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Marzo 10 del 2014

Renovación 70

Tener presente que no estamos solos en nuestro esfuerzo para renovarnos y ser mejores cada día es importante.

Todos contamos con algún familiar o amigo que puede darnos retroalimentación y alentarnos y, si no existiera esta posibilidad, están los grupos de ayuda en que podemos recibir mucho, al mismo tiempo que tenemos la oportunidad de dar.

Una persona comentaba que las personas adictas que van a grupos, por ejemplo los de AA, cambian su adicción al alcohol por la del tabaco o la comida. No es posible generalizar nuestros conceptos sin el riesgo de caer en el error. Puede haber casos y casos.

El asistir a un grupo no significa que “ya la hiciste”, que ya solucionaste el problema.

Para salir adelante, se requiere de una labor que persista en el tiempo, un compromiso total, la disciplina para seguir los pasos ya documentados para obtener resultados (doce pasos en AA), y la voluntad para cambiar.

Crecer es un proceso continuo que no se interrumpe. Si lo hacemos, nos volvemos obsoletos, ya que todo cambia a nuestro alrededor a una velocidad impresionante.

“Pediré y escucharé retroalimentación sobre el proceso de renovación que estoy haciendo, a las personas capacitadas para ello”

Febrero 26 del 2014

Renovación 57

Pedir ayuda. Es indispensable saber cuándo pedir ayuda, y tener la humildad para hacerlo.

En muchas ocasiones podemos caminar solas o solos, curar nuestras heridas nosotros mismos y, en otras, será necesario recibir ayuda externa.

Imaginemos que experimentamos vivencias muy dolorosas de un abuso prolongado en la infancia, abuso de cualquier tipo: físico, verbal, psicológico, social, sexual, intelectual, que ya terminó y no existe más ahora. Puede llegar un momento en que sea conveniente manejar las emociones que están reprimidas, procesar los sentimientos que hayan generado, y dedicarnos a sanar esa herida. Esto tal vez sea algo que hagamos solos, o puede ser que necesitemos la experiencia y la guía de una persona que nos ayude a lograrlo.

Los libros de autoayuda son muy útiles, son una guía general que puede orientarnos y apoyarnos, asistir a grupos de apoyo, o acudir a recibir una asesoría psicológica o tanatólogíca, puede no sólo ahorrarnos mucho tiempo, sino también esfuerzo y dolor.

He sido testigo de cómo algunas personas, sin importar su punto de partida, resuelven “asuntos pendientes” y florecen a la vida, algunas en breve tiempo, otras, poco a poco. Lo que las ha caracterizado ha sido su disciplina y constancia. No hay una solución milagrosa. El milagro lo construimos nosotros día a día, hora a hora, poco a poco, con entrega total.

Seamos honestos y analicemos si estamos invirtiendo el tiempo, esfuerzo y dinero que conviene a nuestro crecimiento personal. Sólo nosotros sabemos la verdad. Sólo nosotros seremos los beneficiados por esta renovación que estamos llevando a cabo.

Febrero 7 del 2014

Renovación 38

Hoy vi desplazarse a una persona ciega con absoluta autonomía y seguridad, y sólo se ayudaba con un discreto bastón que no llamaba la atención. Vinieron a mi mente tantas personas que han superado obstáculos físicos, mentales, económicos, sociales, políticos, para ser ellas mismas, para ganarse la vida, para superarse, para ayudar a los demás, y las veces que yo me he quejado ante una contrariedad sin importancia.

He leído mucho sobre Helen Keller, (1880-1968) una niña que enfermó a los 19 meses de edad de lo que se supone pudo haber sido escarlatina o meningitis, que la dejó ciega y sorda.

Gracias a su Institutriz, Anne Sulivan, quien la enseño a leer y a llevar una vida disciplinada, Helen venció su discapacidad y terminó dando conferencias y clases para abrir el horizonte a quienes no veían o eran mudos.

Fue la primera persona ciega y sorda que se graduó en una Universidad en Estados Unidos (Radckiffe 1904). En 1903 publicó su primer libro “La historia de mi vida”, que es considerado un clásico.

Una de sus frases, cerca del final de su vida es: “En estos oscuros y silenciosos años, Dios ha estado utilizando mi vida para un propósito que no conozco, pero un día lo entenderé y entonces estaré satisfecha.”

Cuando estemos a punto de quejarnos, recordemos a Keller, o a los miles de seres valiosos que nos han dado ejemplo de voluntad, disciplina, fortaleza, tenacidad, y el resultado de tener una Misión en la vida.

Ver en internet películas sobre la vida de Helen Keller: “The miracle worker”, “Un milagro para Helen”

RENOVACIÓN TOTAL (5)

Ya hemos renovado, o estamos en el camino de lograrlo, nuestro cuerpo:
• vigilamos que todos nuestros órganos funcionen bien,
• tenemos una alimentación sana, balanceada, de acuerdo a nuestra edad, actividades y condiciones.
• hemos incorporado hábitos de sueño sano y no padecemos pesadillas ni trastornos del sueño.
• cuidamos nuestro descanso (diferente del dormir), mediante alguna disciplina, ejemplo: la relajación,
• estamos haciendo ejercicio, también acorde a nuestra edad, condiciones, facilidades. Cuando menos, caminamos a buen paso 30 minutos cada día.

Así que la maquinaria está puesta al día y vamos a darle un mantenimiento constante para que siga en magnífico estado. Vamos ahora a renovar algunos aspectos de nuestra manera de funcionar en los campos mentales, psicológicos, emocionales y espirituales.

Comencemos por tener una actitud positiva en todo momento y lugar. Esto puede iniciarse como una disciplina, hasta pasar a formar un hábito y convertirse en parte intrínseca de nuestra personalidad.

Todos tenemos problemas, contrariedades, tragedias, limitaciones, carencias, unos más que otros. No podemos comparar el dolor por la pérdida de un hijo, al que se siente por perder el trabajo, los dos pueden “mover” a la persona en una forma muy violenta, y una es irreversible y la otra, no. El manejo emocional es distinto en tiempo y forma y, los dos eventos pueden ser superados si se trabaja en ello.

La actitud es la suma de lo que pensamos y sentimos. Es la forma en que nuestra mente y nuestro corazón manejan, o reaccionan, a los estímulos que reciben del medio ambiente y de las personas que nos rodean.

Si mi pensamiento es positivo y mis sentimientos son positivos, mi actitud va a ser positiva.

Si mi pensamiento es negativo, aunque diga que mis sentimientos son positivos (¿?), mi actitud será negativa.

Si mis sentimientos son positivos y la mente se enfanga en pensamientos negativos, mi actitud será negativa.
Pensamiento  +           Sentimiento =            Actitud
Positivo            +          Positivo          =           Positiva
Positivo            +         Negativo         =           Negativa
Negativo          +         Positivo (?)     =           Negativa
Negativo          +          Negativo         =           Negativo

Conviene revisar cuál es nuestra actitud ante la vida, en general y si estamos manejando una dicotomía en esta área, si tenemos una actitud en el trabajo, y otra muy distinta en casa.

Para ello vamos a revisar cuál es mi manera de pensar respecto al trabajo. Aquí hay algunos puntos:
• ¿Me gusta?
• ¿Es lo que quiero hacer?
• ¿Llena mis expectativas?
• ¿Estoy satisfecho con lo que he realizado?
• ¿Tengo probabilidades de crecer?
• ¿Practico mi creatividad para facilitar o enriquecer mis labores?
• ¿Estoy satisfecho con la remuneración que recibo?
• ¿Mi trabajo está siendo valorado y reconocido?
• ¿Las relaciones con mis jefes, compañeros y subalternos son satisfactorias?

En la medida en que estés satisfecho en y con tu trabajo, podrás tener sentimientos positivos. Si pretendemos engañarnos a nosotros mismos, racionalizando o cayendo en negación, las emociones auténticas reprimidas y ocultas, se convertirán en sentimientos negativos y van a minar nuestro sistema inmunológico, y generarán una actitud negativa.

Vale la pena analizar cómo nos sentimos en el hogar, con la pareja, con la familia, y ver qué emociones displacenteras no estamos manejando y qué sentimientos negativos hay.

El primer paso es la sincronicidad positiva de mente y corazón. Es un trabajo arduo, de todos los días, que puede traernos una gran paz interna cuando lo logremos.

Bomba de tiempo

Vivimos en una forma acelerada, el tiempo no alcanza para todo lo que pretendemos hacer en 24 horas, tal vez si existiesen días de 30 horas, lograríamos terminar nuestros asuntos pendientes. Si a eso le agregamos que los niños, que son una fuente de alegría y satisfacciones en ocasiones, la mayor parte del tiempo están probando hasta dónde llegan sus límites y encuentran a unos padres estresados, con poca paciencia, cansados, la situación se convierte en una bomba de tiempo.

Tenemos la tendencia a dejarnos llevar por los impulsos, y al tratar a nuestros hijos, repetimos muchas veces conductas erróneas que conllevan la falta de respeto hacia ellos, el ponerles etiquetas que los pueden llegar a marcar de por vida e, inclusive, podemos caer en la violencia y golpearlos.

Es probable que éste sea un patrón que aprendimos de nuestros padres y que hemos aplicado en la oficina, en nuestro trabajo, con nuestras amistades y vecinos, para ejercer el control.

Los padres agresivos se muestran satisfechos de lo sumisos y obedientes que se muestran sus niños, nada más que con ese control tiránico los alejan y pierden su confianza, demeritan su autoestima y puede ser que los orillen a buscar fugas para una realidad que los hiere y los lastima, y ya sabemos que hay tres tipos de fuga: la líquida, la sólida y la gaseosa, o sea, el alcohol y las drogas ingeridas, el exceso en la alimentación, y todo tipo de drogas inhaladas, además del tabaco.

La disciplina es una cadena de dos puntas. La ejercen y acatan las dos partes, unos como padres y otros, como hijos. La perseverancia, la consistencia, la congruencia, la paciencia, el respeto, son indispensables para aplicarla en forma positiva y asertiva.

Si les hablamos a los hijos con desprecio, comparándolos con sus hermanos o amigos, etiquetándolos con sobrenombres o adjudicándoles adjetivos calificativos negarivos como “inútil”, torpe”, “sucio”, “mentiroso”, estamos reforzando la conducta que queremos eliminar. Surte más efecto sembrar la conducta opuesta y cultivarla día a día.

Decirles “te lo dije” es parte de un juego psicológico al que el Dr. Eric Berne llamó “Te agarré desgraciado”(1). El escucharlo es irritante y genera un deseo de venganza y violencia que, si no pueden ejercer contra los padres, la aplicarán contra el perro, el gato, la mascota, el hermano menor, el primo que está de visita, etc.

Los niños aprenden jugando, eso es importante recordarlo. Ahora bien, es importante que aprendan que toda conducta tiene una consecuencia. Si la conducta es positiva, la consecuencia será positiva y, si por el contrario, la conducta es negativa, el resultado será una consecuencia negativa. No hablamos de castigos, sino de que los chicos aprendan a hacerse responsables de sus actos y de las consecuencias que estos traigan consigo.

Las consecuencias negativas se establecen desde el principio y se mantienen vigentes hasta que haya una negociación para modificarlas.

Recordemos la clave:

REGLAS CLARAS Y POCAS,   CONOCIDAS POR TODOS,   QUE SE APLIQUEN SIN EXCEPCIÓN.
Por supuesto que habrá ocasiones en que se puede ser flexible (una excepción, ocasionalmente). Si ya hay mucha rebeldía a ciertas reglas, vale la pena revisar si no son anacrónicas porque ya han pasado dos años, por ejemplo, lo que en un niño o joven es una eternidad porque ellos crecen por minutos. Es como si pretendiéramos que el chico utilice zapatos del 12 cuando su pie mide 16. Puede ser que su madurez sea mayor de la que nosotros queremos aceptar.

Es importante también que las reglas las apliquen “parejo” padre y madre (divorciados o no), abuelos, tíos, en fin, todos los que intervengan en el cuidado, educación y formación de los niños/jóvenes.

Hagamos de nuestra casa un hogar, un espacio de solaz y esparcimiento, de aprendizaje y de reposo cuando estamos cansados, de estímulo cuando andamos “ponchados”, de amor y aceptación incondicional.