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Bipolaridad

Últimamente he sabido de varias personas que viven una vida con enormes cambios de humor, lo que desconcierta a sus parejas, familiares y amigos. Cuando pidieron ayuda profesional, les diagnosticaron un trastorno de personalidad bipolar.

El trastorno bipolar, también conocido como psicosis maníaco-depresiva, es un trastorno mental que causa inusuales cambios de humor, energía, niveles de actividad, y la habilidad para efectuar las actividades cotidianas.

Los síntomas son diferentes de los episodios de depresión o euforia que todos podemos tener ocasionalmente.

Los síntomas de la bipolaridad son severos y pueden dañar las relaciones interpersonales, hacer que se tenga un pobre desempeño laboral o escolar, o inclusive, que exista la presencia de ideas suicidas. Sin embargo, este trastorno puede ser tratado y las personas pueden llegar a tener una vida satisfactoria y productiva.

Algunos síntomas asociados a este padecimiento son:
1. Cambios repentinos o cíclicos de humor
2. Euforia
3. Hablar rápidamente y tener pensamientos atropellados
4. Irritabilidad
5. Incremento de la actividad física
6 Consumo despreocupado de drogas/alcohol
7. Menor necesidad de dormir
8. Faltar al trabajo o a la escuela.
9. Fatiga
10. Dolor crónico sin razón aparente
11. Tristeza/ desesperanza
12. Pensamientos suicidas.

Los científicos que estudian las probables causas de esta enfermedad, concuerdan que hay muchos factores que interactúan para desarrollarla o incrementar el riesgo de padecerla.

El desorden Bipolar tiende a presentarse en las familias. Algunas investigaciones sugieren que personas con determinados genes están más propensos a desarrollarlo que otras, por ejemplo, los niños con un padre que tenga desorden bipolar son más propensos a desarrollarlo, en comparación con niños en cuya historia familiar no existe el padecimiento. Sin embargo, puede haber niños con un padre que sufra esta enfermedad y que no la desarrollen.

Los avances tecnológicos están facilitando la investigación genética del trastorno bipolar, que no es el único factor de riesgo presente. También se investiga enfermedades con padecimientos similares, como la depresión o la esquizofrenia, para identificar las diferencias genéticas que puedan incrementar el riesgo de desarrollar el trastorno bipolar. El encontrar esos focos rojos podría facilitar  el poder identificar los factores del entorno que pueden incrementar el riesgo de desarrollarla.

A este respecto, pueden leer el artículo titulado:
• Descubren dos genes relacionados con el trastorno bipolar que permitirán mejorar el tratamiento.
• Se ha hecho seguimiento de los árboles genealógicos de familias que han sido estudiadas a lo largo de tres generaciones
http://www.elmundo.es/andalucia/2014/04 01/533b0e39ca474175088b4582.html

Es indispensable descartar que uno la padezca, si tiene varios de los síntomas antes mencionados que hayan perdurado en el tiempo, o se haya visto afectado su desempeño laboral, escolar, social, relaciones interpersonales, por lo que conviene acudir con un psiquiatra especialista reconocido.

Para poder ejercer una paternidad/maternidad responsable, conviene tomar en cuenta que si en la historia familiar hay casos de bipolaridad, esquizofrenia, trastorno severo de narcisismo, depresión, o algún otro trastorno mental relevante, es necesario, antes de engendrar hijos, que se hagan los estudios genéticos para descartar el que exista algún factor hereditario relacionado con estos padecimientos.

Para conocer más sobre el trastorno bipolar:

http://www.nimh.nih.gov/health/topics/bipolar-disorder/

http://www.activebeat.co/esp/salud-mental/13-sintomas-de-trastorno-bipolar-

http://eleconomista.com.mx/entretenimiento/2013/11/13/bipolaridad-trazos-hereditarios

http://www.saludsiemprevc.org/es/trastornos-mentales-serios#sthash.yG8N5ykc.dpuf

http://www.nimh.nih.gov/health/topics/bipolar-disorder/index.shtml

Diciembre 8 del 2014

Renovación 343

Vamos a confirmar que no estamos jugando el rol de “salvador/rescatador”, “salvadora/rescatadora” con nadie, lo cual es muy frecuente entre las personas co-dependientes.

Una persona busca relacionarse con personas que tienen alguna patología, mental o física, que los inspira a “ayudarlos”.

Veamos un ejemplo: Puede ser que uno de los dos sea bipolar y la relación con él/ella sea como vivir todo el tiempo en una montaña rusa emocional.

Cuando está en la etapa maníaca, la otra persona es encantadora, magnífica amante, simpática, dicharachera, complaciente. En cuanto las cosas no salen como ella quiere puede caer, en forma súbita, a la depresión, y ahí empieza con amenazas de todo tipo: “Me suicido si me dejas”, “me enfermo si te vas de mi lado”, etc., hasta que logra que la otra persona lo “rescate”, lo “ayude”, lo complazca, haga lo que el/ella quiere, tras lo cual, vuelven a ser eufóricos y agradables. Un miembro de la pareja es rescatador(a) y el otro, víctima, tras lo cual se invierten los roles en una lucha sin fin.

Podemos ver esto muy claro gracias al triángulo dramático de Karpman, que es un modelo psicológico y social de la interacción humana mediante el Análisis Transaccional, descrito por primera vez por Stephen Karpman, en su artículo de 1968 «Fairy Tales and Script Drama Analysis», que comprende una víctima, un perseguidor y un rescatador o salvador.

Nosotros somos rescatadores si satisfacemos las necesidades de los demás, inclusive nos anticipamos a ellas, les arreglamos sus asuntos, nos preocupamos por ellos, cosa que hacemos para satisfacer una necesidad compulsiva de escapar de nuestros problemas o de nuestra patología emocional.

No se puede cambiar a las personas.

A la única persona que podemos cambiar es a nosotros mismos.

Cuando intentamos controlar o dirigir el cambio de los otros, nos volvemos co-dependientes y pasamos a ser controlados.

Esto se agrava si alguien es controlado por la enfermedad de una persona, bipolaridad, alcoholismo, desórdenes de alimentación.

Las víctimas son capaces de cuidar de sí mismas y de hacerse responsables de su persona y de su enfermedad, lo cual las dos personas se niegan a aceptar para seguir en el juego.

Tomemos conciencia si ya no hay nada de esto en nuestra vida.

Consultar:
• Berne, Eric (1975). “What Do You Say After You Say Hello?” Nueva York. Editorial Grove Press. ¿Qué dice usted después de decir Hola?
• Berne, Eric. (1964). “Games People Play”. “Juegos en que participamos”. Disponible para bajarlo en internet.

Octubre 15 del 2014

Renovación 289

Parte de la neurosis que acompaña muchas veces a la codependencia, es la rigidez, la falta de flexibilidad.

Queremos que las cosas se hagan de determinada manera y, si alguien se opone a ello, nos convertimos en plañideras y nos desgarramos las vestiduras, o iniciamos una Guerra Santa contra quien no se someta a nuestros deseos.

Querer controlar todo y a todos es enfermizo, y forma parte de la codependencia cuando lo aplicamos a nuestra pareja, a nuestros hijos o amigos.

Por ejemplo, puede haber algo de misoginia si el objetivo primario es separar emocionalmente a nuestra pareja de sus seres queridos para que dependa en lo afectivo únicamente de nosotros, y esto lo practican no sólo los hombres, también hay mujeres que se dedican a tejer una tela de araña alrededor de su pareja para distanciarlo de su familia de origen, y siembran la discordia, la inconformidad, la provocación que termina en conflicto.

Recordemos que si somos co-dependientes funcionamos reactivamente a los estímulos de los demás o de nuestra pareja.

Detrás de ello hay un sentimiento de minusvalía, una autoestima muy baja, o un ego agigantado por alguna patología, como podría ser la bipolaridad en su fase maníaca.

Es conveniente:
• Ser flexibles con nosotros mismos.

• Darnos permiso de adoptar otros enfoques de cualquier situación.

• Escuchar otras opiniones.

• Analizar otros puntos de vista.

• Practicar la empatía.

• Tender puentes de comunicación en lugar de imponer ultimatums cuando hay criterios opuestos.

• Aceptar que no somos los dueños de La Verdad. Cada quien puede tener una versión propia.

• Responsabilizarnos de nuestros actos, pensamientos, sentimientos.

• RESPETAR A LOS DEMÁS COMO SERES INDEPENDIENTES.

Dejemos la rigidez a un lado. Vamos a quitar las ataduras que nos impiden crecer y ser libres.