar a su único hermano, con el que estaba distanciada desde hacía diez años y no se dirigían la palabra siquiera, para darle un abrazo largo, largo. Nos comentó que habían estado muchas horas compartiendo sus vivencias y emociones durante el tiempo que estuvieron alejados, manejando el perdón, recordando anécdotas de su infancia, y que se sentía renovada, mucho más ligera. ¿Sería a esto a lo que se refería Borges cuando hablaba de aligerar el equipaje?

 Empecemos por lo más fácil, algo material, para que poco a poco puedas llegar al desapego de cosas que no te vas a llevar contigo cuando te mueras.