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Agosto 25 del 2014

Renovación 238

Cuando fallece un ser cercano en el afecto o parentesco, suele favorecer que nos cuestionemos nuestra muerte.

Si ya hemos aceptado que ese es nuestro punto final del camino que recorramos en esta dimensión, si ya hemos decidido cómo y cuándo tendrá lugar, y quiénes queremos que estén con nosotros en la despedida, no nos afectará mayormente.

Si vivimos hipotecando nuestra vida, en la evasión y la co-dependencia, es probable que nos deprimamos y sintamos miedo.

Nuestra relación con la muerte es nuestra relación con la vida. Si vivimos a plenitud en la armonía y el amor, vamos a disfrutar el hoy, el momento actual que es el único que nos pertenece. El ayer ya no está, el mañana no sabemos si llegará.

Cuando somos jóvenes y muere un abuelo, decimos: “ya estaba viejo”, aunque sólo tuviera 60 años. Cuando tenemos 50 años, ya no nos parece que una persona sesentona sea un anciano, sino un “adulto mayor”. ¿Cuenta la vejez del alma o la del cuerpo?

Mantenerse joven es una actitud. Es recuperar la capacidad de asombro de cuando éramos niños, es descubrir cada día un prodigio de la naturaleza y hermanarnos con la fuente misma de la vida.

Abril 6 del 2014

Renovación 97

Puesto que hemos dejado la tristeza atrás, y hoy es día de recuperar fuerzas, vamos a rescatar nuestra capacidad de asombro que es probable hayamos dejado olvidada en algún recodo del camino años atrás.

Una de las formas de hacerlo es acercarnos a la naturaleza y observar, ver, escuchar, palpar, el milagro de la vida. Esto puede ser en un muro o pendiente escarpada, dura, de piedra sólida, de donde, surge de pronto un brote de verde: una planta ha encontrado su camino hacia la luz y la vida.

Otro ejemplo asombroso que encontré fue en el Pedregal de San Ángel, en México, D.F., una zona residencial de lujo, cerca de Centros comerciales, la UNAM, y otras construcciones relevantes de la gran urbe.

Este Pedregal se llama así porque el volcán Xitle (náhuatl xictly ombligo), ubicado a las faltas del Ajusco, al sur de la ciudad de México, que tiene 3 100 metros de altura sobre el nivel del mar, un diámetro de 250 metros, y una pendiente entre los 30° y 40°, hizo erupción en el año 300 A.C.

Cuando sucedió la explosión, la lava corrió por diversas fracturas y se extendió sobre un área de alrededor de 80 km2, arrasando cuando estuvo a su paso: bosques, praderas, cañadas, pirámides (Cuicuilco), todo quedó sepultado.

Hoy día el volcán está inactivo y cubierto por vegetación, por lo que la gente lo confunde con un cerro.

Los cuicuilcanos huyeron de su sede y se cree fueron a formar parte de la fundación de Teotihuacan. Después de muchas excavaciones, se han podido rescatar algunas ruinas de las pirámides que existían en el lugar, como la cúspide de una pirámide circular, algo singular dentro de las ruinas arqueológicas que existen en la República Mexicana, todas de forma cuadrada o rectangular.

En el Pedregal de San Ángel hay fraccionamientos residenciales de lujo, con enormes viviendas que aprovecharon la roca volcánica para sus cimientos, muros, bardas y jardines. Yo tuve la oportunidad de admirar en el jardín de una de ellas, un árbol de copal (el árbol sagrado de los aztecas) que, al ser arrasado por la lava, sobrevivió y creció horizontalmente unos dos metros y medio, hasta que empezó a erguirse y convertirse en un árbol frondoso.

Detenernos a ver cómo aprende un niño a hablar, formar sonidos, controlar sus movimientos, querer manejar, a los seis meses, una tableta desde donde se emite música infantil y mover sus manitas sobre el teclado como lo hacen los padres, es algo asombroso.

El reto es que nos enfrentemos la vida cotidiana con otra óptica, la que no da todo por hecho, ni cree merecer todo y saberlo todo.

La naturaleza, la vida, Dios, nos regalan muestras de cosas asombrosas todos los días. Vamos a apreciarlas y valorarlas. Nuestras endorfinas se elevarán y nos sentiremos mejor.

Puedes saber más sobre el volcán Xitle en:

http://www2.inecc.gob.mx/publicaciones/libros/379/pedregal.html

http://www.inah.gob.mx/especiales/197-lo-que-el-xitle-se-llevo

http://www.cenapred.gob.mx/…/InstVolcanica/MVolcan/ViajeImgVolcan

El hombre es un animal de costumbres

Una persona conocida se quejaba conmigo el otro día, diciendo que las cosas no salían como esperaba lo hicieran, que tenía malos resultados en el trabajo, los amigos le fallaban, el dinero no le alcanzaba, etc.  En resumen, estaba inconforme con los resultados de lo que estaba haciendo.

Al escucharla me vino a la cabeza una frase de Albert Einstein que dice:
“SI BUSCAS RESULTADOS DISTINTOS, NO HAGAS SIEMPRE LO MISMO”

El hombre es un animal de costumbres dijo el escritor Charles Dickens (Inglaterra 1812.1870), y muchos otros escritores y filósofos han dicho algo parecido.  ¿Por qué es esto cierto? Porque cuando nos enfrentamos a una actividad nueva, a un panorama distinto, a un reto inédito, requerimos de un esfuerzo extra de nuestro cerebro para encontrar soluciones a las interrogantes que se presentan, en cambio, al repetir una y otra vez la misma rutina, llegamos a efectuarla sin pensar, en forma automática.

Esas costumbres o rutinas crean una zona de confort a nuestro alrededor, en la vida cotidiana, laboral, familiar, social. Crean un ambiente “easy going”, al que los jóvenes le dicen “llevarla leve”, que no requiere involucrar nuestra mente, por lo general, ni para pensar, razonar, crear o sentir.

Por alguna razón nos fuimos adaptando a las demandas externas de nuestro entorno, aun cuando a veces ignorásemos las demandas internas de ir más allá de lo que estamos haciendo, o llevarlo a cabo en una forma distinta.  Las cosas van bien “en apariencia”, si no hay conflicto interno de nuestra parte, y podemos navegar llevados por la brisa y la corriente por un tiempo indeterminado.

¿Qué pasa cuando los resultados positivos que esperamos no llegan? Nosotros estamos haciendo lo que siempre hemos hecho, nos estamos portando como seres adaptados, sometidos a rutinas establecidas, y los resultados son adversos.  Pueden presentarse varios escenarios:

a) Las circunstancias externas han cambiado.

b) Las demandas del entorno son diferentes ahora.

c) Hay diferentes retos, tanto físico, como afectivos, que no estaban antes.

d) Existen nuevas relaciones interpersonales.

e) Ha habido un proceso evolutivo en las personas que me rodean, y yo no me he percatado de ello.

f) Mis expectativas han cambiado.

g) Hay nuevos factores motivacionales propios que no estoy satisfaciendo por “seguir la corriente”.

h) Me cansé de no usar la creatividad, la imaginación, la fantasía, todas las funciones del hemisferio izquierdo de mi cerebro para mejorar mi vida, y no me atrevo a dar el paso.

Es conveniente buscar cuál es el nuestro y avocarnos a diseñar la estrategia para hacer los cambios necesarios para sentirnos bien y que las cosas salgan bien.

Es importante empezar poco a poco con los cambios. Romper las rutinas y las costumbres puede costar trabajo y tiempo.  

Empieza por modificar pequeñas cosas en tu vida cotidiana: cambia de ruta para llegar al trabajo, diseña un nuevo menú de alimentos sin salirte de una dieta sana, haz algún ejercicio diferente cada semana, regálate 10 minutos de música distinta a la que siempre escuchas.

Piensa si hay alguna otra forma de hacer lo que estás haciendo en estos momentos, consciente que puedes equivocarte en la búsqueda, y que puedes aprender de tus errores.

Descubre o rescata la capacidad de asombro que, en ocasiones, dejamos tirada por el camino, o la olvidamos en algún rincón de las rutinas. Empieza por observar algún prodigio de la naturaleza: un ave que está formando su nido, una flor que brota del capullo, las gotas de lluvia que cuelgan de un cable de luz, los juegos de luz y sombra del amanecer o el atardecer, el regalo de un arcoíris.  También puedes sorprender a alguien a tu alrededor con un detalle que implique que te interesa, una frase de elogio, una mirada de aceptación.

Si modificas lo que estás haciendo, los resultados serán diferentes.

Empieza hoy a practicarlo.   

 

 

 

 

 

 

MILAGRO DE VIDA

Sé que muchos de ustedes están siguiendo el nuevo sendero que nos llevará a recibir el año próximo en condiciones óptimas, porque han compartido sus experiencias al respecto. Es importante que sigan  aplicando cada día algo de lo que se acuerden de los ejercicios previos y lo que corresponde a las siguientes 24 horas.

Hoy vamos a observar, a compenetrarnos, a recuperar nuestra capacidad de asombro, a rendirnos ante un milagro de vida, y para ello vamos a acercarnos a la naturaleza, nuestra gran Maestra, a la que ignoramos o desoímos muchas veces.

¿Qué podemos hacer si vivimos en una urbe de acero como el Distrito Federal, Nueva York o Chicago?  Vamos a acercarnos a un parque, a un jardín, a un camellón en una avenida arbolada, seguramente encontraremos algo que no nos quede tan distante. Podremos apreciar el brote de una flor o de una nueva rama en un árbol recién taladoel vuelo mágico de un colibrí (dicen que es de buena suerte encontrar uno), la construcción de un nido entre las ramas de un árbol o, si es a primera hora de la mañana, el brillo mágico del sol a través de unas gotas de rocío sobre sus hojas. Podemos ver la labor incesante, organizada, disciplinada de hormigas o abejas (especie que podría ganar varios premios Nobel de Arquitectura y Economía).   También podemos ver un muro de piedra  en el que, contra toda lógica,  nace y florece  una  planta.

En fin, yo ya les di algunos ejemplos, busquen ustedes  uno  que les llame la atención. Uno es suficiente  para que  les  haga rendirse ante la naturaleza.  Recuerden la frase de Einstein “Dios no juega a los dados con el universo”.

Finalmente,  nosotros formamos parte de un orden universal y somos parte de la naturaleza  que descuidamos o agredimos. Vale la pena rescatar este contacto. ¡Buen día!