Archivo de etiquetas| emociones displacenteras

Noviembre 11 del 2014

Renovación 315

Hace muchos años, alguien me contó una anécdota cuando yo expresé que estaba muy enojada con Dios por muchas cosas negativas y dolorosas que habían llegado a mi vida. La comparto con ustedes:

“En una de las tantas inundaciones que hay en cualquier país del mundo, en que las presas se desbordan, llueve en forma inusitada, y crecen los ríos rebasando su cauce y llevándose a su paso poblados enteros, en uno de ellos las personas ya se habían subido a los techos porque las el agua casi cubría su vivienda.

Se presentaron varios socorristas a evacuarlos y llevarlos a un lugar seguro. En una de esas casas estaba un señor de edad madura que rezaba con gran fervor cuando vino una canoa a ofrecerle sacarlo de ahí, a lo que él respondió que Dios lo iba a ayudar y no le iba a pasar nada.

Poco después vino una balsa a brindarle ayuda y los rechazó con el mismo argumento. El rezaba y le recordaba a Dios que siempre se había portado bien y asistido a misa sin falta, por lo que estaba seguro que lo iba a salvar.

Llegó una lancha de motor del ejército a rescatarlo y él se negó a subirse.

Poco después se lo llevó la corriente y murió.

Cuando llegó con Dios le reclamó por qué no lo había salvado si él siempre había sido bueno, a lo que Dios respondió que le había enviado tres lanchas para salvarlo y él las había rechazado”.

Conviene que reflexionemos cuántas veces las oportunidades para aprender, para modificar conductas disfuncionales, para ser mejores seres humanos, para perdonar y perdonarnos por nuestros errores, para liberarnos de emociones displacenteras y sentimientos negativos, han pasado por nuestra puerta, y nosotros hemos hecho oídos sordos, nos hemos tapado los ojos o hemos dirigido la vista hacia otro lado para no verlas.
En lugar de reclamar lo que no tenemos, aprovechemos lo mucho con lo que sí contamos.

Vamos a crecer emocional, cultural, cognitiva, espiritualmente todos los días de nuestra vida.

Mayo 14 del 2014

Renovación 135

Hay ocasiones en que nos sentimos lastimados, adoloridos emocionalmente, y por ello empezamos a culpar a los demás o esperamos que ellos nos vengan a “recatar”.

Todos pasamos por etapas grises, hasta negras, a lo largo de nuestra vida. Asumamos que esto puede pasarnos a nosotros y a cualquier ser humano.

¿Qué hacemos con nuestro dolor? ¡Vivirlo! ¡Procesarlo! Manejar las emociones auténticas displacenteras asociadas a él. Aprender de la vivencia y dejarlo ir.

Dejar ir algo, o a alguien, requiere que nos desapeguemos de ello o de la persona, que eliminemos los lazos enfermizos que nos atan a ellos.

Por ejemplo, tal vez la persona que nos lastima está cumpliendo un rol que nosotros necesitamos para justificar algo. Tomar la posición de víctima implica que hay una persona perseguidora, la misma que en ocasiones puede ayudarnos en apariencia. Una esposa a quien su pareja maltrata una y otra vez, cuando ella pone un alto, él le regala flores, le pide perdón, le promete que ya no va a golpearla, maltratarla, abusar de ella. Ella lo perdona y la calma dura muy poco, él reincide en su conducta violenta. ¿Será que ella necesita sentirse querida y lo único que aprendió en su infancia fue que “quien bien te quiere, te hará sufrir”? Puede haber muchas razones para permanecer en esa vida de infierno, que además daña a los hijos, por los que ella dice no quiere separarse del marido.

Vamos a compartir nuestro dolor con quienes pueden escucharnos con solidaridad y respeto. Vamos a asumir que somos responsables de lo que sentimos y a resanar las heridas del pasado, y del presente, para vivir en paz con nosotros mismos.

Abril 15 del 2014

Renovación 106

Si persistimos en ver todo negro, si por más que luchamos y nos esforzamos, no encontramos la alegría del logro, el bienestar de la Misión cumplida, es probable que estemos sufriendo depresión.

Vale la pena verificar esto y, si es necesario, acudir a un médico psiquiatra calificado para que nos ayude a salir de ella.

La depresión es la enfermedad de las mil caras. Se esconde detrás de muchas otras, y puede confundirnos si sólo vemos la etiología del padecimiento en turno, y no tomamos en cuenta todo el panorama completo.

El ser humano es un ente bio-psico-social-espiritual. Si hay una “avería” en alguno de estos aspectos, va a impactar negativamente a los otros.

Tal vez necesitemos algún medicamento que corrija la alteración bioquímica que hay en nuestro cerebro que produce la depresión, y es muy importante resolver las causas psicológicas y emocionales, que nos condujeron a ella.

En el caso de la codependencia, no es suficiente que nos alejemos de la persona, o que él o ella se vayan o se mueran, se requiere que trabajemos en forma activa todos los aspectos de nuestra personalidad que nos mantuvieron en esa relación enfermiza, y que manejemos las emociones displacenteras que estén reprimidas u ocultas tras sentimientos negativos.

“Manejar nuestras emociones displacenteras nos lleva al equilibrio y salud necesaria para triunfar y trascender”

Febrero 24 del 2014

Renovación 55

Es muy común que dejemos “asuntos pendientes” en la vida, los ignoremos como si no existieran, dirijamos la vista hacia otro lado para no pensar en ellos, esperando que se resuelvan solos, lo que no va a pasar. Lo más probable, es que un día exploten y nos compliquen la existencia que suponíamos estaba tranquila.

Dejamos sin cerrar muchos círculos, por ejemplo, los académicos. Sé de personas que se están titulando después de jubilarse porque no lo hicieron cuando terminaron la carrera. No requirieron el título para trabajar o pusieron una empresa, por eso lo relegaron “para después”.

Pues bien, si no cerramos el círculo y terminamos los ciclos: educativo, formativo, emocional, intelectual, vas a caminar con una vestimenta deshilachada o llena de hoyos, imagínala como quieras.

Vamos a revisar si estamos en ese caso y vamos a poner manos a la obra si tenemos asuntos a medio hacer, sin terminar, ya sea pedir perdón o perdonar, resarcir un daño que causamos a alguien, canalizar nuestras emociones displacenteras, procesar algún sentimiento negativo.

Hoy es un magnífico día para cerrar círculos. Podemos hacerlo porque estamos llenos de energía.

Enero 12 del 2014

Es posible que en ocasiones sintamos que no podemos salir de una situación difícil en la que estamos sumergidos. Utilizo este verbo porque cuando esto sucede decimos que “estamos con el agua al cuello”.

Si la situación es económica, puede ser resuelta de una manera u otra. Será necesario ampliar nuestros horizontes de búsqueda de ingresos mediante otros ángulos, otras posibilidades, para lo cual conviene mantener “la cabeza fría”, o sea, eliminar la ansiedad para poder pensar con claridad.

Si la situación es un conflicto emocional, se requiere aplicar la Inteligencia emocional y, con toda honestidad, identificar y manejar las emociones displacenteras auténticas (ira, miedo y tristeza) que estamos sintiendo, y procesar los sentimientos que nos tienen paralizados, angustiados, aterrados, como pueden ser la culpa, vergüenza, rencor, envidia, celos, etc.

Las emociones no se reprimen porque si lo hacemos vamos a pagar un alto precio en nuestra salud. Podemos controlarlas momentáneamente si es necesario para canalizarlas y analizar su origen en cuanto sea posible.

Conviene manejar una emoción displacentera a la vez hasta cerrar el círculo emocional y darnos la autoprotección necesaria durante el proceso.

El primer paso es identificar emociones y sentimientos, aceptarlos y trabajarlos.

No hay otra salida. No se van a ir o a resolver con el tiempo.

Podemos hacerlo. Hoy es un buen día para poner en marcha está “limpieza emocional.