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ORACIÓN PARA LOS QUE ACABAN CON SU VIDA

 

Hoy quiero pedirles a todas las personas que siguen este blog, que nos unamos en espíritu en una oración por todos aquellos que, en un acto de desesperanza, optan por la muerte, y por sus familiares.

Aclaro que no hablo de los que encuentran una solución en un suicidio asistido, o en un acto de eutanasia piadosa, por llevar tiempo sumidos en dolores inenarrables. Ellos, y sus seres queridos, merecen otra oración diferente porque llegaron a esa decisión tras un proceso tanatológico muy especial.

Hoy hablo de las personas que, al sentir que ya no tienen fuerzas para lidiar con los obstáculos que se les presentan, deciden que la muerte es su única opción.

Algunos de ellos tal vez tenían una ideación suicida desde tiempo atrás, la que no dejaron que saliera a la luz, para que nadie sospechase lo que pensaban.

Otros pueden caer en un brote psicótico en el que pierden contacto con la realidad, y ven únicamente un túnel en el que, cuando lo atraviesen, sus tribulaciones van a terminar.

Existe la posibilidad de que en algunos de ellos exista una alteración bioquímica, por lo que utilizan la poca energía que les queda para acabar con la lucha interna que están librando.

Un grupo, cada vez más numeroso, puede decidir suicidarse poco a poco al  fumar, ingerir alcohol, ser farmacodependiente o drogadicto, ser adicto al trabajo y al estrés, a las relaciones destructivas,  a ponerse en situación de riesgo, etc.

Hay un grupo que juega con la idea de suicidarse, la cultiva, estudia los medios para llevarlo a cabo, el impacto que va a causar, y puede hasta en ocasiones, gozar con el dolor que va a generar en los que lo rodean. En esos casos ya hay un trastorno de personalidad. Su suicidio es una puesta en escena elaborada y prevista.

La oración por los que se quitaron la vida es para que encuentren la paz, donde quiera que estén.

A sus familias, vamos a enviarles energía positiva para que tengan la fuerza necesaria para no permitir que los demonios de la CULPA (“si me hubiera dado cuenta, si no le hubiera exigido que trabajara o estudiara tanto”, etc.), no se adueñen de su mente.

Todos podemos, en la mayoría de los casos, decidir cómo y cuándo vamos a morir. La persona que se mató era la única dueña de su vida, tenía derecho A decidir qué hacer con ella, y a nosotros sólo nos queda respetar esa decisión. No somos dioses para adivinar el pensamiento de los demás, para decidir sobre sus vidas, para obligarlos a hacer tal o cual cosa. Hicimos lo que pudimos, de acuerdo con nuestra historia personal, con la mejor intención.

“Que la paz llegue a su corazón y encuentren un camino para incorporar la presencia del ausente en la narrativa de su vida, en una forma asertiva, positiva, trascendental”.