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CERRAR HERIDAS

Ayer recibí una gran satisfacción: constatar que una alumna va viento en popa hacia el logro de sus metas de vida, relajada, segura, firme.

Hace unos meses tenía una herida abierta por la pérdida de sus padres y por ello me pidió asesoría. Su dedicación, compromiso, entrega a la tarea, claridad de mente y honestidad emocional, hicieron el resto.

Ya está elevando el vuelo y trabajando para trascender, viviendo plenamente cada día su Proyecto de vida, y ello me llena de satisfacción y alegría.

En cambio, una antigua “fan”, que me echaba porras todos los días, en cuanto le planteé la alternativa de dejar de emplear su tiempo y energía en juegos psicológicos y confrontar su realidad, «salió por piernas» y no he vuelto a saber de ella.

Cada quien tiene su momento para crecer, para aprender de los errores del pasado y seguir avanzando hacia la Meta final, con un PROYECTO DE VIDA ESCRITO, que sirva para analizar y evaluar los avances y el cumplimiento del objetivo central: cumplir con su MISIÓN DE VIDA.

Para todas las personas que me han permitido acompañarlos en un tramo del camino de su vida, así sea el final hasta abrazar la muerte con paz y tranquilidad, les agradezco su confianza y el haberme enseñado tantas cosas, útiles para mí algunas, y que incrementaron mis herramientas para dar apoyo a los demás.

Los padres

Hoy vamos a agradecer el haber tenido unos padres que, a su manera y con sus limitaciones, nos dieron lo mejor que pudieron. Tal vez tu papá o tu mamá murió, o fallecieron los dos al mismo tiempo, por lo que fuiste criado(a) por tus abuelos, tíos, algún familiar o fuiste adoptado.

Es muy común que un niño se sienta frustrado cuando no consigue lo que quiere, y que culpe de ello a los padres, a quienes les puede guardar un rencor enorme de por vida. Veamos un caso, el niño tiene dos años cuando nace su hermana y deja de ser el centro de atención para pasar a segundo término (tercero si había competencia con el padre para acaparar a la mamá). Puede buscar llamar la atención mediante conductas regresivas, tales como chuparse el dedo, orinarse en la cama, etc., cosas que ya no hacía antes de la llegada del bebé, o hace unos megaberrinches que perturban a todos. El niño se siente relegado, por lo que siente coraje hacia la hermana y los papás, emoción que reprime o disfraza para no sentirse lastimado. Nacen después más hermanos y esa sensación de no ser amado se queda grabada en su memoria. Al ser adulto, en forma inconsciente, es él quien priva a los padres de cariño o atención, para castigarlos por lo que le hicieron a él cuando era niño.

Así tenemos a personas que culpan a los padres por haberlos regañado, corregido y castigado, o por no haberles dado suficiente amor, cariño, atenciones, mimos. Estoy hablando de padres sanos, no de aquellos que abusan psicológica, física o emocionalmente de sus hijos, a esos es necesario enviarlos al psiquiatra y/o a prisión.

Los hijos no vienen con un manual de procedimientos y, en mi experiencia, algunos padres deciden estudiar cómo llevar a cabo la actividad más importante de su vida a destiempo, cuando el niño ya está aquí, o cuando empieza a dar problemas. Son pocos los casos en que una pareja lo hace antes de concebir, o de que una abuela que va a criar a su nieta se ocupe de actualizarse en este sentido, como Blanquita, quien tomó el primer Diplomado de Escuela para Padres que impartí en 1992.

Como padres, imitamos lo que aprendimos de nuestros padres, así que puede haber patrones de conducta anacrónicos o erróneos en nuestro desempeño parental. Un padre o una madre que no fueron mimados y acariciados cuando eran niños, no tienen el modelo para ser unos padres amorosos, y no por ello van a ser “malos padres”. Si entendemos esto en forma integral = mente y corazón, vamos a resolver muchos malos recuerdos que siguen generando rencor en nuestras vidas. Nuestros padres hicieron lo que pudieron, porque su comportamiento era consecuencia de su historia personal y de la influencia de su entorno.

Nosotros podemos ser unos buenos padres para nosotros mismos, y practicar la autoreparentalización para cerrar las heridas que pueda haber de nuestra infancia. Muriel James escribió un libro que se llama ¡Libre!, Editorial Fondo Educativo Interamericano, donde nos habla de esto.

Así que agradece a tus padres, o a las personas que te criaron, el haber estado en tu vida y lo poco o mucho que te dieron. Resuelve los resentimientos que puedas tener contra ellos, y acéptalos como son, con sus defectos, limitaciones y carencias, no como tú quisieras que fueran. Dales tu amor y respeto mientras vivan y no esperes para ir a su tumba a pedirles perdón cuando mueran.