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Noviembre 14 del 2014

Renovación 319
Estamos donde nuestra mente está”.

Muchas veces nos hemos encontrado un hecho intempestivo mientras estamos realizando una labor más o menos rutinaria, por ejemplo, mientras guisamos, escribimos en la computadora, compramos en el supermercado las provisiones de la semana, o vamos manejando el auto.

Traemos en la cabeza muchos asuntos pendientes, o en el corazón muchas congojas, y ahí están zumbando como moscardones día y noche, sin descanso.

De pronto, nos encontramos que en lugar de conducir el auto a la escuela de los niños, nos encontramos camino a casa, o ha sonado repetidas veces el teléfono y no lo hemos escuchado, nos hemos cortado al picar las verduras a pesar de ser expertas en la labor, o traemos un calcetín de un color distinto al otro, etc.

En estos casos, no importa dónde nos encontramos físicamente, nuestra mente está en otro lado diferente y, como no tenemos el don de la ubicuidad, lo más probable es que terminemos con un accidente porque no estamos capacitados para esa ubicación dual. Nuestra concentración es muy baja.

Un reto a la vez.

Encaremos los retos y los desafíos, uno primero y, cuando lo hayamos resuelto, atendamos otro.

Tener muchos frente de lucha abiertos al mismo tiempo, facilita que cometamos errores en alguno de ellos y el que nuestra energía disminuya, además de que puede presentarse la contingencia de que nos rebase las necesidad de atenderlos en forma simultánea.

Así que mantengamos mente y cuerpo en el aquí y ahora, en el momento presente. El pasado ya pasó y no podemos cambiarlo.

Estar “rumiando” lo acontecido sólo nos agotará emocionalmente.

Lo que sí está en nuestra manos es el futuro que construimos hoy, mediante nuestro Proyecto de vida personal.

Conviene fijar un tiempo breve para aislarnos a pensar, analizar, calcular, razonar, medir acciones y sus consecuencias, encontrar opciones para mejorar, y para solucionar conflictos o situaciones delicadas.

“Los accidentes no nacen, se hacen”. Vamos a evitarlos.

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Septiembre 25 del 2014

Renovación 269

Vivir el hoy no significa ignorar el mañana ni olvidar el ayer.

Lo único que tenemos en nuestras manos es el momento presente, y por ello es necesario que aprendamos a utilizarlo en forma asertiva y productiva, de manera intensa y total.

El pasado ya no está. Nos dejó una serie de enseñanzas que pueden facilitar nuestro desempeño hoy, hacer más fácil el camino hacia nuestras metas. Ignorarlo u olvidarlo sin extraer las lecciones que contiene, es como volver a empezar en cero cada día, a repetir los mismos errores, a dar vueltas en círculos en lugar de avanzar.

El mañana lo construimos hoy. Si sembramos peras, cosecharemos peras. Si edificamos una casa, tendremos una vivienda.
Soñar el futuro es indispensable para poderlo construir, planear nuestros actos, avanzar hacia el logro de lo que deseamos ser, tener, hacer.

Tener un Proyecto de vida de aquí hasta nuestra muerte es necesario para llegar a la trascendencia e irnos con la tranquilidad de haber cumplido nuestra Misión en este mundo.

Saber qué queremos, planear y organizar nuestras acciones y recursos físicos, mentales, materiales, espirituales, para lograrlo, nos dará la certeza de estar viviendo a plenitud, no sobreviviendo ni desperdiciando el tiempo.

Vamos a revisar, diseñar, fortalecer, nuestro proyecto de vida.

Abril 22 del 2014

Renovación 113

El futuro lo construimos hoy, en el presente, y es conveniente haber asimilado todas las experiencias del pasado y haberlas convertido en aprendizaje para poder tomar medidas específicas sobre lo que estamos trabajando para el día de mañana, y cómo vamos a lograrlo.

Acarrear círculos emocionales sin cerrar y recuerdos negativos traumáticos, no sólo afecta nuestro presente, también afecta la forma en que caminamos hacia el futuro.

Es nuestra responsabilidad decidir qué hacemos hoy, y qué vamos a hacer más adelante.

No podemos cambiar el pasado en el que pudieron haber sucedido cosas desagradables, dolorosas, obstáculos innumerables que vencer. Podemos cambiar la forma en que vemos ese pasado, para aprender la lección implícita en esos acontecimientos adversos, y seguir adelante enriquecidos con nuestras experiencias.

Tampoco podemos saber si vendrán tormentas en el futuro, lo que sí podemos es mantenernos fortalecidos, vigentes, ágiles, experimentados, optimistas, para enfrentarlas.

“Vamos a prepararnos para un mañana mejor en todos los sentidos”

Marzo 24 del 2014

Renovación 84

Vivamos el día de hoy.

Sólo tenemos el tiempo presente en nuestras manos. El ayer ya no está, puede habernos dejado recuerdos gratos, huellas dolorosas, o la indiferencia de la intrascendencia, y no podemos modificarlo en forma alguna.

Soñar con los logros del futuro es fructífero si construimos en el hoy los peldaños que nos llevarán a ellos. De otra forma, fugarse al futuro puede ser el escape para no aceptar lo que estamos viviendo hoy.

Por ingrato que sea, vivamos el hoy. Lloremos si estamos tristes, canalicemos nuestro enojo y resolvamos nuetro miedo. Encontremos cuál es el mensaje, la enseñanza que puede quedarte, de lo que estamos enfrentando.

Si tenemos momentos felices disfrutémoslos plenamente, y guardémoslos en la memoria celular para que renueven nuestra energía cuando vengan episodios adversos. Disfrutemos cada minuto, cada segundo.

Vamos a darnos permiso de llenar nuestro espíritu y nuestra alma de amor y bienestar”

LOS GENES Y LAS ENFERMEDADES

Hace algún tiempo leí, en la revista Time, sobre las distintas actitudes que estaban tomando los investigadores de la genética, en todas sus ramas, de acuerdo con la bioética que aplicaban a sus trabajos.  Un grupo de ellos planteaba el hecho de que, a un feto se le hiciera un análisis de ADN para conocer a cuáles enfermedades estaba propenso, en qué etapa de su vida ocurriría eso, no consideraban conveniente informarlo a los padres, ya que esta información cambiaría la forma de tratar al niño cuando naciera, y si era propenso a sufrir accidentes cardiovasculares en la década de los cuarentas, viviera en la angustia todos los años previos. En otras palabras, era condicionar la vida a una enfermedad futura que podría llegar o no.

Por otro lado, algunos investigadores decían que, si las personas recibían esa información, podrían tomar todas las medidas precautorias para evitar el arribo de dicha enfermedad.

Ambas posiciones tienen bases y están dentro del campo de la bioética, que todavía está en vías de implantarse y respetarse en todos los países.

Desde el punto de vista mental, está comprobado que una amenaza imaginaria genera la misma descarga de adrenalina, que un peligro real inminente, y sabemos que si no manejamos en forma adecuada todos los elementos bioquímicos que el estrés generó en nuestro organismo, corremos el riesgo de enfermarnos o de tener un accidente serio.

Si aceptamos esta premisa, el saber que pueden enfermarse a los 40 años, será tomado por algún grupo como un estrés sostenido en el tiempo, el que cobrará indefectiblemente su precio.

Si nos importa nuestro cuerpo, nos amamos y nos respetamos, vamos a vivir sanamente, eso quiere decir que tendremos una ingesta equilibrada para nuestro sexo, edad, actividades y condiciones de vida; así como que haremos ejercicio para mantener en forma nuestro organismo, y también que cuidaremos nuestro descanso, nuestro sueño, nuestro esparcimiento, etc. Si hacemos todo esto, no necesitamos saber a qué enfermedad somos propensos, vamos a evitar y prevenir todas.

Existe  también la sugestopedia, la programación mental, el “cocowash”, que logran que la persona atraiga y propicie aquello que quiere evitar.

Así que cada quién decidirá qué prefiere en este sentido. Nada más que ahora, ha surgido otra información muy inquietante: los análisis genéticos que permiten conocer la propensión a contraer determinadas enfermedades, que son almacenados en la Red, corren peligro de caer en manos no autorizadas que pueden utilizarlos para distintos propósitos.

En la página 58 de la Revista semanal de El País, No. 1904, del domingo 24 de marzo, aparece un artículo firmado por Luis Miguel Ariza, al que titula “Marcado por los genes”. en el que menciona cómo Yaniv Erlich, genetista del Instituto Whitehead del MIT, y Mesissa Gymrek, estudiante del doctorado del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) crearon un algoritmo matemático especial que les permitió conocer información genética de 50 personas, sin que éstas tuvieran que donar su ADN, lo cual dieron a conocer el pasado mes de enero en la revista Science, y dieron a conocer al Instituto Nacional de la Salud de estados Unidos esta laguna en la seguridad.

La posibilidad de que piratas cibernéticos se roben la información genética se facilitará cada día, y ella podrá ser utilizada para favorecer o eliminar posibilidades de superar puestos en el trabajo, contratación de seguros de vida, promociones de determinados productos de consumo, etc.

Vale la pena investigar sobre el tema y decidir si contratamos alguna de las empresas que se anuncian en internet, para que nos digan qué riesgo tenemos de padecer ciertas enfermedades, sabiendo que cualquiera puede, el día de mañana, obtener esa información para obtener algún beneficio.

Experimento humano

En el periódico El País del día de hoy, en la página 24, sale un artículo firmado por Maruxa Ruíz del Árbol, titulado “Espíame y dime cómo soy” que me llamó la atención, por lo que comparto alguna de la información que ahí aparece. Les recuerdo que ustedes pueden entrar a http://www.elpais.com y consultar el reportaje que me parece magnífico y actual.

Se trata de la presentación en Londres de un experimento para obtener información privada de un millón de voluntarios, a través de sus teléfonos celulares (smartphones), el cual inició el 25 de septiembre, en el que comparten su vida privada para que puedan cotejar sus hábitos y costumbres con los de personas de todo el mundo. Los investigadores esperan que, de aquí a diciembre, hasta diez millones de personas descarguen esta aplicación gratuita llamada The Human Face of Big Data.  

Esta iniciativa pretende demostrar los beneficios que puede haber al compartir nuestros datos en internet, en aspectos como la seguridad, el medio ambiente, las relaciones personales, la salud, el comercio o los negocios. La empresa EMC, que cotiza en la Bolsa de Nueva York, es la principal patrocinadora del experimento, junto con Cisco, FedEx, VMware, Tableau y Originate.

La periodista menciona textualmente: “Desde el principio de los tiempos hasta el año 2003, la humanidad ha generado cinco exabytes de información (50 bytes elevado a 18). La abundancia tecnológica en que nos hemos sumergido, que une íntimamente nuestra existencia a Internet en general y a los móviles inteligentes en particular, ha provocado que desde 2003 hasta hoy produzcamos esa misma cantidad de testimonios de vida cada dos días”.

Un dato curioso que menciona la reportera es lo que dijo Adrián McDonald, presidente de EMC en Europa: “Se calcula que por cada niño que nazca en 2012 la cantidad de información que esta persona genere y la que se produzca relacionada con él, será más grande que toda la que se ha creado desde la Edad de Piedra”

¿Cómo funciona el experimento? Cuando descargamos el programa The Human Face of Big Data en nuestro teléfono, el GPS empieza a obtener información pasiva sobre lugares adónde vamos, a qué hora es mayor nuestra actividad, cuántos kilómetros recorremos en un día y a qué velocidad conducimos, etc. En forma independiente, podemos responder preguntas sobre nuestros sueños, opiniones sobre la familia, sexo, sobre si es más importante la longevidad o la inmunidad, y un sinfín de temas más.  Los datos se comparten en tiempo real y cambian minuto a minuto.  A muchas personas les interesa encontrar a otras que piensen igual que ellas o tengan los mismos sueños, fantasías o gustos, y piensan que éste puede ser un medio para lograrlo.

Los invito a investigar sobre este tema y a expresar su opinión al respecto. A muchos nos surge la duda sobre si facilitar nuestra información personal a una empresa específica, puede ser riesgoso y favorecer algún tipo de manipulación posterior. Pienso que es impactante el avance, para bien o para mal, que hemos tenido en el aspecto tecnológico y me preocupa el aspecto ético y social que conviene tener en cuenta al aplicarlo a nuestras vidas.