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LA ANTESALA DEL ADIOS

He estado impartiendo un Diplomado en Tanatología Gerontológica, lo que me ha brindado la oportunidad de convivir con muchas personas de la “tercera” y cuarta edad”.  Si la tercera edad empieza a los sesenta, yo llamo la cuarta a la que inicia a los ochenta.

He recibido testimonios de los miembros del grupo, y considero que el compartirlos en este espacio podría ser útil a muchas personas que tengan más de 60 años. También pueden servirle a los hijos y nietos, ya que los jóvenes, en ocasiones, olvidan que el tiempo pasa para todos y que, con energía y decisión, ellos podrán ser algún día abuelos o tatarabuelos.

El primero es de una mujer de 80 años, a la que llamaremos Rocío quien escribió lo siguiente:

“Tengo ochenta años, y muchas veces me pregunto cómo llegué hasta aquí. La verdad es que la vida se pasa pronto cuando estás muy ocupada. Primero, estudiar y estudiar para ser siempre la primera y destacar. Después el trabajo con muchos retos y aprendizaje.

Siguió un noviazgo corto y un matrimonio clásico de aquella época. Cuando crías cinco hijos, eres la “perfecta ama de casa”, ayudas a tu marido en su trabajo, estudias por las noches cuando todos duermen, los años pasan volando entre un acontecimiento y otro, entre una enfermedad infantil, una rodilla raspada, un auto chocado, o un reconocimiento para alguno de ellos.

Es cuando se casan cuando se siente el vacío de no tener que “correr todo el día” para que todos tengan todo a punto.

Cuando esto pasó, me encontré un día viendo la tele con un perfecto desconocido, a quien yo cuidaba y servía, y con quien ya no tenía intereses comunes: él tenía programadas sus reuniones con amigos para jugar dominó, divertirse, hacer ejercicio y visitar a sus familiares.  Yo estudiaba, leía, daba clases y veía a mis amigas (que él no frecuentaba). Cada quien su círculo independiente.

Eso no duró mucho, después de 35 años de matrimonio, me pidió el divorcio. Investigué y supe que tenía una amante, una prostituta a quien le había comprado un departamento. Nos divorciamos y cada quien siguió su camino. Yo tenía 55 años. Empecé a trabajar y a ser autosuficiente en lo económico y en todos los aspectos desde entonces. No me he vuelto a casar.

Tengo una vida plena. No me arrepiento de nada. Nunca me he sentido sola, ya que tengo tantos recuerdos, anhelos, cosas pendientes por vivir y hacer, que estoy siempre ocupada en algo: recordando el pasado y construyendo el futuro.

Hablemos de los hijos. Sanos, exitosos, con sus familias integradas. Veamos cuál es la relación conmigo: El mayor se interesa por mí, se siente orgulloso de mis logros y me lo dice: Me llama por teléfono con frecuencia  Se ocupa de que no me falte nada.

La mayor de las mujeres también me llama eventualmente y me apoya a su manera.  Aunque me dijo, hace ya algunos años, que no se iba a hacer cargo de mí cuando fuera viejita, ni me iba a dar mi caldito de pollo, me manda, cada 15 días, varios platillos para que los congele.

La siguiente hija me llama todos los días, las más de las veces para regañarme por algo que hice o  dejé de hacer. Se inte3resa por mi salud y comparte las buenas nuevas de su casa.  Ya me dijo que me apure a deshacerme de todo lo que tengo acumulado “antes de irme”, porque no se vale dejarle esa tarea a ella.

El siguiente hijo, que también vive fuera, no me llama con frecuencia, y cuando lo hace, es para reclamar por algo que hice o dejé de hacer. Gracias a Dios su esposa es una gran mujer y me manda fotos de los niños y los pone al teléfono para que tengamos contacto.

La más pequeña vive en el extranjero donde estudia y trabaja. Nos mantenemos en contacto por el celular. Me escucha, me alienta, me apoya. Me da cariño incondicional.

Ahora, a mis ochenta años, quiero programar mis últimos años por vivir. Aquí me surge una duda: ¿Será mucho pensar en otros cinco años lúcida y trabajando como hasta hoy?

Quiero cumplir mis sueños pendientes, gozar cada día el placer de vivir, con achaques y dolores incluidos.  Quiero viajar mucho y conocer lugares interesantes. Quiero seguir estudiando y aprendiendo cada día.

Quiero planear mi muerte y mi despedida, heredar en vida a mis hijos y nietos, sin esperar a que ya no esté para que ellos se repartan las cosas. Darles felicidad ahora es más importante para mí.

 

Noviembre 13 del 2014

Renovación 318

En ocasiones decimos que “nos pasan cosas malas” y tomamos la posición de víctima, instalándonos en un juego psicológico.

Por ejemplo, alguien dice que sufrió un divorcio doloroso o difícil. Un divorcio o separación significa que hubo tres muertes: la muerte de la relación, la de los sueños infantiles sobre el cuento de hadas que nos creamos de “y fueron felices para siempre”, y la del futuro esperado. Por ello, es necesario procesar el duelo ante esas muertes y modificar o diseñar un Proyecto de vida como solteros.

Las cosas no “nos pasan a nosotros”, SOMOS CO-CREADORES de lo que vivimos.

Aceptar esta responsabilidad es indispensable para salir del juego de “Pobrecita (o pobrecito) de mí”.

Nosotras escogimos (consciente o inconscientemente) a nuestra pareja, no fue el destino ni la casualidad.

Si estuvimos en una relación destructiva hasta que nos divorciamos, fue porque en alguna forma nosotros la propiciamos, permitimos y/o toleramos.

El divorcio es una oportunidad para renacer, para trazar un nuevo Proyecto de vida, no seguir con el Argumento de vida anterior, una oportunidad de volvernos auto-suficientes en muchos sentidos, de salir de la codependencia que nos retuvo en una relación sadomasoquista.

Hay quien se queja de que ha tenido problemas en el trabajo cuando hoy día está en un puesto importante, con prestigio y reconocimiento.

Si cambiamos la palabra problema por oportunidad, reto, desafío, área de oportunidad para crecer, para aprender, para superarnos, la bioquímica del cerebro cambia y podemos resolver situaciones complejas con mayor facilidad.

Esos “problemas” favorecieron que hoy esté en el puesto que ocupa. Fueron escollos en el camino que la obligaron a dar lo mejor de sí misma, a encontrar opciones distintas, a aprender a moderar su temperamento, practicar su asertividad, adquirir nuevas herramientas de negociación, etcétera.

TODO SUCEDE PARA ALGO Y TODO PUEDE SERVIRNOS.

No lo digo yo, lo dice Anthony Robin en su libro “Poder sin límite”, el mejor compendio de PNL escrito en lenguaje accesible, casi coloquial, y que podemos bajar en forma gratuita en internet.

Si nos quejamos de que algún familiar o amigo está distanciado y estamos conscientes que no propiciamos esta separación, es necesario reconocer que cada persona tiene un ritmo de crecimiento y que no van a madurar cuando nosotros lo deseemos.

Por ahí dicen: “Darle tiempo al tiempo”.

Tal vez nosotros maduramos antes, o en distinta forma que ellos, nuestro punto de partida fue otro, así como nuestra historia personal.

Lo que sí podemos hacer, de vez en cuando, es una oración por ellos, deseando que la luz llegue a sus mentes y la paz a su alma.

Cambiemos la posición de víctimas y asumamos que:

¡Somos responsables de lo que pensamos, sentimos y hacemos, o dejamos de hacer, con lo que sucede a nuestro alrededor y nos afecta en forma directa o indirecta!

¡Cuando no podemos cambiar los acontecimientos, sí podemos modificar la forma de reaccionar ante ellos!

Abril 17 del 2014

DUDAS
Escribió una persona en cuyo correo se percibe un gran desconcierto, dolor, enojo. Pienso que puede haber más casos así, por lo que me voy a referir al tema en general.

Reconoce que mantenía una relación de codependencia y que él era el controlador, con su esposa e hijos, a pesar de lo cual ella era muy cariñosa. Refiere que ella fue a pedir ayuda a un sacerdote y las cosas marchaban más o menos, hasta que encontró ayuda profesional, estableció una relación con su orientador, y se quiere ir a vivir con él.

Aquí hay varias cosas a tomar en consideración. “Las cosas marchaban más o menos“, ¿Para quién? Desde luego no para ella que buscó el apoyo de un sacerdote. Si éste le dijo que “tenía que cargar su cruz”, “amar, respetar y obedecer a su marido hasta que la muerte los separe”, y conceptos por el estilo, entiendo que ella haya buscado algún otro apoyo.

El señor no menciona si se trata de un psicólogo, psiquiatra, coaching, asesor matrimonial, que para el caso es lo mismo. En mi opinión personal, no es ético que ninguno de estos profesionistas establezca una relación amorosa con su paciente. ¿Por qué? Pues porque el paciente (asesorado) está vulnerable, está pasando por un torbellino de emociones y sentimientos que, es probable, no sepa manejar con Inteligencia Emocional, además de que tiene un patrón de búsqueda de pareja erróneo y disfuncional.

La atracción puede existir, en cuyo caso el profesionista canaliza a la persona con otro colega y se retira hasta que él o ella haya resuelto su situación, en un sentido u otro, esto es, pueda diseñar un Proyecto de pareja con su esposo y dedicarse ambos a construir la relación día a día, o romper la relación con un divorcio hasta haber cerrado todos los círculos emocionales.

Un divorcio no tiene por qué ser una tragedia. Puede hacerse en una forma madura, sensata, inteligente, sobre todo si hay hijos de por medio, lo que involucra un cierto grado de convivencia futura entre todos.

La persona que escribió dice que sigue amando a su esposa. Les acabo de recomendar un Libro para trabajar este punto: ¿Amor u obsesión? Mientras él no resuelva la situación emocional que lo hace necesitar una relación de codependencia, no va a haber “la cosa marcha más o menos” en sus relaciones amorosas. Así que la meta es que trabaje él y busque ayuda psicológica para él y los hijos.

Vale la pena hacer una tregua de no agresión mientras todos acuden a una terapia familiar especializada, muy bien recomendada por ser profesional, ética, respetable, actualizada, confiable.

El objetivo es que todos manejen sus emociones, resuelvan sus asuntos inconclusos y diseñen, o modifiquen, su Proyecto de vida personal (como individuos, como pareja si van a seguir juntos, o como familia de divorciados).

Les recomiendo mi libro de “La Inteligencia emocional en el divorcio”, de Editorial Trillas, que están utilizando muchos abogados en las negociaciones de la separación, y muchos consejeros matrimoniales para evitar el divorcio.

Agradezco la confianza de haber escrito y deseo que trabaje con un gran compromiso su situación. Dios está con ellos, es cosa de acercarse y hablar con él.

El duelo por divorcio en los hombres

Estoy en deuda con los hombres. Me han reclamado muchas veces que escribí el libro de “Bienvenida a la sociedad de las mujeres solas”, en el que abordo en la primera parte el duelo tanatológico por divorcio, viudez o soltería y en la segunda parte cómo hacer un proyecto de vida, y que para ellos no he escrito nada. Ya está listo el libro y voy a publicarlo.

Hace poco un señor me preguntó cuánto tiempo le llevaba a un hombre superar el duelo al divorciarse. Le contesté que no influía el ser hombre o mujer en la duración del proceso de duelo, si no una serie de factores externos e internos.

La pareja, en mayor o menor medida, va a pasar por un torbellino emocional antes, durante y después del divorcio, lo que en muchas ocasiones genera conductas erráticas o inadecuadas. Confrontar la situación, aceptarla, manejar la ira, el miedo y la tristeza que surgen por la muerte de la relación, elaborar los sentimientos negativos adyacentes como la culpa, el rencor, la inadecuación, la confusión, etc., es indispensable para llegar a la aceptación e iniciar otro tipo de relación con el ex-compañero, lo cual se vuelve indispensable cuando hay hijos o intereses comunes.

Es en el manejo emocional donde los hombres suelen “atorarse” un poco porque a ellos les cuesta más trabajo mostrar sus emociones de miedo y tristeza  y optan por refugiarse en el enojo. Las mujeres lloramos y estamos acostumbradas a platicar (a veces en demasía) sobre lo que sentimos y lo que nos pasa; ellos lo piensan veinte veces antes de abrirle su corazón a alguien.

Hay muchos factores dentro de la historia personal de cada persona que se divorcia que van a favorecer un proceso de duelo rápido, o pueden complicar el manejo emocional al mezclar asuntos del pasado no resueltos, y eso es igual para ambos sexos.

¿Por qué los hombres se casan más pronto que las mujeres después de divorciarse? Por varias razones: por comodidad ya que quieren tener su ama de llaves particular o quien les cuide a los hijos; probar al mundo que ellos pueden “conquistar” una mujer más guapa y cariñosa que la que tenían; sacar del closet a la amante clandestina;  buscar una “mamá” (no mamacita, esa es la anterior) que los guíe, mime, proteja y los ayude a seguir con su síndrome de Peter Pan. Los menos son los que elaboran su duelo, hacen su Proyecto de vida individual y construyen una relación de pareja con una mujer, que también tiene su Proyecto de vida, con la que planean metas y objetivos comunes y deciden crecer juntos. Esto es lo que muestran las estadísticas. ¿Qué piensan sobre los hombres divorciados?