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Proyección parental

Es conveniente que el niño amplíe su umbral de frustración, poco a poco, conforme va creciendo. Eso, y el aprender a demorar la gratificación, le va a ayudar a enfrentar los mil y un retos que va encontrar en su camino. Por supuesto hablamos de un entorno lleno de amor, aceptación y confianza, en que el renunciar a algo momentáneamente, no sea motivo de dolor para el menor, y en el que aprender que, en ocasiones, no obtenemos lo que deseamos, no implique menoscabo en su autoestima.

Hay padres que parecen haber absorbido el Mein Kampf a la perfección por la constancia con que lo aplican. En el extremo opuesto, existen otros que se desviven por darle al niño todo lo que ellos no tuvieron, y hacen hasta lo imposible por evitar que sufra o que llore.

Es en el justo medio donde encontramos a los padres que favorecen la formación integral de sus hijos en el ámbito físico, mental, psicológico, emocional, espiritual, social, laboral, quienes saben que es sano llorar cuando algo te duele o lastima, que se válido sentir la frustración y que podemos convertirla en un motor que nos impulse a vencer obstáculos (Thomas Alva Edison).

Adivinen en que punto se encuentra un papá que le hace el siguiente regalo a su bebé de 6 meses:

primer juguete papá

Noviembre 15 del 2014

Renovación 320

Vamos hoy a revisar cómo estamos manejando la ira cuando la experimentamos.

Tenemos derecho a enojarnos, a sentir ira ante lo que consideramos una injusticia, al recibir una agresión inesperada, o una noticia que nos lastima.

A lo que no tenemos derecho es a sacar esa ira en una explosión de violencia contra todos los que nos rodean. No tenemos derecho a dirigirla contra la persona que tengamos más cerca, o a romper, aventar, destrozar cosas. No conviene que la utilicemos para lastimarnos a nosotros mismos.

Sentir ira cuando se nos niega un capricho o algo que deseamos profundamente, denota que no sabemos manejar la frustración, ni la capacidad de postergar la satisfacción, elementos presentes en la madurez emocional.

Sentir ira cuando elaboramos el duelo por la enfermedad terminal de un ser querido, ya sea en forma anticipada o después de su muerte, es parte del proceso. Vivirla cuando somos nosotros los que tenemos la espada de Damocles pendiente sobre nuestra cabeza, suele presentarse con frecuencia. Podemos enojarnos por lo que consideramos una injusticia. ¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? ¿Por qué a él o a ella? ¿Por qué ahora?

Podemos encontrar en el tipo de enfermedad que tenemos, el trasfondo de emociones displacenteras no manejadas que devinieron en sentimientos negativos, lo que tarde o temprano acarrea un desenlace fatal.

Canalizar nuestra ira mediante técnicas específicas es necesario para “echar para afuera” nuestro enojo, y todas las sustancias bioquímicas que se generaron en nuestro organismo.

Reprimirla es convertirnos en una “olla express” que va a explotar en el momento menos oportuno.

Lastimar a quienes no nos han hecho nada, ni son responsables de lo que nos lleva al paroxismo del enojo, es injusto y doloroso para ellos.

Seamos responsables de nuestra ira y vamos a manejarla en forma asertiva.

Septiembre 6 del 2014

Renovación 250

Si no modificamos nuestros patrones de pensamiento, sentimientos y conducta, estaremos condenados a volver a caer en las mismas situaciones equívocas de las que decimos que queremos salir.

Es la leyenda de Sísifo. Volver a empezar una y otra vez, sin lograr a realizar nuestras metas, con toda la carga frustrante de impotencia y contrariedad que inunda nuestra vida a cada rato.

Empecemos por modificar un pensamiento, una creencia limitante. Tal vez nos dijeron de pequeños que “éramos la piel de Judas, un diablillo, un destructor, un bueno para nada, manos de mantequilla”, etcétera, y esas frases se grabaron en nuestra mente, ocasionando que actuemos en forma maliciosa, destructiva, dejemos caer las cosas frágiles, nos sintamos y actuemos como perdedores.

osotros no somos eso que nos dijeron.

Son etiquetas que nos han condicionado durante años.

Podemos borrar esas grabaciones y crear nuevas redes neuronales para que reconozcamos que somos capaces de controlar nuestros impulsos, de cuidar los objetos, ser exitosos y triunfadores.

Vamos a elaborar una lista de todas las creencias que pueden favorecer que triunfemos en nuestras metas, a escribirlas en forma de columna, y a leerla en voz alta varias veces al día, hasta que nuestros sentimientos y acciones concuerden con lo que afirmamos en nuestras frases.

Agosto 16 del 2014

Renovación 229

Podemos nadar con la corriente a favor y nos sentirnos bien al avanzar con facilidad, sin esfuerzo, con buen ritmo.

Podemos intentar nadar contra corriente lo que agotará nuestras fuerzas, nos hará sentirnos desanimados al ver que apenas avanzamos un pequeño tramo y ya nos sentimos exhaustos.

La vida es así, como un río tranquilo, con remansos para descansar, y también puede presentar de pronto una caída vertical importante, remolinos, o fuertes corrientes al recibir el caudal de otro río.

Estar atentos, protegernos y prepararnos para poder salir adelante, es necesario para sobrevivir. Podemos prever si hay una cascada más adelante, si vamos a entroncar con otro río, si investigamos dónde hay remolinos, etcétera.

Lo que no es conveniente es ponernos a nadar contra corriente, por ejemplo: trabajar hasta 18 horas diarias por un salario mediocre, en condiciones adversas, en un clima organizacional corrupto y tóxico, en una institución o empresa donde no recibimos reconocimiento, ni existen probabilidades de crecimiento y desarrollo en ningún sentido. Hacer eso es castigarnos y vamos a pagarlo con nuestra salud el día de mañana.

No es conveniente respirar todos los días resentimiento, frustración, desaliento.

No es conveniente evadir lo que nos lleva a nadar en esas aguas, lo que nos conduce al auto-engaño, a ignorar al grillete que no nos permite avanzar y salir de una situación destructiva.

Vamos a practicar la honestidad emocional, y vamos a hacer una introspección para conocer como está nuestro cociente emocional, con la finalidad de poner en práctica lo que sea necesario para vivir a plenitud.

Sólo tenemos un boleto de ida.

Febrero 6 del 2014

Renovación 37
Hay personas negativas, que todo lo ven negro, que a todo dicen: “No se puede”, “Yo no puedo”. ¿Has estado alguna vez en esa posición?

No importa lo que digas, lo van a descalificar, por ejemplo, en un curso que impartí recientemente hablaba de lo conveniente que es planear nuestras Metas y objetivos, y les puse un ejemplo de cómo investigar y planear la compra de un auto. Inmediatamente brincó una persona y dijo que “ellos” ganaban apenas lo necesario para no morir de hambre, y que gastaban el 25% de su sueldo en transporte. Buscamos opciones de crecer, de complementar sus ingresos, etc. LES DI TESTIMONIOS DE PERSONAS QUE HAN TRIUNFADO , partiendo del desempleo y la pobreza.

Pregunté en la empresa y, en efecto, esos obreros ganan el salario mínimo, MÁS GASTOS DE TRANSPORTE, MÁS HORAS EXTRAS, MÁS BONO DE PRODUCTIVIDAD, aparte de las prestaciones que manda la Ley, por lo que el salario integrado era mucho mayor de lo que decía. Esa persona se quejó de todo, descalificó todo lo que yo decía, era una víctima y no se podía hacer nada para que ella mejorara su situación, se superara y lograra Metas significativas en la vida.

En ocasiones la situación en que nos encontramos es muy difícil o dolorosa y podemos sentirnos impotentes. La capacidad de enfrentar crisis y frustraciones en una de las competencias de la Inteligencia Emocional, y es necesario recurrir a ella en esas circunstancias

Nada ganamos con quejarnos, con sentir rencor contra los que tienen una mejor posición que nosotros y no están sufriendo. Ni es útil sentir envidia celos, amargura, desaliento.

Lo que conviene es ser realistas, objetivos, pragmáticos. Tranquilizarnos y analizar qué podemos hacer, qué recursos o herramientas nos conviene adquirir para salir adelante.

La clave está en la ACTITUD. Una actitud positiva iluminará lo sombrío del panorama y buscará nichos de oportunidad para vencer la crisis.