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Octubre 7 del 2014

Renovación 281

Conviene que revisemos si somos perfeccionistas y la forma en que eso ha afectado nuestras relaciones.

En Análisis Transaccional se maneja un impulsor de la conducta llamado “Sé Perfecto”. Esto es algo que está grabado en nuestra mente desde niños a través del ejemplo de nuestros padres, o de quienes nos criaron, y de sus frases y manera de tratarnos.

Por ejemplo, unos padres perfeccionistas le dirán al niño:

– “Lo hiciste bien, pero esto y lo otro está mal”

– “Puedes hacerlo mejor la próxima vez”

– “Si te fijas bien, verás que falta que lo hagas mejor”

“Nunca terminas bien las cosas”

– “Dejas todo a medias” (la labor fue terminada)

– “Tú eres de 10, deja las otras notas para los mediocres”.

El modelaje que le darán al niño será el de unas personas insatisfechas con lo que hacen, por bien o completo que esté para los demás, ya que ellos piensan que pueden esforzarse más, lograr la perfección, y se sienten inseguros con los resultados obtenidos.

Es probable que tengan una imagen de sí mismos ideal, sin defectos, perfecta, y que todo lo que no esté a la altura de esa visión inalcanzable, sea defectuoso para ellos.

¿Qué podemos hacer?

* Terminar con esas vocecita interior que nos exige la perfección

* Eliminar la imagen idealizada de nosotros mismos

* Aceptarnos como somos, con cualidades y defectos

* Hacer un inventario de nuestro potencial desarrollado

* Identificar el potencial no desarrollado que está ahí, esperando ser utilizado

* Aceptar a los demás como son, sin exigir o esperar que sean como nosotros queremos que sean

* Aprender de nuestros errores sin sentirnos culpables.

Marzo 26 del 2014

Renovación 86

En ocasiones fallamos, nos equivocamos, nos desviamos del camino, porque nos sentimos cansados, o porque extrañamos las sensaciones a las que estábamos acostumbrados en el pasado.

El resultado es negativo, nos vamos a sentir culpables, a querernos castigar por no ser fuertes y mantener firme el paso, vamos a lamentar nuestra debilidad y a cuestionar la posibilidad de lograr nuestros objetivos.

Todos podemos cometer errores, y todos podemos aprender de ellos para no volver a cometerlos. Es humano que deseáramos regresar al pasado por un rato. Si la única consecuencia ha sido una resaca terrible, un dolor de estómago por el atracón, una cita a la que no acudimos, el daño no ha sido tan relevante.

Si en esa regresión, involucramos a otra persona y renovamos los juegos psicológicos con ella, es probable que para ella o él, eso signifique que nuestro cambio conductual ha sido algo pasajero y que vamos a regresar a las relaciones disfuncionales otra vez.

Vamos a perdonarnos, una golondrina no hace verano, ya vimos que no sacamos nada positivo si flaqueamos en nuestros propósitos. Vamos a continuar nuestro camino más decididos que nunca a llegar a nuestra meta.

“Podemos equivocarnos y aprender de nuestros errores”

El hombre es un animal de costumbres

Una persona conocida se quejaba conmigo el otro día, diciendo que las cosas no salían como esperaba lo hicieran, que tenía malos resultados en el trabajo, los amigos le fallaban, el dinero no le alcanzaba, etc.  En resumen, estaba inconforme con los resultados de lo que estaba haciendo.

Al escucharla me vino a la cabeza una frase de Albert Einstein que dice:
“SI BUSCAS RESULTADOS DISTINTOS, NO HAGAS SIEMPRE LO MISMO”

El hombre es un animal de costumbres dijo el escritor Charles Dickens (Inglaterra 1812.1870), y muchos otros escritores y filósofos han dicho algo parecido.  ¿Por qué es esto cierto? Porque cuando nos enfrentamos a una actividad nueva, a un panorama distinto, a un reto inédito, requerimos de un esfuerzo extra de nuestro cerebro para encontrar soluciones a las interrogantes que se presentan, en cambio, al repetir una y otra vez la misma rutina, llegamos a efectuarla sin pensar, en forma automática.

Esas costumbres o rutinas crean una zona de confort a nuestro alrededor, en la vida cotidiana, laboral, familiar, social. Crean un ambiente “easy going”, al que los jóvenes le dicen “llevarla leve”, que no requiere involucrar nuestra mente, por lo general, ni para pensar, razonar, crear o sentir.

Por alguna razón nos fuimos adaptando a las demandas externas de nuestro entorno, aun cuando a veces ignorásemos las demandas internas de ir más allá de lo que estamos haciendo, o llevarlo a cabo en una forma distinta.  Las cosas van bien “en apariencia”, si no hay conflicto interno de nuestra parte, y podemos navegar llevados por la brisa y la corriente por un tiempo indeterminado.

¿Qué pasa cuando los resultados positivos que esperamos no llegan? Nosotros estamos haciendo lo que siempre hemos hecho, nos estamos portando como seres adaptados, sometidos a rutinas establecidas, y los resultados son adversos.  Pueden presentarse varios escenarios:

a) Las circunstancias externas han cambiado.

b) Las demandas del entorno son diferentes ahora.

c) Hay diferentes retos, tanto físico, como afectivos, que no estaban antes.

d) Existen nuevas relaciones interpersonales.

e) Ha habido un proceso evolutivo en las personas que me rodean, y yo no me he percatado de ello.

f) Mis expectativas han cambiado.

g) Hay nuevos factores motivacionales propios que no estoy satisfaciendo por “seguir la corriente”.

h) Me cansé de no usar la creatividad, la imaginación, la fantasía, todas las funciones del hemisferio izquierdo de mi cerebro para mejorar mi vida, y no me atrevo a dar el paso.

Es conveniente buscar cuál es el nuestro y avocarnos a diseñar la estrategia para hacer los cambios necesarios para sentirnos bien y que las cosas salgan bien.

Es importante empezar poco a poco con los cambios. Romper las rutinas y las costumbres puede costar trabajo y tiempo.  

Empieza por modificar pequeñas cosas en tu vida cotidiana: cambia de ruta para llegar al trabajo, diseña un nuevo menú de alimentos sin salirte de una dieta sana, haz algún ejercicio diferente cada semana, regálate 10 minutos de música distinta a la que siempre escuchas.

Piensa si hay alguna otra forma de hacer lo que estás haciendo en estos momentos, consciente que puedes equivocarte en la búsqueda, y que puedes aprender de tus errores.

Descubre o rescata la capacidad de asombro que, en ocasiones, dejamos tirada por el camino, o la olvidamos en algún rincón de las rutinas. Empieza por observar algún prodigio de la naturaleza: un ave que está formando su nido, una flor que brota del capullo, las gotas de lluvia que cuelgan de un cable de luz, los juegos de luz y sombra del amanecer o el atardecer, el regalo de un arcoíris.  También puedes sorprender a alguien a tu alrededor con un detalle que implique que te interesa, una frase de elogio, una mirada de aceptación.

Si modificas lo que estás haciendo, los resultados serán diferentes.

Empieza hoy a practicarlo.   

 

 

 

 

 

 

NOVENA PUERTA: PERDÓN

La definición de perdonar puede tener varias acepciones:

  • Olvidar la falta que uno mismo o alguien más ha cometido.
  • No guardar rencor ni querer castigar a los que nos han lastimado o agredido.
  • No tomar en cuenta la deuda que alguna persona tiene con nosotros.
  • Librar a una persona del castigo que está estipulado por una falta cometida.
  • Pasar algo por alto para favorecer a alguien.

Así que tenemos que la palabra perdonar va de la mano con una falta o agresión, ya sea física, verbal, emocional, psicológica, que conlleva dolor, decepción, enojo, por lo que se dice pronto y cuesta mucho llegar a practicar el perdón.

Cuando somos niños aprendemos a “pedir perdón” y decimos:

 Mamá, perdóname, ya no lo vuelvo a hacer” – y a la vuelta de unas horas o unos días, repetimos la misma falta u omisión.

Esto puede convertirse en un patrón, por ejemplo, los misóginos que golpean a sus parejas, después de propinarles una golpiza,  les piden perdón, se hincan, lloran, prometen “portarse bien” en el futuro, y logran que ellas no los demanden o pidan el divorcio. Pasa un tiempo y, por quítame estas pajas, vuelven a recurrir a la violencia física contra ellas. Éste es un círculo vicioso que no va a romperse hasta que entren a tratamiento psicológico los dos y rompan con los patrones que los mantienen en esa relación destructiva, por lo que sii  tú padeces violencia de género,  retírate de ahí y encuentra ayuda cuanto antes, no te expongas, ni expongas a tus hijos a una dinámica patológica y criminal.

Los hijos suelen ser propensos a juzgar a sus padres y a guardarles rencor por algo que hicieron o dejaron de hacer cuando ellos eran pequeños. Aquí el perdón viene de la mano de la comprensión. Es necesario identificar, razonar, aceptar, que los padres hicieron lo que pudieron con lo que eran en ese momento de su existencia, que ellos son producto de la educación y formación que recibieron de sus padres y abuelos. Nadie puede dar lo que no tiene. Si ellos no tenían un patrón de padres amorosos, no pudieron abrazarlos, besarlos, mimarlos, todo que los niños esperában y/o necesitaban. Si los padres provenían de una familia disfuncional, es ahí donde se encuentra la raíz de la conducta que reprochamos. Acéptarlos como son y poner límites si es necesario para que no practiquen actitudes inadecuadas contigo y con tus hijos es lo indicado. El siguiene paso será manejar las emociones y sentimientos que surgieron ante la agresión u omisión de los padres pa así llegar a comprenderlos.

Perdonar al otro es entender sus motivos, sus necesidades, sus carencias, y  manejar en forma asertiva las emociones displacenteras que la agresión o falta cometida contra nosotros desata en nuestro interior, lo cual no implica que permita que me siga agrediendo o faltando al respeto una y otra vez. Te entiendo y no permito ni tolero que me agredas en ninguna forma, ni que me faltes al respeto.

Sólo cuando hemos logrado perdonar a nuestros padres y a las personas que nos han causado daño, nos damos cuenta que hay otra persona a la que conviene perdonar y esa prsona es uno mismo.

Les daré un ejemplo: una señora me comentaba que tiene quince años en una relación sin futuro con un hombre casado y lo culpa por “retenerla” en esa relación clandestina. Él puede ser egoísta, comodín, abusador, misógino, etc., ese es su problema, lo importante aquí es reconocer que ella ha querido permanecer en esa relación por algunas necesidades psicológicas específicas. Así que no es a él a quien requiere perdonar, él es como es, así se comporta y no va a cambiar, a la que le conviene perdonar es a sí misma, ya que se ha mantenido ahí para evitar el compromiso de una relación de pareja-pareja que implique una entrega total y un proyecto de vida en pareja.  El camino del auto-perdón es: reconocer su debilidad, trabajarla, elevar su autoestima, valorarse, aceptarse, lo cual le permitirá enfrentar sus errores y aprender de ellos. Flagelarse con el látigo de las siete puntas no sirve para nada, lamentarse “por el tiempo perdido”, tampoco. Tomar consciencia de que a la única persona que puede cambiar es ella misma, aceptarse, perdonarse y seguir adelante, es la respuesta asertiva a la situación en que se encuentra.

Si guardas rencor o resentimiento hacia alguien, es por una ira que no manejaste en su momento, enfréntala y canalízala para liberarte de ella. El rencor sólo puede hacerte daño a ti, la otra persona se queda tan campante. Acepta que no hay victimario si no hay una víctima que le permita agredirla. Por supuesto que hay casos de abuso sexual o psicológico en la infancia en que la persona es víctima sin poderlo evitar, si esa es tu situación, encuentra ayuda profesional especializada y trabaja tus emociones y sentimientos hasta llegar al perdón.   

 

 

 

 

 

 

 

EMOCIONES. MIEDO

En la época en que estamos viviendo, es común vivir inmersos en el miedo, en algunas ocasiones provocado maquiavélicamente desde nuestro entorno. Hay una premisa en la política que dice que un pueblo que vive con el miedo de perder la vida, su familia, su casa, su trabajo, su seguridad, es fácil de manipular. Esto lo hemos visto en muchas dictaduras en todo el mundo. En otras, el miedo es generado por factores internos sobre los que podemos actuar.

El miedo anticipatorio consume una gran cantidad de energía que nos hará falta después para enfrentar la amenaza o peligro que se nos presente, por ejemplo, si yo vivo con miedo a enfermarme y llevo a cabo uno y mil rituales de higiene y precaución extremos, es probable que mi sistema inmunológico se debilite y llegue a carecer de los anticuerpos y defensas necesarias para lidiar con algún contagio oportunista. 

Otro ejemplo, si yo vivo con miedo de perder el trabajo y esto me atormenta, me quita el sueño, me angustia, es probable que pueda cometer errores con más facilidad y tome decisiones equivocadas en algunas ocasiones. Por supuesto que es conveniente estar consciente de que puede haber recortes de personal en la empresa en que laboro, que la oferta de candidatos a mi puesto crece por minutos, por lo que voy a mantener la calma y esmerarme en desempeñar mis actividades en forma óptima, a llegar a tiempo, a no faltar, a evitar el “a mí no me toca”. Puedo echar a andar mi creatividad para encontrar soluciones a problemas crónicos, a situaciones conflictivas, innovar métodos o materiales para incrementar la productividad y mejorar el costo-beneficio.

Cuidar de mi salud, cuidar mi trabajo, cuidar e mi familia, implica tomar medidas precisas, concretas, y seguirlas, con lo que estaremos dirigiendo toda nuestra energía hacia lo positivo y no desperdiciándola en el miedo anticipatorio de lo que puede suceder.

Es necesario analizar si lo que me genera miedo es real o imaginario como punto de partida. Si es real, las alternativas son: enfrentarlo o alejarme de ahí, no hay más.  Puede haber muchas formas de enfrentarlo, en forma directa indirecta, sólo, en grupo, en este momento, en una fecha posterior, eso lo decidirá mi capacidad de razonamiento una vez que “limpie” mi organismo de las toxinas generadas por la emoción.

Por otro lado, algunos cargamos con fantasmas e

Por otro lado, algunos cargamos con fantasmas del pasado y/o utilizamos en ocasiones los lentes oscuros del pesimismo o la depresión para ver lo que está sucediendo en nuestras vidas, por lo que es conveniente cerrar los círculos emocionales del ayer y estar en armonía con nosotros mismos y con el mundo y ver la vida con realismo y, al mismo tiempo, con optimismo asertivo.

Revisa si estás viviendo en el miedo. ¿A qué? ¿Desde cuándo? ¿Qué has hecho al respecto? ¿Cómo puedes modificar tu situación para vivir tranquilo y con ánimo de triunfar?