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Octubre 8 del 2014

Renovación 282

Hoy nos toca una renovación capicúa, lo que según la creencia popular trae buena fortuna. La palabra capicúa deriva del catalán: cap-i-cúa” que significa “cabeza y cola”. Se refiere a que el número se lee igual de derecha a izquierda o viceversa.

Pensemos que es así y vamos a visualizar algo que queremos lograr ya culminado.

Vamos a crear una imagen en la que tenemos en nuestras manos lo que buscábamos, por lo que hemos trabajado muchos años tal vez.

Sentimos la inmensa satisfacción de haber llegado a la meta, de cumplir los objetivos planteados, de haber avanzado en nuestro proceso de crecer y evolucionar.

Respiramos esa sensación de bienestar y dejamos que inunde hasta la última célula de nuestro cuerpo.

Estamos en esa futura vivencia triunfadora y nos sentimos fuertes, seguros, capaces de lograr lo que nos proponemos.

Vamos ahora a pedirle a esa imagen que hable con nosotros aquí y ahora, que nos transmita la seguridad de que vamos a llegar al éxito.

Cuando terminemos nuestra visualización, habremos cambiado la bioquímica de nuestro organismo y podremos aprovechar la sinergia de nuestro éxito

Marzo 24 del 2014

Renovación 84

Vivamos el día de hoy.

Sólo tenemos el tiempo presente en nuestras manos. El ayer ya no está, puede habernos dejado recuerdos gratos, huellas dolorosas, o la indiferencia de la intrascendencia, y no podemos modificarlo en forma alguna.

Soñar con los logros del futuro es fructífero si construimos en el hoy los peldaños que nos llevarán a ellos. De otra forma, fugarse al futuro puede ser el escape para no aceptar lo que estamos viviendo hoy.

Por ingrato que sea, vivamos el hoy. Lloremos si estamos tristes, canalicemos nuestro enojo y resolvamos nuetro miedo. Encontremos cuál es el mensaje, la enseñanza que puede quedarte, de lo que estamos enfrentando.

Si tenemos momentos felices disfrutémoslos plenamente, y guardémoslos en la memoria celular para que renueven nuestra energía cuando vengan episodios adversos. Disfrutemos cada minuto, cada segundo.

Vamos a darnos permiso de llenar nuestro espíritu y nuestra alma de amor y bienestar”

Marzo 23 del 2014

Renovación 83

¡Entró la primavera con todo el ímpetu de la naturaleza para perpetuar la vida!

Si miramos a los árboles vamos a verlos cubiertos de brotes, de ramas nuevas, de follaje nuevo y reluciente, de flores que anuncian que vendrán frutos más adelante.

Vamos a imitar a la naturaleza. Vamos a permitir que broten de nosotros ramas nuevas, es decir, hagamos vínculos nuevos con personas positivas que pueden ser compañeros o compañeras de camino, no estoy hablando de una pareja, si no de alguien con quien recorreremos al mismo tiempo el camino de la evolución personal.

Practiquemos la generosidad en todos nuestros actos: amabilidad, empatía, ternura, compasión, apoyo, y ello hará que nuestra vida se rodee de un halo positivo que atraerá todo lo positivo del universo.

Permitamos que florezca nuestra capacitad de aprender, de asimilar lo diverso y lo complejo, de recuperar nuestra capacidad de asombro, para dar salida a nuestra creatividad e imaginación mediante acciones que traigan a nuestra vida, y la de quienes nos rodean, bienestar y alegría.

“Voy a permitir que florezca en mí lo mejor de mi interior, para lograr mi bienestar y el de quienes están a mi alrededor”

RENOVACIÓN TOTAL (2)

Ya hemos empezado a renovar nuestro tracto digestivo, al revisar que no tengamos caries ni ninguna alteración en nuestra boca que pueda traer consigo infecciones posteriores, no sólo en la boca, si no en todos los órganos del resto del cuerpo. Estamos ocupados con el aseo y mantenimiento que merece esa maquinaria que nos ayuda a vivir más años en buen estado, y que es la que nos abre las puertas de una relación positiva y gratificante con los demás mediante una sonrisa.

Hemos observado y tomado nota de lo que nuestro cuerpo nos dice respecto a si el estómago está funcionando bien y los intestinos llevan a cabo su labor con normalidad, para corregir lo que cause algún trastorno en nuestra salud.

Veamos ahora nuestros hábitos de higiene.
• ¿Estamos utilizando los productos idóneos para la limpieza del cuerpo, rostro y cabello?

• ¿Somos víctimas del consumismo y la mercadotecnia y compramos tal o cual producto porque está de moda, “es lo último”, o lo usa algún personaje famoso?

• ¿Tomamos en cuenta que los productos que utilizamos para asear, exfoliar, nutrir, humectar nuestra piel (el órgano más grande de los cinco sentidos), prevenir daños por los rayos solares, la contaminación, el estrés, etc., sean orgánicos, libres de conservadores, sin elementos químicos que la agredan y deterioren?

• ¿Somos constantes en nuestras rutinas de limpieza y alimentación de nuestra piel?

En este proceso de renovación, que estamos iniciando por el cuerpo, vamos a ir colocando cimientos firmes en lo que traiga consigo salud y bienestar.

Vigila tu higiene personal en todos sentidos y mantén rutinas que te permitan sentirte seguro y confiado en que tu presencia es grata, en todo momento y lugar, porque está libre de malos olores o aspectos desagradables en tu boca, manos, pies, órganos sexuales, rostro.

SALUDAR

Saludar significa dirigirse a otra persona al establecer contacto en forma verbal o corporal con ella, ya sea al llegar o salir de algún lugar, por vía escrita, telefónica  o cibernética, lo que implica que estamos conscientes de su presencia.

El saludo puede ser la llave para iniciar una conversación, un acercamiento y/o para abrir “murallas de protección” que muchas personas han formado para aislarse de los demás.

Recuerdo que, cuando iba yo a una Hospital psiquiátrico oficial para pacientes crónicos con el fin de llevar a cabo prácticas sobre su rehabilitación,  saludaba a todas y cada una de las internas. Los primeros días, la mayoría no me contestaba, me veían con desconfianza, a la defensiva y sólo unas cuantas susurraban un tibio: Buenos días. Yo seguí saludándolas con entusiasmo y me aprendí el nombre de la mayoría. Pasaron los meses y muchas de ellas cuando llegaba,  no solo me devolvían el saludo, me llamaban por mi nombre, me  daban la  mano o me abrazaban, sino que iniciaban una conversación sobre lo que había pasado desde mi visita anterior. Ya teníamos un puente de comunicación a partir de un saludo. Había una joven muy bonita, esquizofrénica, que no permitía que nadie la tocara.  Se quedaba  a  dos metros al principio, yo la saludaba y seguía con lo que estaba haciendo, nunca tomé la iniciativa de acercarme. Pasó el tiempo y ella fue acortando la distancia entre nosotras. Cuando quería que yo le  entregara algo, yo tenía que dejarlo en la mesa y retirarme para que ella lo tomara. Después de un tiempo, un  día vino y me tocó el brazo y se echó a correr, yo no hice ni dije nada. Poco a poco,  hizo contacto físico conmigo  sin salir huyendo, yo sólo le sonreía, tenía miedo de que si le decía algo, ella se pudiera sentir intimidada. Cuando me despedí  de las enfermas al final de mi estancia  ahí, ella vino y me abrazó ante el asombro de médicos y enfermeras porque nunca había tocado a nadie ni permitido que la tocaran.  Creo que el que yo respetara la distancia y condiciones que ella marcaba,  sin dejar de interesarme por ella,  fue la clave  para ese logro. Ahí reafirmé que la palabra respeto es clave en todas las relaciones humanas.   

Cuando saludo en forma auténtica e incondicional (no importa si me devuelven el saludo o no), estoy reconociendo a esa persona, o a ese grupo, y ello puede ayudarles a elevar su autoestima, además de crear un clima de cordialidad

En algunos casos, ese saludo va a aliviar la soledad en que se encuentran muchos habitantes en las macro-ciudades, y/o a mantener un vínculo que los aleje de una ideación suicida. Ha habido casos en que un indigente que acude a un albergue, o un enfermo que va a muchas consultas a un hospital, está buscando que alguien se dé cuenta de que existe, de que está ahí y ese es el hilo que lo mantiene con vida.

El saludo puede llegar a convertirse en una formalidad, en parte de un protocolo social que llevamos a cabo automáticamente, en forma rutinaria, sin tomar en cuenta a la otra persona.  Hay quienes, además de dar los buenos días, dicen ¿Cómo estás?, aunque no les interesa cómo se encuentra la persona a quien se están dirigiendo, y por lo general, la mayoría responde: Bien, gracias, también como una frase hueca de cajón. En una ocasión, me tocó presenciar en una oficina el siguiente dialogo:

–  Buenos días, ¿Cómo está?

–  Murió mi abuelo ayer.

– Qué bueno. Seguimos en contacto.

Yo me quede petrificada. La persona que saludó ni siquiera escuchó la respuesta a su saludo y siguió con la frase rutinaria. Esto pasa con mucha frecuencia. Para evitarlo podemos decir tan sólo buenos días y no interesarnos (supuestamente) por el estado de salud física, mental o emocional de la persona al preguntarle cómo está y, como receptores del  saludo, podemos utilizar nuestro radar emocional para distinguir quién nos saluda desde el corazón, y quien lo hace como un disco rayado y contestar en la misma frecuencia.

Para mejorar la calidad de nuestra vida, hoy vamos a regalar tres saludos a personas que no conocemos. Puede ser al entrar al elevador, al cruzarnos con alguien en la calle, a ese portero o vigilante que ignoramos siempre cuando entramos a una tienda, a un edificio. Se trata sólo de decir: “Buenos días” o “Buenas tardes”, no de entablar una conversación ni de sonreírles en forma obligada. Sólo dos palabras.  Ya me contarán cómo se sintieron.