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COMETER ERRORES

 

Todos cometemos errores, en ocasiones con mucha frecuencia, o puede ser que sea raro que incurramos en ellos.

¿A qué se debe esto?  A una ecuación muy simple:

Error + aprendizaje = menor probabilidad de repetir el mismo error en el futuro.

Así de sencillo. Si cuando nos equivocamos, reconocemos el error, sin perder el tiempo en  buscar los orígenes del mismo, sino cuál es la respuesta que corresponde al estímulo, y procedemos a ejecutarla, habremos avanzado mucho en el camino. Después, si repetimos con frecuencia la misma acción errónea, podremos buscar y encontrar qué es lo que nos lleva a un camino equivocado.

Veamos un ejemplo: Yo me enojo porque mi marido llegó tarde sin avisar y le grito y reprocho su acción de mala manera, le digo que nunca me tiene consideración, etc.  ¿Corresponde la intensidad de la respuesta al estímulo recibido?

Puedo, en lugar de enojarme con anticipación a su llegada, evaluar si hemos acordado la premisa de avisar si vamos a retrasarnos como una muestra de respeto al tiempo del otro, y para evitar que la inseguridad en que vivimos se adueñe de quienes nos esperan, y planeo cómo podemos hacerlo en el futuro. Es factible que, en lugar de gritar, agredir, insultar, reprochar cosas del pasado, le pregunte qué paso, lo ESCUCHE (no lo oiga) y, de acuerdo a su respuesta, entable un diálogo asertivo cuyo objetivo sea evitar que se repita la falta otra vez, para así poder comunicarnos y no caer en un monólogo compartido en que a ninguno de los dos le interesr lo que piensa, siente, dice el otro, sino manifestar una frustración que puede no proceder del hecho de que la pareja llegue tarde.

Esto podemos extrapolarlo a todos los enojos que vivimos en el día a día. Evaluemos si nuestra respuesta ante un error, una falta de consideración, o una agresión, es proporcional al estímulo recibido.

¿Cuándo me enojo, JUZGO, insulto, descalifico, agredo, magnifico el error o la falta cometida para justificar una acción vengadora, aniquiladora, violenta, depredadora, en contra de la persona que se equivocó o me agredió?

En el caso de una agresión, ya sea física, verbal o psicológica, es necesario poner un límite contundente y firme para no permitirla bajo ningún concepto.

Si se trata de errores cuyas consecuencias no son graves, analicemos si nuestra respuesta es ecuánime, asertiva, inteligente, proporcional al estímulo negativo recibido aquí y ahora.

Hay quienes tienen una personalidad histriónica, y  elaboran un drama desproporcionado,  enarbolan la bandera de la justicia y, de inmediato van a incitar a los demás a que se unan con ellos para que reafirmen su JUICIO hecho a priori, a “bote pronto”, en lugar de analizar los hechos, buscar y encontrar soluciones, rescatar lo positivo de la vivencia para sumar experiencia y conocimientos para la persona que cometió el error y para ella.

Revisemos cómo respondemos a la frustración, cómo actuamos cuando no entendemos qué esperan de nosotros. ¿Lo hacemos con Inteligencia Emocional o aprovechamos la ocasión para sacar el enojo acumulado en el pasado? ¿Por qué y para qué “guardamos” la ira en lugar de manejarla?

Enero 29 del 2014

Vivimos en una cultura culpígena y, muchos practican además una religión culpígena, por lo que la mayor parte del tiempo se sienten mal.

Vamos a ver, desde que nacemos cargamos con la mancha del “pecado original” que tiene que ser “lavada” por medio del bautismo. Después, las apetencias de la carne se vuelven pecados que nos van a llevar al averno.

Hay varios dichos por ahí: “Todo lo que nos gusta es pecado o engorda”, y otro que reza “…y de ahí pa´l real”, “Quien quita la ocasión, quita el pecado”. “En el pecado va la penitencia”, etc. Esa palabra: pecado, que puede ser clasificado en venial o capital, nos atormenta en gran medida y nos hace sentirnos culpables.

Yo llamo a la culpa el látigo de las siete puntas. Hay personas a las que les encanta estarse flagelando con este látigo y si no lo hacen, no están a gusto.

Vamos a revisar si cargamos con culpas y cuáles son. ¿De qué nos sentimos culpables? ¿Somos responsables de lo que sucedió o sucede? ¿Podemos solucionarlo? ¿Cómo podemos resolver el conflicto o error?

Somos seres humanos y como tales nos equivocamos.

En lugar de sentirnos culpables, vamos a aprender de nuestros errores y a modificar lo que nos hace caer en pensamientos, sentimientos, o acciones negativas.

Podemos hacerlo. ¡Adelante!

Enero 23 del 2014

¿Cuántas veces culpamos a los demás porque hacen esto o lo otro que nos perjudica, nos lastima, nos duele? Lo más probable es que sean muchas las ocasiones que hemos caído en esta trampa.

Los demás pueden comportarse de una forma positiva, asertiva, errónea, agresiva, lesiva, mal intencionada, o riesgosa para nuestra estabilidad física, mental, emocional.

Eso es lo que hacen ellos. Es nuestra responsabilidad:
• Aceptar esas conductas y aprobarlas
• Rechazar ese comportamiento y acotarlo
.

En el primer caso, cuando se trata de una conducta positiva, es conveniente aceptarla. Si no vamos a beneficiarnos en este momento, igual podemos agradecerla y reservar la aplicación para más adelante.

Si es una agresión de cualquier tipo, nos toca rechazarla, cuestionarla, y tomar todas las medidas necesarias para que no se vuelva a repetir.

Esto lo traduciremos como: ¡Poner límites!

¿Cuántas veces nos hemos quedado callados ante una agresión física o verbal? Nos quejamos y quejamos, y no hacemos nada por evitar que la conducta se repita.

Vamos a poner límites. Tienes derecho a ser tú, a equivocarte, a decidir. Tienes derecho a rechazar a quienes te agreden y pretenden lastimarte. Aprende a decir NO a tiempo.

Tú vales mucho. No permitas que pretendan aminorar tu fuerza, disminuir tu autoestima, socavar tu YO.

Empieza a poner límites ¡HOY! Puedes hacerlo.