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Diciembre 6 del 2014

Renovación 341

Si sumamos todos los números, mes, día, año, reflexión, tendremos el número 6 asociado a la palabra clave: responsabilidad.

Recordemos algunas reflexiones al respecto planteadas durante el año:

• Somos responsables de lo que pensamos, sentimos y hacemos.

• Hemos decidido tomar el control de nuestra vida.

• Vamos a ser pro-activos, no reactivos.

• Nadie puede hacernos sentir algo que yo no queramos sentir.

Vamos a recordar también a Viktor Frankl, creador de la Logoterapia, a través de algunas de sus frases:
o Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.

o La muerte como final de tiempo que se vive sólo puede causar pavor a quien no sabe llenar el tiempo que le es dado a vivir.

o El hombre se auto-realiza en la misma medida en que se compromete al cumplimiento del sentido de su vida.

o La mejor forma de conseguir la realización personal es dedicarse a metas desinteresadas.

o En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo.

o El humor es otra de las armas con las que el alma lucha por su supervivencia. Es bien sabido que, en la existencia humana, el humor puede proporcionar el distanciamiento necesario para sobreponerse a cualquier situación, aunque no sea más que por unos segundos.

o No existe ninguna situación en la vida que carezca de auténtico sentido. Este hecho debe atribuirse a que los aspectos aparentemente negativos de la existencia humana, y sobre todo aquella trágica triada en la que confluyen el sufrimiento, la culpa y la muerte, también puede transformarse en algo positivo, en un servicio, a condición de que se salga a su encuentro con la adecuada actitud y disposición.

o Cuando uno se enfrenta con una situación inevitable, insoslayable, siempre que uno tiene que enfrentarse a un destino que es imposible cambiar, por ejemplo, una enfermedad incurable, un cáncer que no puede operarse, precisamente entonces se le presenta la oportunidad de realizar el valor supremo, de cumplir el sentido más profundo, cual es el del sufrimiento. Porque lo que más importa de todo es la actitud que tomemos hacia el sufrimiento, nuestra actitud al cargar con ese sufrimiento.
o Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino.

Vamos a ser responsables, al 100%, de nosotros mismos y de nuestra actitud.

Vamos a permitir que los demás se responsabilicen de ellos mismos.

Diciembre 5 del 2014

Renovación 340

Reflexionemos sobre si nos respetamos y nos cuidamos como merecemos.

Respetarnos es funcionar sin apegos.

Respetarnos es tomar en cuenta lo que pensamos y sentimos, para actuar en consecuencia.

Respetarnos es no hacer lo que los demás nos demandan si se opone a nuestro Proyecto de vida.

Cuidarnos es cubrir nuestras necesidades físicas, mentales, psicológicas, emocionales, espirituales, sociales.

Respetarnos es no empeñarnos con denuedo en cubrir las necesidades de los demás en deterioro de nuestra persona.

Cuidarnos es mimarnos y consentirnos en ocasiones, sobre todo después de una ardua labor o un esfuerzo considerable.

Nadie puede dar lo que no tiene.

Si yo no me respeto, no puedo respetar a los demás.

Podré acceder a sus deseos, aun cuando esté en desacuerdo a ellos, y más tarde o temprano, se los cobraré sembrando en ellos culpa o remordimiento, además de vivir con un resentimiento soterrado en mi interior, que pasará factura a través de alguna enfermedad.

¿PSICÓLOGOS O COMERCIANTES?

¿Psicología o comercio?

Hace poco me tocó escuchar a una persona en una conferencia sobre una posibilidad de reconciliación con los padres muertos.

Cuando mostró, después de publicitar su negocio, la primera diapositiva sobre el tema, quedé sorprendida porque mostraba conceptos equívocos sobre conceptos básicos, no ya de psicología, sino de sentido común. Por ello procedí a evaluar, con rigor científico, todo lo que decía, hacía y transmitía.

En su lenguaje corporal (gestos, ademanes, postura, vestimenta, forma de caminar, dirección de la mirada) y en el contenido verbal de su mensaje proyectó:
• Rigidez
• Distancia
• Frialdad
• Soberbia
• Una Posición existencial de superioridad +/-
• Perfeccionismo
• Personalidad anal o retentiva
• “Estreñimiento mental”
• Astucia
• Seguridad
• Firmeza
• Mirada mostraba material inventado
• Mentalidad fría y calculadora
• Voz:
o Falta de modulación
o Timbre agudo
o Ritmo acelerado
o Pausas obligadas para tomar aliento nada más
o Tono alto
o Énfasis sólo al momento de ofrecer sus productos a la venta.

El mensaje tentativo fue sembrar la idea de que, en una sola sesión, se puede llegar a convertir la “rabia” que siente una persona en AMOR.

Habló de polaridad, definiendo el concepto como contraste = blanco-negro, abajo-arriba, día-noche. En eso coincidió con lo escrito por el filósofo J. Ferrater Mora que describe la polaridad así:

“POLARIDAD. Por analogía con los polos (Norte y Sur), que están opuestos entre sí, pero están relacionados —o, si se quiere, están relacionados en la forma de la oposición, o de la contraposición-, se habla, o puede hablarse, de polaridad para referirse a realidades, o a conceptos, o a doctrinas polarmente relacionadas, es decir, contrapuestas. La idea de polaridad en varios sentidos de esta palabra es muy vieja en filosofía y, en rigor, es más antigua que la filosofía misma, como lo muestra el estar incorporada en muchos lenguajes”.

Y con la definición de la RAE:

“Condición de lo que tiene propiedades o potencias opuestas, en partes o direcciones contrarias, como los polos”.

En su diapositiva mencionó como como sentimientos al AMOR, IRA, MIEDO Y TRISTEZA que son emociones. Hay una enorme diferencia entre unos y otros: cambios en la bioquímica del cuerpo, intensidad, duración, impacto.

La polaridad del amor puede ser el desamor; del miedo, la seguridad; de la tristeza, la alegría, y de la ira, la ecuanimidad que puede lograrse mediante el manejo emocional asertivo de los estímulos internos o externos que la generan.

Acto seguido procedió a efectuar una visualización para la cual pidió no hubiera cruces energéticos mediante brazos o piernas cruzados (OK), ojos cerrados (OK), el regazo libre (OK), mano izquierda sobre el estómago y derecha sobre el corazón (¿objetivo?) (¿no hay ahí un cruce?), respiración adecuada (OK).

Mediante un CD introdujo una grabación con una voz melodiosa, buena dicción, modulación, tono y ritmo, con una música instrumental de fondo adecuada. Los participantes fueron conducidos a un lugar que les agradara y cubrió los tres canales de la PNL, después de lo cual visualizaron a sus padres, muertos o vivos, y los conectó con ellos, por lo que muchas personas empezaron a llorar, sobre todo aquellas cuyos padres habían muerto hacía poco o no habían resuelto su duelo.

Manipuló los sentimientos de dolor, culpa, remordimiento, resentimiento, y la emoción de la tristeza.

Manejó la técnica de fade out como apoyo para quitar la imagen negativa y se brincó una fase muy importante. (Fade out es una técnica cinematográfica que causa la imagen se oscurezca y desaparezca).

No hubo un cierre apropiado y las personas quedaron emocionalmente vulnerables. Ahí terminó la grabación y la persona que manejó la ponencia utilizó inmediatamente 10 minutos para promover la venta de ese CD con la relajación, y del libro donde vienen las instrucciones para utilizarlo, además de otros libros, cursos, terapias, etc.

Los participantes corrieron a comprarlos como una panacea para modificar la forma en que se sentían respecto a sus padres.

Yo me preguntó si eso no es falta de ética,, si eso es psicología o la comercialización de la psicología al inducir a un estado emocional vulnerable a las personas, y dejarlas abiertas para aprovechar el momento para venderles ciertos productos para “aliviar” su dolor.

Marzo 4 del 2014

Renovación 63

Ser responsables de nosotros mismos significa, aceptar las consecuencias de lo que pensamos y sentimos que es el origen de lo que hacemos.

¡Es tan fácil culpar a los demás! Por no ser lo que nosotros queremos que sean, porque no se comportan de acuerdo a nuestras expectativas, porque están muy lejos de la imagen internalizada del personaje de cuento que deseamos adopten.

Una de las medidas que adoptamos para ello es etiquetar todo:
• Los hombres son…
• Los grupos de autoayuda no sirven…
• Todas las mujeres buscan…
• Los padres deben ser….
• Todos los hombres quieren eso…
• Mi pareja es insensible…

Otra es fugarnos al lugar de las fantasías inconclusas:
• Si hubiera sido más cariñoso…
• Si hubiera escogido a mi otro novio…
• Si no hubiera tenido tantos hijos…

En esta forma vamos evadiendo tomar las riendas de nuestra vida y, poco a poco, nos convertimos en títeres que son manejados por los demás según sus intereses.

“Voy a eliminar de mi narrativa todas las etiquetas que utilizo para personas, eventos, circunstancias, y voy a ver todo con objetividad para aprender de todo lo positivo y negativo que me ha rodeado”.

SUICIDIO DE UN HIJO

Quiero dirigirme a los padres de jóvenes, niños y adultos, que se hayan quitado la vida. He mencionado en repetidas ocasiones que, para mí, el dolor más fuerte es la muerte de un hijo. Si esa muerte es además autoinfringida, el dolor es aún mayor.

Quiero decirles que entiendo su dolor infinito, el desconcierto enorme que los inquieta, sobre todo si fue sorpresiva la muerte y ustedes no tenían idea de que algo no andaba bien. Esto lo hago a nivel cognitivo, con la parte racional de mi cerebro, la que se ha preparado para apoyar desde el punto de vista tanalógico a personas que viven una experiencia traumática como ustedes.

A nivel emocional, puedo sentir el desgarramiento que sienten, como si los hubieran partido en pedazos, como si les hubieran arrancado algo de su cuerpo, de su alma, de su espíritu, el dolor físico que les quita el sueño, el apetito, las ganas de vivir.

Van a sentir que están dentro de una pesadilla y que, en cualquier momento, van a despertar y todo volverá a ser como antes. En algunos casos, el cerebro nos cuida y construye un muro de protección mientras recuperamos o adquirimos fuerzas para enfrentar la muerte de un hijo, en especial si fue él o ella quien tomó la decisión de matarse.

Las emociones de tristeza, ira y miedo van a apoderarse de su vida, día y noche. Ver su recámara, sus cosas, percibir su olor impregnado en la ropa, tocar sus juguetes, su computadora, sus libros, escuchar la música que le gustaba, todo va a inundarlos de una tristeza infinita.

Van a sentir una ira infinita contra ustedes, los médicos, sus maestros, sus amigos, sus familiares, por no haber detectado a tiempo que su hijo(a) tenía problemas psicológicos o psiquiátricos que lo podían llevar a suicidarse. Van a percatarse de muchos indicios que no vieron antes, tal vez de las ocasiones en que su hijo(a) decía que quería morirse, que estaba harto(a), que no podía más, y ustedes pensaron que era una forma de expresar su enojo.

Van a sentir miedo de que sus otros hijos puedan tener ideas parecidas, de que su compañero no “aguante” el impacto de esta muerte no esperada, de los comentarios de la familia, del juicio de la sociedad, de lo que será de sus vidas sin ese hijo o hija tan querido.

Como un torbellino se van a presentar los sentimientos también: la culpa, la vergüenza, la confusión, la envidia, el rencor, el temor.

No hay escapatoria. Van a pasar por una vorágine de emociones y sentimientos. Por favor, si no pueden manejar los primeros y procesar los segundo, encuentren apoyo tanatológico en un psiquiatra o psicólogo experto en el tema, o en un Tanatólogo(a) profesional con experiencia y ética.

El duelo va a ser largo y doloroso, prepárense para ello. Vívanlo a conciencia para volver a tener equilibrio en sus vidas. Piensen que su hijo o hija está ya en otro plano donde no sufre aquello que lo amenazaba en la tierra, que está tranquilo, que eso fue lo que quería hacer, su decisión.

No hay respuesta para las preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué él o ella? ¿Por qué ahora? ¿Por qué no me di cuenta? ¿Por qué no le dediqué más tiempo? ¿Por qué se mató de esa manera? ¿Desde cuándo tomó la decisión? Y otras parecidas.

Hay respuestas a otras preguntas que van a llegar más adelante, que ayudarán a aceptar su partida en solitario, tal vez a corta edad, y van a incorporarlo a su narrativa personal en otra dimensión.

No están solos en su dolor. Hay muchos padres que han vivido, o están viviendo, una experiencia similar, y hay grupos de apoyo especializados para ustedes.

Sobre todo, no están solos porque tienen a Dios, a su Poder Superior que los va a proteger y cuidar, aun cuando ustedes se enojen mucho con Él por no haber evitado que su hijo se matara. Hagan mucha oración aunque no practiquen una determinada religión, y si son practicantes activos, recen también.

Piensen en su hijo o hija como era antes de irse, en los muchos o pocos años que tuvieron el privilegio de acompañarlo en el camino. Recuerden sus risas, sus berrinches, sus logros, sus dudas, sus anécdotas simpáticas. Les dará fuerzas mientras manejan su duelo.

Desde mi corazón, les mando un abrazo con todo cariño lleno de energía positiva para que los apoye en la difícil tarea que tienen por realizar. Sé que van a salir adelante. ¡Qué Dios los bendiga!