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¿Sueño o realidad?

Hoy es lunes. Abro la ventana de mi recámara y contemplo un cielo azul, con algunas nubes blancas, sopla un vientecillo agradable que mece las copas de los árboles que ocupan el camellón de la avenida, se escuchan trinos de aves que melodiosas saludan a un nuevo día.    Salgo a caminar al parque cercano y saludos a los que ahí hacen yoga, tai-chi, jogging, o caminan como yo. Aunque no nos conocemos, todos nos regalamos una sonrisa y un ¡Buenos días! Desayuno con calma, leyendo mi periódico y me alisto a salir para mi trabajo. El tráfico fluye y llego a tiempo a la oficina, donde todos nos saludamos y empezamos a trabajar en un clima organizacional de apoyo al crecimiento mutuo.   Al terminar mi labor, me reúno con algunos amigos y vamos al cine y a tomar algo para cenar.  Llego a casa, escucho música relajante y me voy a dormir con la conciencia tranquila.

Hoy es lunes ¡caray! ya se me hizo tarde, tengo que correr, bañarme y arreglarme en 20 minutos. Voy a abrir la ventana, ¡caray!  mejor no, la contaminación está asquerosa, el ruido de los coches y ambulancias (vivo cerca de un hospital) es imponente. Doy unos sorbos a una taza de café y con un panecillo en la mano, echó a correr por las escaleras donde me tropiezo con el portero que gruñe una especie de saludo ininteligible. Subo al auto y ¡caray! el tráfico está atascado, los bocinazos de unos y otros, los insultos abiertos a las mujeres que aprovechan para maquillarse, el “vivo” que “avienta el coche,” es una tensión agobiadora. Llego a la oficina donde cada quien anda en lo suyo, con la preocupación de que no le roben sus ideas, su tiempo, su puesto, ¡caray! se siente frío el ambiente y el alma. 

Al terminar mi jornada corro al supermercado para hacer las compras, llego a casa a limpiar, barrer, lavar ropa, cocinar, mientras pongo el noticiario nocturno que me da escalofríos porque ¡caray! hay muerte y violencia en todo el mundo. Finalmente me desplomo en la cama, lista para tener una noche más de pesadillas. ¡Qué caray de vida!

No sé si tus días sean como la fantasía soñada que mencioné al principio, o se parezcan más a la segunda semblanza. Lo único de lo que estoy segura es que, tal vez, con un poco de organización y decisión, puedes cambiar tu vida para alcanzar tu ideal.

Conozco muchas personas, de todas las edades, que se han salido de esta macrópolis (20 millones) para irse a provincia y regresar a la no contaminación, no ruido, no presiones, alimentos frescos, tratar y ser tratado con amabilidad y respeto. Ellas y ellos evitan que lo último que llegue a su cerebro y emociones en las noches sea una recopilación de la basura de todo el mundo, viven en paz consigo mismos y luchan por conservar su entorno. Ésta es una solución, puede haber muchas otras variables para no tener que decir ¡caray! veinte veces al día.

Nota: En lugar de ¡caray!  Piensa en la exclamación que se acostumbra en tu ciudad o país.                        

 

 

Vibraciones

¿Será acaso que las más de cien réplicas del temblor nos están dando un mensaje?  Claro está que los geólogos, sismólogos y demás estudiosos del tema dirán que son la consecuencia del acomodamiento de las capas terrestres en la zona sísmica. Yo pienso que puede haber un para qué en todo esto.

Si partimos de la base de que venimos a este mundo de tres dimensiones a tener la oportunidad de aprender del universo lo necesario para evolucionar a un estado de conciencia más avanzado, aceptamos que estamos equipados para seguir el camino que nos conduzca a cumplir nuestra misión.

Voy a utilizar una metáfora, imaginemos que lo que nos conviene aprender para crecer está dentro de una nuez o una avellana. La cáscara es dura y es necesario romperla para llegar a la semilla. La cáscara puede ser el obstáculo o la vivencia dolorosa que se nos presenta, ante la cual nosotros podemos romper la cáscara y sacar el aprendizaje, o podemos dedicarnos, como ardillas laboriosas, a juntar y juntar nueces y avellanas sin abrirlas, hasta formar una muralla alrededor nuestro y de nuestra vivienda. Esta muralla artificial, dura y rígida, va a impedir que nos de la luz del sol a plenitud, nos va a aislar de los demás para intentar sentirnos más seguros y nos va a dar la sensación de que tenemos mucho alimento para el futuro. A pesar de todo esto, y como consecuencia de ello, nos vamos a estancar y nos vamos a sentir incómodos, desubicados, inquietos, amargados, por lo tanto, ese no es el camino.

¿Qué tal si sacamos la semilla, la enseñanza, y nos deshacemos de la cáscara, devolviéndola a la tierra para que sirva más adelante, después de darle las gracias por habernos brindado una oportunidad de aprendizaje?  Hablo de quedarnos con la esencia de las vivencias de todo tipo, sobre todo de las dolorosas, y deshacernos de la “cáscara” que serían los apegos, los rencores, los sentimientos negativos, la ira, el miedo, la tristeza, la nostalgia.

Las personas tienden a unirse por niveles de afinidad, que puede ser positiva o patológica. Así vemos como se atraen entre sí las personas amorosas y generosas por un lado y por el otro, los sociópatas y delincuentes.

Esta atracción va más allá del plano terrenal, hay vibraciones positivas y negativas en el universo, en el cosmos, en las galaxias, y nosotros podemos decidir con cual queremos entrar en sintonía. En mis cursos, yo les digo que nosotros no vemos las ondas hertzianas de la radio afuera de nuestra casa y, sin embargo, si tomamos un aparato de radio y lo encendemos, tenemos la opción de escoger con qué frecuencia queremos sintonizar para escuchar música clásica, jazz, noticieros, rancheras, chismes cinematográficos, etc.  De igual manera, podemos “vibrar” con la energía vital, poderosa, llena de luz, del universo y utilizarla para crecer y aprender cada día.

Todo lo que vive late de energía y toda esa energía contiene información. El cuerpo humano, a través de sus procesos biológicos, genera un campo electromagnético con el cual nos comunicamos con todo lo que nos rodea. Todas las experiencias pasadas y actuales, positivas o negativas, los recuerdos traumáticos y profundos, nuestras creencias y actitudes, generan energía emocional que queda codificada en nuestro organismo y forma parte de la memoria celular y podemos utilizarla para seguir adelante.

La neurobióloga Candance Pert dice que los neuropéptidos, sustancias químicas activadas por las emociones, son pensamientos convertidos en materia y que las emociones residen físicamente en el organismo. Ésta es una teoría muy interesante y los invito a profundizar en ella.

En forma sintética diré que somos lo que pensamos y sentimos. Podemos extraer el aprendizaje de todo lo que llega a nosotros para integrar y crecer en el conocimiento de nosotros mismos y del universo, para hacer el bien dentro del parámetro de la ética, o podemos tirar el aprendizaje y quedarnos con la cáscara, lo que nos llevará a aferrarnos a nuestros miedos, apegos, enfermedades, objetos materiales, creencias disfuncionales, ideologías.

Tenemos la libertad de elegir lo que vamos a hacer, decidir si queremos vivir mejor, con una vida interna plena, basada en la confianza en nosotros mismos, y si vamos a optar por el camino del crecimiento a través de conocernos, aceptarnos, valorarnos y amarnos.

La experiencia del temblor y la vulnerabilidad de sentir y pensar que puede haber otro más intenso en el futuro cercano, es una oportunidad para  repasar estos conceptos y ponerlos en práctica. ¿Ustedes qué opinan?