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diciembre 16 del 2014

Renovación 351

Vamos a reafirmar si ya hemos aprendido a dar y a recibir.

Podemos dar nuestro tiempo, cariño, amor, esfuerzo, dinero, apoyo, energía, en la medida en que nos sintamos satisfechos y los demás, también, porque lo hacemos sin que exista ningún interés ulterior de control, búsqueda de reconocimiento, agradecimiento, o necesidad de crear o mantener lazos de codependencia.

El dar y recibir es parte de una dinámica de flujo constante. Es sano y gratificante per se. No damos por obligación, culpa, lástima o vergüenza, damos sanamente porque nos nace hacerlo.

También es importante saber recibir sin sentir culpa, vergüenza o minusvalía. Saber que merecemos apoyo, cariño y bienestar sin tener que pagar penitencia por ello.

Recordemos que “cada vez que hago algo por alguien que puede hacerlo por sí mismo, le estoy impidiendo crecer”. Esto puede variar desde llevar el auto de los hijos al taller mientras ellos pasean, pagar sus cuentas aunque tengan 30 años, despertarlos por la mañana varias veces para que vayan a trabajar, etcétera, hasta darles una extensión de nuestra tarjeta de crédito, para así enterarnos de lo que están gastando, a pesar de que tienen un empleo fijo desde 10 años atrás. Cuando son pequeños, significa ayudarlos a vestirse cuando ya tienen 6 años y podrían hacerlo por sí mismos, partirles la carne, recoger sus juguetes, etc. Todo eso no es cariño, ni ayuda, es control y codependencia.

Mantener un flujo sano en el dar y recibir facilitará relaciones sanas con quienes nos rodean.

DEJAR FLUIR LA ENERGÍA

Algo que podemos hacer para empezar más ligeros de equipaje el año próximo, es eliminar muchas de las cosas que salen sobrando en nuestra vida. ¡Cuidado! No hablo de personas, sino de objetos inútiles que hemos acumulado en el tiempo.

Por ejemplo. Estamos en época de dar. Abre tu closet y si hay tienes ropa que hace varios años no usas, ponla a circular = dásela a alguien que la reciba con gusto, puede ser alguien conocido, un asilo, orfelinato, internados de beneficencia, en fin, hay muchas maneras de que le sirva a alguien. Ahora bien, si se trata de vestidos de firma, llévalos a una tienda de ropa semi-nueva y permite que alguien los disfrute.

Sigue con los cajones del comedor o la cocina donde vas a encontrar muchas cosas que no te sirven, y que es posible no te sean útiles en el futuro. ¡Tíralas!

Ahora ve a tu escritorio donde tienes sin archivar todos los folders de este año, porque el archivero está saturado con los de 10 años para atrás. Certifica cuánto tiempo requiere Hacienda que guardes los papeles oficiales, separa escrituras, contratos, pólizas, garantías de aparatos domésticos, documentos oficiales, etc., y empieza a eliminar esos folletos que ya están obsoletos, los artículos de periódicos o revistas que ya están fuera de tiempo. Quédate con lo que sirve y elimina, elimina.

Zapatos, eso es algo de lo que a mí me cuesta trabajo desprenderme, y me fascina comprar. Tengo muchísimos pares de zapatos, no tantos como Imelda Marcos, pero si más de los que necesito. Hay personas que caminan descalzas porque no pueden darse el lujo de comprarse un par de zapatos. Compártelos. Hay organizaciones religiosas y seglares que “venden” la ropa usada a personas de escasos recursos por un precio mínimo. Regálalos.

Si tienes muchas novelas y libros, hay grupos que los llevan a los reclusorios y forman círculos de lectura con los reos, hay bibliotecas en comunidades de escasos recursos en las que pueden tener cabida. Si son en inglés, dáselos a las Damas Voluntarias del hospital ABC, llévalos al templo que está en Montes Auvernia y Paseo de la Reforma, en las Lomas de Chapultepec, o busca alguna otra organización que los utilice.

Aprovecha y dale una “limpiadita” a la cocina. A veces guardamos el sartén nuevo, los vasos, las tazas, etc. que nos regalaron o compramos, y seguimos utilizando los que están deteriorados. Checa tus envases de plástico para ver si todos tienen tapas, si cierran bien, si no están cuarteados. Ve en la despensa si no tienes latería que venció hace años o meses. Te vas a llevar una sorpresa con todo lo que no sirve que almacenas en la cocina.

La idea es eliminar cosas y compartir, para dejar fluir la energía. Cuando nosotros damos, entramos en el flujo de recibir. Hazlo con amor, con cariño y con firmeza. ¡¡¡¡¡¡ Suerte !!!!!

OCTAVA PUERTA: DAR

Cuando nacemos dependemos al 100% de los demás porque necesitamos para sobrevivir que nos den todo: calor, alimento, contacto, cariño, así que nos acostumbramos a recibir y a ser una parte de nuestra fuente de satisfactores.  Poco a poco, viene la individuación y la autosatisfacción en muchos sentidos, tal el vez el primero sea el lúdico, aunque sigamos dependiendo de los demás para sobrevivir, hasta que nos independicemos en todos los sentidos.

Así, recibimos todo desde que nacemos  y nos acostumbramos a ello. Al crecer, si confiamos en nosotros mismos, vamos a ser capaces de proporcionarnos muchos satisfactores de toda índole, y vamos a aprender a compartir y a dar, en un intercambiando que nos hace formar parte de muchas redes: familiares, sociales, deportivas, laborales.

Aunada a muchas inseguridades, está la necesidad de poseer, de guardar, de acumular en exceso, de no compartir, y de esperar que los demás nos sigan dando todo lo que requerimos.

En el equilibrio está la clave, guardar lo necesario, compartir lo que haga falta al grupo, dar y recibir con amor, en armonía, sin egoísmo ni intereses ulteriores

Se dice fácil y nos cuesta mucho trabajo hacerlo.  Si no lo crees, asómate a tu closet y revisa cuánta ropa de más tienes, no necesitas 20 pares de zapatos, cuatro abrigos, 30 suéteres, etc., de los cuales muchos no has usado en años, mientras hay personas que se mueren de frío a tu alrededor. Puedes hacer un inventario en tu casa para ver si tienes una personalidad retentiva y acumulas y acumulas cosas, recuerdos, recuerditos, bobada y media, y te has concentrado más en tener que en ser.

No sólo guardamos cosas, también guardamos el reconocimiento, las caricias, el aliento, el apoyo, el cariño que podemos dar a los demás.  Revisa si tienes una caja fuerte donde has acumulado todo esto durante años o durante toda tu vida, lo que no te hará más poderoso sino más infeliz.

Cuando damos, permitimos que el flujo positivo que nos llega, siga su curso y se ensanchen los caminos. Ten la seguridad que te llegará multiplicado por “setenta veces siete” todo lo positivo que des a los demás. Empieza hoy, comparte todo lo que tienes de más en tu casa con los que no tienen nada. Mira con una óptica nueva a todos a tu alrededor y empieza a darles lo que intuyas necesitan para vivir mejor. Sé generoso(a) con tu sonrisa, con tu saludo, con el reconocimiento verbal que esperan de ti, regala abrazos y palabras de aliento a quienes sufren. En tus oraciones, pide por y para ellos, no para ti, lo tuyo llegará en su momento.