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# YO ME QUEDO EN CASA (25)

Al escribir ayer sobre el autor de la letra de la canción Resistiré: Carlos Toro Montoro, periodista y compositor español, creador de más de 1.800 canciones de las cuales, un número importante han sido éxitos, y  por Manuel de la Calva, uno de los integrantes del Dúo Dinámico, quien la dio a conocer y la hizo famosa, me sorprendió saber que la letra fue escrita por Carlos Toro pensando en su padre quien estuvo preso 19 años en una cárcel franquista.

Muchas personas jóvenes no están al tanto de lo cruenta que fue la Guerra civil española. Voy a compartir algunos datos para ubicarnos en contexto.

Algunos datos sobre la guerra civil española (1936-1939):

Oficialmente se mencionan a 572 000 muertos,. A eso hay que añadirle los 114 000 desaparecidos, los 450 000 exiliados, muchos de ellos murieron en los campos de “refugiadeos/concentración” en Francia, o se alistaron en la Resistencia. Sumemos también los 120 000 que murieron por hambruna y enfermedades. La suma es de 1 250 000 españoles muertos en esa contienda, propiciada por la ambición de un dictador aliado de Hitler y Mussolini.

Cito textualmente unas declaraciones del “Caudillo”; “Los criminales y sus víctimas no pueden vivir juntos”, declaró Franco en 1938 a la agencia United Press. La cifra máxima de presos oficiales en España es de abril de 1939: 270.000. En Alemania, en enero de 1945, eran 189.000.  Franco recluyó a centenares de miles de personas como un método para aislar, vigilar y controlar al enemigo. Y lo convirtió, además, en un rentable negocio: mano de obra muy barata o directamente esclava.

Además de los presos en las cárceles, entre abril de 1939 y enero de 1940 había medio millón de personas en campos de concentración, 90.000 en batallones de trabajadores y 47.000 en batallones disciplinarios. Los recluidos eran clasificados según su capacidad de conversión en “afectos” al Régimen, “dudosos” y “desafectos”.

PRISIONEROS POR TIPO DE TRABAJO  (1937/39):   590 850

22 570 trabajos militares

34790 obras públicas, minería e industria

1 725  desconocidos.

Solo entre 1940 y 1957, el total de jornadas trabajadas por presos en ferrocarriles asciende a 4,7 millones. Son datos del informe que el Gobierno ha encargado al investigador de la Universidad Complutense Gutmaro Gómez Bravo para tratar de reunir toda la información sobre el trabajo en los campos de concentración y en las prisiones, ahora dispersa.

Ochenta años después del final de la Guerra Civil, el Estado no dispone de censos oficiales sobre todas las formas de represión franquista. Fueron decenas de asociaciones de familiares quienes se presentaron en 2008 en la Audiencia Nacional con cajas, maletines y bolsas para entregar al juez Baltasar Garzón los nombres de los desaparecidos: 143.353.

Es conveniente recordar también a los miles de presos enviados a trabajar en El Valle de los Caídos, en la que los que caían como moscas eran ellos, por la insalubridad, desnutrición y condiciones críticas en que se llevó a cabo la obra.

Hemos visto películas sobre los presos en Guantánamo o en Afganistán y nos han causado horror. Franco no se anduvo con chiquitas. Las condiciones de los presos durante los 40 años que fue Dictador en España, fueron la antesala delaverno.

Sé que muchos se sienten como presos encerrados en sus casas. Cuando se desesperen, escuchen la canción “Resistiré”, y piensen en las miles de personas que en verdad estuvieron presos en la sucursal del infierno en la tierra, regenteada por alguien que se persignaba varias veces al día. Estaban ahí no por ser criminales o delincuentes, sino por pensar distinto a él y sus creencias fascistas.

Por supuesto que la canción y el tema me tocan el corazón en forma directa. Mis padres y hermanos fueron parte de esos 450 000 exiliados que tuvieron que abandonas familia y patria, por pensar diferente. Mi padre fue siempre un idealista y nunca disparó un tiro. El combatió los tres años en el frente con sus ideas.

Algunos enlaces:

https://elpais.com/politica/2019/02/11/sepa_usted/1549896518_673788.html

https://elpais.com/politica/2019/02/11/sepa_usted/1549896518_673788.html

https://www.cope.es/programas/tiempo-de-juego/noticias/carlos-toro-autor-cancion-resistire-tiempo-juego-convertido-himno-nacional-20200404_669929

 

Buscar nuestras raíces

Hace más de cuarenta años visité, por primera vez, España todavía bajo la dictadura de Franco.  A pesar de mi juventud, fue una impresión muy fuerte, porque traía conmigo el fantasma de mi padre, quien nunca quiso regresar a su patria mientras “el caudillo” viviera, y murió sin volver a ver a su padre y varios hermanos que se le anticiparon en ese último viaje.

En aquella ocasión conocimos algunos puntos turísticos de Madrid y sus alrededores, Andalucía y Burgos. Yo era la primera de mis hermanos que llegaba a la tierra de mis padres y uno de mis objetivos era conocer los pueblos donde ellos habían nacido  y a la familia de la que sólo sabía que existía por carta, ya que nadie más emigró a México. En mi infancia me sentía mal porque yo no tenía abuelos, tíos, primos, como los demás niños y el hecho de no “tener familia” me marcó en alguna forma y ahora, por fin, iba a conocer a algunos de ellos.

Recuerdo que llamamos por teléfono a un tío paterno que vivía en el pueblo de mi papa, en Vilches, Jaén, Andalucía, y le dijimos que al día siguiente llegaríamos a visitarlos.  Cuál no sería nuestra sorpresa cuando esa mañana, al bajar al lobby del hotel, lo encontramos esperándonos, con una pequeña maleta en la mano. Le preguntamos por qué había viajado hasta Madrid y nos contestó que “para enseñarnos el camino al pueblo”. Por supuesto que teníamos mapas de las carreteras y estábamos acostumbrados a hacer largos recorridos en auto, por lo que el gesto nos pareció conmovedor, ya que era una lección de hospitalidad inesperada.

Cuando llegamos al pueblo, nos hizo dar tres vueltas con el auto en círculo en la plaza donde está la iglesia, la casa del ayuntamiento y, no podía faltar, el bar. Cuando me percaté de lo que pasaba, caí en  cuenta que él deseaba que todos los que ahí se encontraban  “casualmente”, nos vieran y supieran que habían llegado “los mexicanos”.  La recepción colectiva fue cálida y abrumadora, nos platicaban personas de todas las edades, familiares o no, nos regalaban cosas, nos preguntaban por México, un territorio de mariachis, pistolas y caballos, según lo que habían visto en algunas películas. Nos dieron un banquete con embutidos, jamón serrano, aceitunas, vino, manzanilla, en fin, un festejo para el paladar en toda forma.

Poco después, fuimos al pueblo de mi madre, Barbadillo de los Herreros, en Burgos, donde la impresión fue otra y tuvimos la oportunidad de vivir una experiencia más íntima. Al iniciar la calle-carretera que era el eje del poblado, estaban un par de encantadores viejecitos, ella, con su largo vestido negro, su canoso cabello recogido, una sonrisa y ojos chispeantes iguales a los de mi madre; él, enjuto, vivaracho, simpático. Pensamos que iba a suceder algo parecido a lo del pueblo de mi papá y no fue así, aquí la recepción fue más personal, más hacia dentro.

Vivían en una casa de piedra, de gruesas paredes y escasas ventanas (por el frío tan intenso del invierno), que tenía varios niveles. En el primero estaban los cuartos donde guardaban los animales (cerdos, gallinas, ovejas, perros), subías unos escalones y había un cuarto donde colgaban pellejos con vino, chorizos, jamones, carne, ristras de pimientos, ajos, y no sé qué otros alimentos. Unos escalones más arriba estaba el núcleo de la casa: la cocina con una enorme chimenea que calentaba toda la vivienda al estar encendida día y noche. Ahí colgaba un perol con agua donde iban poniendo las cáscaras de las verduras que pelaban, sobras de comida, etc., que daban después a los animales. En el centro había una mesa con un brasero abajo para calentar los pies. Me sentí dentro de uno de los cuentos que leía de niña. Horas de platicar, compartir anécdotas, comer jamón serrano, embutidos y un queso ovejero delicioso, acompañado todo esto con un vino tempranillo y al terminar, un vasito de orujo fuerte y oloroso. Subías otro nivel y estaban las recámaras.

En ambos pueblos encontré la respuesta a muchas actitudes de mis padres que no comprendía, el origen de algunas de sus creencias, su pensamiento rígido y apegado a las tradiciones  y costumbres de su lugar de origen como una manera de no perder sus raíces, su sentido de pertenencia a una familia, a un pueblo, a un país, y me prometí llevar a mis hijos a conocer estos pueblos, con lo positivo y negativo que ello pudiera acarrear, ya que ellos eran tan urbanos, tan lejanos a la vida rural, sencilla del campo y las pequeñas ciudades, que presentía un choque cultural en ese sentido. 

Cumplí mi meta. Los cuatro han estado en la fiesta de la Virgen del pueblo de mi padre, y les encantó la experiencia. No coincidimos con la celebración de la fiesta del pueblo de mi madre en Burgos las veces que hemos regresamos a España, aunque si hemos ido varias veces al pueblo.  Algún día de estos podremos ir a pasar la fiesta de la Virgen de Costana en Barbadillos, y espero conocer a muchos familiares más, ya que alguien muy ingenioso, cuyos padres o abuelos eran originarios del lugar, se dio a la tarea de localizar a todos los que compartimos el mismo apellido en las redes sociales y nos ha enlazado a pesar de vivir en distintos países y continentes. Tal vez algunos de ellos tengan hijos que no conozcan el pueblo de sus abuelos y, créanme, vale la pena llevarlos y fomentar el nexo con sus raíces familiares, raciales, culturales, regionales, en este mundo tan frívolo y volátil que en ocasiones que no valora lo que significa la palabra familia, patria, linaje, tradición, herencia cultural, en contraste con el peso que se le da a ser dueño de cosas.

¿Qué piensan de la opción de buscar nuestras raíces?